Cuando lo blanco era en realidad negro

Estoy a dos episodios de terminar de ver Breaking Bad (Al menos lo que hay emitido hasta la fecha, a falta de los nuevos y últimos 8 capítulos con los que se cerrará la serie).

Lo que viene a continuación es un análisis repleto de spoilers, así que todos los que no la hayáis visto aun ya podéis ir derechitos a la cama, que esto no es para vosotros… y por favor, dejad de perder el tiempo tuiteando “Splash” y poneos al día con esta maravilla de la ficción televisiva.

breaking-bad

Se puede hablar largo y tendido sobre casi todos los aspectos de la serie, desde la realización a las actuaciones pasando por los simbolismos cromáticos o la acertadísima elección del lugar en que se desarrolla. Lo cierto es que breaking bad raya a la perfección en cualquiera de las múltiples facetas que componen una serie de TV, pero si hay algo especialmente comentado y valorado por la crítica y los profesionales del guión es el arco de transformación de su protagonista: Walter White.

Walter White es un tipo con nombre de personalidad secreta de superhéroe creado por Stan Lee (Ya que su nombre y su apellido comienzan con la misma letra, como en su día apuntó acertadamente Raj Koothrappali en un episodio de “The Big Band Theory” y, mucho antes que él, mi buen amigo Ramone), que sin embargo se ha hecho famoso y conquistado el corazón de millones de espectadores por ejemplificar a esas personas normales y corrientes que se vuelven unos auténticos hijos de puta si la vida les empuja un poco a ello.

Durante cinco temporadas hemos disfrutados como cochinos retozando en un charco al ver a Walter pasar de ser un padre de familia bueno, cariñoso, responsable, apocado, poca cosa, con un par de trabajos grises y frustrantes al que le diagnostican un cáncer terminal a convertirse en el mayor cocinero de metaanfetamita del suroeste de EE.UU. con un currículo que incluye asesinatos, robos, extorsiones, blanqueo de dinero, etc. además de terminar siendo un cínico, calculador, frío, manipulador y desalmado ser humano (Si es que se puede uno seguir refiriendo a él como tal).

Retrato robot del alter ego de Walter como camello.

Retrato robot del alter ego de Walter como camello.

Esta impresionante conversión es la que se han ganado fama mundial y ha hecho correr ríos de tinta (¿Es lícito seguir usando esta expresión cuando todos escribimos con ordenador y el único medio que gasta tinta, los periódicos tradicionales, imprime tiradas cada vez más pequeñas?), y es precisamente el aclamado arco de transformación el que me dispongo a analizar; para que nos demos cuenta de que quizás Walter no cambia tanto como creemos y de que, por muy White que nos lo pinten al principio, el personaje ya tenía mucho de black desde el primer episodio. 

Partamos desde la aceptación de que el punto débil del personaje, aquel que hace que se vaya dejando seducir por el lado oscuro, es el orgullo. En un hombre eminentemente bueno, este orgullo se presenta como el único lunar de su personalidad (Entiéndase como defecto importante). Esto es algo que ya queda claro desde el primer episodio de la serie. Como mandan los manuales de guión, el piloto debe contener todos los aspectos fundamentales del tema de la historia y dibujar a sus personajes principales de forma clara y concisa. En el caso de Breaking bad, la primera muestra de orgullo surge cuando Walter decide despedirse del lavadero de coches, harto ya de aguantar los abusos de su cejudo jefe. Ante la perspectiva de que le queden meses de vida, perder un trabajo de mierda con el que complementa su sueldo de profesor se antoja como nimio… y por ello Walter tira de orgullo para mandar al jefe a la mierda a base de groserías y gestos obscenos. En este punto el espectador está conociendo por primera vez al personaje y aplaude satisfecho la única victoria entre enormes derrotas y ejemplos de cómo tragar mierda que supone el primer capítulo. Pero la muestra de orgullo está ahí… como diría mi madre: “Tú siembra, que algo queda”.

