Cuando se cierra una puerta, se abre una ventana

piruli

2013 no está siendo un buen año para RTVE. La única noticia positiva es el retorno de alguna de sus grandes series de ficción y sus altos porcentajes de Share, pero por lo demás… a perro flaco todo son pulgas: los sucesivos malos datos de audiencia (a punto de caer por debajo de la barrera psicológica del 10%) se unen a la pérdida del liderazgo histórico de sus informativos, las acusaciones de intervención política en éstos y, sobre todo, la puesta en duda de su modelo económico (con el fantasma de la vuelta de la publicidad planeando sobre Prado del Rey).

Desde hace ya más de dos años, y abriendo una puerta oportunamente colocada en la Ley de Financiación de RTVE, el ente público viene sustentando una buena parte de su programación bajo una fórmula de producción que se conoce como patrocinio cultural. Esto es, la cadena no paga por muchos de los contenidos y programas que emite, ya que el coste lo sufraga un patrocinador privado externo que desea apoyar un determinado producto más o menos relacionado con la cultura, el arte, la educación, la ecología o algún otro aspecto considerado de interés social.

De esta forma se han financiado una gran cantidad de programas en La 2 (cadena que se ajusta claramente a estos perfiles antes citados) y, más recientemente en La 1. Empresas como Bankia, Vodafone, Campofrío, Pullmantur, Banco Santander, Coca Cola, Telefónica y otros muchos se han convertido en los orgullosos patrocinadores de espacios como “La casa encendida”, “Conectando España”, “Eurovisión 2013”, “Redes”, “Saber y ganar”, “Españoles por el mundo”, etc.

Hasta hace poco esto a funcionado bien, muy bien. La corporación abarataba costes de manera sensible y los anunciantes se subían a un tren bastante exclusivo y de moda, como es el branded content. No sólo conseguían ser las únicas marcas que aparecían en TVE, sino que además lo hacían ofreciendo contenido del gusto de los espectadores… 2×1.

Un ejemplo de la citada fórmula de financiación.

Un ejemplo de la citada fórmula de financiación.

Pero claro, alguien tenía que salir perdiendo con esto, y ahí entran los grandes grupos de TV privada. Por ejemplo: a Telecinco le chincha que Movistar le pague el programa a Punset en lugar de gastarse ese dinerito en colocar anuncios en las franjas publicitarias de “Sálvame”; da igual que una marca que apuesta por la divulgación científica seria jamás invertiría ese dinero en alimentar a las bestias del cotilleo patrio… “me importan un pito los planes de marketing” piensan los Vasile Boys “si el otro no existiese, seguro que acudirían a mi”.

Y en Antena 3, más de lo mismo: “Total, si de Redes a los experimentos de El Hormiguero hay un pasito…” debían pensar éstos.

En fin, que Atresmedia y Mediaset consideran que RTVE está compitiendo deslealmente y aprovechándose de un resquicio legal para volver a insertar publicidad, y esta vez de manera subliminal… habemmus liazo.

La única mención de marca que se supone que puede haber bajo la fórmula de patrocinio, consiste en una cartelería gráfica de 5 segundos al principio y al final del programa. Pero claro, TVE tiene que lidiar con las productoras, que están a su vez presionadas por las marcas y tratan de colar cada vez que pueden una mención de producto, un logo de empresa o un dato destacable de su cuenta de resultados. Así, se dan casos de programas escrupulosamente limpios de inserciones de marca de ningún tipo y casos que apestan más que mi boca a la mañana siguiente de una noche de juerga… ¿Quién no recuerda esos planos de portátiles con el pincho USB de Vodafone estratégicamente colocado en “Conectando España”? ¿O esa gala del humor y homenaje a Gila con el logo de Campofrío presente en el escenario durante casi tres horas? ¿Y que decir de los publirreportajes a empresas de “El exportador”?

El logo de la marca y parte del logo del programa que patrocina...

El logo de la marca y parte del logo del programa que patrocina…

Tal es así, que UTECA llegó a contabilizar hace un año más de 2.000 inserciones publicitarias en apenas 2 meses entre todas las cadenas del ente público. El asunto se pone serio y la cadena comienza a mirar con lupa algunos contenidos, pero la bola ya ha comenzado a rodar y no hay quien la pare. Entre los meses de febrero y abril de este año, la mismísima Hacienda se pone a investigar el tema y detecta un buen número de irregularidades en el cumplimiento de la Ley de Financiación, así como una interpretación más que dudosa del concepto del patrocinio cultural.

A partir de este momento en TVE se ponen duros con las productoras y marcas: el patrocinador nunca será del mismo sector económico o temático al del contenido del formato, no se permite más de una inserción escrita de cada empresa en todo el programa y ninguna verbal, no se comunica producto, no se verán logotipos más que en planos generales y cuando la realidad del lugar o las circunstancias sean insalvables (por ejemplo, empleados con polos de la compañía haciendo su trabajo… tampoco es plan de obligarles a quitarse la ropa para grabar tres planos). Ayer mismo veíamos en el estreno del espacio “El alma de las empresas” como se cumplía escrupulosamente con estas premisas a la hora de seguir el día a día de 3 empleados de la conservera Calvo. Pero cuidado, porque este nuevo espacio carece de patrocinio reconocido…

Lo cierto es que en Prado del Rey no andan nada tranquilos. Los directivos de Echenique  temen que la puerta del Patrocinio Cultural se la cierren en breve y de forma definitiva; así que van como locos por abrir aunque sea una ventana que evite la asfixia presupuestaria de la corporación. El propio Presidente se reunía hace apenas una semana con la Asociación de Directores de Comunicación para transmitirles la necesidad de potenciar los contenidos de empresa que tuvieran un interés general y hiciesen un servicio público. En el fondo lo que les está pidiendo a las marcas es que hagan verdadero Branded Content, que se olviden de insertar su producto o compañía y que se centren en crear un contenido de calidad que les de notoriedad y cree empatía en sus consumidores.

Entonces, volviendo al caso de “El alma de la empresa”: ¿Está TVE pagando por el contenido a la productora (Medina Media) o no? Porque yo apostaría a que no; luego ¿Se trata de un branded content de verdad y la marca a renunciado a vender producto? De ser así estaríamos ante un paso adelante: Calvo y las demás compañías que aparezcan en cada episodio pagarán felices el presupuesto para que, a cambio, el espectador asocie a su empresa con buenos trabajadores y valores como el compañerismo, la eficacia y el trabajo en equipo. Por su parte, la cadena obtiene un producto en la línea Marca España que quieren transmitir y pueden presumir de que en este país hay grandes profesionales. No es el summun del branded content pero hemos avanzado desde el planito del pincho USB de Vodafone (sin salirnos de la misma productora).

Si vamos a mamar de las marcas, hagámoslo bien.

Si vamos a mamar de las marcas, hagámoslo bien.

