Fusión en caliente

Los telespectadores llevamos unos días viendo las nuevas promos de Antena 3 y la Sexta, unos breves anuncios en los que algunos presentadores de ambas cadenas bailan agarrados cual cotillón de Nochevieja…

Anoche mismo pudimos ver cómo se producía una emisión simultánea en las dos cadenas, con la originalidad de cada una de ellas ofrecía la escena desde un ángulo distinto y un texto invitaba al público a cambiar a la otra cadena para descubrir a la misteriosa pareja de baile. El anuncio íntegro se estrenará el viernes 21.

Esta original idea supone otro pasito adelante en la nueva TV social, que invita al espectador a participar de una u otra manera en el proceso de creación y/o emisión de los contenidos. La campaña ha sido ideada por la agencia de Risto Mejide, especializada últimamente en branded content.

Este alarde de unidad y buen rollo se debe a la reciente fusión entre las dos empresas y sus respectivos canales. Ya desde un primer momento el nuevo Grupo mediático mostró su predilección por la integración, coordinando conjuntamente la gestión de sus pausas publicitarias o anunciando indistintamente la programación de los horarios estelares (Como hace Wyoming cada noche al cerrar su programa).

Frente al modelo más transmediático que explota Telecinco-Cuatro, y del que ya hablé aquí hace un tiempo (El siguiente ejemplo que veremos será la participación de presentadores como Jesús Calleja y Frank de la jungla en el reality de aventuras  con famosos “Expedición Imposible”), Antena 3 y La Sexta se nos quieren presentar como una gran familia donde todo es armonía, paz y amor. Una fusión en caliente o cálida frente a la fusión en frío de Mediaset España, limitada a “atelencincar” al resto de cadenas. Este punto de partida de la fusión en caliente me ha llevado a elucubrar hasta donde se podría llegar en cuanto a cocreación si ambas cadenas se lo propusieran… estos son algunos ejemplos de los contenidos que podrían generarse de cara al futuro:

– Arguiñano es tu pesadilla.

Cada una de las cadenas cuenta con su chef estrella: Karlos Arguiñano y Alberto Chicote, respectivamente. ¿Por qué no juntarlos en un único y demoledor programa?. Yo propongo dos modelos distintos: en el primer formato, mientras Arguiñano hace sus tradicionales recetas divulgativas para enseñar a los televidentes, Chicote se pasa el programa puteándole vivo y echando por tierra todo lo que  el vasco cocina… humor tan negro como un coulant de chocolate y ánimos calentitos como una lasaña recién salida del horno.

El segundo programa copiaría el modelo de “Pesadilla en la cocina” pero protagonizado por Arguiñano. En esta ocasión no se trata de ayudar a los restaurantes a mejorar, no habría tono de coaching agresivo… más bien lo contrario: el bueno de Karlos se pasaría una jornada laboral entera contándole chistes malos a los trabajadores de un local mientras cocinan y atienden a los clientes… Si consiguen llegar al final del día sin meterle la minipimer por el recto al Chef, ganan un fin de semana en Canarias.

– “¿Quién se aloja ahí?”:

Planteamos la mezcla perfecta entre la serie “Gran Hotel” y el docushow “¿Quién vive ahí?”. El primero es un trhiller con misterios y asesinatos por resolver en el que los personajes se pasan el día espiándose los unos a los otros y el segundo es un programa de cámara en mano en el que conocemos las casas más peculiares de mano de sus inquilinos… ¿Resultado de la mezcla? Pues un formato en el que los reporteros entran al asalto en habitaciones de hotel de España a ver qué se encuentran: Relaciones extramatrimoniales, despilfarros a cargo de la empresa, robo de toallas… todas las miserias humanas al descubierto en un programa que tendría a sus espaldas más separaciones que Belén Esteban.

Vaya filón de programones que se está perdiendo esta gente...

