EL MURO QUE QUEDABA POR DERRIBAR

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Mucho se está escribiendo sobre el cambio de la ficción nacional en este curso 2014-15. Los estrenos de “El Ministerio del tiempo”, “Bajo sospecha”, “Allí abajo” o “Vis a Vis” y la consolidación de “El Príncipe”, “Velvet” o “Sin identidad”, por citar algunos ejemplos, han dejado claro que hay una nueva tendencia en nuestra series, en la forma de escribirlas, rodarlas y producirlas; y lo que es más importante, en los gustos del público, que sigue todos estos productos de forma masiva.

Esta noche vamos a poder ver cómo se clava otra pica hasta hace poco impensable: el estreno de “Refugiados” supone la primera coproducción española con una cadena de referencia internacional como es la BBC. Que el todopoderoso mercado inglés que produce joyas como “Sherlock”, “Dowton Abbey”, “Dr. Who”, “Luther”, “IT Crowd” o “Broadchurch” se fije en la industria española y confíe en ella para ir de la mano en un proyecto habla muy claramente del potencial de nuestra ficción televisiva.

De entre todos los paradigmas sagrados que se han echado por tierra en los últimos años, todavía queda uno en pie. Un sólido pilar sobre el que descansan nuestra cadenas, que responde a las peculiaridades del mercado español y sus horarios imposibles en prime time, que se cimenta en la cantidad de cortes publicitarios por producto y el los trucos para optimizar las poco fiables cifras del share con malabarismos al filo de la medianoche. Los guionistas y productores han ido derrumbando las multitramas, los target familiares, las tensiones sexuales no resueltas, los abuelos y niños, el tono dramedia, la deslocalización geográfica y todos los demás topicazos que a muchos devoradores de ficción extranjera le provocaban urticaria y alergia a las series españolas. Pero los 70 minutos no. Los 70 minutos aguantaban; tan innegociables (a pesar de ser la demanda más habitual de los creadores) como la silicona y los esteroides en el plató de “Mujeres, Hombres y viceversa”.

Hasta esta noche.

Porque si algún mérito fundamental hay que atribuirle a “Refugiados” desde ya (seguro que serán muchos más, conste que no he visto aun los 2 primeros capítulos y la prensa especializada si) es el de conseguir al fin la duración estándar de casi cualquier ficción dramática en EEUU y Europa. A buen seguro los 50 minutos de los guiones de cada uno de sus 8 capítulos estarán pensados y medidos con una libertad de movimientos nunca vista en nuestra tele; sin necesidad de meter personajes y tramas de más, sin dialogar en exceso, poniendo pausa allá donde se requiere y narrando visualmente; sin miedo a que el número de página en que aparece la palabra “FIN” lo dictamine la hoja de Excel de algún programador y no la naturaleza de la historia.

Y no sólo eso, la misma producción respirará aliviada: el trabajo de actores, directores y técnicos debe crecer enormemente en una serie de 50 minutos. La nuestra es una industria televisiva acostumbrada a trabajar a ritmo frenético, casi desquiciante, sacando adelante capítulos que duran poco menos que una película corta en la cuarta parte de tiempo de rodaje y postproducción. Un plan de trabajo que elimina casi un tercio del metraje seguramente caiga como maná del cielo para todos estos grandes profesionales que hacen realidad la serie.

Si “Refugiados” funciona puede sentarse un precedente interesantísimo en cuanto a la duración de los capítulos. Y hoy en día, que funcione no se limita a el dato de audiencia de mañana. “El Ministerio del Tiempo” ya ha demostrado que hay otros parámetros tan o más importantes a tener en cuenta a la hora de hablar de éxito (visionados on demand, fenómeno fan, aporte de prestigio a la cadena, etc.) y que en el caso de la serie de Bambú para la Sexta se amplía con las perspectivas internacionales del producto. Puede que “Refugiados” aquí no lo pete, pero si se vende por medio mundo y consigue además sumar prestigio ¿Alguien duda de que en Atresmedia vayan a estar contentos con la apuesta realizada?

Que nuestras series se exportan es ya una realidad, pero que nuestras series se produzcan pensando en el mercado internacional no, y hoy vamos a asistir al primer intento.

En el apartado del “debe” queda que los directivos de Atresmedia se atrevan a no programas los capítulos de 2 en 2 (como sucederá hoy), a no quemar la serie demasiado rápido ni seguir obligando al público a aguantar una emisión demasiado extensa y que acaba a horas intempestivas para muchos pobres espectadores. Lo más difícil lo han hecho bien, esperemos que sepan ponerle la guinda.

La segmentación de públicos ha llegado para quedarse, los productos destinados a targets nicho demuestran una rentabilidad tan o más alta que los generalistas. La puerta de La Sexta se ha abierto y la de Cuatro no tardará en hacerlo… esta noche los refugiados del futuro llegarán al mundo ficticio creado por Ramón Campos, Gema R. Neira, Cristóbal Garrido y Adolfo Valor; pero no son los primeros, desde hace ya unos meses miles de refugiados llegan a nuestra televisión procedentes de HBO, de AMC, de Netflix y de ITV… son los televidentes perdidos, que vuelven a casa convencidos por la calidad de nuestras series.

Bienvenidos seáis todos.

Hasta que nos leamos.

