Un encuentro muy esperado

Vista ya la decepcionante segunda temporada de “Homeland”, me gustaría pararme un poco para analizar uno de los momentos estrella de la misma. Si bien es cierto que la trama ha tirado con demasiada frecuencia de engaños baratos para conseguir avanzar, no lo es menos que los guionistas han sabido construir un buen puñado de escenas memorables por el camino (cosa que es de agradecer, porque hace mucho menos molestos los intentos de timo antes mencionados).

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El encuentro culminante de la serie

Quizá la mejor de todas estas secuencias llegó en el capítulo 5 de la temporada, con el interrogatorio de Carrie a Brody tras descubrir el video auto inculpatorio que él grabó tiempo atrás. Estamos ante el enfrentamiento que todos los espectadores llevamos esperando 17 episodios, el momento en que por fin los dos protagonistas podrán sentarse frente a frente y hablar con claridad… una enorme responsabilidad a nivel de escritura, de la que los guionistas salen especialmente airosos.

Como en los grandes conciertos, semejante actuación requiere de un telonero; el interrogatorio comienza en manos de Peter, que ejecuta su papel de “poli malo” con eficacia. No sólo consigue empezar a ablandar a Brody mostrándole que tienen el vídeo, sino que cierra su actuación clavándole un puñal en la mano en un simulado ataque de furia… es lo que tienen los teloneros, que deben llamar la atención de su público, sea como sea, en el poco tiempo que les dan.

Así llega el turno de la Mathison. Carrie, que está enamorada de él como una chiquilla; Carrie, que ha llegado a creer que estaba loca por culpa de su obsesión con que Brody era un terrorista; Carrie, que perdió su trabajo por ese mismo motivo; Carrie; que ahora sabe que todo era verdad y que ella tenía razón… Semejante contenedor de ira y frustraciones acumuladas en manos de una enferma inestable hubiera servido para que muchos escritores construyesen una escena repleta de gritos, reproches y amenazas, pero en lugar de eso los guionistas eligen el camino contrario, el de la cordialidad y la superación personal. Una senda larga y tortuosa, pero que resulta mucho más emotiva y creíble a la hora de conseguir que Brody confiese sus crímenes.

Para comenzar, Carrie se va directamente a lo personal y abre su corazón al hombre que ama, le hace saber que la destrozó por dentro y la hizo creer que estaba loca. Esto desarma a Brody por completo, que baja la guardia que había subido tras el ataque de Peter (de hecho, lo muestran con una sutil retirada del brazo herido, que mantenía en alto ante su cara en un gesto mitad protección, mitad denuncia). Comienza entonces un toma y daca, un primer round de contacto en el que Carrie se dedica a soltar reproches personales y Brody a justificarlos. Con sutileza y habilidad, ella va llevando la conversación en un par de ocasiones hasta un terreno profesional, obligándole a repetir que él no llevaba ninguna bomba ni era parte de un intento de atentado al Vicepresidente. El asalto acaba cuando Carrie consigue que Brody le pida perdón por haberle hecho daño emocionalmente y haber jodido su carrera profesional. Victoria para ella.

Brody sabe que están vigilando el interrogatorio.

Brody sabe que están vigilando el interrogatorio.

Este brillante comienzo permite a los guionistas situar a los personajes en planos opuestos: Por un lado tenemos a Carrie, que se ha sacado una espinita personal y además ha conseguido recordar a Brody que entre ellos hay algo más que una relación profesional; ella está en lo alto. Por el otro, Nicholas es por primera vez consciente de que sus actos y decisiones también dañan a otra gente, igual que las decisiones que tomaron aquellos de los que tanto ansía vengarse; él está abajo.

