Un encuentro muy esperado

Vista ya la decepcionante segunda temporada de “Homeland”, me gustaría pararme un poco para analizar uno de los momentos estrella de la misma. Si bien es cierto que la trama ha tirado con demasiada frecuencia de engaños baratos para conseguir avanzar, no lo es menos que los guionistas han sabido construir un buen puñado de escenas memorables por el camino (cosa que es de agradecer, porque hace mucho menos molestos los intentos de timo antes mencionados).

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El encuentro culminante de la serie

Quizá la mejor de todas estas secuencias llegó en el capítulo 5 de la temporada, con el interrogatorio de Carrie a Brody tras descubrir el video auto inculpatorio que él grabó tiempo atrás. Estamos ante el enfrentamiento que todos los espectadores llevamos esperando 17 episodios, el momento en que por fin los dos protagonistas podrán sentarse frente a frente y hablar con claridad… una enorme responsabilidad a nivel de escritura, de la que los guionistas salen especialmente airosos.

Como en los grandes conciertos, semejante actuación requiere de un telonero; el interrogatorio comienza en manos de Peter, que ejecuta su papel de “poli malo” con eficacia. No sólo consigue empezar a ablandar a Brody mostrándole que tienen el vídeo, sino que cierra su actuación clavándole un puñal en la mano en un simulado ataque de furia… es lo que tienen los teloneros, que deben llamar la atención de su público, sea como sea, en el poco tiempo que les dan.

Así llega el turno de la Mathison. Carrie, que está enamorada de él como una chiquilla; Carrie, que ha llegado a creer que estaba loca por culpa de su obsesión con que Brody era un terrorista; Carrie, que perdió su trabajo por ese mismo motivo; Carrie; que ahora sabe que todo era verdad y que ella tenía razón… Semejante contenedor de ira y frustraciones acumuladas en manos de una enferma inestable hubiera servido para que muchos escritores construyesen una escena repleta de gritos, reproches y amenazas, pero en lugar de eso los guionistas eligen el camino contrario, el de la cordialidad y la superación personal. Una senda larga y tortuosa, pero que resulta mucho más emotiva y creíble a la hora de conseguir que Brody confiese sus crímenes.

Para comenzar, Carrie se va directamente a lo personal y abre su corazón al hombre que ama, le hace saber que la destrozó por dentro y la hizo creer que estaba loca. Esto desarma a Brody por completo, que baja la guardia que había subido tras el ataque de Peter (de hecho, lo muestran con una sutil retirada del brazo herido, que mantenía en alto ante su cara en un gesto mitad protección, mitad denuncia). Comienza entonces un toma y daca, un primer round de contacto en el que Carrie se dedica a soltar reproches personales y Brody a justificarlos. Con sutileza y habilidad, ella va llevando la conversación en un par de ocasiones hasta un terreno profesional, obligándole a repetir que él no llevaba ninguna bomba ni era parte de un intento de atentado al Vicepresidente. El asalto acaba cuando Carrie consigue que Brody le pida perdón por haberle hecho daño emocionalmente y haber jodido su carrera profesional. Victoria para ella.

Brody sabe que están vigilando el interrogatorio.

Brody sabe que están vigilando el interrogatorio.

Este brillante comienzo permite a los guionistas situar a los personajes en planos opuestos: Por un lado tenemos a Carrie, que se ha sacado una espinita personal y además ha conseguido recordar a Brody que entre ellos hay algo más que una relación profesional; ella está en lo alto. Por el otro, Nicholas es por primera vez consciente de que sus actos y decisiones también dañan a otra gente, igual que las decisiones que tomaron aquellos de los que tanto ansía vengarse; él está abajo.

La segunda fase del interrogatorio está destinada a crear empatía entre ambos. Carrie decide que debe acercarse física y emocionalmente a Brody para poder sacarle la verdad. Es ella la que se baja voluntariamente a la altura de su interrogado. Para demostrarle su confianza y tratar de establecer el vinculo entre los dos, apaga todas las cámaras de vigilancia (aunque deja encendido el micrófono sin decirle nada a él), le quita las esposas y le da de beber un poco de agua. Con estos hechos ha roto la barrera física entre ellos (la mesa) y ha podido acercarse a Brody, tocarle y hacer más íntima la situación. Con todos estos gestos los guionistas nos están dejando claro que a continuación los personajes van a entrar en un nuevo nivel de complicidad.

