La ley del spoiler

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El diablo, Drácula, Darth Vader, Monty Burns… la humanidad siempre ha tenido terribles archienemigos, seres hechos de pura maldad cuya mera mención sirve para atormentarnos e inundar nuestras noches de pesadillas. El último en unirse a esta interminable lista es el ¡¡SPOILER!!

A estas alturas casi todo el mundo se ha comido un spoiler al menos una vez en la vida. Y es que esto de reventarle el final de una historia al prójimo es algo viejo, sólo que ahora está viviendo una segunda juventud. El spoiler de toda la vida tenía algo bueno y es que, como Paquirrín o Leticia Sabater, era de corto alcance… uno podía joderle la marrana a un amigo o un familiar en una conversación, como mucho podía soltarlo en medio de una cena y que el radio de acción de la bomba afectara a cuatro o cinco personas, poco más. Además, el spoiler vivía de forma parasitaria en un tipo concreto de personas, creando una relación simbiótica muy particular. Para soltar un spoiler había que ser muy consciente de ello; el personajillo que lo hacía tenía un cariz de mala baba, de gracioso sin gracia, de rencoroso que te tenía una guardada desde hace tiempo. Eso si, el spoiler marcaba a su hacedor con una letra escarlata que lo identificaba como un apestado social, como alguien al que mantener a cierta distancia prudencial… esto es así. De hecho, cada vez que vayáis al cine y veáis a alguien que acude a ver la película sin compañía, no penséis: “que tipo tan sofisticado, no le importa ir al cine solo”, pensad mejor: “cuidado con ese, seguro que el hijoputa le contó el final de El sexto sentido a todo el que pudo”.

Bueno, estaban los cabritos y luego estaba Homer…

Pero el asunto de los spoilers se volvió incontrolable de la mano de Internet y las redes sociales. Lo que antes era un graciosete más o menos manejable se convirtió en una legión de blogers, trolls, haters e hijosputa varios dispuesto a reventar cualquier hito importante de toda peli, serie, libro, cómic, etc. Amén de los Homers de la vida que no se enteran de que sus cuentas de facebook, twitter o instagram son ventanas abiertas al mundo.

Y con la era virtual llegaron varios problemas más:

En primer lugar, la atemporalidad. El spoiler se convierte en algo capaz de sobrevivir hasta el fin de los tiempos. Si alguien quiere, en este 2014, informarse sobre “The Sopranos” para ver si realmente merece tanto la pena ver la serie es fácil que simplemente mirando un poco en google se cruce con una pista o crítica feroz sobre el final de la historia… Si, tío, aquello te traumatizó ¡Pero sé un hombre y supéralo en lugar de joderle 86 maravillosos episodios al prójimo!

En segundo lugar el alcance. Uno ya no puede contener el spoiler avisando a sus amigos o no leyendo a sus conocidos; cualquier “me gusta”, retweet o mención puede hacer que un tipo de arkansas al que no conoces de nada te reviente tu serie favorita. Ante esto sólo puede ponerse un remedio, la abstinencia total de las redes sociales… y la verdad es que, con lo enganchadetes que estamos, eso es algo chungo de lograr.

También está el tema del postureo. Spoilear se convierte en una forma de conseguir notoriedad, es como escribir en tinta invisible: “Yo ya lo he visto, sé lo que pasa… y tú no”. Se establecen dos categorías: el spoileador y el spoileado (aka vencedor y vencido) y se crea una escalada de violencia revienta finales, una guerra preventiva de la información en la que la máxima es “cuenta antes de que te cuenten”.

Otro problema añadido es el “ingenio colectivo”. Las redes sociales generan en nuestro interior la necesidad de demostrar al mundo lo graciosos o creativos que somos, así que si sucede un acontecimiento en una de las ficciones de moda se genera un terreno propicio para que nos luzcamos. Aquí es cuando comienzan a aparecer los comentarios irónicos y con segundas o los juegos de palabras sobre el spoiler (ese mencionar sin decir tan dañino); para mi los que hacen esto son los “calienta braguetas” de la red, te ponen tontorrón pero al final te dejan a dos velas… ¡Si vas a spoilear, por lo menos ten la vergüenza de ir de frente, macho!

El colmo del asunto: que la propia cadena spoilee a sus seguidores.

El colmo del asunto: que la propia cadena spoilee a sus seguidores.

Mención aparte merece cuando comienzan a aparecer memes, fotomontajes, vídeos, parodias y demás sandeces que proliferan a la misma velocidad que los hinchas del Atlético en este 2014… Seamos sinceros, el video de reacciones de la boda roja era muy gracioso y ocurrente, si, ¡Pero por el cristal de la ventana se reflejaba todo el puñetero episodio! No os dejéis engañar, este tipo de creaciones son también spoiler, nacen bajo el influjo del spoiler y deben ser tratado como spoiler. 

Y tampoco nos libramos de esto los profesionales, pobres ilusos que nos creemos por encima del bien y del mal y nos ungimos injustamente con la autoridad suficiente para, con la excusa de explicar o analizar un guión, destripar la peli de turno en un acto cruel que nos asemeja más a Jack El Destripador dándose un baño de vísceras en Whitechapel que a un bien intencionado docente… ¡Spoiler también! Yo mismo lo he hecho aquí, aquí o aquí y confieso que por las noches no logro conciliar el sueño acosado por la gravedad de mis crímenes.

Seguramente habrá quien defienda su libertad de expresión en internet, su derecho a hablar con quien quiera y de lo que quiera por las redes sociales. Estos librepensadores argumentarán que el spoiler es culpa del descuidado que lo lee/oye y no del desalmado que lo escribe/cuenta… pero vaya, que ese argumento tiene el mismo peso que el de un miembro de la Asociación Nacional de Rifle soltando aquello de: “Las armas no matan, matan las personas”… ¡Tequieiporahíya! Los spoilers matan y punto; matan las ilusiones, que es el crimen más horrendo de todos.

Y por si os lo estáis preguntando: no, no vale con avisar antes con la típica foto de Sheldon Cooper diciendo “alerta spoiler”… eso es tan cínico como el “fumar mata” de los paquetes de tabaco. Si mata, no lo hagas.