Aun así, ésta no es la única fórmula que están contemplando. En RTVE hablan de un concepto al que denominan “content placement” y que también pretende incluir contenidos vinculados a marca sin estar directamente patrocinados. Se trata de una fórmula que aun se encuentra en estudio por el gabinete jurídico, y que vendría a ser algo así como que productoras y marcas creasen programas marco en el que se pueda informar sobre su sector de negocio o insertar contenidos afines a esté.

Es decir, si el product placement de toda la vida consistía en hacer que 007 siempre condujese un Aston Martin, el content placement sería, por ejemplo, que la Asociación de Fabricantes de Automóviles cree un programa en el que informar sobre todas las investigaciones, estudios, mejoras e innovaciones de automoción que se están haciendo en España. Esto, que me acabo de inventar, es una elucubración tonta hecha a partir de los valores que tendría que tener todo content placement: Información veraz y contenido de interés para la cadena.

Evidentemente, si dicha asociación patrocina un programa así se les echan encima al minuto, y con razón, por publicidad encubierta. Pero si el programa no tiene patrocinio reconocido y a la cadena le sale a coste cero ya es otra cosa… la jugada de RTVE, creo yo, es proponer a las marcas que la mera posibilidad de comunicar lo que les interesa es compensación suficiente para sufragar un espacio donde hacerlo. Sería como decirle al departamento de comunicación que, en lugar de enviar notas de prensa a El País o El mundo, directamente creasen un periódico más pequeño y temático donde incluir esa información. Pero ojo, debe tratarse de información.

Esta opción, que, insisto, aun está en fase de estudio, plantea no pocos interrogantes en cuanto a deontología se refiere. Seguramente habrá quienes consideren que iniciar este tipo de caminos puede suponer la muerte del periodismo y quienes defiendan que, hecha con integridad, la comunicación empresarial puede convivir con la información veraz y éticamente intachable sin problemas.

No es este el único debate; por encima, incluso, flota la cuestión de hasta dónde debe llegar RTVE con tal de financiar este modelo de televisión pública en lugar de renunciar a la batalla de las audiencias; o si debe ponerse encima de la mesa otra forma de financiación alternativa (como el canon por aparato de otros países).

En cualquier caso, nos quedan meses muy interesantes en los que observar qué rumbo toma nuestro ente público, qué tipos de programas logran aparecer en antena, qué productoras y agencias son las que consiguen formar parte del negocio y qué profesionales están más avispados y son capaces de generar contenidos atractivos para la audiencia y que se ajusten a las necesidades y limitaciones de todos los agentes que intervienen en el proceso de producción. Y sobre todo, comprobaremos desde la primera fila si a RTVE le siguen cerrando puertas, si consiguen abrir más ventanas o si definitivamente le tapian la casa entera.

Hasta que nos leamos.

De pavos reales, franquicias, remakes y otras cuestiones

La siguiente entrada habla de la seducción y la importancia de ésta en la industria audiovisual. Para ilustrarla mejor he incluido algunos ejemplos del vil arte del ligoteo, apoyados todos en mis vivencias como espécimen masculino dotado de una grave torpeza para relacionarse con el género femenino. Por favor, sean clementes y traten de contener la risa.

El gran (por alto) Eduardo Prádanos me descubrió el razonamiento que hoy comparto con vosotros, vaya por delante mi agradecimiento. Fue hace cosa de un mes, mientras disfrutábamos de las dos únicas cervezas que logramos rescatar (hay que ver cómo priva la gente si es gratis…) durante el cóctel que siguió al III Congreso de #ActitudSocial. En un momento de la conversación, Eduardo dijo algo así como: “La batalla de hoy día no es por los anunciantes ni por la audiencia, es por la atención de la gente”. Cuanta razón, oiga.

Si nos paramos a pensar en la cantidad de ofertas de entretenimiento que nos llegan cada día, la cifra puede hasta marear:

Decenas de cadenas de TV con decenas de programas cada una.

Series y películas para pasar una vida entera  sentado en un sillón sin hacer otra cosa que consumirlas.

Cientos de miles de páginas web y blogs con contenido específico para satisfacer la más extraña de las aficiones.

Universos propios como Youtube o Twitter capaces de hacer que el internauta se pierda por una vórtice digital para no volver nunca (esto es en serio, cuantas veces has entrado en el portal de vídeos buscando unas polémicas declaraciones de tal político y has acabado viendo vídeos de teletiendas japonesas…).

El fondo musical y literario de toda la humanidad al alcance de un solo clic.

Miles de marcas comerciales ofreciéndonos contenidos brillantes relacionados de una u otra forma con su producto (con la sana intención de vender, claro está, pero entreteniéndonos por el camino).

Cientos de personas tratando de que veas su última webserie, leas su ingeniosa crítica de la nueva peli de Almodóvar o Haneke, admires las fotos de lo que se está comiendo, etc.

Y para colmo, si todo esto fuera poco, la tecnología nos permite hacer casi cualquiera de estas cosas por nosotros mismos y emplear todo nuestro tiempo en lograr terminarlo y en promocionarlo al mundo exterior.

Con este panorama tan saturado no es raro llegar a la conclusión anterior. Efectivamente, la gran pelea está en conseguir sacar la cabeza de entre toda la competencia y gritar a pleno pulmón: “¡Hola, estoy aquí… mira lo que tengo para ti!”. Como cuando un chico intenta ligar en una discoteca abarrotada de gente, lo realmente difícil es lograr que la chica (el consumidor, en nuestro caso) se fije en él y no en cualquier otro, quizá más guapo, más listo o más atrevido.

** Una aclaración, se aconseja no tratar de ligar en una discoteca diciéndole a una chica: “¡Hola, estoy aquí… mira lo que tengo para ti!”, porque lo más fácil es que te lleves una buena hostia.

Para llamar la atención hay que diferenciarse del resto de algún modo.

Para llamar la atención hay que diferenciarse del resto de algún modo.

La Naturaleza, en su infinita sabiduría, ha otorgado a los animales el don del cortejo como forma clara de llamar la atención del sexo contrario y poder ser el macho elegido para la procreación; hablamos de ese pavo real extendiendo su vistosa cola o del ave del paraíso con su gracioso bailoteo… Muchas veces se trata más de las formas que del contenido, y la industria audiovisual lo ha copiado a la perfección.

Una vez tenemos esto claro, comenzamos a entender la tendencia dominante en la industria del ocio de masas durante los últimos 15 años. Con la llegada del nuevo milenio vimos como las carteleras de cine, las parrillas televisivas y las estanterías de las librerías se llenaban de adaptaciones, remakes, trilogías alargadas en exceso, precuelas, secuelas, biopics y toda clase de material que se basa de alguna manera en una obra anterior.

Porque sigue sucediendo lo mismo que cuando el chaval consigue ligar en la discoteca. Para el común de los mortales no es algo que suceda cada sábado por la noche (tener un éxito habitual en eso, como en la TV y en el cine, está reservado a pocos) y cuando uno lo logra intenta aprovechar al máximo su éxito provocando una segunda, tercera o cuarta cita… hasta que o bien la chica se aburre o bien se enamora de ti. Exactamente las mismas dos cosas que ocurren en la industria del ocio: que el consumidor se harta de tu producto o se hace fan de él.