La siguiente vez que Walter tira de orgullo si que comprendemos que éste va en contra suya y puede ser su perdición. Me estoy refiriendo al momento en que los que fueron sus socios, millonarios perdidos ellos, se ofrecen a pagar el tratamiento contra el cáncer. Se trata de la ex novia de Walter y de su antiguo mejor amigo. Los tres eran físicos y habían creado una pequeña y prometedora empresa, pero ella se enamora del otro y deja a Walter. Éste, herido en su orgullo les vende su parte de la empresa y decide cambiar de vida (Todo esto explicado en unos sutiles y elegantes falshbacks). Décadas después, la empresita se ha convertido en una gran multinacional que genera miles de millones de beneficio y sus dueños, al enterarse de la enfermedad de Walter deciden que están en deuda con él y que le quieren pagar el mejor tratamiento. El protagonista tiene la oportunidad de abandonar su peligroso y poco fructífero intento de vender drogas de un plumazo, pero el orgullo le domina y rechaza la oferta. No quiere nada de esos dos traidores; él se pagará el tratamiento trabajando, por si mismo.

A partir de aquí, muchos de los puntos de giro de la serie y de los pasos evolutivos de Walter vienen de la mano del orgullo: el orgullo de ver que en las calles se habla de Heisenberg le hace ganar confianza; por orgullo deja morir a la novia de Jesse, que había osado chantajearle, cuando salvándola habría recuperado la confianza y amistad con éste para siempre; el orgullo hace que cocine una meta azul que se identifique con su fórmula y se distinga del resto, aunque sea más fácil de rastrear por la DEA o el cártel; el orgullo que se tiene que tragar admitiendo la mentira del problema con el juego y quedando como un enfermo le hace empezar a odiar a Skyler; el orgullo herido de ver que Jesse es capaz de cocinar una meta casi tan buena como la suya le hace aceptar el trabajo de Gustavo cuando ya se iba a salir del negocio; el orgullo de saberse el mejor le hace creerse imprescindible, volar demasiado alto y terminar enfrentado a Gustavo; estar orgulloso de su trabajo y de lo que gana con él le lleva a comprar coches lujosos a pesar de que sabe que no debe llamar la atención; por orgullo fuerza a Skyler a admitirle en casa de nuevo, provocando que los niños se marchen y convirtiendo su vida personal en un infierno… orgullo, orgullo, orgullo.

"Yo gano". Walter no quiere estar por debajo de nadie.

“Yo gano”. Walter no quiere estar por debajo de nadie.

 

Y así llegamos al último episodio que he visto (06×05) y a la reveladora conversación entre Jesse y Walter. El primero trata de convencer al segundo de que dejen el negocio y vendan la metilamina obteniendo 5 millones por cabeza. Como Walter no parece dispuesto a abandonar, Jesse le recuerda varias cosas que parecen habérsele olvidado: Primero, que se metió a cocinar droga para sacar sólo 700 mil dólares (cifra necesaria para el tratamiento y dejar bien colocada a su familia si moría); segundo y más importante, que se acabarían los riesgos, el miedo, las amenazas y las luchas… por fin lograría la ansiada seguridad para los suyos y podría vivir tranquilo. Ni corto ni perezoso, Walter le confiesa que todo eso ya le da igual, porque lo que planea es construir un imperio de la droga como nunca antes se ha conocido en la zona.

Entonces, a pecho descubierto, es cuando Walter por primera vez en mucho tiempo se sincera con su socio y le cuenta la historia de su antigua empresa, de su ex novia y su amigo jugándosela, de lo gilipollas que se siente cada vez que mira el valor en Bolsa de la compañía y se acuerda que vendió su parte por 5 mil dólares de nada… aflora la verdad y nos damos cuenta de que Walter no lleva 5 temporadas “volviéndose malo”, “Tomando el mal camino” o “echándose a perder” (Significados válidos todos para traducir el título), si no que ya llevaba muchos años podrido por dentro, sólo que esa podredumbre se mantenía latente y escondida, esperando su momento para aflorar.