Por todas estas razones y otras cuantas que seguramente se me escapen, creo que ha llegado la hora de promulgar la ley del spoiler. ¡Que ningún otro final reventado quede sin castigar; no más listillos que saben cómo acaban “los juegos del hambre” sueltos por la calle; que nuestros hijos se críen en un mundo en el que nadie les cuente la verdadera identidad de Keyser Soze!

Muchos me tildarán de loco, pero yo os animo a pensar en el castigo propicio para los spoileadores: desde un mes llevando cepo a obligarles a escuchar la discografía completa de Pitingo… nada sería demasiado cruel para ellos. Vuestras propuestas serán más que bien recibidas en los comentarios de este post.

Y sobre todo ¡No os relajéis! Hoy mismo está la red infectada de spoilers sobre el último giro inesperado en “Juego de tronos”… esto no acaba nunca. Yo, afortunadamente, he leído todos los libros y sé lo que pasa… pero no hay derecho a que la gente no pueda pasearse tranquilamente por twitter sin que algún cabrón le descubra que los dragones han descuartizado a Daenerys en un ataque de locura.

 

Hasta que nos leamos.

El motor interno

Diapositiva1Últimamente he visto dos series que me han hecho pensar mucho en la construcción de personajes; y lo han hecho por no quedarse en el paradigma habitual, por no conformarse con lo establecido y querer conseguir capas nuevas de profundidad en sus protagonistas. Las series en cuestión son “Masters of sex” y “Boss”.

Cuando los guionistas diseñamos personajes solemos hacerlo a base de conflictos, entendiendo por éstos los diferentes problemas con que se encontrará en la historia y que harán que sea interesante para el público. Entre los conflictos clásicos podemos diferenciar tres tipos:

Conflictos externos: del tipo “tengo que salvar el mundo/atracar un banco/perder la virginidad antes de graduarme”. Suelen utilizarse como el gran motor de la historia, lo que hace que la trama avance.

Conflictos internos: del tipo “le tengo miedo a volar/ no me gusta mi cuerpo/mi fe no me permite abortar y quiero hacerlo”. Normalmente se usan para profundizar en tu protagonista, otorgarle matices y dimensión y que el conjunto sea más rico.

Conflictos de relación: del tipo “amo a la novia de mi amigo/mi padre no acepta mi forma de vida/sufro acoso laboral”. Sirven para estructurar y crear las subtramas, o sea para las pequeñas historias adyacentes entre el protagonista y los secundarios.

Lo que me ha llamado la atención de las mencionadas series es que los guionistas usan el conflicto interno como motor de la historia. Tanto Bill Masters como Tom Kane se relacionan con el mundo exterior condicionados, en gran medida, por un trauma interior o problema personal. Esto, que ahora desarrollaré más detenidamente, es algo bastante poco habitual y que les ha funcionado increíblemente bien.

Si que es verdad que hay muchas historias donde el conflicto externo es de una naturaleza tal que se puede confundir con un conflicto interno aunque no lo sea:

– En “Boys don´t cry”, por ejemplo, el personaje de Hilary Swank ni tiene ningún problema con su identidad sexual (posible conflicto interno), lo tiene con la sociedad que no acepta su transexualidad y con el rechazo que despierta (conflicto externo o de relación).

– En “Mar adentro” el protagonista, en contra de lo que pueda parecer, no tiene ningún problema consigo mismo. Ramón acepta la vida que le ha tocado vivir y la disfruta al máximo, simplemente se ha cansado de hacerlo y prefiere dejar este mundo cuando y como él decida. El conflicto viene del exterior, de las leyes jurídicas y morales que le impiden suicidarse y de algunos de sus allegados, que pueden no entender bien esta decisión.

Conflictazo interno: ¿Mato al pápa o me voy con él al lado oscuro?

Conflictazo interno: ¿Mato al pápa o me voy con él al lado oscuro?

 

En el caso de las series, en las que hay mucho más tiempo para desarrollar a los personajes y los conflictos internos ganan en importancia, suele suceder un poco lo mismo: éstos parecen ser el aspecto central de la trama, pero rara vez alcanzan ese grado de relevancia. Veamos un par de ejemplos:

– Durante las últimas temporadas de “Breaking Bad”, el personaje de Jesse Pinkman tiene un claro conflicto interno: su remordimiento por todos los crímenes cometidos. Esto condiciona visiblemente la trama y a él (recaída en drogas, hastío, desilusión por la vida y sobre todo distanciamiento de Walter) pero no llega a constituirse en el motivo principal de sus actos; éstos vienen determinados por un conflicto externo como es la necesidad de salvar la vida, para lo que debe seguir obedeciendo a Walter en todo o acabará tan muerto como los que se le opusieron anteriormente.

Algo parecido le sucede al protagonista de “The walking dead”; en las dos últimas temporadas Rick se encuentra sumido en la más profunda depresión, provocada por los demonios de todos sus actos inmorales y por los fantasmas de aquellos a los que no pudo salvar. Ello afecta a su rol como líder y su capacidad de mando, y por tanto a toda la trama… sin embargo no llega a ser el impulso substancial de ésta, ya que los continuos ataques zombi y las luchas entre grupos rivales le obligan a seguir actuando y avanzando.

Jesse y Rick son dos ejemplos de personajes cuyo conflicto interno habría parado la acción (querían rendirse) pero sus conflictos externos han actuado de motor, obligándoles a reemprender la marcha. Dramáticamente es algo muy rico y provechoso, pero ahora vamos a ver el ejemplo contrario, que es el que nos atañe.

– En “Masters of sex” el protagonista tiene un claro conflicto interno: no es capaz de aceptar sus fallos, su imperfecta humanidad. Los guionistas aprovechan esto para convertirlo en el impulso principal de muchas de sus decisiones, sobre todo en su forma de relacionarse con el resto de personajes. Así, Bill sabe desde el principio que él es el estéril dentro del matrimonio y no su mujer, pero como no puede asumirlo la hace pasar por un infierno de tratamientos médicos y por un calvario psicológico en su hogar que casi la destruyen. El ver qué trata así a alguien a quien ama le da al espectador una idea muy clara del personaje y lo define desde su propia esencia.