La segunda fase del interrogatorio está destinada a crear empatía entre ambos. Carrie decide que debe acercarse física y emocionalmente a Brody para poder sacarle la verdad. Es ella la que se baja voluntariamente a la altura de su interrogado. Para demostrarle su confianza y tratar de establecer el vinculo entre los dos, apaga todas las cámaras de vigilancia (aunque deja encendido el micrófono sin decirle nada a él), le quita las esposas y le da de beber un poco de agua. Con estos hechos ha roto la barrera física entre ellos (la mesa) y ha podido acercarse a Brody, tocarle y hacer más íntima la situación. Con todos estos gestos los guionistas nos están dejando claro que a continuación los personajes van a entrar en un nuevo nivel de complicidad.

Efectivamente, ahora Carrie pone en juego las experiencias de guerra que los dos tienen en común: han visto el horror de cerca y eso les distancia del resto de la sociedad, a la vez que ejerce ese magnetismo que sienten el uno por el otro; lo quieran o no, se entienden. Ella se preocupa por su estado anímico, quiere saber cómo se siente en su interior y qué hace cuando la gente que no comprendería nada de aquello le pregunta cómo es… Brody se sincera, reconoce que les miente y les dice sólo lo que esperan oír, no la verdad. Ella le tiene donde quería, ahora que reconoce que miente puede tratar de llevarle hacia la confesión; una vez más le introduce con disimulo el tema profesional, pero él se mantiene en sus trece y sigue negando su implicación en el atentado frustrado. Los dos son conscientes de que está mintiendo y Carrie se lo hace saber, logrando que él pierda los estribos: según Brody el mentiroso es el Vicepresidente.

En un inteligente movimiento, los guionistas hacen que Carrie sepa dar para recibir: en lugar de mostrar a una agente de la CIA de pensamiento (a su modo patriótico) talibán, hacen que ella comprenda que tiene una ocasión inmejorable para llegar hasta el fondo del asunto. Al escribir la escena no se plantean que un analista de inteligencia jamás cuestionaría a su superior ni las decisiones de combate de su país, sino que lo ven desde un punto de vista práctico: Carrie hace lo que tiene que hacer para obtener la verdad. Por eso ella reconoce que el Vicepresidente es un monstruo que merece ser castigado por sus crímenes… y que Brody no lo es, porque no detonó la bomba… Ante el silencio del marine, ya sabe cómo debe seguir. Carrie hace comprender a Brody que Abu Nashir también es un monstruo, demasiado parecido al Vicepresidente; que lo está usando para sus propósitos sin importarle el precio que paga Brody ni el dolor que causará. En un emotivo discurso echa por tierra todo lo que él creía bueno y verdadero desde su liberación.

Carrie tiene a Brody a punto de desfallecer.

Carrie tiene a Brody a punto de desfallecer.

A estas alturas Brody es ya un pelele tembloroso que apenas puede contener las lágrimas, pero no lo suficientemente roto como para confesar. Así que Carrie sube la apuesta y se pone completamente a la altura de lo que le está pidiendo a él; si la cosa va de decir verdades, empezará ella: reconoce que le ama y que sería feliz si dejase a su familia por ella. Brody alucina con la confesión, sus dudas son mayores que nunca: si una mujer es capaz de sentir eso por él aun sabiendo todo lo que ha hecho es por algo, es porque aun queda algo bueno en él… pero es demasiado testarudo, lo han entrenado demasiado bien. Ante la invitación de Carrie para que diga la verdad Brody sigue defendiendo su versión de los hechos.

El juego de los guionistas ya está claro: Ante un hombre que ha aguantado 8 años de torturas y vejaciones las amenazas no sirven de nada. Sólo dando sinceridad absoluta se obtiene sinceridad absoluta. La elección concuerda además con el personaje de Carrie, que siempre va a la contra del resto de la CIA, que sigue su instinto más que los datos, que ve los caminos que nadie ve… y como remate, en un tercer plano de complejidad, el ejercicio le sirve a ella como una catarsis personal en la que enfrentarse a sus demonios y a los sentimientos que la han llevado a perder el control.