De ahí se entiende que decidiesen convertir una obra redonda y perfectamente acabada como “Matrix” en una deslucida trilogía; que Hollywood se volcase con enfermiza devoción a adaptar cualquier comic de éxito, por freak y minoritario que fuese su público original; que opten por estirar el chicle y convertir la última entrega de sagas, ya de por si largas, como “Crepúsculo” o “Harry Potter” en dos películas distintas; o que se haya multiplicado el interés por adaptar al mercado internacional series y películas locales (Desde “Abre los ojos”, “Rec” o “Funny games” a “Forbrydelsen” y “Hatufim”). Porque está claro que en la carrera por captar el interés de la audiencia cualquier mínima ventaja es clave, y contar de partida con una base de fans incondicionales o una buena reputación es una prerrogativa importante. No es lo mismo vender de la nada a hacerlo sabiendo que arrancas con un público cautivo numeroso o que cuentas con el slogan de “el thriller que ha arrasado en media Europa”.

Hacer una película y que sea un éxito es disparar a una diana con una sola bala en la recámara, y que tu producto sea conocido de antemano hace que esa diana sea mucho más grande. Como productor, da menos vértigo gastarse cientos de millones de euros en una película si ésta se llama “X Men” y tiene a sus espaldas a millares de fans de los comics en todo el mundo. Una vez has acertado está claro el camino a seguir ¿Para qué apostar por una idea nueva sin garantías cuando puedes seguir sacándole jugo a la que ya ha conseguido llamar la atención de la gente?. Ahí es cuando llegan “X Men 2” y “X Men: the last stand” y se demuestra que es más fácil tener éxito con una franquicia conocida aunque la calidad, como en el caso de la última película, baje notablemente. Y si sucede esto, tampoco pasa nada… se vuelve a empezar de nuevo y todo arreglado, como el caso de “X Men: first class”. Porque lo importante una vez se ha atrapado al espectador es no soltarlo bajo ningún concepto.

Ciudado con esta última máxima, porque llevada al terreno de las relaciones amorosas suele acabar en denuncias por secuestro y acoso, os lo aseguro…

La franquicia sigue viva y con pelliculas por estrenar.

La franquicia sigue viva y con pelliculas por estrenar.

Cuantas veces no hemos despotricado todos sobre la falta de ideas y el conservadurismo de la industria audiovisual. Cuantos no hemos puesto el grito en el cielo al comprobar que Hollywood se decidía por hacer un remake de “Evil dead”, que sin duda adolecerá de toda la magia de la versión original, o que Mediaset apostaba por la versión española de “Entre fantasmas” después de haber comprobado, en primera persona o no, las hostias que se pegaron las adaptaciones de “Cheers”, “Las chicas de oro”. “Life on mars” o “Matrimonio con hijos”. Y la respuesta a este tipo de “locuras” no es que los productores y directivos son lerdos, no. Lo que son es prudentes, quizá en exceso, con los millones de euros que se juegan. Ellos apuestan por llamar nuestra atención y lo cierto es que muchas veces lo consiguen, porque somos bastantes los que vemos estos productos por fidelidad al original o por simple curiosidad. El problema viene a la hora de valorarlos y hablar de ellos (en el caso de las pelis) o de seguir consumiendo (en el de las series)… pero la batalla por la atención la ganan. Por eso a veces elijen un producto que saben que no es tan brillante pero que parte con algo ventaja, por su notoriedad.

Sucede lo mismo que cuando un amigo nos habla de su compañera de oficina la soltera, que no es gran cosa pero que le ha comentado las ganas que tiene de conocer gente nueva… sabemos que probablemente no es la mujer de nuestras vidas, pero le damos una oportunidad y quedamos con ella porque es más fácil partir de ahí, que peleando desde cero en un bareto y medio trompa.

A día de hoy se nos llena la boca hablando de narraciones transmedia como una forma superior de contar historias. Pero si lo analizas desde el punto de vista comercial, una de las gracias del transmedia es precisamente conseguir prolongar en el tiempo la historia. Una vez que tienes la atención de tu público la tratas de mantener introduciéndolo en tu universo, por eso se amplia el campo de juego del usuario, para que pase más tiempo con nuestro producto (o sea, que tenga más citas con nosotros). Por eso también se le invita a ser parte activa de la trama: porque si se trata de conseguir la atención de la audiencia, cuanto más involucrada esté, más interesada… y uno se involucra más participando de algo que siendo un mero espectador.

Y ahora que lo pienso en el ligoteo también hay mucho de transmedia, ya que se mantiene la narración usando distintos canales: una cita cara a cara, un tonteo por whatsapp, conocerse en un chat, compartir alguna foto en su muro de facebook, grabarle una recopilación de canciones (¿Alguien sigue haciendo eso?), etc. son formas de mantener viva la historia saltando de un medio a otro; y además el discurso se adapta a la naturaleza de cada soporte y la coparticipación es absoluta… ¡Mola!

En definitiva, que conseguir llamar atención del espectador para que consuma tu producto audiovisual es de lo más importante y complicado hoy día; hasta tal punto que condiciona muchas de las decisiones y elecciones tanto creativas como de marketing que se toman en esta industria. Ser más conscientes de ello nos ayudará a llevar a buen término nuestros proyectos.

Y si eso no funciona, emborrachadla y decidle cosas bonitas sobre sus ojos…

Hasta que nos leamos.

Cuando lo blanco era en realidad negro

Estoy a dos episodios de terminar de ver Breaking Bad (Al menos lo que hay emitido hasta la fecha, a falta de los nuevos y últimos 8 capítulos con los que se cerrará la serie).

Lo que viene a continuación es un análisis repleto de spoilers, así que todos los que no la hayáis visto aun ya podéis ir derechitos a la cama, que esto no es para vosotros… y por favor, dejad de perder el tiempo tuiteando “Splash” y poneos al día con esta maravilla de la ficción televisiva.

breaking-bad

Se puede hablar largo y tendido sobre casi todos los aspectos de la serie, desde la realización a las actuaciones pasando por los simbolismos cromáticos o la acertadísima elección del lugar en que se desarrolla. Lo cierto es que breaking bad raya a la perfección en cualquiera de las múltiples facetas que componen una serie de TV, pero si hay algo especialmente comentado y valorado por la crítica y los profesionales del guión es el arco de transformación de su protagonista: Walter White.

Walter White es un tipo con nombre de personalidad secreta de superhéroe creado por Stan Lee (Ya que su nombre y su apellido comienzan con la misma letra, como en su día apuntó acertadamente Raj Koothrappali en un episodio de “The Big Band Theory” y, mucho antes que él, mi buen amigo Ramone), que sin embargo se ha hecho famoso y conquistado el corazón de millones de espectadores por ejemplificar a esas personas normales y corrientes que se vuelven unos auténticos hijos de puta si la vida les empuja un poco a ello.