Algo parecido sucede en su relación con Virginia, a la que ama en secreto sin ser correspondido. En lugar de aceptar la derrota, Bill fuerza las cosas hasta el punto de comprometer su estudio e introducir una variable nueva con tal de obligarla a participar y así poder acostarse con ella (aunque sea de forma mecánica y científica).  Según avanza la temporada ella experimenta hacia él un acercamiento y después un rechazo. Bill, recompensa o castiga esto utilizando su posición de jefe (pasa de buenos modos y ascensos a malas formas y despido); de esta manera, la lectura que se hace el espectador sobre la forma de pensar del protagonista viene a ser: “como yo soy infalible y no me equivoco si haces lo que quiero, o sea lo correcto, tendrás éxito; de lo contrario no te quiero en mi vida”. Lamentablemente para él, la vida sin Virginia es mucho más gris y todo apunta (el final de la temporada lo confirma) que el arco de evolución del protagonista le va a llevar a afrontar de una vez su conflicto interno para que deje de dirigir su vida.

Un poco de carnaca, por si se os hace largo el post.

Un poco de carnaca, por si se os hace largo el post.

 

Un planteamiento similar vemos en su subtrama con el Dr. Hass, al que no le perdona haber tenido éxito tratando a su mujer cuando él fracasó. La no aceptación de su imperfección le llevan a condenar a su aprendiz al ostracismo (aunque aquí se mezcla también el rechazo a ser padre debido al trauma infantil que arrastra con el suyo).

Incluso podría vislumbrarse que el conflicto interno está detrás del mismo estudio sobre sexo que da sentido a la historia: dado que él no sabe hacer el amor más que de forma fría, mecánica e impersonal debe encontrar un culpable que le descargue de culpa o fallo; se vuelca entonces en demostrar que el sexo es algo mucho más complejo de lo que se cree y que la sociedad coarta a las personas impidiéndoles disfrutar plenamente de ello. Da igual que haya gente como Virginia, Austin o Betty que han sido capaces de experimentar y alcanzar un conocimiento sexual mucho más amplio… como él no lo ha hecho, es que no se puede o no te dejan, ya que él nunca se equivoca.

Al final, el espectador comprende que todos los actos importantes del personaje, todos los giros de la trama a lo largo de una temporada entera vienen de la mano de su conflicto interno.

– Si hablamos de “Boss” el ejemplo es mucho más claro aun. El protagonista de la (bajo mi criterio) erróneamente cancelada serie está completamente definido por un conflicto externo: se está muriendo de una enfermedad rara. Pero a medida que avanza la serie el espectador descubre que todas las respuestas a su forma de actuar y las decisiones que toma vienen de la mano del contrapunto interno de ese gran conflicto: Kane no es capaz de aceptar que se muere y que el juego ha terminado. Por cierto, no lo he mencionado antes pero el personaje que interpreta Kelsey Gramer en la ficción es el alcalde de Chicago… Cualquier otro con más cabeza se habría retirado a disfrutar de sus últimos meses en paz y armonía, los más apegados al cargo hubieran diseñado una forma de dejar su nombre escrito en la historia de la ciudad pero Tom Kane no, él se empeña en aferrarse al poder como vía de escape y comienza una cruzada por imponerse a todo el que le rodea, ya sea adversario, aliado, amigo o familiar.

Esta necesidad de victorias (personales y políticas) es su respuesta a la derrota vital que va a sufrir. Kane mantiene tan en secreto como puede la enfermedad, como si así fuese un poco menos cierta; se medica buscando que no se le vea enfermo en vez de tratar de paliar los efectos, otro derivado de su negación interna. Como le recuerda su mano derecha Ezra Stone al final de la primera temporada, para saciar su sed de triunfo llega a cometer los más terribles actos y traiciones sin más motivo que, , el demostrarse a sí mismo que sigue siendo (como titula la serie) el puto amo del cotarro.

Ambos, Bill Masters y Tom Kane, suponen un tipo peculiar de protagonista; un poco anti héroes y un poco villanos. Lo que no se puede negar es que los dos encandilan al espectador, que resultan terriblemente interesantes;  y esto se ha conseguido en gran parte gracias al inteligente y novedoso diseño del personaje por parte de los guionistas.

 

Hasta que nos leamos.

El Camino Mozárabe de Santiago

Permitidme que hoy dedique esta entrada a presentar la que ha sido mi más reciente producción audiovisual, el trabajo que me ha tenido ocupado desde el pasado septiembre hasta finales del año 2013. Se trata de un documental producido junto a los amigos de Digital Master para el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente y coordinado por el Ceder La SerenaLa obra se titula: “El Camino Mozárabe de Santiago: La última aventura del Siglo XXI”.

El pasado miércoles 22 de enero tuvo lugar la presentación oficial del mismo en FITUR, así que ya podéis disfrutar todos con nuestra obra, que puede verse en Youtube y a través de ésta y ésta webs especializadas (Y por supuesto, aquí en este blog). Para los desconocedores del tema, El Camino Mozárabe es la vía de peregrinación hasta Santiago de Compostela que parte desde Andalucía. Se trata de uno de los recorridos más antiguos, ya que existe desde hace más de ¡¡once siglos!! aunque desgraciadamente hace cientos de años que cayó en desuso. Nuestro documental forma parte de un plan de actuación integral cuyo objetivo es recuperar esta vía y promocionarla entre los peregrinos, senderistas y amantes de los caminos. Afortunadamente, hoy en día se cuenta con rutas perfectamente señalizadas y una red de albergues y puntos de información o acogida a disposición del viajero.

Para que os hagáis una idea de lo que el Camino Mozárabe ofrece al visitante, ahí va un pequeño spot a modo de aperitivo.

La situación a la hora de encarar el proyecto era ésta: teníamos entre manos un producto muy potente y con un potencial tremendo, pero era poco conocido y partía en desventaja clara respecto al tradicional camino francés y otras rutas de peregrinación de la zona norte. Nos planteamos, por tanto, que la mejor forma de dar a conocer el Camino Mozárabe era desde su valor diferencial, a partir de aquellos atractivos que lo hacían único y distinto a todos los demás.

Por eso decidimos dividir la obra en varios fragmentos temáticos: juntos formarían un todo con sentido y unicidad, pero cada pieza podría también ser consumida individualmente. Esto último nos parecía especialmente importante para lograr una buena difusión en el entorno web, ya que varios vídeos de entre 2 y 3 minutos se moverían por internet y las redes sociales con total naturalidad, cosa más difícil de lograr en el caso del montaje total de 25 minutos.