Carrie sabe que va a ceder más pronto que tarde así que vuelve a elevar la apuesta y saca a relucir a los hijos de Brody. La sola mención del nombre de su pequeña hace que el marine deje caer otra capa más de su barrera, si acaso la penúltima. Ella es consciente de que él hacía lo que hacía por vengar la memoria de un niño inocente (el hijo de Abu Nashir) y por eso sabe que dejar a otros dos niños inocentes huérfanos y traumatizados para el resto de su vida (sus propios hijos) no arreglaría las cosas. Brody es incapaz de negarlo, ni siguiera puede ya articular palabra; simplemente extiende sus brazos y busca con sus manos las de Carrie.

La rendición, mostrada a través de un simple gesto.

La rendición, mostrada a través de un simple gesto.

Y aquí comienza el asalto final. En el momento que ve el gesto, ella comprende que Brody se ha entregado a buscar cobijo y protección: sabe que ya es suyo. Entonces vuelve a la carga y hace, una tras otra, todas las preguntas que Brody se ha negado a contestar durante todo el episodio… sólo que ahora si confiesa.

Con esta parte culmina la escena principal del episodio. Hemos asistido al proceso de desprogramación de un terrorista, pero no con métodos brutales ni con encierros en Guantánamo; hemos visto como se arrancaba una confesión de culpabilidad, pero no con amenazas o palizas, ni poniendo a dos criminales en contra el uno del otro, ni si quiera ofreciendo un trato ventajoso en el juicio (todos estos recursos habituales en cine y TV). Aquí nos lo han servido desde la humanidad, sacando a relucir la compleja maraña de sentimientos que se debe esconder en lo más hondo de todo extremista, más aun en el caso de un personaje tan complejo como Brody. Los guionistas han hecho el trabajo más complicado y han logrado mostrarnos cómo recuperar la humanidad de un monstruo, y lo han conseguido (Carrie lo ha conseguido) desde el amor; porque sólo amando a alguien así puede llegarse al fondo de su alma y lograr traer de vuelta al hombre bueno que se había perdido tras los años de lavado de cerebro y torturas físicas y psicológicas.

Una escena para visionar con el dedo en el botón del pause, para examinar cada gesto y detalle de las interpretaciones, para hacer el ejercicio de ponerse en la piel del personaje y tratar de averiguar qué se siente. En definitiva, una escena de las que a todo guionista nos gustaría escribir.

Hasta que nos leamos!

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La siguiente decepción

 

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Da la casualidad de que llevo un tiempo documentándome y escribiendo una historia de serial killers y, como suele ser habitual, devoro todo la ficción de ese subgénero que cae en mis manos para estar un poco más metido en el ambiente, para analizar aciertos y errores, inspirarme, huir de los tópicos, etc. Ello me ha llevado a ver con gran interés “The following”, serie americana que La Sexta ha tenido a bien ofrecernos apenas un par de meses después de su estreno. La velocidad a la hora de traer esta producción (en claro contraste con otras mucho más alabadas… y no miro a nadie… Antena 3 y Juego de tronos… no miro a nadie) y la fuerte campaña de promoción de la cadena, hacían prever que nos encontrábamos ante uno de los posibles nuevos pelotazos en ficción. Lamentablemente, nada que ver con eso. 

“The Following”  parte de una premisa bastante interesante: un malvado e inteligente asesino en serie ha reclutado un ejercito de seguidores en sus años de prisión y ahora los utiliza para llevar a cabo su plan de venganza contra el policía que le atrapó. Aquí tenemos varios elementos atractivos para armar una historia poderosa: por un lado hay un protagonista arrastrado a la acción y que se pasa todo el tiempo jugando a la contra, tratando de evitar los ataques de un enemigo más poderoso y mejor preparado que él. Por el otro, el antagonista es un personaje carismático y de los que deben enamorar al espectador desde el primer capítulo. Y además de esto, se plantea una vuelta de tuerca original al subgénero con la idea de una secta de asesinos, que tiene mucho potencial. 