Durante cinco temporadas hemos disfrutados como cochinos retozando en un charco al ver a Walter pasar de ser un padre de familia bueno, cariñoso, responsable, apocado, poca cosa, con un par de trabajos grises y frustrantes al que le diagnostican un cáncer terminal a convertirse en el mayor cocinero de metaanfetamita del suroeste de EE.UU. con un currículo que incluye asesinatos, robos, extorsiones, blanqueo de dinero, etc. además de terminar siendo un cínico, calculador, frío, manipulador y desalmado ser humano (Si es que se puede uno seguir refiriendo a él como tal).

Retrato robot del alter ego de Walter como camello.

Retrato robot del alter ego de Walter como camello.

Esta impresionante conversión es la que se han ganado fama mundial y ha hecho correr ríos de tinta (¿Es lícito seguir usando esta expresión cuando todos escribimos con ordenador y el único medio que gasta tinta, los periódicos tradicionales, imprime tiradas cada vez más pequeñas?), y es precisamente el aclamado arco de transformación el que me dispongo a analizar; para que nos demos cuenta de que quizás Walter no cambia tanto como creemos y de que, por muy White que nos lo pinten al principio, el personaje ya tenía mucho de black desde el primer episodio. 

Partamos desde la aceptación de que el punto débil del personaje, aquel que hace que se vaya dejando seducir por el lado oscuro, es el orgullo. En un hombre eminentemente bueno, este orgullo se presenta como el único lunar de su personalidad (Entiéndase como defecto importante). Esto es algo que ya queda claro desde el primer episodio de la serie. Como mandan los manuales de guión, el piloto debe contener todos los aspectos fundamentales del tema de la historia y dibujar a sus personajes principales de forma clara y concisa. En el caso de Breaking bad, la primera muestra de orgullo surge cuando Walter decide despedirse del lavadero de coches, harto ya de aguantar los abusos de su cejudo jefe. Ante la perspectiva de que le queden meses de vida, perder un trabajo de mierda con el que complementa su sueldo de profesor se antoja como nimio… y por ello Walter tira de orgullo para mandar al jefe a la mierda a base de groserías y gestos obscenos. En este punto el espectador está conociendo por primera vez al personaje y aplaude satisfecho la única victoria entre enormes derrotas y ejemplos de cómo tragar mierda que supone el primer capítulo. Pero la muestra de orgullo está ahí… como diría mi madre: “Tú siembra, que algo queda”.

La siguiente vez que Walter tira de orgullo si que comprendemos que éste va en contra suya y puede ser su perdición. Me estoy refiriendo al momento en que los que fueron sus socios, millonarios perdidos ellos, se ofrecen a pagar el tratamiento contra el cáncer. Se trata de la ex novia de Walter y de su antiguo mejor amigo. Los tres eran físicos y habían creado una pequeña y prometedora empresa, pero ella se enamora del otro y deja a Walter. Éste, herido en su orgullo les vende su parte de la empresa y decide cambiar de vida (Todo esto explicado en unos sutiles y elegantes falshbacks). Décadas después, la empresita se ha convertido en una gran multinacional que genera miles de millones de beneficio y sus dueños, al enterarse de la enfermedad de Walter deciden que están en deuda con él y que le quieren pagar el mejor tratamiento. El protagonista tiene la oportunidad de abandonar su peligroso y poco fructífero intento de vender drogas de un plumazo, pero el orgullo le domina y rechaza la oferta. No quiere nada de esos dos traidores; él se pagará el tratamiento trabajando, por si mismo.

A partir de aquí, muchos de los puntos de giro de la serie y de los pasos evolutivos de Walter vienen de la mano del orgullo: el orgullo de ver que en las calles se habla de Heisenberg le hace ganar confianza; por orgullo deja morir a la novia de Jesse, que había osado chantajearle, cuando salvándola habría recuperado la confianza y amistad con éste para siempre; el orgullo hace que cocine una meta azul que se identifique con su fórmula y se distinga del resto, aunque sea más fácil de rastrear por la DEA o el cártel; el orgullo que se tiene que tragar admitiendo la mentira del problema con el juego y quedando como un enfermo le hace empezar a odiar a Skyler; el orgullo herido de ver que Jesse es capaz de cocinar una meta casi tan buena como la suya le hace aceptar el trabajo de Gustavo cuando ya se iba a salir del negocio; el orgullo de saberse el mejor le hace creerse imprescindible, volar demasiado alto y terminar enfrentado a Gustavo; estar orgulloso de su trabajo y de lo que gana con él le lleva a comprar coches lujosos a pesar de que sabe que no debe llamar la atención; por orgullo fuerza a Skyler a admitirle en casa de nuevo, provocando que los niños se marchen y convirtiendo su vida personal en un infierno… orgullo, orgullo, orgullo.

"Yo gano". Walter no quiere estar por debajo de nadie.

“Yo gano”. Walter no quiere estar por debajo de nadie.

 

Y así llegamos al último episodio que he visto (06×05) y a la reveladora conversación entre Jesse y Walter. El primero trata de convencer al segundo de que dejen el negocio y vendan la metilamina obteniendo 5 millones por cabeza. Como Walter no parece dispuesto a abandonar, Jesse le recuerda varias cosas que parecen habérsele olvidado: Primero, que se metió a cocinar droga para sacar sólo 700 mil dólares (cifra necesaria para el tratamiento y dejar bien colocada a su familia si moría); segundo y más importante, que se acabarían los riesgos, el miedo, las amenazas y las luchas… por fin lograría la ansiada seguridad para los suyos y podría vivir tranquilo. Ni corto ni perezoso, Walter le confiesa que todo eso ya le da igual, porque lo que planea es construir un imperio de la droga como nunca antes se ha conocido en la zona.

Entonces, a pecho descubierto, es cuando Walter por primera vez en mucho tiempo se sincera con su socio y le cuenta la historia de su antigua empresa, de su ex novia y su amigo jugándosela, de lo gilipollas que se siente cada vez que mira el valor en Bolsa de la compañía y se acuerda que vendió su parte por 5 mil dólares de nada… aflora la verdad y nos damos cuenta de que Walter no lleva 5 temporadas “volviéndose malo”, “Tomando el mal camino” o “echándose a perder” (Significados válidos todos para traducir el título), si no que ya llevaba muchos años podrido por dentro, sólo que esa podredumbre se mantenía latente y escondida, esperando su momento para aflorar.

Se puede afirmar, por tanto, que Breaking bad no es la historia de un hombre bueno que se convierte en malo obligado, en parte, por las circunstancias. Yo más bien definiría la serie así: la historia de cómo un hombre malo se da cuenta de que es malo y abraza por completo su Naturaleza.

Evidentemente, con esto no digo que no haya evolución del personaje o un potente arco de transformación, ni que el título de la serie no responda al paradigma de ésta… ni mucho menos. Sólo recalco que el punto de partida que todos asumimos es, básicamente, erróneo y demasiado bien pensado.