Finalmente, produciríamos un mini docuweb a modo de resumen compactado de en torno a 7 minutos de duración, con idea de ser explotado como avanzadilla: quien quiera conocer el Camino Mozárabe se lleva una impresión bastante clara de lo que va a encontrar en estos 7 minutos; pero si se quedan con ganas de más, ahí están los 25 minutos para profundizar en cada uno de los aspectos apuntados en el vídeo corto.

Por su parte, el montaje alternativo, separado por temas, permitiría diseñar una distribución independiente para cada pieza y da la oportunidad al usuario de acercarse al Camino Mozárabe sólo desde el punto de vista que más le apetezca: un amante del arte puede conocer el patrimonio de esta ruta sin necesidad de ver también la parte de Naturaleza, alguien interesado en gastronomía puede esquivar las explicaciones históricas, un peregrino que busca información sobre los albergues puede hacerlo sin necesidad de descubrir los beneficios territoriales del Camino.

La producción la realizamos de forma conjunta entre Digital Master y un servidor, siendo responsabilidades mías el guión, la dirección de producción y la coproducción ejecutiva. Tengo que decir que me siento especialmente satisfecho de cómo ha salido todo ya que es el trabajo más importante que he realizado hasta la fecha asumiendo la máxima responsabilidad en la producción de campo… y no sólo conseguimos dormir bajo un techo cada noche, sino que también pudimos pegarnos alguna que otra comilona. Ya en serio, hemos sido un equipo pequeño y con una carga de trabajo importante, pero creo que hemos logrado sacar adelante un producto bonito, interesante y competitivo.

Ahora comienza la difícil tarea de la difusión. Lamentablemente esa parte ya no es responsabilidad nuestra (¡nos hemos enganchado al mozárabe y queremos más!) pero esperamos que este trabajo alcance el nivel de exhibición que merece y ayude a traer peregrinos al Camino Mozárabe de Santiago, que es de lo que finalmente se trata. Ojalá en breve podamos contar que el documental de 25 minutos va a emitirse en alguna televisión pública (se cerró en esa duración para ello) o que las versiones subtituladas al inglés y al alemán (que también las hay) están triunfando fuera de nuestras fronteras… de momento vamos a centrarnos en darlo a conocer, que os guste y que lo compartáis un poquito en vuestros muros de Facebook, time lines de Twitter, etc. etc.

Antes de acabar, me gustaría dar las gracias a todos los miembros del equipo por su enorme profesionalidad, el buen rollo del que han hecho gala y su entrega a este proyecto: Manu, Carlos, Virginia, Ángel, Juan Carlos, Roger, Peti y Elena han dado todo lo que tenían dentro por nosotros, y eso es un lujo… lo mejor que me llevo de esta experiencia.

Mención aparte se merece Nico, el director de documental, sin el que nada de esto hubiera sido posible (uno lee esta frase como un cumplido, una formalidad vacía, hasta que tiene la suerte de cruzarse con alguien que la dota plenamente de sentido); la capacidad de trabajo y sacrificio exhibidas en unas circunstancias que, lamentablemente, no han sido las más idóneas nos han servido a todos como una impagable lección de coraje y amor por este trabajo. Gracias amigo.

Os dejo aquí los enlaces a todos y cada uno de los vídeos que componen este trabajo, espero que os gusten.

Docuweb de 7 minutos.

Documental completo de 25 minutos.

El camino desconocido (pieza histórica)

El camino tranquilo (pieza sobre espiritualidad e infraestructuras)

Un legado diferente (pieza sobre patrimonio artístico)

Paisajes por descubrir (pieza sobre naturaleza)

El camino de los sabores (pieza sobre gastronomía)

El camino y los territorios (pieza sobre desarrollo rural)

El camino acogedor (pieza sobre relación con la gente del lugar).

Hasta que nos leamos!

El sacrificio

el hobbit 1

Los que me conocéis bien sabéis que soy un fanático de la fantasía heroica y, muy especialmente, de Tolkien. Estas navidades he podido visionar “El Hobbit: La desolación de Smaug” y, por primera vez desde que Peter Jackson comenzase sus adaptaciones cinematográficas, me ha sucedido algo: no he sido capaz de desconectar el chip de guionista. Hasta ahora, cada vez que veía una de las películas de la trilogía de “El señor de los anillos” o la primera parte de las aventuras de Bilbo Bolsón disfrutaba como un enano (como uno de las Colinas de Hierro, para más INRI); la pasión por la historia, los personajes, las recreaciones, etc. y el verlos plasmados en la pantalla con semejante derroche de medios era placer suficiente como para aparcar por un momentos los análisis sobre la trama o los arcos de evolución y la lupa con la que examino cada giro y cada línea de diálogo en la mayoría de películas (cargante deformación profesional, lo admito).

Pero esta vez no; con “La desolación de Smaug” ha sido diferente. A pesar de vibrar como el que más durante la proyección, no dejé ni un momento de ser muy consciente de sus luces y sus sombras y me pasé media peli pensando “¿Porqué han tirado por aquí?” o “¿Para que han decidido incluir esto en lugar de lo otro?“. Porque según mis conclusiones, esta adaptación pincha en algo fundamental, algo que hasta ahora Jackson siempre había sabido captar bien: el tema de fondo. A diferencia de “El Señor de los anillos” que a medida que progresa se va tornando en una epopeya, “El Hobbit” es eminentemente una aventura pura y dura. En el libro, los personajes están constantemente saltando de un peligro a otro a un ritmo vertiginoso y el director neozelandés ha querido ponderar ese aspecto en la pieza central de su nueva trilogía; el resultado es espectacular: hay un buen puñado de escenas de acción trepidante y las posibilidades tecnológicas lucen en todo su esplendor; sin embargo conseguir tal efecto requiere de algunos sacrificios, cosas que hay que dejar en el camino en aras de la espectacularidad. Algunas son perdonables, entendibles y hasta recomendables… pero otras no. Y el gran sacrificado de “El Hobbit”, el motivo por el cual la película no funciona bien, no es otro que su protagonista.