Se puede afirmar, por tanto, que Breaking bad no es la historia de un hombre bueno que se convierte en malo obligado, en parte, por las circunstancias. Yo más bien definiría la serie así: la historia de cómo un hombre malo se da cuenta de que es malo y abraza por completo su Naturaleza.

Evidentemente, con esto no digo que no haya evolución del personaje o un potente arco de transformación, ni que el título de la serie no responda al paradigma de ésta… ni mucho menos. Sólo recalco que el punto de partida que todos asumimos es, básicamente, erróneo y demasiado bien pensado.

Aún me quedan dos capítulos por ver, e igual los que los conocéis sabéis que hay un cambio drástico que invalida esta teoría… tampoco conocemos el contenido de la tanda final de episodios y cómo acabará todo (Aunque no nos quitamos de la cabeza el genial flashforward que abre la 5ª temporada), así que sólo nos queda relamernos con ganas y seguir rumiando esta brillante historia hasta que Vince Gilligan y los suyos nos regalen el final.

 

Hasta que nos leamos.

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Estructuras Narrativas: Adaptation (El ladrón de orquídeas)

Segunda entrega de los análisis de estructuras narrativas. Hoy nos enredamos en un caso especialmente peliagudo, espero que os guste. Os pongo en antecedentes:

Adaptation” es una película del año 2002 dirigida por Spike Jonze, protagonizada por Nicolas Cage y escrita por Charlie Kaufman. Kaufman es uno de los guionistas más reconocidos de las últimas décadas y, a pesar de su escasa filmografía, se le considera todo un revolucionario de la narración audiovisual por la originalidad de sus planteamientos y lo profundo de sus historias.

En el caso de “Adaptation”, el guionista se enfrenta a una ardua tarea por primera vez en su carrera: adaptar un texto de otro autor. “El ladrón de orquídeas” nace como artículo de la escritora Susan Orlean para la revista “The New Yorker”, y debido a su éxito se convierte después en un libro. Orlean nos cuenta en el la historia real de John Laroche, un extravagante sujeto que se dedica a robar orquídeas protegidas del parque natural de los Everglades de Florida bajo el amparo de los indios seminolas (que son los únicos autorizados a coger esa planta para practicar antiguos rituales sagrados).

Con estos mimbres Kaufman recibe el encargo de escribir una película basada en el libro y, tras estudiarlo detenidamente, encuentra que es prácticamente imposible hacerlo, ya que la obra original carece de las estructuras, personajes y acciones necesarias para armar una película: es un precioso relato expositivo sobre el mundo de las orquídeas y de la fascinación que la autora llega a sentir por él al conocerlo de primera mano. Es un gran libro, pero no hay conflicto y eso es lo que necesita Kaufman para su guión. Lo único que saca en claro el bueno de Charlie es el tema o premisa de la historia: La necesidad de sentir pasión por algo.

Aprovecho para explicar que Kaufman es un tipo lleno de inseguridades y dudas, responde bastante bien al cliché de judío de nueva York que es un artista brillante y un neurótico ser humano a la vez (Muy en la línea de Woody Allen y todos sus personajes, pero más trágico que cómico).

