Crowdfunding de toda la vida

¡Que nos gusta un palabro nuevo! Es escuchar un término en inglés al gafapasta de turno y hacérsenos la boca agua a todos… la primera vez que lo oyes, pones cara de interesante mientras piensas para tus adentros: “¿De qué carajo me estará hablando éste?” y en cuanto nadie te mira, sacas el móvil y consultas en la wikipedia lo que significa. Eso si, ya se queda uno con la pistola cargada para soltarle el palabro al primer infeliz que se te cruce, haciéndote el sabiondo y forzando la situación hasta que el pobre desgraciado no tenga más remedio que confesar que no entiende lo que le estás diciendo…

Uno de esos palabros que más fuerza ha cogido en los últimos dos años es “Crowdfunding”, término inglés formado por los términos crowd (cuervo) y funding (fundiendo). O sea: fundiendo cuervos.

Estoooo… como iba diciendo, el término se compone de las palabras crowd (Multitud, grupo) y funding (financiación)… Lo siento, cosas del traductor simultaneo, que ha sido inmediatamente despedido.

O sea que el crowdfunding es la financiación en masa o colectiva. En cine, que es donde más se está explotando la técnica, esto significa que en lugar de buscarte un par de entes públicos o de inversores privados que asuman los costos de producción, divides éstos en una gran cantidad de pequeñas participaciones que ponen a disposición de todo aquel que quiera formar parte del proyecto. En resumidas cuentas, que miles de personas paguen unos pocos euros en lugar de que unos pocos paguen cientos de miles de euros.

No entraré ahora en los entresijos del crowdfunding, ni en porqué está tan de moda ni en cómo debe hacerse correctamente para obtener resultados positivos (en parte porque eso da para otro post y en parte porque no soy ningún experto en la materia. Si os interesa mucho el tema os aconsejo seguir a los chicos de el cosmonauta, proyecto español de referencia mundial en estos menesteres). Yo de lo que voy a hablaros hoy es de que esto que parece tan moderno, tan molón y tan original o novedoso, pues lleva haciéndose toda la vida.

Ejemplo 1: El músico semi profesional.

Paciencia, constancia y fe en uno mismo. Cualidades del músico principiante.

Este es un caso sintomático y de enciclopedia: hay un nivel de músico que se encuentra entre el profesional contrastado que vive de su arte y el perroflauta que va pidiendo por la calle para sacarse unos cuartos y pagar las litronas. Me refiero a todos aquellos que están “por descubrir” y tocando en bares, en el metro o en una plaza. Músicos humildes que apenas ganan dinero con su actuación y que suelen tener una maleta vieja con maquetas de dudosa calidad a un precio muy asequible, gente que a poco que recaude lo suficiente irá corriendo a grabar otra maqueta mejor o a comprar cuerdas para la guitarra…

Este tipo de artistas llevan décadas haciendo crowfunding sin saberlo, sin planearlo con antelación, de la forma más natural posible… Ellos ofrecen a colectivo numeroso (los clientes del bar, los usuarios del metro…) una propuesta artística (su música) y una propuesta comercial (financiar su música para seguir disfrutando de ella) proporcionando a cambio una pequeña recompensa (la maqueta en cuestión). Lo que viene siendo un crowdfunding de libro.

Ejemplo 2: La tómbola.

Ni la de Marisol ni la de Canal Nou ¡La tómbola del Lapicerdo!

Me viene a la cabeza mis años de estudiante en un colegio de los Jesuitas y como cada año se celebraba la fiesta del patrón: San Estanislao de Kostka, un noble polaco al que hicieron santo porque le mataron a golpes unos asaltadores de caminos cuando iba hacia Roma para hacerse cura (Se ve que ese año las candidaturas a santo estaban flojitas y no había mucho dónde rascar…).

En fin, que lo mejor de ese día de fiesta era la gigantesca tómbola benéfica que se montaba y en la que uno podía ganar una gran variedad de premios fantabulosos (en realidad eran una mierda, pero había una bicicleta y los chavales nos cegábamos con ella). Todos hemos estado en tómbolas y gastado dinero allí; si te paras a pensarlo, el planteamiento también es muy de crowdfunding: existe el componente de la pequeña participación (el ticket), el de la colectividad numerosa (el público asistente y especialmente los niños, un target muy fiel y muy consumidor) y el de la recompensa (el premio). Si bien existe una clara propuesta comercial, lo que falta aquí es el componente artístico (por mucho arte que tengan los feriantes del micro con sus frases hechas y su forma de venderte “el perrito piloto”).

Ejemplo 3: El fiestón.

Una fiesta como Dios manda: con su gordo del sombrero mejicano y la policía cortando el rollo.

Eres joven, se acerca tu cumpleaños, tienes ganas de liarla, tus padres no están en casa… pero no tienes un euro ¿Qué haces para salirte con la tuya? Crowdfunding. Se le cuenta a todos los amigos y conocidos el plan y se les vende como la mejor fiesta jamás organizada (éste sería el proyecto. En lugar de arte se ofrece una experiencia sensorial inolvidable y, lo que es más importante, la oportunidad de pillar cacho…). Pero para ser del selecto grupo elegido hay que colaborar en la financiación; a dónde uno sólo no llega, entre todos si es posible. Tenemos otra vez la pequeña participación (los chavales no suelen pasar de los 5 o 6 euros por barba), el colectivo (amigos y conocidos) y la recompensa (el ciego, ligar, etc.).

Este ejemplo adolescente y hormonado se puede trasladar a edades más adultas con un concepto tan clásico como es el “pagar a escote”. Si unas parejas estan cenando en un buen restaurante y a uno le apetece darse el capricho de beber un vino de calidad pero excesivamente caro, no pasa nada: se lanza la propuesta comercial y entre varios se consigue la financiación… en este caso la recompensa es meramente placentera (beberse el vino) y el colectivo más reducido, pero los planteamiento siguen siendo los mismo.

Como estos tres ejemplos hay muchos más, seguro que a vosotros mismos ahora se os ocurren varios distintos. El caso es que al final todo está inventado y que, como nos explican siempre a los guionistas “Las historias ya han sido contadas, la originalidad reside en el enfoque y  punto de vista con que la narres”.

Evidentemente, estos ejemplos no cumplen todos los parámetros de la financiación colectiva, pero si que son unos buenos antecedentes de ésta; una muestra de que para crear algo nuevo hay que analizar lo que existe previamente, tomar las cualidades o características más interesantes para tu negocio y mezclarlas con alguna nueva idea que le otorgue originalidad. En el caso del crowdfunding este hecho novedoso reside en saber hacer partícipe al pequeño financiero de las decisiones creativas y de negocio que surjen en el proyecto. El poder que no le otorga una gran compañía a sus accionistas minoritarios si se lo da el productor de la película a aquellos individuos que le ayudan a costearla. Las formas, como siempre, son muy variadas (Desde capacidad de opinión en diseños al aporte de ideas en cualquier fase de la producción).

Ésta y no otra es la gran novedad del crowdfunding y lo que la enmarca en la línea de movimientos de lo que se conoce como el nuevo audiovisual (Social TV, interactividad con el público, transmedia, gamificación, etc.)

Por mi parte, poco puedo añadir sobre el tema; tan sólo queda aplaudir la originalidad y el oportunismo de aquella mente privilegiada que inventó el “fundiendocuervos”.

Hasta que nos leamos.

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