Efectivamente, ahora Carrie pone en juego las experiencias de guerra que los dos tienen en común: han visto el horror de cerca y eso les distancia del resto de la sociedad, a la vez que ejerce ese magnetismo que sienten el uno por el otro; lo quieran o no, se entienden. Ella se preocupa por su estado anímico, quiere saber cómo se siente en su interior y qué hace cuando la gente que no comprendería nada de aquello le pregunta cómo es… Brody se sincera, reconoce que les miente y les dice sólo lo que esperan oír, no la verdad. Ella le tiene donde quería, ahora que reconoce que miente puede tratar de llevarle hacia la confesión; una vez más le introduce con disimulo el tema profesional, pero él se mantiene en sus trece y sigue negando su implicación en el atentado frustrado. Los dos son conscientes de que está mintiendo y Carrie se lo hace saber, logrando que él pierda los estribos: según Brody el mentiroso es el Vicepresidente.

En un inteligente movimiento, los guionistas hacen que Carrie sepa dar para recibir: en lugar de mostrar a una agente de la CIA de pensamiento (a su modo patriótico) talibán, hacen que ella comprenda que tiene una ocasión inmejorable para llegar hasta el fondo del asunto. Al escribir la escena no se plantean que un analista de inteligencia jamás cuestionaría a su superior ni las decisiones de combate de su país, sino que lo ven desde un punto de vista práctico: Carrie hace lo que tiene que hacer para obtener la verdad. Por eso ella reconoce que el Vicepresidente es un monstruo que merece ser castigado por sus crímenes… y que Brody no lo es, porque no detonó la bomba… Ante el silencio del marine, ya sabe cómo debe seguir. Carrie hace comprender a Brody que Abu Nashir también es un monstruo, demasiado parecido al Vicepresidente; que lo está usando para sus propósitos sin importarle el precio que paga Brody ni el dolor que causará. En un emotivo discurso echa por tierra todo lo que él creía bueno y verdadero desde su liberación.

Carrie tiene a Brody a punto de desfallecer.

Carrie tiene a Brody a punto de desfallecer.

A estas alturas Brody es ya un pelele tembloroso que apenas puede contener las lágrimas, pero no lo suficientemente roto como para confesar. Así que Carrie sube la apuesta y se pone completamente a la altura de lo que le está pidiendo a él; si la cosa va de decir verdades, empezará ella: reconoce que le ama y que sería feliz si dejase a su familia por ella. Brody alucina con la confesión, sus dudas son mayores que nunca: si una mujer es capaz de sentir eso por él aun sabiendo todo lo que ha hecho es por algo, es porque aun queda algo bueno en él… pero es demasiado testarudo, lo han entrenado demasiado bien. Ante la invitación de Carrie para que diga la verdad Brody sigue defendiendo su versión de los hechos.

El juego de los guionistas ya está claro: Ante un hombre que ha aguantado 8 años de torturas y vejaciones las amenazas no sirven de nada. Sólo dando sinceridad absoluta se obtiene sinceridad absoluta. La elección concuerda además con el personaje de Carrie, que siempre va a la contra del resto de la CIA, que sigue su instinto más que los datos, que ve los caminos que nadie ve… y como remate, en un tercer plano de complejidad, el ejercicio le sirve a ella como una catarsis personal en la que enfrentarse a sus demonios y a los sentimientos que la han llevado a perder el control.

Carrie sabe que va a ceder más pronto que tarde así que vuelve a elevar la apuesta y saca a relucir a los hijos de Brody. La sola mención del nombre de su pequeña hace que el marine deje caer otra capa más de su barrera, si acaso la penúltima. Ella es consciente de que él hacía lo que hacía por vengar la memoria de un niño inocente (el hijo de Abu Nashir) y por eso sabe que dejar a otros dos niños inocentes huérfanos y traumatizados para el resto de su vida (sus propios hijos) no arreglaría las cosas. Brody es incapaz de negarlo, ni siguiera puede ya articular palabra; simplemente extiende sus brazos y busca con sus manos las de Carrie.