Vaya filón de programones que se está perdiendo esta gente…

– Un millón al rojo vivo:

Este innovador programa contaría con lo mejor del concurso “Atrapa un millón” y del debate “Al rojo vivo”. Como en este país ya estamos más que acostumbrado a que los políticos nos roben, que menos que hacer algo de entretenimiento familiar con ello… En “Un millón al rojo vivo” los alcaldes, concejales, ministros y presidentes electos concursarán para llevarse calentito el dinero de nuestras pensiones, seguridad social, educación o justicia… Más o menos lo que viene pasando ya, pero con la novedad de que para hacerlo deben responder a preguntas serias en lugar de a las de los periodistas… Como apoyo, los indefensos políticos podrán tener a un asesor de confianza a su lado para que les ayude a distinguir entre sal y azúcar… Como la cosa va de conocimientos básicos de cultura general, es más que probable que muchos de estos concursantes se vayan a casa con las manos vacías…

– El zombieguero:

Se trata de un único programa especial pero estamos más que seguros de que será un enorme éxito de audiencia y crítica que marcará un antes y un después en la historia de la TV española. La idea es muy simple: Un grupo de zombies al más puro estilo “The Walking dead” descuartizan en directo a Pablo Motos… simple, efectivo, gracioso, entretenido… un espacio que lo tiene todo, incluso función social… Según el éxito se plantearán futuras ediciones con otros “queridos” rostros de la cadena y el nombre de Eva Hache suena con fuerza…

– El club de las pulseras rojas:

Un formato inspirado en el programa de monólogos “El club de la comedia” pero protagonizado por enfermos terminales que nos cuentan con humor y cachondeo como es su día a día en el hospital, luchando por su vida… un formato muy exportable que seguro que causa sensación en el próximo MipTV.

– Luna, el misterio de Salvados:

Aquí presentamos un espacio de reportajes incisivos sobre la actualidad conducido por Jordi Évole… hasta aquí poca novedad ¿Cierto? Puede parecerlo, pero lo que no saben los entrevistados es que el follonero con sus comprometidas preguntas no sólo va a “echarles a los lobos” en sentido figurado… al final del programa, soltaremos a una manada de estas bestias para que den caza y devoren a los sinvergüenzas responsables del despropósito del que se esté hablando ese día… Si, sabemos que el programa es un poco duro y puede recibir muchas denuncias, pero ya estamos en conversaciones con las protectoras de animales para que no se quejen de que les damos de comer porquería a los pobres lobos…

– Tus huesos me suenan:

¿Quién dijo que los miembros de un equipo de forenses como el de “Bones” tienen que ser serios y aburridos? En este nuevo show para toda la familia nos descubren su lado más simpático cantando y bailando cada semana en imitaciones de grandes figuras musicales. Clásicos como “La mataré”, “The End”, “Who wants to live forever?” o “Suicide blonde” harán las delicias del público…

– Wyoming presenta: Ahora caigo:

Una vuelta de tuerca al informativo de humor satírico conducido por el Gran Wyoming. Cada vez que el presentador o una de sus colaboradoras y colaboradores diga un chiste malo, se abre una trampilla y el responsable cae a un foso donde tenemos guardados a los lobos del programa del follonero… Una manera rápida y eficaz de mejorar los guiones del programa y las actuaciones de los cómicos… toda vez que el formato se convertirá en una estupenda plataforma para descubrir nuevos talentos del humor, pues cada semana, casi son toda seguridad, habrá que renovar la plantilla…

Hasta aquí mi tormenta de ideas sobre las posibilidades de la fusión entre Antena 3 y La Sexta. Espero que los directivos de las cadenas lean esto y tomen buena nota de lo que deben hacer: ¡No contratarme jamás!

Hasta que nos leamos.

Ani(Re)mando contra corriente

Hoy quiero hacer algo distinto a lo habitual. Por primera vez desde que existe en blog voy a dedicar un post a hablar de uno de mis trabajos. Y lo hago no sólo por la publicidad y el autobombo que puedo dar a mi producto (que también) sino porque creo que lo que voy a contaros encaja perfectamente en la filosofía de esta página, siempre dedicada a buscar puntos de vista originales con los que analizar la profesión.

Acabo de sacar mi más reciente producción audiovisual, una webserie de animación titulada “La Peña. Malaguitas F.C.” y creo que es interesante que profundicemos en un producto tan peculiar y extraño en el mercado de los dibujos animados.

 

Vista exterior de la peña malaguitas F.C.

Vista exterior de la peña malaguitas F.C.

