La importancia de los nombres

Los nombres tienen poder, eso es algo que cualquier iniciado a la magia y todos los atentos lectores de Neil Gaiman saben bien (Es una de las muchas enseñanzas que el autor británico esconde cuidadosamente por las páginas de sus comics y novelas. Recomiendo encarecidamente su lectura a todos los que no lo conozcan).

La primera vez que me di cuenta del poder de los nombres fue hace poco más de cuatro años, justo cuando la selección española de fútbol ganaba la Eurocopa de Austria y Suiza. Hasta ese campeonato nuestro equipo no había tenido un nombre oficial con el que mencionarles, apoyarles, bendecirles o maldecirles según la ocasión, etc. Históricamente se le había calificado con apelativos  (como “La furia española” referenciando el saqueo de Amberes) poco acordes al fútbol practicado por nuestros chicos, o con el nombre de un grupo de jugadores concretos (tipo “la quinta del buitre”) generalmente de un mismo equipo.

La solución era bien fácil, tan obvia que parece increíble que tardásemos 88 años en darnos cuenta. Sólo había que echar un vistazo a nuestros rivales para caer en la cuenta: Francia eran “Les Bleus”, Italia “La azurra”, Argentina “La albiceleste”, Holanda “la naranja mecánica”, Brasil “La Canarinha”… ¡La clave para el éxito futbolístico consistía en denominar al equipo nacional por el color de su camiseta!

Y entonces llegó La Roja.

Los nombres tienen poder y nuestra selección, al ser bautizada por Luís Aragonés como “La roja”, alcanzó la excelencia futbolística y un logro nunca antes conseguido: empalmar las victorias de Eurocopa-Mudial-Eurocopa. Muchos esgrimirán argumentos banales como que debemos el éxito al talento de los Iniesta, Xavi, Casillas y compañía… no os dejéis engañar por ellos: nosotros sabemos la verdad.

El éxito personal también puede depender de un buen nombre frente a uno malo, lo hemos visto cientos de veces ¿Quién no recuerda al desgraciado perdedor Homer Simpson saborear las mieles del triunfo cuando se cambió su nombre por el de Max Power

¿Cuántos cantantes han tenido que buscarse un nombre falso para resultar más atractivo comercialmente? Desde el bueno de David Jones, que no vendía un disco ni a tiros hasta que cambió su apellido real por el mucho más glamouroso Bowie, a nuestro compatriota Alejandro Sanz, que en los inicios de su carrera trató de conquistar las listas de éxito bajo el imperial sobrenombre de Alejandro Magno

Como guionista debo tener mucho cuidado a la hora de escoger el nombre de mis personajes, quizá de ello dependa el devenir de sus vidas y, con él, de la historia que quiero contar. Creedme si os digo que sé de lo que hablo, tengo un estupendo guión sobre una trilogía de películas que narran una epopeya intergaláctica que ha sido rechazado mil veces sólo porque me dio por llamar a su protagonista Lucas Andacielos

La excepción: un mal nombre que llega lejos.

¿Y por qué os suelto todo este rollo? Muy sencillo, porque pensando acerca del poder de los nombres me he dado cuenta de que tenemos en nuestra mano la solución a la crisis de las narices: Dejemos de ser España.

Así de simple, así de contundente, así de sencillo… España es un país de segunda fila, acuciado por las deudas, con una pésima reputación internacional, sus políticos y banqueros son un atajo de ineptos y/o ladrones, sus sindicatos viven en el siglo XIX en lugar de en el XXI, sus empresarios no son capaces de mirar más allá de la cuenta de resultados del mes en que están, sus ciudadanos son dóciles ovejas adormecidas por unos medios de comunicación que olvidan su función social a medida que se embriagan con el elixir del poder… dejemos de ser España, pues. Cambiemos nuestro nombre con la esperanza de encontrar uno lo suficientemente bueno como para inspirarnos a sacar lo mejor que tenemos dentro ¿Quién sabe si con otro nombre a la Merkel le pareceríamos más dignos de confianza? ¿Y si las agencias de calificación de riesgo nos concedieran la AAA fascinados por el magnetismo de nuestra nueva denominación? ¿Y si en Londres, París o Berlín un joven que busca trabajo fuese bien considerado al decir con orgullo su nueva nacionalidad?

Si os gusta mi propuesta, difundidla a todo el que conozcáis, porque ahora queda lo más difícil: dar con el nombre adecuado… Os invito a escribirme con vuestras ideas para que entre todos elijamos un nombre a la altura de nuestro país. Da igual de donde os lo saquéis mientras sean un buen nombre ¿Qué digo bueno? Un nombre cojonudo… la madre de todos los nombres de países ¡Busquemos un nombre que sea la envidia de todas las demás naciones, un nombre tan bueno que Norteamericanos, Indios y Congoleños piensen por igual “¿Por qué coño no se me habrá ocurrido a mi?”.

Mi primer impulso fue proponer “Iberia”, por las claras connotaciones históricas y geográficas. Pero no me puedo resistir al encanto de un nombre de país digno de ser gobernado por el Dr. Muerte… para mi, nuestro país debería pasar a llamarse CROANIA.

Espero vuestras propuestas de nombres.

Hasta que nos leamos.

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11 comentarios el “La importancia de los nombres

  1. Que bueno…. no me veo capaz de decir un nombre así a la ligera…. voy a pensar!!!

  2. manolito mapelli dice:

    Oscar Wilde escribió algo parecido en La importancia de llamarse Ernesto y al cantante de Héroes del Silencio le hizo gracia (monóculo yo)… vamos Croania!!!!!!!!!!!!!!

  3. Croania es la única opción viable….

  4. Juandodd dice:

    Croania is not Spain!

  5. Juandodd dice:

    República Ibérica de los Países Croanos

    • Lo de República indica una forma de Gobierno y yo ahí, por ahora, no me meto… y lo de paises croanos rezuma pluralidad entre estados iguales, tema aun más espinoso… no obstante, debo reconocer que el nombre en conjunto resulta de los más embriagador ¡Cómo tembrarían los embajadores en la ONU ante su mención en el turno de palabra!

  6. Nacho J dice:

    En realidad parece que se escribe Fredonia, mucho mejor: Long life President Firefly!!!

    • Pues hay quien dice que la Atlantida estaba por aquí, concretamente en Andalucía y que está cubierta por las marismas de Doñana. Según estas teorías, la prodigiosa civilización de Tartessos sería el último vestigio de los superiores atlantes… No es mal nombre, no.
      muchas gracias por tu colaboración!

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