Charlie Kaufman con el Oscar al mejor guión original, ganado por su obra “Olvídate de mi” (Eternal sunshine of a spotless mind)

Comencemos a hablar de la película y de su guión: ¿Cómo se enfrenta Charlie Kaufman a la tarea casi imposible que tiene por delante? En un arrebato de genialidad, el autor se agarra de forma magistral a lo que si tiene (El hecho de que no tiene nada con lo que trabajar) y sobre ello comienza a construir… La película comienza con el propio Charlie Kaufman (Genialmente interpretado por Nick Cage) en el final de rodaje de su anterior película, “Cómo ser John Malkovich”. Allí se presenta al personaje tal cual es: tímido, lleno de miedos y dudas sobre su propio talento. Charlie recibe el encargo de adaptar al cine el libro “El ladrón de orquídeas” y a partir de este detonante de la historia, Kaufman nos narra su propio proceso de escritura, sus bloqueos y su incapacidad de dar con la forma de llevar a cabo el trabajo. Se convierte en el protagonista de la historia y puebla ésta con los alter ego de todos los personajes reales implicados en ella. Dibujando una caricatura exagerada de si mismo, Kaufman hace un ejercicio público de autocrítica como pocos en la historia del arte, con la esperanza de que sirva para exorcizar a sus demonios interiores.

De ahí el título de la película, que hace referencia al proceso de adaptación del guión respecto al libro, pero también a la adaptación que Kaufman necesita hacer para integrarse en el mundo real, del que por momentos parece ausente.

Con este planteamiento, Kaufman consigue cubrir medio guión. En esta primera parte asistimos al infierno creativo por el que pasa Charlie hasta dar con la tecla de cómo escribir su historia, le vemos intentar conocer a Susan Orlean (Una Meryl Streep de lo más convincente) y echarse atrás a última hora por miedo a no estar a la altura de la autora del libro, le vemos dejar escapar a la chica a la que ama y que le ama a él por no abrir su corazón a tiempo, le vemos masturbarse compulsivamente y auto culparse por su patetismo, su inseguridad y su falta de talento artístico… todo ello trufado con la parte del libro original que si sirve para hacer una película: La historia real de cómo Susan conoce a John Laroche y éste la lleva a los Everglades a ver una Orquídea Fantasma, la más rara y bella flor de esta especie.

Hasta aquí el guionista ha logrado construir una historia novedosa, interesante y audaz pero se encuentra con un grave problema que no le permite avanzar: no se está cumpliendo con el tema establecido. Ni Charlie ni Susan, como protagonistas, tienen la necesidad de sentir pasión; sólo Laroche lo hace. Ellos se enfrentan a la acción dramática desde un punto de vista profesional, tienen que hacer sus respectivos trabajos (el libro y el guión) y hay interés por ello, pero no pasión alguna.

¿Dónde obtiene Kaufman la solución a este problema?: En la ficción.

Hasta el momento se ha limitado a construir su historia contándonos lo que pasa por su cabeza y lo que le pasó a Susan a la hora de documentarse para su libro, pero ello no es suficiente. Ha llegado la hora de romper todas las ataduras y zambullirse plenamente en el terreno de la ficción: sólo inventando hechos que nunca sucedieron conseguirá ser fiel al espíritu del libro que pretende adaptar.

Nicolas Cage como Charlie Kaufman (De pie) y como Donald Kaufman (Sentado)

Y entonces nace Donald. Donald es un personaje inventado, el ficticio hermano gemelo de Charlie Kaufman. El guionista lo introduce en la película como solución a sus problemas, ya que Donald es la antítesis de Charlie: es bobo, superficial, despreocupado, con confianza y optimista. Al principio de la película, Donald se muda a casa de Charlie para convertirse en guionista como él y se pasa toda esta primera parte de la cinta escribiendo el guión de un thriller sobre asesinos en serie lleno de despropósitos, incoherencias y lugares comunes más que manidos… guión que acaba vendiendo por medio millón de dólares. Donald, como personaje, aporta las notas de humor y ayuda a marcar los defectos de Charlie.

Kaufman, el guionista real de la película, ha encontrado su solución y ésta consiste en que Donald participe activamente en la construcción de la historia de Charlie. A mitad de la película se refleja la situación real de bloqueo de Charlie: no sabe cómo continuar el guión y ha perdido la oportunidad de entrevistarse con Susan para que le aconseje. En ese momento Donald se ofrece a ayudarle; se hará pasar por Charlie e irá a hablar con Susan a Nueva York.