Efectivamente, Bilbo queda diluido en mitad de la vorágine de acontecimientos y pasa a un poco acertado segundo plano. ¿Os imagináis una historia de Indiana Jones en la que él no sea el centro de todo? pues eso es lo que le pasa a esta película. Es comprensible que con 13 enanos muy similares se pretenda dar más profundidad a alguno de ellos (en este caso le toca a Kili), o que se pretenda aprovechar el tirón de Legolas para sumar y mejorar la historia, o que la aparición de nuevos personajes como Bardo acaparen minutos… si; pero todo ello no debe redundar en la desaparición del protagonista, y no me refiero a su presencia en pantalla (porque Bilbo estar durante muchos minutos, está) si no a su papel como motor de la acción y conductor de la narración.

Un ejemplo entre muchos: ¿Dónde coño está Bilbo?

Un ejemplo entre muchos: ¿Dónde coño está Bilbo?

 

Por eso aludíamos antes al fallo en la elección del tema de la cinta, porque es, precisamente, en esta parte del libro en la que Bilbo sufre su gran transformación como personaje; aquí pasa a ser un verdadero héroe, un líder para la compañía, el que les saca las castañas del fuego en ausencia de Gandalf… ¿Y donde está todo eso en la película? sucede, si, pero tan rápido y tan de puntillas que no cala en el espectador en absoluto. Quizá los guionistas pecaron de impaciencia adelantando este tema en la primera parte, “Un viaje inesperado”, y no han querido seguir remarcándolo durante tres horas más, pero era éste y no otro el momento de narrar la transformación de un joven y acomodado Hobbit en un héroe de acción todo terreno.

Para los que no conocen la obra literaria quizá el fallo no sea tan explícito, pero todo lector de Tolkien habrá notado sin duda la disminución de la responsabilidad de Bilbo en la travesía por el Bosque Negro, la liberación de las arañas, la huida de la ciudad de los elfos del bosque y, sobre todo, el enfrentamiento con Smaug (que aunque bien plasmado, se queda corto a la hora de reflejar el extraordinario coraje y pericia mostrados por el pequeño Hobbit). En líneas generales, el espectador sale del cine con la impresión de que “La desolación de Smaug” es más una película coral en la que el protagonismo recae a ratos y partes iguales en Thorin, Bardo, Kili, Bilbo y Gandalf (herencia esto de “El señor de los anillos) que una película con un protagonista principal y bien definido.

De este modo, la película funciona bien como tal pero pincha como adaptación, ya que no ha conseguido ser fiel al espíritu de la parte del libro que traslada a la pantalla. Queda la duda de ver cómo resuelven la papeleta de la tercera parte, de por si complicada ante la falta de material original del que tirar (el libro encara su breve recta final en el punto en que acaba “La desolación de Smaug”). Si a esto sumamos que no se ha sembrado lo suficiente los cambios en el interior de Bilbo que provocarán sus mayores conflictos futuros con el resto de personajes, se antoja complicado pensar que el desenlace de “El Hobbit” nos deje para el recuerdo a ese personaje inolvidable que Bilbo podría y merecía haber sido.

 

Hasta que nos leamos.

Algo si que pintaremos.

guionista

 

Los guionistas, seres de poca autoestima y derrotistas por naturaleza, nos pasamos el día quejándonos de que somos los últimos monos dentro de una industria que debería tenernos en un pedestal. Cierto es que el propio negocio del audiovisual español se encarga con demasiada frecuencia de enviarnos a ese rincón oscuro al que nos tiene relegados en los estrenos, las grandes reuniones y las tomas de decisiones… pero también es verdad, que en lugar de luchar de manera coordinada por lograr nuestras reivindicaciones (¡Como he envidiado siempre a esos eléctricos capaces de parar un rodaje con su convenio colectivo bajo el brazo!), los guionistas somos más dados a regocijarnos en nuestra desgracia cual Neimar haciendo la croqueta por medio campo tras recibir una falta… (colar un chiste de actualidad futbolera tendenciosa: +1).

Afortunadamente, parece que últimamente se están haciendo esfuerzos por corregir ese individualismo galopante y ese síndrome de mártir que afecta al guionista medio patrio. Me refiero a iniciativas como el encuentro entre medios y guionistas organizado recientemente por ALMA o al inminente III encuentro de guionistas en Bilbao (¡¡Al que no podré asistir por culpa de una maldita fecha de entrega!!). Esperemos que este tipo de actos sirvan para tomar un poco más de conciencia de clase (muy afrancesada, esta expresión) y, sobre todo, para que el público se vaya dando cuenta de que el guión es una parte vital del proceso de creación de sus pelis y series favoritas.

Y precisamente en esta nueva temporada televisiva, los espectadores pueden comprobar de primera mano como los guionistas contamos en una serie, y mucho… (nunca mejor dicho). Lo digo porque tras unos cuantos episodios de la segunda temporada de “Isabel”, ha quedado patente el cambio de manos tecleando y cuanto puede afectar ello al producto final.

 

imagen que reproduce el cuadro "La rendición de Granada".

imagen que reproduce el cuadro “La rendición de Granada”.

 

Aunque en EEUU es mucho más normal ver caer equipos enteros de guionistas (uno de los casos más conocidos  aquí), en España esto suena raro aun; el día en que Javier Olivares, creador de la serie y cabeza del equipo de guión, y los suyos decidieron abandonar el proyecto por disparidad de criterios con los productores, se creo un revuelo mediático en todo el mundillo audiovisual. Afortunadamente fue una separación más o menos amistosa y la serie siguió su andadura sin el hombre que la había pergeñado.

El nuevo equipo comandado por José Luís Martín está queriendo dejar su impronta en la serie. No seré yo quien diga cuales son mejores, pero si es indudable que  el público nota claramente el cambio de estilo y las decisiones que conllevan la manera de escribir de cada autor. Una de las formas más evidentes en que se manifiesta la nueva escritura es en la manera de hablar de los personajes. Ahora se está haciendo un esfuerzo por acercar los diálogos al léxico del Siglo XV y es frecuente la inclusión de expresiones y palabras de aquella época (como los insultos, por ejemplo). Es éste un tema espinoso en toda serie histórica, dado que un verdadero reflejo del habla medieval haría que la trama fuese imposible de seguir por el gran público; y al último informe de la OCDE me remito. A partir de ahí, cada autor tiene un margen de maniobras amplio que va desde el estilo de “Águila roja” el de “El nombre de la rosa”. Lo que está claro es que Olivares y Martín tienen una forma distinta de ver el tema.