Aún me quedan dos capítulos por ver, e igual los que los conocéis sabéis que hay un cambio drástico que invalida esta teoría… tampoco conocemos el contenido de la tanda final de episodios y cómo acabará todo (Aunque no nos quitamos de la cabeza el genial flashforward que abre la 5ª temporada), así que sólo nos queda relamernos con ganas y seguir rumiando esta brillante historia hasta que Vince Gilligan y los suyos nos regalen el final.

 

Hasta que nos leamos.

Tirarse a la piscina o que te tiren a ella

Llevo tiempo rumiando este post, quizá demasiado… perdón por la ausencia de este último mes.

Splash

Empezaremos por lo más conocido: Famosos saltando a una piscina desde un trampolín. Éste y no otro es el tablero en que se libra la más reciente batalla por la hegemonía de la TV en España. Telecinco (Mediaset) y Antena 3 (AtresMedia) se meten en el charco de producir dos formatos casi idénticos y especialmente caros sólo para tratar de hundir a la competencia: ya no se trata de ganar share sino de que sólo sobreviva uno de los dos programas. Sobre esta guerra con cada vez menos sentido habla largo, tendido y con mucho sentido Carlos Torres Montañés en este post de Centinela TV.

El resultado del primer programa de cada uno de ellos muestra el respaldo del público a los formatos: “Splash” logró el 26´4% de cuota reuniendo a 4.476.000 espectadores para Antena 3 mientras que “Mira quien salta” anotaba un 23´5% y atrapaba a 3.376.000 de seguidores (Curiosa coincidencia en los picos, Kantar Media…).

Está claro que las cadenas están muy a gusto con grandes formatos de puro espectáculo y con programas de corte más o menos chacinero. En los dos últimos años hemos visto consagrarse a “La Voz”, “Tu cara me suena”, “Acorralados”, “El número 1”, “Hay una cosa que te quiero decir”, “¿Quién quiere casarse con mi hijo?”, “Pesadilla en la cocina”, “Expedición imposible”, etc. Todos ellos son, además, espacios de referencia y éxito en las redes sociales que se posicionan como referentes en lo que llamamos TV social o nuevas formas de relacionarse con el espectador (Aunque esto va mucho más allá de que se hable de tu programa en Twitter y aun queda bastante por hacer).

Resumiendo: las cadenas generalistas tienen muy claro en qué se quieren gastar su dinero y qué productos les dan la rentabilidad que buscan (sea ésta puntos de Share, dinero por publicidad, reputación social o predominio empresarial).

El supuesto nuevo Rey Midas del audiovisual.

El supuesto nuevo Rey Midas del audiovisual.

Ahora vamos con la parte más complicada: Creativos y productoras de TV tirándose a la piscina. Es lo que la crisis está provocando en el sector audiovisual español desde hace unos años. Las formas de conseguir trabajo/negocios/programas han cambiado y ahora todos andamos como locos tratando de dar con nuevas claves para financiar proyectos (¿Quién queda ya sin haber intentado hacer un crowdfunding?), pariendo ideas innovadoras sobre formatos bajo formula de patrocinio o propuestas de contenidos vinculados a la marca.

En esta tesitura es precisamente el Branded Content el faro que parece arrojar algo de luz al camino de la producción audiovisual. En tratar de recorrerlo nos afanamos cada día más profesionales del gremio, y las carpetas de nuestros ordenadores rebosan de propuestas y proyectos que ofrecer a marcas y cadenas de TV. El problema básico que se está produciendo aquí es de sintonía. Está claro que, para las marcas, un producto o campaña que se explote en Internet está muy bien, que un desarrollo transmedia que implique diseñar aplicaciones para móviles y tabletas queda de lo más moderno, que dotar a las piezas audiovisuales de un fuerte componente de viralidad que les permita triunfar en redes sociales es un claro valor añadido… si vale. Pero la realidad nos dice que lo que las marcas quieres de verdad es estar presentes en televisión, porque allí es donde están los millones de espectadores a los que les gustaría convertir en fans. Por eso no terminan de renunciar al spot como principal herramienta comunicativa, y por eso no terminan de ver con buenos ojos al branded content.

Por eso decía que hay un problema de sintonía, de poca sintonía; existe una nula afinidad entre los creativos que pretendemos hacer branded content y las cadenas generalistas que posibilitarían la ventana idónea para que el proyecto viera la luz. Repasemos por un momento la lista de programas que he citado unos párrafos arriba, los éxitos de las últimas temporadas: a los creativos nos dan arcadas, brotes de repentina urticaria invaden nuestros cuerpos, un desasosiego vital bergmaniano se apodera de nuestras almas con el mero hecho de imaginarnos como los responsables de esos productos televisivos. Actualmente vamos ofreciendo por ahí formatos más bien pequeños (No sea que la marca se espante de invertir mucho dinero… como si producir y programar anuncios fuese barato) con un enfoque que suele oscilar entre lo divulgativo y lo cultural (Como si las marcas quisieran ser cool, distinguirse por arriba de su competencia y acceder a las elites de consumidores… en lugar de llegar a cuantos más, mejor) y, por norma general, nos los comemos con papas.

Hace poco se me reveló esta problemática de forma clara a raíz de un interesante debate surgido en un grupo de Linkedin. Jaime López-Amor, un productor con una incansable capacidad para generar información y sinergias en torno al mundillo del branded content, fue el responsable de que unos cuantos nos pusiéramos a intercambiar opiniones en torno a porqué las grandes cadenas suelen ser poco receptivas a proyectos de contenido de marca, y más cuando éstos vienen de manos de productoras de tamaño medio o pequeño. La cosa llegó a tal punto de intensidad que derivó en un desayuno de trabajo (al que lamentablemente no pude acudir) en la sede de Atresmedia, auspiciado por Sacha Buendía y que seguramente fue de lo más enriquecedor. Afortunadamente Javier Regueira (Recomiendo a todos seguir su blog, pues es una de las personas que más claro lo tiene en todo el negocio, a mi entender) se molestó en hacer un resumen que podéis consultar aquí.

Los creativos piensan en las marcas, pero... ¿Y en las cadenas?

Los creativos piensan en las marcas, pero… ¿Y en las cadenas?

Pues bien, en aquel debate la cadena en cuestión dejó muy claro que los proyectos de branded content que les interesan a ellos son los que comparten el ADN del canal, los que están en sintonía con sus valores, los que transmiten su identidad y ayudan a alcanzar sus objetivos empresariales. ¡Y es normal! Muchas veces nos creemos que las cadenas se sentirán locas de contentas por obtener un contenido si esté lo paga la marca, independientemente de qué tipo de contenido sea… eso es tan pueril como pensar que aceptarían emitir un concurso en el que los participantes que fallen pueden salir volando por los aires en pedacitos, sólo porque lo paga un fabricante de minas antipersona.

Como creativos, debemos entonar un mea culpa por desatender completamente los intereses de uno de los dos extremos del engranaje. A nadie se le ocurre desarrollar un branded content sin estudiar con detalle todos los valores y necesidades comunicativas de la marca comercial, pero ni nos planteamos hacer lo mismo con la cadena. A lo más que llegamos es a pensar en la ubicación según el target del proyecto; nos decimos: “Esto tiene un punto muy urbano, servirá para Cuatro” o “El programa es juvenil, lo llevaremos a Neox” o “Tiene humor, vamos a La Sexta” pero no nos hacemos la pregunta fundamental: “¿A cuanta gente le interesa esto y se sentaría a verlo por la tele?”.