La rendición, mostrada a través de un simple gesto.

La rendición, mostrada a través de un simple gesto.

Y aquí comienza el asalto final. En el momento que ve el gesto, ella comprende que Brody se ha entregado a buscar cobijo y protección: sabe que ya es suyo. Entonces vuelve a la carga y hace, una tras otra, todas las preguntas que Brody se ha negado a contestar durante todo el episodio… sólo que ahora si confiesa.

Con esta parte culmina la escena principal del episodio. Hemos asistido al proceso de desprogramación de un terrorista, pero no con métodos brutales ni con encierros en Guantánamo; hemos visto como se arrancaba una confesión de culpabilidad, pero no con amenazas o palizas, ni poniendo a dos criminales en contra el uno del otro, ni si quiera ofreciendo un trato ventajoso en el juicio (todos estos recursos habituales en cine y TV). Aquí nos lo han servido desde la humanidad, sacando a relucir la compleja maraña de sentimientos que se debe esconder en lo más hondo de todo extremista, más aun en el caso de un personaje tan complejo como Brody. Los guionistas han hecho el trabajo más complicado y han logrado mostrarnos cómo recuperar la humanidad de un monstruo, y lo han conseguido (Carrie lo ha conseguido) desde el amor; porque sólo amando a alguien así puede llegarse al fondo de su alma y lograr traer de vuelta al hombre bueno que se había perdido tras los años de lavado de cerebro y torturas físicas y psicológicas.

Una escena para visionar con el dedo en el botón del pause, para examinar cada gesto y detalle de las interpretaciones, para hacer el ejercicio de ponerse en la piel del personaje y tratar de averiguar qué se siente. En definitiva, una escena de las que a todo guionista nos gustaría escribir.

Hasta que nos leamos!

No la toques más, que así es la rosa.

  • The Sopranos (1999-2007)  – Ganadora Globo de Oro a la mejor serie dramática año 2000
  • El ala oeste de la Casa Blanca (1999-2006) – Ganadora Globo de Oro a la mejor serie dramática año 2001
  • A dos metros bajo tierra (2001-2005) – Ganadora Globo de Oro a la mejor serie dramática año 2002
  • The shield (2002-2008) – Ganadora Globo de Oro a la mejor serie dramática año 2003
  • 24  (2001-2010) – Ganadora Globo de Oro a la mejor serie año dramática 2004
  • Nip/Tuk (2003-2010) – Ganadora Globo de Oro a la mejor serie dramática año 2005
  • Lost (2004-2010) – Ganadora Globo de Oro a la mejor serie dramática año 2006
  • Anatomía de Grey (2005-sigue) – Ganadora Globo de Oro a la mejor serie dramática año 2007
  • Mad Men (2007-sigue) – Ganadora Globo de Oro a la mejor serie dramática años 2008, 2009 y 2010
  • Boardwalk empire (2010-sigue) – Ganadora Globo de Oro a la mejor serie dramática año 2011
  • Homeland (2011-sigue) – Ganadora Globo de Oro a la mejor serie dramática años 2012 y 2013

 

El primer post del año 2013 viene de la mano de los primeros grandes premios de la temporada en la industria del cine y la TV. Los Globos de Oro nos dejaron hace unos días un montón de películas, actores y actrices colocados en la parrilla de salida de los Oscar, pero también dejaron claro qué series siguen siendo las más fuertes en la lucha por el éxito televisivo.

Esto me sirve para hacer una reflexión sobre algo que, como guionista, he defendido siempre: las ficciones de corte dramático en televisión deben tener una duración predefinida, cerrada y, a ser posible, de no mucho más de tres temporadas. Y digo de corte dramático porque las series cómicas, fundamentalmente las sit com, se ajustan a otras normas y reglas temporales que las hacen casi inmunes al paso del tiempo. Partamos, como base de lo que quiero explicar, del listado superior en el que se recogen los ganadores de la categoría en lo que llevamos de siglo. Analizándolo nos damos cuenta de que:

1 – El 91% de las series ganadoras (10 de 11) recibieron el galardón en una de sus tres primeras temporadas. La que no, “24”, lo hizo en la cuarta.