Y no sólo en formalidades se aprecia la mano del guionista. Los personajes en si también han cambiado. Frente a una primera temporada en que tenían un tono más gris, un comportamiento más sutil que propiciaba frecuentes cambios de bando y giros  inesperados, en la segunda temporada encontramos las facciones más delimitadas: los buenos son buenos y los malos, malos. Esto también es fruto de los acontecimientos históricos concretos, pero da la impresión de que unos autores sabían sacar más partido a las incongruencias de alma humana.

Michel Jener ¿Imitando a Chiquito de la Calzada?

Michel Jener ¿Imitando a Chiquito de la Calzada?

 

Por último, las propias tramas y estructuras cambian. En el último capítulo emitido asistimos al secuestro de una noble castellana por los soldados musulmanes del Emir de Granada (en lo que parece ser el germen de una subtrama de amor). Este acontecimiento me recordó al de la primera temporada, en el que violan a una pobre campesina y cómo ello sirve para resolver la muerte de uno de los principales antagonistas del momento, Pedro Girón. En un caso se narran los acontecimientos de forma más lineal y lógica y en el otro se busca el suspense y la sorpresa. Una no tiene porqué ser mejor que otra, pero ambas reflejan qué tipo de guionista hay detrás.

Hasta el momento el público no ha terminado de decantarse por un estilo u otro; a tenor de los resultados de audiencia de las dos temporadas, muy similares, quizá hablamos de diferencias sutiles para el gran público, o de una importancia menor… lo que no se puede negar es que estas diferencias existen y que si algún espectador las está notando, para bien o para mal, tiene que tener claro que son obra y gracia de los guionistas que escriben la serie y que, aunque sea algo, si que pintan.

 

Hasta que nos leamos.

La única salida posible

final breaking bad 4

Pues si, esto es otro post sobre el final de Breaking Bad… lo siento, no he podido resistirme. Conste, en mi defensa, que yo al menos llevo tiempo hablando de la serie; por ejemplo aquí. Digo esto porque tengo, desde el domingo, la sensación de que esta avalancha final de devotos de la serie ha sido un poco forzada, que una legión de periodistas, en particular, y culturetas, en general, se han debido pegar 2 semanas sin pestañear para tragarse las 5 temporadas antes del cierre y poder estar así à la mode.

Yo pensaba dejar pasar el tema regocijándome en el dolor de saber que nunca más disfrutaré de las aventuras de Walter White y cia. Como las rupturas sentimentales, los finales de tus series favoritas son momentos de recogimiento y llanto callado. Ya llegará la fase de levantar la cabeza y salir a emborracharte con los amigos comentando hasta los más sucios detalles de la historia… pero los primeros días son sólo para ti y tus sentimientos hacia ella (la serie y la ex, en ambos casos vale).

Quizá mi luto haya pasado más rápido de lo que creía. El caso es que esta mañana, leyendo el estupendo análisis de Carlos López sobre uno de los últimos capítulos de la temporada, he comprendido que si que debía escribir algo. Quizá sea una mera gota en el océano de tinta que ha corrido esta semana sobre la maravillosa criatura de Vince Gilligan; pero es la mía… espero que a alguien le resulte inspiradora.

Coincido plenamente con Carlos en que el episodio clave de la series finale es el antepenúltimo: “Ozimandias”. De hecho, en mi opinión, éste es el verdadero clímax la trama. Aquí se resuelven definitivamente todos los conflictos del protagonista y su relación con el resto de los personajes. Los dos últimos capítulos suponen un bello epílogo con el que los guionistas se regocijan en su habitual preciosismo conceptual y narrativo, pero en ellos no hay margen alguno para la sorpresa, el giro o lo inesperado. Sencillamente sucede lo que tiene que suceder, lo único que después de estos años tendría sentido para los seguidores de la serie.

A partir de aquí entramos en detalle y viene los spoilers.

La clave del desenlace de la serie.

La clave del desenlace de la serie.

Con la muerte de Hank a manos de los mercenarios nazis queda eliminada toda posibilidad de que Heisenberg pague por sus crímenes, al menos en el sentido legal del asunto. Sin embargo, Hank va a lograr en la muerte lo que no consiguió en vida: su asesinato será el hecho definitivo que separará a Walter de todos sus seres queridos. Skyler al fin reacciona y planta cara a su marido, Flint (ya al corriente de todo) toma partido por su madre…  la muerte de su cuñado supone para el señor White su gran fracaso personal. No sólo se topa con unos tipos que desoyen sus órdenes (él quiere que Hank viva) y le roban, sino que esto provoca que su familia se aparte de él para siempre. El supuesto motivo por el que se convirtió en Heisenberg e hizo las cosas que hizo deja de tener sustancia… ya no hay excusas que valgan. Las primeras reacciones de Walter son desde la bilis, y se ceba una vez más con el pobre Jesse (¡durísimo el momento de su despedida en el desierto!) pero en cuanto se para a pensar, comprende que todo el pescado está vendido.

Imagino a los guionistas discutiendo las posibilidades en torno a la última traca, al arreón final  de Walter, un personaje movido esencialmente por el orgullo. Los veo tratando de sacarse un golpe de efecto por parte de Skyler, Jesse o Flint hacia el protagonista… pero creo que rápidamente descartarían casi todas las opciones más originales y bizarras porque carecían de sentido interno en la historia. Para unos creadores obsesionados con la sutileza y tan defensores del subtexto temático en su historia, no sería posible traicionar a los personajes con un final by the face con tal de lograr un gran “chim pum” de despedida.

El final de este episodio ya muestra a Walter haciendo lo que tiene que hacer: devuelve a Holly a su hogar, exculpa a Skyler ante la policía y anuncia que tiene algo pendiente. Para el protagonista no es concebible dar su brazo a torcer ante sus enemigos, así que comienza a preparar su lenta venganza (porque aunque sean 2 episodios, en la serie pasan meses). Por la parte personal, el hecho de que su familia no quiera saber de él no le impide proporcionarles un futuro estable… en ello lleva desde el primer capítulo, sin necesidad alguna de aprobación. La solución de Grey Matter y como nos la construyen es simplemente maravillosa (otro círculo recorrido, otro cabo atado por el camino. Una vez no quiso su ayuda y ahora les obliga a ayudarle).