Todo comenzó hace ya casi un par de años, cuando el por entonces jefe de ficción de Cuarzo, Ismael Morillo, me comentó que andaban dándole vueltas a alguna idea para serie de animación adulta y de tono gamberro. Al parecer su jefe, el tristemente desaparecido Pedro Rodríguez, había coincidido en un pasillo de Telecinco con un directivo de la cadena y le había transmitido que andaban interesados en ver productos de este tipo. Claramente sorprendido, Rodríguez le preguntó que qué pensaban hacer en Telecinco con un “Padre de Familia” y si aquello no sería muy fuerte para su programación… en un acto de congruencia máxima, el directivo le espetó que cada noche emitían “Escenas de matrimonio”, y no creía que una serie de dibujitos pudiera ser más fuerte que eso…

Total, que en Cuarzo comienzan a barruntar el tema de la animación y a buscar ideas. Como guionista satélite y amigo de Ismael, me pasa la información y me dice que si tengo cosas en esa línea se lo envíe. Rápidamente me pongo el disfraz de trilero y le suelto a Ismael que: “Algo tengo… déjame darle una vuelta y te lo mando”. Es momento de confesaros que si alguna vez en la vida un guionista os dice una frase parecida, es que no tiene nada de nada escrito y, tan pronto como cuelgue el teléfono u os pierda de vista, se va a poner a darle vueltas al coco en busca de material decente sobre el que trabajar… y, en este caso, yo no era una excepción.

Así que me encuentro por primera vez en mi vida teniendo que crear una serie de animación gamberra… ¡Encantado! Soy un enfermo de Los Simpson, Futurama, Padre de Familia, South Park y demás animaciones adultas, llevo media vida leyendo comics y aun me trago a ratos lo que emiten en el Cartoon Network, Boing o Clan… esto no puede resultar complicado. Pongo mi materia gris a trabajar, seguro de que pronto daré con un montón de buenas ideas.

Lo primero que debes saber al pensar en productos de animación es que es un submundo complicado. Para alguien ajeno a este medio, una serie o película de animación suena a priori como algo mucho más barato y rápido de hacer que su equivalente en imagen real… total, se pone a unos cuantos tíos a dibujar y ya está. Nada más lejos de la realidad, la animación resulta extremadamente larga y trabajosa de producir y, por ende, bastante costosa. Los grandes productos de Dysney-Pixar o DreamWorks se alargan durante años y años y en ellos trabajan cientos (casi miles) de personas en las numerosas y variadas partes del proceso.

Es por ello que cuando se crea una historia para animación, se busca siempre que sea lo más universal posible (esto ocurre con todas las historias, pero en este caso más aun) y que tenga posibilidades de coproducción y ventas a nivel internacional. Sólo aliándose con varios productores más y garantizando que la serie/película se verá en muchos países se pueden cuadrar las cuentas. En resumen, que si “Gran Hotel” sale rentable sólo con emitirla en España y las posibles ventas al extranjero son casi una guinda al pastel, eso mismo para “Jelly Jamm” es impensable.

Sabido esto, me pongo a parir ideas que se ajusten a esa premisa (Y más sabiendo las posibilidades del grupo Mediaset en Italia y otros países). De las tres que presenté finalmente a Ismael, una se titulaba “La Peña” y trataba sobre las disparadas vivencias de un grupo de seguidores de un equipo de fútbol inventado, miembros todos de una peña de aficionados, que pasan más tiempo peleando entre ellos que con los seguidores del equipo rival. Una especie de Sit com animada con personajes muy extremos y un tono cañero e incorrecto. A mi entender la idea es universal, puede interesar en muchos países y tiene un inmenso granero del que abastecerse.

A Ismael le gustó “La Peña” pero, como suele suceder tantas veces en este mundillo, Cuarzo abandonó la idea de una serie de animación al poco tiempo y mi material pasó al cajón de los proyectos por mover, esperando una oportunidad mejor. Esta ocasión llegó año y algo después, cuando el Málaga C.F. (equipo de mi ciudad) se clasificó por primera vez en su historia para la Champions League.

Para los de otras partes de España y del mundo, os diré que el Málaga siempre ha sido un equipo humilde, de los que está más pendiente de no bajar a 2ª División o peleando por subir a 1ª, y que en toda su historia ha dado pocas alegrías a sus fieles seguidores. Pero, cosas de la vida, en el año 2010 llegó un multimillonario Jeque qatarí llamado Al-Thani y compró el endeudado club para convertirlo en una referencia del fútbol nacional. Desde entonces jugadores y técnicos de renombre han llegado al equipo, que se está asentando entre los mejores de España e iniciando con éxito su primera aventura europea.