2 – Ninguna de ellas (por ahora, ya que algunas continúan en emisión) lo ha vuelto a ganar después de la cuarta temporada. Las que más, han pasado a ser candidatas año tras año, pero sin revalidar los éxitos del comienzo.

3 – La media de duración de estas series es de casi 7 temporadas. Media calculada a la baja, ya que 4 de ellas siguen en emisión y con perspectivas de durar unos años más.

Entre este listado de series se encuentran algunas de las consideradas mejores producciones televisivas de todos los tiempos, ficciones revolucionarias que han marcado a una generación de espectadores y que quedarán en los escritos sobre el medio para siempre. ¿No resulta raro que ninguna de ellas haya sido reconocida como merece en la segunda mitad de su desarrollo argumental? ¿No es de extrañar que, lo que de la nada surgió como una narración exquisita, al madurar con el tiempo no logre los premios que en los difíciles arranques si cosechó? Los más escépticos dirán que los Globos de Oro son una referencia superficial, que el criterio de los votantes puede ser deudor de intereses de la industria o que los críticos participantes se dejan llevar por la novedad y se olvidan rápido de lo que ya conocen bien… todos ellos son criterios válidos y que en cierto modo comparto, pero también creo que detrás de estas estadísticas hay una certeza ineludible que muchos de los que nos dedicamos al oficio de escribir conocemos: No se puede estirar el chicle indefinidamente.

 

La base de Los Soprano era la necesidad de Toni de ayuda psicológica.

La base de Los Soprano era la necesidad de Toni de ayuda psicológica.

Cuando las series se crean y desarrollan, lo hacen sobre una premisa dramática clara. Con el paso de los episodios y las temporadas, llega un momento en que esa premisa debe ser resuelta si o si, para no caer en el tedio de la eternización. A partir de ahí sólo queda usar el vasto bagaje de nuestros personajes en esos años para crear nuevas premisas que sostengan la serie. Puede hacerse y se hace bien, pero casi siempre el producto se resiente de una u otra manera y en parte deja de ser la misma serie. Si el gancho de tu producto es: “Un jefe mafioso sin escrúpulos está tan deprimido por su vida personal que decide ir al psiquiatra” esto se puede desarrollar durante un tiempo x limitado (dependerá de la habilidad de los guionistas y de la paciencia de los productores). De hecho, tras unas temporadas Toni Soprano ya no acude a ver a su doctora, y los problemas que tenía (relación con su madre o su tío, su amigo enfermo, etc.) han desaparecido. La serie continúa a un nivel espectacular, pero ya basada en la angustia vital del personaje y en como su mundo se desmorona a pesar de su empeño por mantenerlo en pie. Pero cuando te preguntan de qué va Los Soprano tú dices: “de un mafioso que va al psiquiatra”… y por eso la premiaron.

Si encima les da por no resolver la premisa, se produce una huida hacia delante que suele derivar en engaños, decepciones y un gran castillo de tramas imposibles que se derrumba en los últimos capítulos para horror de los seguidores… Creo que no hay que decir mucho más para que os venga Lost a la cabeza ¿Verdad?

Otras series decaen por agotamiento de la fórmula. Si bien Aaron Sorkin tiene claro que su serie presidencial tiene el tope de abarcar 2 mandatos y según ello la estructura, tras 8 temporadas escuchando afiladas conversaciones de pasillos entre los miembros del gabinete, los brillantísimos diálogos ya brillan un poco menos y las crisis de comunicación resultan más llevaderas. Como con más de un político patrio, quizá un solo mandato hubiera sido mucho mejor…

Hacia ese mismo abismo se dirigía, en mi opinión, Mad Men tras sus dos primeras temporadas. La tercera constituyó un viaje por la apatía de Don Draper y eso hizo que el interés decreciera exponencialmente. Para mi sorpresa, en la cuarta levantaron el rumbo nuevamente y ahora vuelven a estar en plena forma. El tiempo nos dirá si son capaces de romper la tendencia… quizá por ello sean la única producción que se ha llevado el premio 3 años seguidos (Incluyendo mi odiada tercera temporada).