Marido y mujer cara a cara por última vez.

Marido y mujer cara a cara por última vez.

Quizá la mayor concesión a la sorpresa sea el hecho de que Walter se confiese ante Skyler. “Todo lo hice por mi”, reconoce al fin. Esto, que va en contra de un personaje que ha negado la evidencia cientos de veces a su esposa y es incapaz de aceptarse a si mismo ante ella, no es sino la muestra definitiva de que Jekill y Hyde han llegado a un acuerdo, a un punto de entendimiento… al fin y al cabo, la pobre Skyler se merecía ese momento y Walter adquiere una nueva dimensión como persona verbalizando su demonio (sólo una temporada antes, esa conversación le costó la vida a Mike).

Más allá de las peripecias de la venganza, ejecutada con la elegancia habitual a la que nos tiene acostumbrados (y siguen cerrando círculo: la ricina, asegurar que no haya más meta azul, etc.), el otro punto pendiente era el encuentro final con Jesse. Y de nuevo sucede lo único concebible: Walter salva a Jesse, como lo ha salvado cientos de veces antes. Jesse es un personaje perdido, cada vez que ha estado sólo ha caído a los infiernos y, por mucho que le odie, es Walter quien aparece siempre para sacarle del hoyo. No es casual que tras todo lo pasado entre ellos, le siga llamando Señor White… Naturalmente esto no quita que Walter sea un auténtico cerdo inmisericorde con Jesse. Precisamente por eso, a continuación hace la única otra cosa que podía hacer: tratar de manipularle por enésima vez (en este caso para que le mate). Jesse obtiene su pequeño triunfo negándose… pero es que otra cosa hubiera resultado inconcebible, ya que hace temporada y media que dejó de hacerle caso a pies juntillas y tampoco ha tenido nunca lo que hay que tener para acabar con él por si mismo.

all the bad things must come to and end.

all the bad things must come to an end.

Y así llegamos al final. Un final que, más allá de los detalles concretos de la trama, estaba escrito desde hace mucho tiempo; y ello gracias al buen hacer de los guionistas, que cuando crearon los personajes y diseñaron sus conflictos y los temas sobre los que trataría la serie, lo hicieron tan bien que la lógica dictaba que ésta, era la única salida posible.

Hasta que nos leamos.

Un encuentro muy esperado

Vista ya la decepcionante segunda temporada de “Homeland”, me gustaría pararme un poco para analizar uno de los momentos estrella de la misma. Si bien es cierto que la trama ha tirado con demasiada frecuencia de engaños baratos para conseguir avanzar, no lo es menos que los guionistas han sabido construir un buen puñado de escenas memorables por el camino (cosa que es de agradecer, porque hace mucho menos molestos los intentos de timo antes mencionados).

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El encuentro culminante de la serie

Quizá la mejor de todas estas secuencias llegó en el capítulo 5 de la temporada, con el interrogatorio de Carrie a Brody tras descubrir el video auto inculpatorio que él grabó tiempo atrás. Estamos ante el enfrentamiento que todos los espectadores llevamos esperando 17 episodios, el momento en que por fin los dos protagonistas podrán sentarse frente a frente y hablar con claridad… una enorme responsabilidad a nivel de escritura, de la que los guionistas salen especialmente airosos.

Como en los grandes conciertos, semejante actuación requiere de un telonero; el interrogatorio comienza en manos de Peter, que ejecuta su papel de “poli malo” con eficacia. No sólo consigue empezar a ablandar a Brody mostrándole que tienen el vídeo, sino que cierra su actuación clavándole un puñal en la mano en un simulado ataque de furia… es lo que tienen los teloneros, que deben llamar la atención de su público, sea como sea, en el poco tiempo que les dan.

Así llega el turno de la Mathison. Carrie, que está enamorada de él como una chiquilla; Carrie, que ha llegado a creer que estaba loca por culpa de su obsesión con que Brody era un terrorista; Carrie, que perdió su trabajo por ese mismo motivo; Carrie; que ahora sabe que todo era verdad y que ella tenía razón… Semejante contenedor de ira y frustraciones acumuladas en manos de una enferma inestable hubiera servido para que muchos escritores construyesen una escena repleta de gritos, reproches y amenazas, pero en lugar de eso los guionistas eligen el camino contrario, el de la cordialidad y la superación personal. Una senda larga y tortuosa, pero que resulta mucho más emotiva y creíble a la hora de conseguir que Brody confiese sus crímenes.

Para comenzar, Carrie se va directamente a lo personal y abre su corazón al hombre que ama, le hace saber que la destrozó por dentro y la hizo creer que estaba loca. Esto desarma a Brody por completo, que baja la guardia que había subido tras el ataque de Peter (de hecho, lo muestran con una sutil retirada del brazo herido, que mantenía en alto ante su cara en un gesto mitad protección, mitad denuncia). Comienza entonces un toma y daca, un primer round de contacto en el que Carrie se dedica a soltar reproches personales y Brody a justificarlos. Con sutileza y habilidad, ella va llevando la conversación en un par de ocasiones hasta un terreno profesional, obligándole a repetir que él no llevaba ninguna bomba ni era parte de un intento de atentado al Vicepresidente. El asalto acaba cuando Carrie consigue que Brody le pida perdón por haberle hecho daño emocionalmente y haber jodido su carrera profesional. Victoria para ella.

Brody sabe que están vigilando el interrogatorio.

Brody sabe que están vigilando el interrogatorio.

Este brillante comienzo permite a los guionistas situar a los personajes en planos opuestos: Por un lado tenemos a Carrie, que se ha sacado una espinita personal y además ha conseguido recordar a Brody que entre ellos hay algo más que una relación profesional; ella está en lo alto. Por el otro, Nicholas es por primera vez consciente de que sus actos y decisiones también dañan a otra gente, igual que las decisiones que tomaron aquellos de los que tanto ansía vengarse; él está abajo.