Con este panorama nuevo en mi ciudad, decidí que podía ser el momento de rescatar a “La Peña”… ¿Y si convertía a los seguidores del equipo inventado en aficionados del Málaga? ¿Y si pasaba del tono alocado e irreal a una parodia fiel del carácter y la forma de ser de los malagueños? ¿Y si dejaba de querer emitir por una TV nacional para hacerlo por Internet? La ciudad entera bullía de entusiasmo con el equipo y eso es algo que se debe poder aprovechar para producir una serie… sin darle más vueltas decidí intentarlo y producirla yo mismo.

El principal interrogante era si funcionaría una animación basada en algo tan absolutamente localista. Estaba contradiciendo todas las normas sagradas del mercado, remando a la contra… pero realmente había motivos para confiar: Por un lado el foco de atención de toda la población de la provincia estaba, y está, centrado en el equipo de fútbol que está haciendo Historia; por otro lado, había precedentes claros de éxito de productos cómicos en torno a la condición de malagueño (Cosas estilo “Vaya semanita” con los vascos, pero en pequeño). Yo ya había tenido una experiencia profesional agridulce tratando de hacer autocrítica de los andaluces, pero en esta ocasión estaba seguro de que podría cuajar.

Ante la tesitura de cómo rentabilizar la inversión y conseguir obtener beneficios, el factor local también se me descubría como una ventaja: con una serie tan concreta y tan enfocada a un target pequeño (Málaga provincia tiene un millón seiscientos mil habitantes, de los que hay que quedarse con los aficionados al fútbol que vean vídeos por Internet…) el lograr cierto éxito me convertiría en un producto muy atractivo para las marcas locales. Grandes empresas y establecimientos de la zona tendrían en la serie una forma segura y directa de llegar a gran parte de su público objetivo; y de camino asociarían su nombre al del Málaga C.F., sinónimo de éxito y pasión.

El pasado viernes, tras un largo esfuerzo de todo mi equipo, lanzamos el primer capítulo de “La Peña. Malaguitas F.C.” y en apenas dos días hemos superado ya los mil visionados en Youtube, los doscientos seguidores en Twitter y los sesenta “me gusta” en Facebook. Actualmente estoy negociando con un importante medio de comunicación provincial la emisión de los capítulos a través de su página web, mientras inicio las conversaciones con marcas locales en busca del patrocinio.

No sé hasta donde llegará esta aventura, ni si podré conseguir beneficios de ella, pero hasta el momento puedo decir que iniciar el camino contrario al que se supone que debe seguir un producto de animación no me está yendo mal… quien sabe si en futuro existirán franquicias de “La Peña. Madridistas F.C.” o “La Peña. Blaugranas F.C.” o si alguien se planteara el paso de Internet a TV, por citar un par de ejemplos. Es lo que tienen los caminos poco transitados, que casi nadie sabe a donde llevan.

Hasta que nos leamos.

Antagonistas

villanos

¿Qué sería de una buena película o serie sin su malo de turno? Nuestra ficción occidental es inconcebible si ese malvado que pone en jaque al protagonista de la historia con sus retorcidos planes y sus aviesas intenciones. Estamos tan acostumbrado a ello. que al enfrentarnos a una narración carente de antagonista, ésta se nos suele derrumbar por muy bien construida que esté.

La vida real parece también llenarse últimamente de malos se mire por donde se mire. En este caso se trata de malos de opereta, de los que se mesan el bigote y ríen a carcajadas mientras confiesan su plan al, momentáneamente derrotado, héroe. De estos malos volveremos a hablar más adelante.

Lo que hoy quiero explicar con más detalle es la diferencia entre un buen malo y un mal malo, valga la redundancia. Entre un simple villano y un antagonista. Porque esto es lo que necesita toda gran historia, a alguien que (independientemente de sus inclinaciones morales) se oponga a los intereses del protagonista y le impida conseguir sus objetivos. Ya veremos como en ocasiones el malo es el bueno y viceversa y la trama funciona igual de bien… porque se mantiene la oposición de intereses y, por tanto, el conficto.

Analicemos, por ejemplo, tres productos con cierta semejanza en la ambientación histórica: “Los Tudor”, “Isabel” y “Juego de tronos”.

En la serie española encontramos a antagonistas del corte clásico: personajes como Pacheco y Carrillo son malos hasta la médula, únicamente les mueve su interés personal y su egoísmo, utilizando a quien haga falta para conseguir satisfacerlos. Los guionistas los usan con habilidad, haciéndoles cambiar de bando con frecuencia según los intereses de la trama (Amén de los sucesos históricos documentados) y así consiguen mantener interesado al espectador. Funcionan y gustan, pero no terminan de marcar al televidente.