Las cosas tienen una duración por algo, y ese algo suele ser que se manifiestan en su máximo esplendor en un periodo concreto de tiempo. Las canciones pop duran entre 2 y 5 minutos, los conciertos 2 horitas, las películas de 90 a 120 minutos, las novelas mejor entre 400 y 800 páginas y las series, aunque nadie se preocupe por aplicarlo, de 3 a 4 temporadas de 13 episodios cada una. Evidentemente hay maravillosas excepciones en todos estos campos, pero cuando algo se convierte en norma suele ir cargado de sabiduría…

Con las series también existe una gran excepción a mi teoría y, como no podía ser de otra forma, además se trata de mi favorita de todos los tiempos. Para rizar el rizo, ni siquiera cuenta con un Globo de Oro o nominación alguna… ni falta que le hace. Me estoy refiriendo a la aclamada “The Wire”. En este caso, cada una de las 5 temporadas de la serie están pensadas de antemano por David Simon para reflejar un aspecto concreto de la sociedad y para demostrarnos que todos ellos están perfectamente relacionados e interconectados. La duración es la que es, ni sobra ni falta nada, porque son los peldaños que tiene la escalera a la que debemos subir para lograr la visión de conjunto que quiere transmitirnos el autor… pero claro, es que estamos hablando de algo muy complejo y muy precioso.

El tema da sin duda para mucho más, espero que al menos os haya servido para pensar un poco en ello. Está claro que a productores y cadenas les gusta ganar dinero con un formato seguro; pero si en lugar de ir a lo fácil, confiaran en el talento de los creadores y dejasen que éstos terminen de contar sus historias en el momento preciso, ahora tendrían el doble de series de éxito en sus parrillas… Como decía Juan Ramón Jiménez: ¡No la toques más, que así es la rosa!

 

Hasta que nos leamos.

Errores y aciertos de una vuelta a casa

Homeland” fue la gran triunfadora en los pasados premios Emmy. Con tan sólo una temporada en emisión ha desplazado del Olimpo de la mejor serie dramática a la todopoderosa “Mad Men” (ganadora en las 4 ediciones anteriores) y batido a rivales como el universo transmedia convertido en fenómeno de masas “Juego de Tronos”. Y no sólo se ha impuesto como mejor serie, también en las categorías de mejor guión y en las interpretaciones principales con sus dos protagonistas.

Una decisión, para muchos profesionales del guión, polémica…

La verdad es que “Homeland” es un poco como tu equipo de fútbol, como los hermanos, como un concierto de Bob Dylan… a veces te da alegrías enormes y otras te sacan tanto quicio que te dan ganas de renegar de ello. Yo he pasado grandes momentos viendo la serie, he tenido que cambiar planes para apurar otro capítulo más antes de salir de casa o luchar contra el sueño y la amenaza del despertador al día siguiente acostándome más tarde de lo previsto; pero también me he pillado rebotes dignos de Fernán Gómez ante un seguidor pesado… y eso da que pensar.

En mi opinión, lo peor de “Homeland” es la motivación de sus personajes. En cada momento de la temporada en que Brody o Carrie tienen que tomar una decisión que les puede cambiar la vida, en la que todo su trabajo o aquello en lo que creen se puede ir al traste… para mi es como si un tren descarriase, muriesen todos los pasajeros y se incendiara el bosque en que tuvo lugar el accidente.