A partir de este hecho, la película toma una nueva dirección totalmente distinta a la que llevaba. La película de Charlie Kaufman se convierte en la película de Donald Kaufman: atrás quedan los miedos e inseguridades, atrás quedan las voces en off que reflejan los debates internos del protagonista… ahora es tiempo de acción. Como en el paupérrimo guión sobre asesinos en serie que escribe Donald, la película adquiere un nuevo tono y un ritmo mucho más vertiginoso; se convierte en un thriller en el que los dos hermanos descubren un terrible secreto y su vida se pone en peligro por ello.

Kaufman comienza a inventarse hechos que nunca sucedieron sobre Susan, Laroche y él mismo; pero estas invenciones nos muestran cómo la pasión entra en la vida de los personajes, como éstos cambian debido a dicha pasión… en definitiva, utiliza una manera nueva y distinta para conseguir contarnos lo mismo que en el libro.

En un alarde de virtuosismo, el guionista aprovecha esta parte de la historia para ajustar una serie de cuentas con su propia manera de entender el trabajo de escribir películas. Si en la primera parte Charlie está constantemente despreciando y riéndose de la manera “estándar” de hacer cine, de los guiones convencionales y de las fórmulas infalibles para crear un éxito de Hollywood (Personificado todo en Donald y el gurú de la enseñanza de guiones Robert McKee), en esta segunda mitad de la obra comienza a aplicar todas esas reglas, que su alter ego repudia, para salvar la película y llevarla a un nuevo y trepidante nivel. Todo, desde la música y la fotografía al montaje y las interpretaciones están enfocadas a reforzar esa diferencia y a demostrarle a Charlie que la forma de entender el cine de Donald es tan válida como la suya. La broma definitiva se produce en el clímax de la película, cuando un gigantesco Deus ex Machina en forma de animal dentudo aparece y salva a Charlie de su fatal destino (Incumpliendo todos los manuales de guión y la máxima favorita de McKee, pero funcionando perfectamente en la trama).

En la conclusión de la historia, Charlie retoma el control de la narración y acepta todo lo aprendido hasta el momento, pero mantiene su propia voz como autor y decide cerrar la película con una voz en off, por muy mal visto que esté en todos lo manuales.

Medio guión de Charlie y medio de Donald conforman la película de Kaufman. Como curiosidad, en los títulos de crédito, la autoría del guión recae en los dos hermanos… de hecho, Donald Kaufman es el primer personaje de ficción que ha sido nominado a un Oscar de la academia como guionista.

Confío en que hayáis comprendido esta entrada, un poco confusa para todo el que no haya visto la película, y que os hayan entrado ganas de volver a ver “Adaptation (El ladrón de orquídeas)” o de descubrirla por primera vez.

Hasta que nos leamos.

Estructuras Narrativas: Death Proof

A pesar de que hay mucho detractor de ellas, a pesar de que hay gente que las acusa de ser las responsables de que las películas se produzcan como churros y se deje de lado la vertiente artística para fomentar las fórmulas comerciales más banales, a pesar de que no contar con la buena fama y el glamour de los ingeniosos diálogos, los sorprendentes puntos de giro o los trepidantes cliffhangers… A pesar de todo ello, as estructuras son la auténtica y genuina base de cualquier guión, ya sea bueno o malo; sobre ellas se asienta todo y sin ellas no existiría nada.

¿Os imagináis a un arquitecto que renegase de los cálculos estructurales de su edificio? ¿Qué no quisiera prestarle atención a los cimientos del castillo porque no son tan bonitos como las gárgolas del torreón? ¿A que resulta ridículo? Pues los guionistas somos tan ridículos como para hacerlo continuamente. Por eso desde aquí quiero romper una lanza por algunas geniales estructuras cinematográficas que me han marcado especialmente y a las que nos iremos asomando de vez en cuando. Para abrir boca, comenzamos con una controvertida película de Quentín Tarantino: “Death Proof”.