 

Mucho más interesante resulta el personaje del Rey Enrique, un antagonista básico para Isabel, que está construido con bastantes más matices e incongruencias y, por tanto, resulta un ser humano creíble e interesante. Enrique no lo odia todo ni quiere sembrar el caos en el mundo: simplemente tiene unos intereses que proteger como rey y, para hacerlo, luchará contra quien haga falta. Durante toda la temporada hemos visto a este antagonista no querer entrar en guerra porque supone muerte, hambre y penurias para el pueblo. También le vemos recibir con alegría a sus hermanos, a los que está enfrentado, cada vez que hay un armisticio; o perdonar y aceptar en su corte a nobles que le habían traicionado y humillado, sólo porque le une una amistad de toda la vida con ellos… otros personajes de la serie tildan a Enrique de débil, pero lo que en realidad le sucede es que es humano, y eso le hace grande y le lleva a conectar con el espectador.

En el caso de la producción sobre la dinastía real inglesa, se ocasiona un fenómeno aun más interesante: los guionistas consiguen que los personajes “buenos” tengan malas intenciones y que los “malos” las tengan buenas; y a pesar de ello el seguidor de la serie los continua percibiendo en los roles asignados. El resultado es de una delicadeza y de un realismo que hace que la calidad global de la ficción se multiplique. El ejemplo más claro de esto se da en la rivalidad entre Thomas Moro y Thomas Cromwell.

El primero se nos presenta como alguien bueno porque se opone a la relación ilícita del Rey con Ana Bolena, porque defiende a la autoridad establecida de la Iglesia de Roma y porque se mantiene inflexible en sus convicciones y valores. Esto está muy bien, pero la realidad demuestra que en cuanto llega al poder, Moro no duda en quemar a cuanto “infiel” encuentra en su camino sólo por el hecho de pensar de forma distinta a la suya y si tenemos en cuenta que la Iglesia que él defiende estaba corrupta, viciada y podrida hasta la médula sus motivos no parecen ya tan buenos.

En frente suya está Cromwell, presentado como un malvado intrigante que asciende en el poder a costa de otros y que susurra chismes al oído del Rey para satisfacer sus intereses. Al tipo se le coge una tirria casi inmediata (gracias también al gran trabajo de interpretación) pero en realidad, analizando su postura se puede empatizar con él perfectamente: lucha por una Iglesia más justa y pura, pegada a los intereses del pueblo y sin privilegios; además encarna el ejemplo de que naciendo pobre se puede llegar a lo más alto con trabajo y talento, y tiene una visión moderna de lo que será el mundo a partir de esos días (El comienzo de la Edad Moderna).

Al final ninguno de los dos son buenos ni malos, sólo personas con intereses enfrentados y de ahí nace el conflicto.

En “Juego de tronos” se mantiene está tónica, aunque aumentada por la riqueza del diseño de personajes y el elevado número de los mismos. Los hay eminentemente buenos, como Tyrion Lanister, pero que se ven obligados a luchar en el bando de los malos por motivos superiores (En su caso la fidelidad a la familia)… los hay buenos por su carisma y su alineación, caso del Rey Robert, pero nefastos por sus actos (Infiel, borracho, mal gobernante, agresivo, derrochador, etc.).  También los hay que evolucionan de una manera increíble y pasan de malos a buenos o lo contrario. En esta saga cada personaje es un universo de contradicciones y matices capaces de proyectar luz y sombra según el momento concreto. Eso es lo que la hace grande y la ha llevado al éxito; porque en un contexto tan propicio para que cada seguidor se alineé con una determinada casa/familia, no encuentras a nadie que diga: “yo soy de los Stark” o “Yo voy con los Lanister”, “A mi me pierden los Tully” ni “Estoy a muerte con los Baratheon”… a todos nos gustan unos de aquí y otros de allá e, incluso, de los malos puros (Tipo Cersey) nos apiadamos de vez en cuando… si el autor les hace morder demasiado el polvo.