No nos engañemos, el ADN de las cadenas es muy claro y lo fundamental para ellas no es ser un canal blanco, apostar por contenidos familiares o la línea editorial de los informativos; la esencia misma de toda cadena generalista es la de emitir programas capaces de congregar a cuatro o más millones de personas frente al televisor… y a ser posible cada noche. Eso, tan sencillo de entender y tan complicado de conseguir, es lo que ha movido desde siempre el negocio de la televisión y los proyectos de branded content no van a cambiarlo.

Así que quizá es hora de ponerse a parir formatos pensando a lo grande y en ser ambiciosos, porque todos saldrían ganado con ello. Un ejemplo: con la que está cayendo en la industria musical y la desesperación del sector por encontrar nuevas vías de negocio ¿Qué marca no iba a querer vincularse a un fenómeno como “La voz”?, ¿Quién se negaría a financiar un programa que te puede hacer ganar 6 millones de fans en tres meses? Estoy convencido de que las marcas entrarían a ese juego si se les propusiera, y la cadena estaría encantada de compartir los tremendos gastos de sus shows de mayor espectacularidad… pero me da la impresión de que hay muy pocas propuestas de este estilo encima de la mesa. Igual somos nosotros los que no les sabemos ver la oportunidad al uso de famosotes, a las situaciones de morbo y polémica, etc. y hacerlas funcionar a favor de marca. Porque si algo está claro es que funcionar, funcionan.

Los creativos siempre tenemos el anhelo del “fuck the average guy” de David Simon en la cabeza, pero me temo que para conseguir producir un proyecto de branded content en una cadena mayoritaria la cosa sigue siendo: “Idolize the average guy”. La diferencia entre un planteamiento u otro será la misma que entre tirarse a la piscina con gracia y elegancia o que te tiren y acabes empapado y magullado.

 

Hasta que nos leamos.

Los políticos, antes y ahora.

Hace poco me acordé de un famoso correo electrónico que circuló ampliamente hace un par de años y en el que se comparaba el currículo viate de los ministros de sanidad de los principales países europeos. El objeto de aquel mail no era otro que evidenciar la lamentable falta de preparación de la por entonces titular de la cartera en España, Leire Pajín.

Hoy, las cosas están aun más jodidas que entonces y la desconfianza en los políticos se ha instalado en nuestros hogares de forma generalizada. Entre las muchas causas que han motivado nuestro rechazo (con la corrupción a la cabeza de todas) hay una en la que me da la impresión que no hacemos especial hincapié, o al menos no tanto como debiéramos. Me estoy refiriendo al hecho de que hemos dejado el país en manos de unos mindundis, de tipos grises, profesionales de medio pelo incapaces de aportar nada relevante al mundo en el que viven.

Y me doy cuenta de que no siempre fue así… da la casualidad de que llevo un tiempo trabajando en un proyecto de TV movie histórica y he tenido la posibilidad de documentarme ampliamente sobre un periodo fascinante de la historia de nuestro país: la segunda mitad del Siglo XIX. En este periodo convulso y lleno de fracasos políticos estrepitosos hay una verdad que resulta indudable: los gobernantes, independientemente de su ideario, eran gente brillante, con una preparación excelsa y que ponían todo su interés en hacer bien las cosas.

Valga como muestra una breve reseña de 4 políticos de diferentes facciones de la época. Advierto que he hecho una búsqueda ligera, algunas cifras pueden no ser correctas (y con esto quiero decir que es fácil que sean autores de más obras de las que yo cito, por ejemplo, nunca de menos).

canovas

- Antonio Cánovas del Castillo: Presidente del Gobierno en 6 ocasiones entre 1875 y 1897.

* Formación y empleo: Licenciado en Derecho. Historiador. Periodista

* Cargos en instituciones: Miembro de la Real Academia de la Historia, Miembro de la Real Academia Española, Miembro de la Real Academia de Ciencias morales y políticas, miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Presidente del Ateneo de Madrid.

* Publicaciones: Una novela, un libro de poemas, tres libros de crítica literaria, más de ocho volúmenes sobre Historia de España, director de una enciclopedia de la Historia de España, infinidad de artículos en revistas especializadas, discursos y ensayos políticos e históricos.

Cánovas, hombre de luces y sombras, tiene en su haber la capacidad de mirar a largo plazo en lugar de al corto, así como el haber logrado poner de acuerdo a muchas facciones distintas en aras del bien común.

sagasta

- Práxedes Mateo Sagasta: Presidente del Gobierno 7 veces entre 1871 y 1902

* Formación y empleo: Ingeniero de Caminos. Docente. Periodista

* Distinciones: Caballero de la Orden del Toisón de Oro, de la Orden de Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén, distinguido con la gran cruz de la Orden de Carlos III, de la Orden de la Concepción de Villaviciosa, de la Orden de la Torre y Espada y de la Orden de San Mauricio y San Lázaro.

* Publicaciones: Numerosos discursos y artículos políticos. Fundador y director de al menos dos diarios.

A Sagasta ha de reconocérsele su pragmatismo y la capacidad de dejar a un lado parte de sus ideales para colaborar en varios gobiernos de distinto pensamiento al suyo con tal de desbloquear situaciones sin salida.

Pi i Margall

- Francisco Pi y Margall: Presidente de la República en el año 1873

* Formación y empleo: Licenciado en Filosofía y Doctor en Derecho. Escritor, filósofo, jurista, periodista y docente.

* Publicaciones: Varias decenas de obras sobre Historia, política, filosofía y arte, multitud de artículos de opinión y conferencias. Se codeó con los grandes intelectuales europeos de la época, gozando de una inmejorable reputación internacional como uno de los políticos de pensamiento más avanzado de la segunda mitad del Siglo XIX.

De integridad intachable, Pi y Margall vio morir el proyecto por el que llevaba dos décadas luchando (el federalismo) por querer llevarlo a cabo a través de la ley y no de la fuerza; teniendo las fuerzas necesarias (políticas y militares) para instaurarlo.

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- Emilio Castelar: Presidente de la República entre el año 1873 y 74.

* Formación y empleo: Doctor en derecho. Licenciado en Filosofía. Catedrático. Articulista y periodista.

* Cargos en instituciones: Miembro de la Real Academia de la Lengua, miembro de la Real Academia de Historia, Miembro del Ateneo de Madrid, Presidente de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles. Fundador y director de un periódico.

* Publicaciones: 5 novelas, decenas de ensayos sobre Historia, filosofía, política y viajes, multitud de discursos. Colaborador en periódicos de Francia y América del sur. Goza de gran reputación internacional como orador y político.

Castelar fue un azote constante contra todo y todos los que se mostraran negligentes. Un político brillante, incisivo y mordaz como pocos. Aceptó la responsabilidad de gobernar el país cuando nadie más quería hacerlo.