La segunda fase del interrogatorio está destinada a crear empatía entre ambos. Carrie decide que debe acercarse física y emocionalmente a Brody para poder sacarle la verdad. Es ella la que se baja voluntariamente a la altura de su interrogado. Para demostrarle su confianza y tratar de establecer el vinculo entre los dos, apaga todas las cámaras de vigilancia (aunque deja encendido el micrófono sin decirle nada a él), le quita las esposas y le da de beber un poco de agua. Con estos hechos ha roto la barrera física entre ellos (la mesa) y ha podido acercarse a Brody, tocarle y hacer más íntima la situación. Con todos estos gestos los guionistas nos están dejando claro que a continuación los personajes van a entrar en un nuevo nivel de complicidad.

Efectivamente, ahora Carrie pone en juego las experiencias de guerra que los dos tienen en común: han visto el horror de cerca y eso les distancia del resto de la sociedad, a la vez que ejerce ese magnetismo que sienten el uno por el otro; lo quieran o no, se entienden. Ella se preocupa por su estado anímico, quiere saber cómo se siente en su interior y qué hace cuando la gente que no comprendería nada de aquello le pregunta cómo es… Brody se sincera, reconoce que les miente y les dice sólo lo que esperan oír, no la verdad. Ella le tiene donde quería, ahora que reconoce que miente puede tratar de llevarle hacia la confesión; una vez más le introduce con disimulo el tema profesional, pero él se mantiene en sus trece y sigue negando su implicación en el atentado frustrado. Los dos son conscientes de que está mintiendo y Carrie se lo hace saber, logrando que él pierda los estribos: según Brody el mentiroso es el Vicepresidente.

En un inteligente movimiento, los guionistas hacen que Carrie sepa dar para recibir: en lugar de mostrar a una agente de la CIA de pensamiento (a su modo patriótico) talibán, hacen que ella comprenda que tiene una ocasión inmejorable para llegar hasta el fondo del asunto. Al escribir la escena no se plantean que un analista de inteligencia jamás cuestionaría a su superior ni las decisiones de combate de su país, sino que lo ven desde un punto de vista práctico: Carrie hace lo que tiene que hacer para obtener la verdad. Por eso ella reconoce que el Vicepresidente es un monstruo que merece ser castigado por sus crímenes… y que Brody no lo es, porque no detonó la bomba… Ante el silencio del marine, ya sabe cómo debe seguir. Carrie hace comprender a Brody que Abu Nashir también es un monstruo, demasiado parecido al Vicepresidente; que lo está usando para sus propósitos sin importarle el precio que paga Brody ni el dolor que causará. En un emotivo discurso echa por tierra todo lo que él creía bueno y verdadero desde su liberación.

Carrie tiene a Brody a punto de desfallecer.

Carrie tiene a Brody a punto de desfallecer.

A estas alturas Brody es ya un pelele tembloroso que apenas puede contener las lágrimas, pero no lo suficientemente roto como para confesar. Así que Carrie sube la apuesta y se pone completamente a la altura de lo que le está pidiendo a él; si la cosa va de decir verdades, empezará ella: reconoce que le ama y que sería feliz si dejase a su familia por ella. Brody alucina con la confesión, sus dudas son mayores que nunca: si una mujer es capaz de sentir eso por él aun sabiendo todo lo que ha hecho es por algo, es porque aun queda algo bueno en él… pero es demasiado testarudo, lo han entrenado demasiado bien. Ante la invitación de Carrie para que diga la verdad Brody sigue defendiendo su versión de los hechos.

El juego de los guionistas ya está claro: Ante un hombre que ha aguantado 8 años de torturas y vejaciones las amenazas no sirven de nada. Sólo dando sinceridad absoluta se obtiene sinceridad absoluta. La elección concuerda además con el personaje de Carrie, que siempre va a la contra del resto de la CIA, que sigue su instinto más que los datos, que ve los caminos que nadie ve… y como remate, en un tercer plano de complejidad, el ejercicio le sirve a ella como una catarsis personal en la que enfrentarse a sus demonios y a los sentimientos que la han llevado a perder el control.

Carrie sabe que va a ceder más pronto que tarde así que vuelve a elevar la apuesta y saca a relucir a los hijos de Brody. La sola mención del nombre de su pequeña hace que el marine deje caer otra capa más de su barrera, si acaso la penúltima. Ella es consciente de que él hacía lo que hacía por vengar la memoria de un niño inocente (el hijo de Abu Nashir) y por eso sabe que dejar a otros dos niños inocentes huérfanos y traumatizados para el resto de su vida (sus propios hijos) no arreglaría las cosas. Brody es incapaz de negarlo, ni siguiera puede ya articular palabra; simplemente extiende sus brazos y busca con sus manos las de Carrie.

La rendición, mostrada a través de un simple gesto.

La rendición, mostrada a través de un simple gesto.

Y aquí comienza el asalto final. En el momento que ve el gesto, ella comprende que Brody se ha entregado a buscar cobijo y protección: sabe que ya es suyo. Entonces vuelve a la carga y hace, una tras otra, todas las preguntas que Brody se ha negado a contestar durante todo el episodio… sólo que ahora si confiesa.

Con esta parte culmina la escena principal del episodio. Hemos asistido al proceso de desprogramación de un terrorista, pero no con métodos brutales ni con encierros en Guantánamo; hemos visto como se arrancaba una confesión de culpabilidad, pero no con amenazas o palizas, ni poniendo a dos criminales en contra el uno del otro, ni si quiera ofreciendo un trato ventajoso en el juicio (todos estos recursos habituales en cine y TV). Aquí nos lo han servido desde la humanidad, sacando a relucir la compleja maraña de sentimientos que se debe esconder en lo más hondo de todo extremista, más aun en el caso de un personaje tan complejo como Brody. Los guionistas han hecho el trabajo más complicado y han logrado mostrarnos cómo recuperar la humanidad de un monstruo, y lo han conseguido (Carrie lo ha conseguido) desde el amor; porque sólo amando a alguien así puede llegarse al fondo de su alma y lograr traer de vuelta al hombre bueno que se había perdido tras los años de lavado de cerebro y torturas físicas y psicológicas.

Una escena para visionar con el dedo en el botón del pause, para examinar cada gesto y detalle de las interpretaciones, para hacer el ejercicio de ponerse en la piel del personaje y tratar de averiguar qué se siente. En definitiva, una escena de las que a todo guionista nos gustaría escribir.

Hasta que nos leamos!