Vamos con unos ejemplos:

Carrie está desde el principio convencida de que Brody es el agente doble del que le advirtieron años atrás: se lo dice su instinto, que nunca le ha fallado. Ello hace que arranque la trama y se dispare la acción de la serie. Tras unos cuantos capítulos, ella ha llenado la casa de él de cámaras para espiarle 24 horas al día, le realizan seguimientos y escuchas… y no ha encontrado ninguna pista de que su corazonada sea cierta. En lugar de dar su brazo a torcer, reconocer que se ha podido equivocar y dejar de poner en peligro su empleo y su vida (Ya que incumple un buen montón de leyes haciendo lo que hace), Carrie se empeña de manera antinatural en seguir su intuición y confiar en la palabra de un terrorista que le contó un secreto antes de morir en lugar de hacer caso a un pobre marine que ha pasado un calvario durante 8 años de torturas en Irak y al que estás viendo comportarse bien día tras día…

Esto, es sencillamente increíble. Pero si no lo haces así, no hay serie…

¿Cómo se lo montan los guionistas para que nos lo traguemos? Fácil, dando al espectador más información de la que tiene Carrie. Nosotros si vemos a Brody rezar en el garaje y sabemos que se ha convertido al Islam; nosotros si vemos los reveladores flashbacks de su cautiverio… El mago hace el truco y el público aplaude; todo perfecto. Pero de camino a casa tras la función, muchos de los asistentes al espectáculo caen en la cuenta de cómo ha hecho su ilusión y ponen esa cara de estar oliendo un pedo mientras piensan: “Ehhhh… un momento”.

Para mi esto funciona a corto plazo. Cualquier razonamiento serio desbarata la forma de actuar de Carrie y te despega emocionalmente de ella. Como sabemos que Brody es malo, aguantamos lo que ella hace en lugar de pensar: “Oye, esta zorra desconfiada lleva más de una hora viendo cómo esos dos follan y luego recogen los añicos de su destrozado matrimonio”. Porque la clave del Personaje de Carrie es que es mala; eso la hace grande y creíble, el ser una espía de verdad que hace las cosas horribles que hacen los espías en nombre de la seguridad nacional y el bien común. A mi, por lo menos, es lo que más me atrae del personaje.

A la pobre Carrie se le va la pinza si no toma su medicación.

Esta obsesión de Carrie por la culpabilidad de Brody es una suerte y una maldición para los guionistas. Suerte porque te permite avanzar la trama a pesar de las pocas pruebas: si ella no fuese tan obstinada, no terminaría encontrando resquicios de los terroristas con los que seguir su investigación. Maldición porque cuando esa actitud se dirige a Brody tienen que conseguir que no lo atrape cuando todo pinta que lo atraparán. Estoy pensando en el suicidio del carcelero de Brody: Tienes a un tío en una habitación vigilado, sólo han entrado 4 personas allí y no se sabe cómo alguien le pasa una navaja a ese tío para que se suicide. Si Carrie está tan segura de que Brody es malo y sabe que es uno de las 4 personas que tuvo contacto con el suicida, nada en este mundo le haría abandonar esa línea de investigación (recordemos que ha estado semanas vigilando sin éxito y no ha cambiado de opinión sobre él). Sin embargo unas pruebas de polígrafo poco concluyentes y en las que ella sabe que él está mintiendo le bastan para dar el asunto por zanjado… en fin.

Mención aparte merece el aspecto personal de Carrie. El hecho de que mantenga un breve romance con Brody es de las cosas que se me hicieron más cuesta arriba de toda la temporada. Al principio pensé: “Bien por ella, otro paso al frente; está dispuesta a lo que sea por atraparle. La información que no obtiene vigilando la conseguirá estando con él”, pero poco después compruebo decepcionado que no, que simplemente va y se cuelga por él llegando al punto de la obsesión. Si lo analizas fríamente ves que hay cimientos puestos para construir esa historia (Ella es bipolar y se le va la pinza sin su medicación, se siente muy sola y arrinconada, se consideran almas gemelas, lo conoce bien de espiarlo, su mundo se desmorona, etc.) pero no te la crees. Los cimientos puedes estar bien, pero el terreno sobre el que descansan no es sólido… algo así, teniendo en cuenta cómo es Carrie, sería una cuestión de piel: no puedes acostarte y sentir atracción por el tipo al que consideras el mismo demonio.