En mi opinión, muchos claros ejemplos de lo que debe ser un antagonista los podemos encontrar en los comics de superhéroes. El hecho de poder estar 40 o 50 años escribiendo una serie y que lo hagan cientos de guionistas distintos acaba por dar una robustez apabullante a los personajes. Y esto, en el caso de los malos es muy de agradecer. Para mi el paradigma es el villano Magneto, y su imposible relación con los X Men. Magneto es el antagonista absoluto del grupo porque tiene una visión completamente opuesta a la de ellos en un mismo asunto. Los mutantes son odiados, temidos y perseguidos por los humanos… hay que definir la forma de relacionarse entre las dos especies: Los X Men abogan por la coexistencia pacífica y Magneto por la imposición a la fuerza. El conflicto está servido y no se solucionará jamás, pues ninguno terminará pensando como el otro. Aún así ambos bandos comparten una preocupación común por los suyos, por protegerlos y por conseguir vivir en paz y seguridad. Magneto tiene buenas intenciones y sus motivos son honrosos, pero sus métodos son los que lo encasillan como malo. De hecho le une una antigua amistad con el Profesor Xavier y, en cierto modo, siempre se necesitarán el uno al otro.

Los seguidores del cómic saben que resulta imposible no enamorarse del personaje y darle la razón en muchos de los conflictos que mantiene con los protagonistas… Así que tened claro que cuando el autor consigue que el lector/espectador se ponga de parte del malo, ya está todo dicho.

Evidentemente, hay malos “totales” que funcionan a la perfección. El Joker es más malo que la quina y punto… está tan bien parido que no hace falta más; como decía el difunto Heath Ledger en “El Caballero Oscuro”: “Soy un agente del caos…” no hay nada que añadir. Parecido caso es el de Darth Vader: un villano tan rotundo en su aspecto y sus actos que no necesita matiz alguno. En esta ocasión consiguen dotarlo de dimensión con su pasado y termina dando pie a un final redentor para él. Curiosamente, ello se vuelve en contra de los creadores al plantear la trilogía precuela: lo habían hecho tan malo que ahora justificar esa conversión al lado oscuro tenía el listón demasiado alto… lamentablemente para nosotros, no lo consiguieron.

También está la figura del “malo bueno” que se da en muchas películas y que convierte, por extensión, a una figura del bien en su antagonista. Estamos hablando de películas como “Perdición”, “El gran Carnaval”, “Reservoir Dogs”, “Tarde de perros” o “Hannibal” en las que el protagonista es un delincuente o un tipo amoral y por tanto su opuesto es la ley y la justicia. Afortunadamente los Wilders, Tarantinos, Lumets y Scotts del mundo son buenos en su oficio y suelen conseguir que nos encariñemos con semejantes bastardos y que la cosa funcione bastante bien.

A diferencia del malo, el antagonista aparece siempre en un guión, incluso en géneros tan poco propicios como la comedia romántica. Aquí solemos encontrar antagonistas tan buenos como el protagonista, como sucede en “Historias de Filadelfia”, donde el único conflicto entre Cary Grant y James Stewart es estar enamorados de la misma mujer, por lo demás hasta se caen más o menos bien y se comportan el uno con el otro. Si la comedia es más profunda podemos llegar al caso de que el antagonista del protagonista sea el propio protagonistaesto es lo que ocurre en “Annie Hall”, donde el enemigo de Woody Allen en su relación es Woody Allen: sus neuras, manías e inseguridades le impiden ser feliz con su pareja.

Se podría escribir mucho más sobre el tema, pero creo que ya os hacéis una idea clara de lo que quería explicar… Antes de terminar con el post, me gustaría volver a los malos de la vida real: la mayoría de los políticos, los banqueros, los líderes empresariales y sindicales, los mercados, las multinacionales y demás. Estos son los antagonistas de nuestro día a día, los que se oponen a la gente corriente y les impiden alcanzar sus objetivos (vivir dignamente, trabajar, ser felices, etc.). Estos antagonistas son del peor tipo que puede existir: de los traidores a la confianza del prota. Son personas que supuestamente están ahí para ayudarnos y cuidarnos, tipos a los que hemos elegido para engarse de nuestra seguridad y que, en el momento en que más les necesitamos, nos han dado una puñalada trapera y se han vuelto en contra nuestra… esta chusma son como Cifra en “Matrix”, como Fredo en “El Padrino II”, como Bruto en “Julio César”…

Por desgracia para ellos, la diferencia entre estos malos de la vida real y los malos de ficción es que los primeros no son necesarios para contar la historia y no despiertan la simpatía o el cariño de nadie.

Hasta que nos leamos.