Desgraciadamente, casi nada en el desarrollo de la trama cumple las expectativas planteadas con esta premisa. Para comenzar, sabemos bien que toda serie basa su éxito y consigue conectar con el público a través de sus personajes, pero los de “The following” carecen por competo de gancho. Ahí tenemos a Ryan Hardy, el protagonista (correctamente interpretado por Kevin Bacon), un ex policía que se dejó media vida tratando de atrapar al malo la primera vez y ahora vive estancado en la desidia. Hardy es el objetivo de la venganza de asesino y se ve obligado a volver a la acción para desbaratar los planes de su antagonista. Este personaje presenta varias características:

Hardy/Bacon se enfrenta a unos asesinos obsesionados con Edgar Allan Poe

Hardy/Bacon se enfrenta a unos asesinos obsesionados con Edgar Allan Poe

 

1) Es un alcohólico depresivo. Este punto, bien utilizado es de un tremendo potencial dramático, pero los guionistas parecen olvidarse de él apenas transcurridos un par de capítulos; si acaso usan su adicción para establecer un punto de conexión con su compañero, Mike Weston, que se da cuenta del problema pero no se lo comunica a los superiores. A partir de ese momento, el viejo Ryan deja atrás de buenas a primeras su adicción a los chupitazos de JaggerMaiester.

2) Hardy tiene una grave deficiencia cardiaca provocada por una puñalada en el corazón que le dio el asesino años atrás. Esto le hace llevar marcapasos y ser una persona bastante más frágil de lo que correspondería a alquilen de su edad y complexión. Una vez tirado a la basura el conflicto interno del protagonista, cabría esperar que fuesen a aprovechar bien este otro conflicto externo… y lo hacen, pero sólo cuando a ellos les conviene y no todo el tiempo, como debería ser. De hecho, cada vez que alguno de los followers se enfrenta a Hardy se las apaña para sacar ventaja de su afección y así poder escapar, sin embargo en otros muchos momentos vemos a Ryan correr, pelear y someterse a situaciones terriblemente estresantes sin que su débil corazón se resienta en absoluto. Poco rigor, por decir algo…

3) Hay una historia de amor con la ex mujer del asesino, con la que tuvo una relación hace años y que él cortó a pesar de amarla. Por ese lado la trama funciona bien; como decía hace poco David Muñoz en este post en el thriller debe existir una conexión personal para el protagonista, y en el caso de “The Following” se produce cuando los seguidores sectarios secuestran al hijo de su líder, o sea el hijo de la mujer que Ryan quiere. Entre los antiguos amantes se crea una relación de amor odio bastante comprensible pero, a mi entender muy poco aprovechada. El torbellino sentimental del triángulo amoroso de los protagonistas (El bueno-el malo-la chica que ha estado con ambos) no luce en ningún momento, es más, cede el protagonismo a un insulso triángulo amoroso entre tres de los asesinos seguidores de Carroll ¡Incomprensible!. La serie seguramente hubiera brillado mucho más con intensas escenas en las que Ryan provocase a Carroll con el hecho de que le robó la esposa o con secuencias en las que ella se enfrentase al psicópata de su ex marido y le restregase a la cara que el policía es mucho más hombre que él, que su hijo le quiere más que a él, que la satisface mucho más en la cama, etc.

El villano pierde gas, y con él toda la serie

El villano pierde gas, y con él toda la serie

Pero si el protagonista hace aguas, el caso del antagonista es todavía peor. Se supone que Joe Carroll es un inteligente y sofisticado profesor de universidad experto en Literatura Romántica que se vuelve loco y comienza a asesinar jovencitas por el trauma de su fracaso como novelista (ojo con ese detonante, que de resultar verosímil entonces estaría el mundo lleno de asesinos en serie). Carroll aprovecha su encierro en prisión para elaborar un intrincado plan que pone en marcha gracias a los cientos de admiradores que se comunican con él y van a verlo a la cárcel; gente desequilibrada y con traumas que son carne de cañón para convertirlos en peleles que se muevan a su antojo.