Brody y su rictus de ambigüedad ¿Nos miente o dice la verdad?

Pasamos a Brody. Un personaje mucho más complejo y rico que la mayoría de los que se ven en TV; tanto, que ese es precisamente su problema: Ese hombre ha pasado por tanto en los últimos 8 años (una guerra, un cautiverio, torturas, lavado de cerebro, asesinar con tus manos a un compañero y amigo, adoctrinamiento religioso y fundamentalista, rescate, vuelta a casa, desconexión con la familia, sentirte fuera del mundo al que pertenecías, enterarte de que tu mejor amigo se acuesta con tu mujer, verte convertido en un fenómeno informativo, que te utilicen como símbolo político, codearte con los dirigentes del país, etc.) que a mi a veces lo único que me interesa de la serie es sentarme a ver cómo coño digiere todo eso, la vuelta a casa en estado puro. Los espías, traiciones y terrorismo me dan igual… sólo quiero ver a ese tío salir adelante, que ya es bastante.

A pesar de esto te metes en la trama de espías y disfrutas con sus dudas, lo pasas mal cada vez que engaña a los buenos, te enterneces viéndole luchar por su familia, te esperanzas con que retome el buen camino y crees comprender que alguien que pasa por semejante tortura puede ver su personalidad destruida por completo.. para esa altura de la serie llegas a creerte que algo así puede pasarle a un tipo normal, que se puede cambiar de bando de esa manera. Y ahora que no hacía ninguna falta explicarte nada más van y se sacan un flashback para que entendamos perfectamente la mente de Brody y su odio hacia EE.UU: Resulta que el astuto terrorista jefe, para terminar de captar a Brody, lo deja al cuidado de su hijo pequeño, con el que crea un vínculo especial (Venga ya…), resulta que el colegio del niño es bombardeado por aviones yanquis una mañana y mueren todos los pequeños, incluido el pequeño amigo de Brody (Vaya por Dios…), resulta que el Vicepresidente de los EE.UU. niega la noticia en TV y dice que es propaganda terrorista (Esto si es más creíble, pero un marine debe estar acostumbrado a mentiras de este tipo, véase “Generation Kill), y resulta que eso hace que Brody vea la luz y comprenda que su gobierno es muy malo malísimo (Babuffff)…

¿Qué queréis que os diga? Lo único que les concedo al respecto es que para nuestra mentalidad europea escéptica, madura y curtida en mil batallas resulta ridículo el estar tan ciego respecto a lo que hace un Gobierno y los políticos, y sin embargo para un estadounidense patriótico hasta la enfermedad, con la fe eterna en América y sus valores sumado a no conocer mundo y la inocencia de la poca Historia que tienen, si que podría suponer un palo más grande descubrir que le mienten de esa manera… Aun así, uno se va a la puerta del Congreso con pancartas, o a la tele a ver si te hacen caso… no te forras de dinamita y te autoinmolas matando a cientos de inocentes y convirtiéndote en aquello que odiabas.

La obsesión por el trabajo, o cuando tu trabajo es obsesionarte…

Y a pesar de este tipo de fallos, la serie tiene muchísimo bueno. A nivel de guión la construcción de cada capítulo es excelente, se alcanzan grandes cotas de tensión alternada con momentos de ternura, consigue ser innovadora en muchos temas, los giros del argumento de los últimos capítulos de la temporada son potentísimos y sorprendentes, y podría seguir así un buen rato.

Entiendo estos “fallos”: los entiendo porque para la gran mayoría del público pueden pasar desapercibidos, porque los acontecimientos van demasiado rápido y hacen que no te fijes, porque de lo que un guionista quiere hacer a lo que se emite hay un mundo de diferencia, porque se trata de pedirle mucha profundidad de personajes a un producto más bien de entretenimiento, porque en definitiva quizá den más de lo que quitan… entiendo estos fallos y tal vez me plantee usarlos más a menudo en mis guiones.

¿Qué pasa, creíais que esta era una entrada para rajar de la serie? No hombre, eso se lo dejo a los críticos… haber leído bien el título.

Hasta que nos leamos.