A partir de este momento va a caer un chaparrón del spoilers sobre esta entrada. Se recomienda a todo aquel que no haya visto la película que corra a cobijarse de la tormenta a otra página bien techada…

Considerada por muchos una obra menor en la filmografía del director y denostada por algunos como uno de sus peores largometrajes, “Death Proof” es la mitad de un curioso experimento realizado entre Tarantino y Robert Rodríguez. Estos amigos y colegas tenían ganas de hacer su particular revisión-homenaje a las antiguas sesiones dobles de películas de serie B, una fórmula tradicional en la América de los años 40 a 70  del siglo pasado que se basaba en ofrecer dos cintas de bajo presupuesto al precio de una. Generalmente se trataba de películas de horror o ciencia ficción con continuos fallos técnicos y de proyección y entre ellas se hacía un interludio con trailers para que el público pudiese descansar, ir al baño, comprar más palomitas, etc.

Tarantino y Rodríguez deciden rodar cada uno una película de este estilo, un puñado de trailers sobre películas que no existen (Entre ellas “Machete” que acabó por convertirse en realidad y ya va por la 2ª entrega) y montar el visionado en salas de cine en una sesión doble denominada “Grindhouse” en la que la cinta de Rodríguez “Planet Terror” abre la velada y “Death Proof” la cierra. Con esta decisión ya tenemos ante nosotros la primera capa de la estructura narrativa, una capa que está por encima y llega más allá que la cinta en cuestión, pero que sirve al escritor como modelo y en la que se basa para establecer un delicado paralelismo.

Tenemos pues que la película en si es la mitad de una doble sesión con un interludio entre ellas.

Una vez que nos metemos dentro de la historia, encontramos que ésta copia la estructura “madre” y se divide en dos partes distintas, con protagonistas distintas, en lugares distintos y en tiempos distintos… y que esas dos partes están separadas por su propio interludio.

Es decir, Tarantino usa la estructura de la doble sesión para componer la estructura de su propia historia. Como con casi todo lo que hace el bueno de Quentín, además, la mejora por el camino.

La primera mitad del guión nos presenta a Jungle Julia y a sus amigas. Un grupo de chicas se van de fin de semana a la casa de la playa de los padres de una de ellas. Por el camino paran en un bar de carretera donde tiene que reunirse con unos chicos y toman unos tragos, despreocupadas. Allí conocen al especialista Mike, un tipo siniestro y desagradable que parece un poco obsesionado por una de ellas. Tras reunirse todo el grupo, las chicas abandonan el bar y continúan en coche hacia su destino. Lamentablemente para ella, el especialista Mike tiene otros planes y termina estrellando su coche “a prueba de muerte” contra el de las chicas en una espectacular colisión que acaba con la vida de todas ellas.

Esta trama corresponde al primer acto de la historia y en ella se nos presenta al malvado antagonista, su forma de actuar y las consecuencias para sus víctimas.

En relación a la supraestructura de la sesión doble, esta parte correspondería a la primera película de serie B (“Planet Terror” en este caso. El lazo lo refuerza Tarantino dando un papel secundario en la historia a la protagonista de la cinta de Rodríguez).

Luego nos encontramos con un ambiente y unos personajes nuevos. Dos policías locales, padre e hijo además, deambulan por un hospital tratando de resolver el caso del accidente de coche antes presenciado. Nos enteramos de que el especialista Mike no sólo ha sobrevivido sino que no hay ninguna prueba o indicio que pueda usar para culparle de asesinato. Saben que es un asesino pero deben dejarlo ir. Con mucho humor y un toque de surrealismo, el malo de la película escapa de la justicia.