Y llegando a la parte morbosa de este post, aquí está la breve reseña de los dos principales políticos que tenemos hoy día en este país.

mariano-rajoy

- Mariano Rajoy: Presidente del gobierno desde 2011.

* Formación y empleo: Licenciado en Derecho. Registrador de la propiedad.

* Distinciones: Gran Cruz de la Orden de Carlos III. Doctor honoris causa por la Universidad Sergio Arboleda de Colombia. Medalla de oro del ciclismo español (Por su apoyo a este deporte). Orden del Águila Azteca (Durante una visita de estado a México).

* Publicaciones: 1 ensayo titulado “En confianza: mi vida y mi proyecto de cambio para España”

rubalcaba

- Alfredo Pérez Rubalcaba: Actual jefe de la oposición.

* Formación y empleo: Doctor en ciencias químicas. Docente.

* Distinciones: Gran Cruz de la Orden de Carlos III. Gran Cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio.

* Publicaciones: una veintena de artículos científicos (Todos ellos en los años 80).

En resumen, que el rumbo de España está en manos de Walter White y del presidente del club de fans de Perico Delgado… Pues recordemos que hubo un tiempo en que no era así y exijamos a los políticos el mismo nivel de excelencia que tenían hace tiempo.

Hasta que nos leamos.

En el aire

Hace tiempo que no publico por aquí ninguna ficción propia, desde aquellos microrelatos que me sirvierons de primeros pasos como bloguer (Y que podéis releer aquí y aquí). Pero esta mañana me he topado con este estupendo post de Natxo López en Bloguionistas y me ha despertado algo que llevaba tiempo dormido: la necesidad de pelear cada trabajo hasta el último aliento.

Es cierto que muchos de nuestros guiones se acaban quedando en un cajón del escritorio o en una carpeta del ordenador (Y más hoy día) pero por eso mismo tenemos que adoptar  la obligación moral de que nuestro material muera dignamente. Ya que la peli se frustró o la idea dejó de ser tan original y no vas a poder sacarle provecho, por lo menos dale la oportunidad de ser leida por alguien… quien sabe lo que puede pasar. Quizás cuando toda esperanza se había desvanecido, un último y milagroso hálito de vida surja de lo inesperado;  o tal vez esa historia moribunda sea capaz de granjearte una oportunidad laboral al encandilar tu forma de escribir a algún productor, director, editor, jefe de guionistas, etc.

El caso es que me he animado a dar salida a algún material estancado y hoy quiero presentaros “En el aire”. Se trata de un proyecto de sit com que escribí hace un par de años. Lo hice cuando en Telecinco buscaban este tipo de comedias para producir (Lástima que eligieran “Vida loca” y la cosa se quedará ahí). La premisa es muy clara: El día a día de una tripulación de avión comercial que se pasan la vida fuera de casa, con la maleta a medio hacer, encerrados en un suposotorio metálico gigante a tres mil pies de altura  y con una eterna sensación de desarraigo encima. Un grupo de gente cuyas vidas están eso, en el aire.

En su día Cuarzo se interesó por la serie pero no la movió, Telecinco se interesó por ella pero me dijeron que había llegado tarde y que tenían una similar en preproducción (Todavía estoy esperando para verla… pero esa es otra historia), al poco dejaron de hacer sit coms, luego salió “Pan Am” en EEUU tratando el tema (desde otra óptica, eso si) y al final, poco a poco el producto de fue quedando mustio. A mi me sigue pareciendo divertida, fresca y con muchas posibilidades… pero que voy a decir yo, que la he parido.

A continuación podréis leer una breve presentación de la serie y el guión de un episodio tipo de la misma ¡Espero que os guste!

La presentación

Y el guión del episodio

Hasta que nos leamos.

Quentin se pone serio

No escribo casi nunca sobre estrenos de cine, series o programas ni realizo una crítica al uso de ninguno de ellos (Para eso hay un montón de estupendos blogs dedicados a ello) pero esta vez hago una excepción dejándome llevar por mi “Tarantinofilia” y dedicaré unas líneas a comentar mis percepciones tras ver “Django desencadenado” hace apenas tres días. Creo que ha pasado el tiempo justo para haberla reposado y rumiado como merece sin dejar de tenerla aun fresca en la memoria, así que allá vamos.

djangoposter

Lo primero que diré sobre la película es que me parece un punto de inflexión en la filmografía de su director. Queda por ver cómo se desarrolla su obra a partir de ahora, pero todo apunta (nunca mejor dicho) a que tras “Django” nada volverá a ser igual. La película supone la ruptura con una de las máximas del cine de Tarantino, una de las que le ha ayudado a construirse un nombre en esta industria; y es que, por primera vez en una de sus historias, la violencia ya no mola.

Hasta el momento, el bueno de Quentin se caracterizaba por tener el enorme talento de dotar a los actos de extrema violencia de unas inusitadas dosis de belleza plástica y de humor. Ello se sostenía sobre la sólida base que cimienta todas sus producciones: en las pelis de Tarantino no hay juicios morales, no se pide al espectador que se adentre en las cavernas del comportamiento humano, ni que establezca un código ético o se posicione entre actos de bondad y de  maldad. Allí se va a disfrutar del espectáculo… Así podemos declarar sin tapujos que nos parece genial que Clarence y Alabama traten de rehacer su vida vendiendo una maleta de coca robada (droga que destrozará la vida de pobres inocentes) en “Amor a quemarropa”, o que ojala la banda de ladrones sanguinarios que protagoniza “Reservoir dogs” escapase de la policía, incluso que nos gustaría que un asesino demente se llevara por delante con su coche a un segundo grupo de inocentes chicas en “Death Proof”. A todos nos flipan los hijos de puta que protagonizan “Pulp Fiction” e incluso estamos medio deseando que el cabrón nazi de Hans Landa pille a otro par de judíos sólo para disfrutar de sus brillantes juegos mentales en “Malditos bastardos”. Reconocemos que nos da igual que Beatriz Kiddo hubiera podido ir a la policía con un montón de pruebas para encarcelar a Bill y su banda ¡Nosotros queríamos que los matase a todos de la gloriosa forma en que lo hace en las dos entregas de “Kill Bill”!… Tarantino establece siempre un pacto con sus espectadores, que se resume en que durante tres horas podemos ser todo lo bestias que queramos sin que nadie se sienta mal por ello… hasta ahora.

Porque éste es, para mi, el mérito de “Django” y el principal punto de giro dentro de la carrera del director. Por primera vez la violencia, los tiros y puñetazos duelen… por primera vez los malos te caen mal y ves el terrible dolor y sufrimiento que generan sus actos. Por primera vez su historia remueve conciencias hasta el punto en que algunas de sus impactantes secuencias de acción se te hacen poco digeribles y apartas la mirada en lugar de regodearte como hasta ahora hacías (Esto sucede sobre todo en la pelea de mandingos y en la de los perros). Por primera vez Quentin se pone serio.

En el oeste, los negros no tenían derecho ni a montar a caballo.