Todo el sentido de la trama y la razón de ser del plan de Carroll se basa en su increíble magnetismo personal y su capacidad de seducción, es decir que este malo debe molar tanto que a su lado Hanibal Lecter parecería un gris funcionario de Hacienda. Desgraciadamente esto no está conseguido en absoluto, el tal Carroll no desprende nada que atrape al espectador y le haga enamorarse de él; ni la actuación ni los guiones del personaje son lo brillantes que se le suponen… de hecho, los propios guionistas deben ser conscientes de ello y no dejan de incluir forzadas líneas de diálogo en las que los policías recalcan el tremendo magnetismo y la capacidad de influencia de Carroll (como si ha base de repetirlo pudiera acabar siendo verdad). En el mismo momento en que no te crees que ese grupo de desquiciados puedan llegar a matar por veneración hacia el medianía de Carroll, la serie deja de interesarte como espectador.

Pasando la página del diseño de personajes, “The following” tiene otra importante carencia que la hace, cuanto menos, complicada de visionar (que ya no ver, porque me lo tomo como un trabajo práctico): la increíble distancia entre malos y buenos; los primeros son siempre más listos y tienen a su alcance una infinidad de recursos desproporcionada, mientras que los segundos jamás dan pie con bola y se dedican a todo menos a realizar una investigación policial mínimamente decente. Esto, que no deja de ser un recurso de ilusionista, puede utilizarse de vez en cuando para asombrar a tu audiencia o para salir discretamente de un embrollo pero bajo ningún concepto puede volverse la tónica general de resolución de conflictos. Si el villano quiere que no le atrapen debe ser muy listo, porque la policía no es tonta.

Sólo con esta dejadez se entiende que cada dos por tres surja un nuevo acólito de Carroll infiltrado en el lugar más conveniente y en el momento indicado; que a ningún agente del FBI se le pase por la cabeza revisar todas las grabaciones de seguridad de la sala de visitas donde Carroll habló tranquilamente con sus seguidores durante años, para ver quienes son y detenerlos antes de que actúen; que Hardy no recurra a grabar a Carroll puteando a uno de sus ayudantes que se ha dejado atrapar para luego ponérselo a éste y tratar de que reniegue de su líder y les cuente el plan; que en una situación completamente controlada por la policía, los followers huyan con el hijo de Carroll delante de las narices de medio FBI; que ninguno piense en hablar con la abogada de Carroll para descubrir que la tiene amenazada, proporcionarle protección y obligarla a ayudarles a parar al asesino; etc. Tampoco pido polis como los de “The Wire”, pero si algo más competentes que en “Loca academia de policía”. 

Una de la imágenes más promocionadas terminó siendo un mero reclamo para el piloto

Una de la imágenes más promocionadas terminó siendo un mero reclamo para el piloto

 

El verdadero problema con usar este tipo de argucias es que se traspasa la frontera de la lógica tanto y tan menudo, que el espectador comienza a pensar (con cierta razón) que le toman por tonto. Lejana queda ya la máxima de Lubitsch: “deja que el espectador sume 2 y 2… te querrán siempre”. En este caso lo que se intenta es distraerlo para que no sume en absoluto, porque las cuentas no salen. 

En fin, no todo es malo en la serie. A pesar de lo anterior es un producto que se deja ver sin más pretensiones, que siempre incluye un par de giros efectistas que llaman la atención (si uno no profundiza mucho en ellos) y que sabe tirar de clifhanger para enganchar a su audiencia. Realmente está más cerca de una procedimental policiaca que se ve más pendiente del twitter que de la tele, y no hay nada malo en este tipo de productos… siempre que nos lo vendan como lo que es. Porque si algo esta claro en esta nueva edad de oro de la ficción televisiva, es que los espectadores tenemos el morro muy fino y no nos tragamos gato por liebre.

A pesar de todo, reconozco que analizar una serie de este tipo es un ejercicio muy útil y necesario para cualquier guionista. Descubrir los trucos y fallos de trama agudiza el ingenio y te hace ser más exigente con tu propio trabajo. Ahora sólo queda la parte difícil, la de siempre: ser capaz de aplicar lo aprendido en el trabajo propio. Ojalá en el futuro tengáis vosotros la opinión de juzgarlo.

 

Hasta que nos leamos!