Esta minitrama aclaratoria supone el interludio de la historia. Termina de cerrar el primer acto (nos explica las consecuencias de lo visto hasta ahora) y nos abre el segundo (nos deja claro que el especialista Mike es libre para volver a matar). Por el camino Tarantino presenta la breve historia de unos policías que dan por cerrado el caso que investigan mientras tienen una tensa reunión familiar (Para rizar el rizo, el director utiliza a los mismos personajes que ya aparecieron en su anterior película, “Kill Bill”, haciendo una disertación similar).

En relación a la supraestructura de la sesión doble, esta parte corresponde al interludio entre películas (En este caso, los trailers de “Machete” y demás películas jamás rodadas).

La historia continua con un salto temporal, han pasado unos meses y encontramos a Abernathy, una maquiladora de cine, junto con sus amigas: la estrella de la película que están rodando y un par de dobles de acción de ésta. Las cuatro chicas disfrutan de su día libre de rodaje y aprovechan la ocasión para ir a probar un coche de carreras que se vende de segunda mano en una población vecina. En una gasolinera tiene un encuentro con el especialista Mike, ya recuperado de sus heridas, y él se fija en ellas como en sus nuevas posibles víctimas. Una vez las chicas están probando el bólido de carreras deciden hacer un peligroso juego de especialistas: una de ellas irá amarrada al capó del coche mientras conducen a toda velocidad. En ese momento aparece por la carretera el especialista Mike con las peores intenciones… tras una memorable persecución, las chicas terminan reduciendo al villano y tomándose la justicia por su mano para acabar con él de una forma brutal y espectacular.

Esta trama corresponde al segundo y último acto de la película y sirve como colofón a la historia, equilibrando la balanza de la justicia respecto a lo vivido en el episodio anterior.

En relación con la supraestructura de la sesión doble, esta parte es la equivalente a la segunda película de la misma (En este caso, la propia “Death Proof”. Como nota, cabe decir que Tarantino juega con el título de la película al principio de la misma; en los títulos de crédito aparece fugazmente otro nombre distinto: “Thunder Bolt”; pero un inoportuno corte de montaje impide al espectador leerlo con claridad).

Pero aquí no acaba todo… los dos actos de la película funcionan como perfecto contrapunto el uno del otro, presentando situaciones paralelas pero con planteamientos dramáticos opuestos.

El primer grupo de chicas, capitaneadas por Jungla Julia, son tipas duras: hablan soltando tacos, fuman porros, beben jaggermaister y no se permiten las unas a las otras colgarse por ningún tío. Sin embargo, el segundo grupo, Abernathy y cia, son chicas más dulces y convencionales, se pirran por hojear el último vogue, se cuentan sus fracasos sentimentales y sus sueños de encontrar al hombre ideal.

Esto es lo que nos presenta Tarantino a simple vista, pero si nos fijamos un poco más descubrimos que en realidad ni las duras son tan duras (Jungla Julia se pasa todo el tiempo escribiéndose SMS a escondidas con el tío por el que se ha colado) ni las blandas tan blandas (Tras sobrevivir al primer ataque del especialista Mike, en lugar de huir vuelven a por él). Cuando conocemos al primer grupo pensamos que plantarán cara al malo y serán las heroínas… pero no. Cuando conocemos al segundo grupo pensamos que caerán aun más rápido que las primeras… y tampoco.

Tarantino juega con los convencionalismos para sorprendernos y da a cada grupo el valor interno opuesto al de su fachada externa. La misma historia contada dos veces en los términos contrarios y con el resultado opuesto al que cabría esperar. Con el argumento simple y banal de una película de serie B sobre un psicópata de carretera, el director y guionista consigue hacer una obra original y divertida en la que homenajea y revisa clásicos de su infancia y revitaliza algunos tipos de películas que hacía tiempo que estaban muertos y enterrados.

Hasta aquí el repaso de las distintas estructuras de “Death Proof”; espero que a alguno le despierten las ganas de verla de nuevo, yo ya estoy encendiendo el DVD…

Hasta que nos leamos.