En el oeste, los negros no tenían derecho ni a montar a caballo.

Y ello conlleva sus pros y sus contras. Como provecho principal es que el resultado es una obra adulta y maravillosa que aborda un tema poco tratado de una forma inteligente, realista, tan cruda como sensible y exquisita. Como contrapartidas más acuciantes nos encontramos con que por al camino se pierden algunas de las señas de identidad del estilo del director.

Y es que si algo no satisface de “Django” es eso, que estábamos acostumbrados a ciertos “must” tarantinianos y al no encontrarlos aquí uno se descoloca bastante. Me estoy refiriendo a los brillantes trucos narrativos a los que tanto partido sabe sacar, a los personalísimos planteamientos de cámara que nos suele ofrecer y, especialmente, a los brutales diálogos marca de la casa que te dejan agarrado a la butaca del cine. No acierto a saber si esta renuncia ha sido voluntaria u obligada, si es que el parir una película con un calado temático y social como nunca había logrado le ha dejado exhausto para las “frivolités” o si, por el contrario, es un nuevo y perverso juego del director; como si pensase “Sé que estáis esperando que en la conversación de la cena Di Caprío suelte una originalísima teoría sobre la supremacía blanca y la sumisión negra… pero no, ahora os vais a conformar con la explicación pseudo-científica que daría un terrateniente paleto de la América profunda en 1875”. Eso sólo él lo sabe; pero a mi me da la impresión de que el pobre es humano y, al fin y al cabo, esta vez no lo ha conseguido.

Valga aclarar que con esto no quiero decir que la película no parezca de Tarantino. Esta llena de violencia soberbiamente plasmada, de ingeniosos diálogos, de humor en situaciones muy peliagudas, etc. Pero en dosis menores a las que suele producir el aclamado director y guionista.

Siguiendo con los puntos débiles, me da la sensación de que “Django desencadenado” tiene uno de los guiones más flojos de su filmografía: creo que es la primera vez que detecto fallos y McGuffins  de los que solemos tirar los escritores para hacer avanzar la acción sin pararnos mucho tiempo a explicarlo o atarlo todo. Hasta la fecha sus tramas podían presumir de ser de hierro, historias perfectamente armadas que resistían el más exhaustivo de los análisis. En “Django”, sobre todo en la primera hora de película, si que ves atajos y remiendos poco lucidos pero necesarios para llegar a la parte suculenta de la obra. No pasa nada, pero que tu protagonista sea un superdotado del disparo por naturaleza es más facilón que mostrar su aprendizaje (Aunque luego lo justifique un poco con el “uno entre diez mil”); que le salga un benefactor dispuesto a ayudarle en todo sin recibir nada a cambio es más sencillo que lograr valerse por sí mismo (Hecho curioso éste del Doctor King Shultz, quizá el primer personaje idealista que escribe Tarantino en su carrera); que Django sepa identificar a los tres mejores luchadores de la plantación sin tener mucha idea del asunto es de lo más conveniente… Quentin lo sabe y por eso pasa de puntillas por muchas de estas escenas, colocándolas antes o después de grandes golpes de efecto, porque es un buen director y sabe que el sigilo es la única forma de salir airoso de estos embrollos. Más que estos puntos sin justificar, lo que me machacó fue una escena (la de Shultz explicando sus planes a Django) en la que nos expone verbalmente el conflicto principal para a continuación volver a explicarlo con acción y de manera mucho más brillante ¿Para qué entonces toda la primera conversación si ya íbamos a deducir lo que Shultz quiere de Django en cuanto le revelase quien es al Marshall? Es este caso, se olvidó por el camino la vieja máxima de Lubitsch: “Deja que el espectador sume dos y dos… te querrán siempre”.

La escena en cuestión. Un error de novato.

La escena en cuestión. Un error de novato.

Otra flojera del guión llega con el tercer acto, que no aporta demasiado al espectador más que la mera satisfacción de ver al prota cumplir su misión: No hay Hitlers acribillados a tiros, nadie se entera de que el tío por cuya defensa a matado a sus amigos es un poli infiltrado, no hay un inteligente cambiazo de maletines con dinero… ni rastro alguno de sorpresa o de evolución personal, tan sólo la consecución de un objetivo externo. Esto ya pasaba en “Kill Bill vol. 2” pero con un clímax infinitamente más potente y bello. Mi última queja se centra en los prescindibles planos de la esposa de Django a lo largo de toda la película: como si el espectador fuera tonto, se decide que hay que recordarle cada veinte minutos porqué el protagonista hace lo que hace colocando un plano subjetivo de recuerdos… nunca entenderé esta manía que en tantas películas se repite.

Por no restarle méritos, hay que decir que Tarantino sigue sabiendo elaborar sabiamente los equilibrios entre personajes, que se dimensionan unos sobre los otros: Django se ve como un paleto frente a Shultz, pero éste también queda como un mindundi al lado de Candie. Además en un mundo que se nos presenta con un esquema básico de negros = víctimas y buenos frente a blancos = verdugos y malvados, el director tiene la inteligencia de llevar su historia a los grises haciendo que el mejor amigo del héroe sea blanco y que su mayor antagonista sea negro. Y he aquí otra de las mayores virtudes de la película: el no casarse con nadie y reflejar la realidad tal cual era… hay que ser muy valiente para mostrar que había negros que jodían a otros negros sólo por salvarse ellos (Como Samuel L. Jackson, genial en su interpretación) y hacerlo de forma que uno incluso entienda que se pueda llegar a ello (Como con los mandingos, que al igual que los gladiadores de Roma, se entregan al asesinato con tal de lograr una vida mejor y ser tratados como “estrellas”).

A niveles más puramente formales, decir que el talento del director le hace plantear un western original cuando más difícil lo tenía. Teniendo en cuenta que la gran mayoría de sus películas ya tienen muchos componentes del cine del oeste extrapolados a otros géneros y que repetir la fórmula le hubiera llevado a acercarse peligrosamente a Sergio Leone, Tarantino hace bien en rehuir de la estética más clásica y llevarnos a un Texas de montañas nevadas y suelos enfangados, en valerse de plantaciones de algodón en lugar de desiertos y cactus y en no abusar demasiado de su adorado Morriconne, consiguiendo, empero, que la música vuelva a brillar y adquirir protagonismo en la narración. Aunque personalmente no comulgo tanto con los estilos elegidos, hay que reconocer que introducir el Hip Hop en el salvaje oeste es tan brillante como hacer que suene flamenco durante una pelea de katanas… chapeau.

Como siempre, el material promocional es espectacular.

Como siempre, el material promocional es espectacular.

Hasta aquí el largo, y espero que ameno, análisis… concluiré resumiendo que “Django desencadenado” me ha gustado por lo que he sentido como espectador, por parecerme un paso adelante del director y por lo ofrecerme cosas nuevas dentro de su cine. Pero no me ha entusiasmado como muchas de sus anteriores obras… espero que en la próxima sume lo bueno nuevo y lo bueno antiguo para firmar su mejor película.

 

Hasta que nos leamos.