La siguiente decepción

 

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Da la casualidad de que llevo un tiempo documentándome y escribiendo una historia de serial killers y, como suele ser habitual, devoro todo la ficción de ese subgénero que cae en mis manos para estar un poco más metido en el ambiente, para analizar aciertos y errores, inspirarme, huir de los tópicos, etc. Ello me ha llevado a ver con gran interés “The following”, serie americana que La Sexta ha tenido a bien ofrecernos apenas un par de meses después de su estreno. La velocidad a la hora de traer esta producción (en claro contraste con otras mucho más alabadas… y no miro a nadie… Antena 3 y Juego de tronos… no miro a nadie) y la fuerte campaña de promoción de la cadena, hacían prever que nos encontrábamos ante uno de los posibles nuevos pelotazos en ficción. Lamentablemente, nada que ver con eso. 

“The Following”  parte de una premisa bastante interesante: un malvado e inteligente asesino en serie ha reclutado un ejercito de seguidores en sus años de prisión y ahora los utiliza para llevar a cabo su plan de venganza contra el policía que le atrapó. Aquí tenemos varios elementos atractivos para armar una historia poderosa: por un lado hay un protagonista arrastrado a la acción y que se pasa todo el tiempo jugando a la contra, tratando de evitar los ataques de un enemigo más poderoso y mejor preparado que él. Por el otro, el antagonista es un personaje carismático y de los que deben enamorar al espectador desde el primer capítulo. Y además de esto, se plantea una vuelta de tuerca original al subgénero con la idea de una secta de asesinos, que tiene mucho potencial. 

Desgraciadamente, casi nada en el desarrollo de la trama cumple las expectativas planteadas con esta premisa. Para comenzar, sabemos bien que toda serie basa su éxito y consigue conectar con el público a través de sus personajes, pero los de “The following” carecen por competo de gancho. Ahí tenemos a Ryan Hardy, el protagonista (correctamente interpretado por Kevin Bacon), un ex policía que se dejó media vida tratando de atrapar al malo la primera vez y ahora vive estancado en la desidia. Hardy es el objetivo de la venganza de asesino y se ve obligado a volver a la acción para desbaratar los planes de su antagonista. Este personaje presenta varias características:

Hardy/Bacon se enfrenta a unos asesinos obsesionados con Edgar Allan Poe

Hardy/Bacon se enfrenta a unos asesinos obsesionados con Edgar Allan Poe

 

1) Es un alcohólico depresivo. Este punto, bien utilizado es de un tremendo potencial dramático, pero los guionistas parecen olvidarse de él apenas transcurridos un par de capítulos; si acaso usan su adicción para establecer un punto de conexión con su compañero, Mike Weston, que se da cuenta del problema pero no se lo comunica a los superiores. A partir de ese momento, el viejo Ryan deja atrás de buenas a primeras su adicción a los chupitazos de JaggerMaiester.

2) Hardy tiene una grave deficiencia cardiaca provocada por una puñalada en el corazón que le dio el asesino años atrás. Esto le hace llevar marcapasos y ser una persona bastante más frágil de lo que correspondería a alquilen de su edad y complexión. Una vez tirado a la basura el conflicto interno del protagonista, cabría esperar que fuesen a aprovechar bien este otro conflicto externo… y lo hacen, pero sólo cuando a ellos les conviene y no todo el tiempo, como debería ser. De hecho, cada vez que alguno de los followers se enfrenta a Hardy se las apaña para sacar ventaja de su afección y así poder escapar, sin embargo en otros muchos momentos vemos a Ryan correr, pelear y someterse a situaciones terriblemente estresantes sin que su débil corazón se resienta en absoluto. Poco rigor, por decir algo…

3) Hay una historia de amor con la ex mujer del asesino, con la que tuvo una relación hace años y que él cortó a pesar de amarla. Por ese lado la trama funciona bien; como decía hace poco David Muñoz en este post en el thriller debe existir una conexión personal para el protagonista, y en el caso de “The Following” se produce cuando los seguidores sectarios secuestran al hijo de su líder, o sea el hijo de la mujer que Ryan quiere. Entre los antiguos amantes se crea una relación de amor odio bastante comprensible pero, a mi entender muy poco aprovechada. El torbellino sentimental del triángulo amoroso de los protagonistas (El bueno-el malo-la chica que ha estado con ambos) no luce en ningún momento, es más, cede el protagonismo a un insulso triángulo amoroso entre tres de los asesinos seguidores de Carroll ¡Incomprensible!. La serie seguramente hubiera brillado mucho más con intensas escenas en las que Ryan provocase a Carroll con el hecho de que le robó la esposa o con secuencias en las que ella se enfrentase al psicópata de su ex marido y le restregase a la cara que el policía es mucho más hombre que él, que su hijo le quiere más que a él, que la satisface mucho más en la cama, etc.

El villano pierde gas, y con él toda la serie

El villano pierde gas, y con él toda la serie

Pero si el protagonista hace aguas, el caso del antagonista es todavía peor. Se supone que Joe Carroll es un inteligente y sofisticado profesor de universidad experto en Literatura Romántica que se vuelve loco y comienza a asesinar jovencitas por el trauma de su fracaso como novelista (ojo con ese detonante, que de resultar verosímil entonces estaría el mundo lleno de asesinos en serie). Carroll aprovecha su encierro en prisión para elaborar un intrincado plan que pone en marcha gracias a los cientos de admiradores que se comunican con él y van a verlo a la cárcel; gente desequilibrada y con traumas que son carne de cañón para convertirlos en peleles que se muevan a su antojo.

Todo el sentido de la trama y la razón de ser del plan de Carroll se basa en su increíble magnetismo personal y su capacidad de seducción, es decir que este malo debe molar tanto que a su lado Hanibal Lecter parecería un gris funcionario de Hacienda. Desgraciadamente esto no está conseguido en absoluto, el tal Carroll no desprende nada que atrape al espectador y le haga enamorarse de él; ni la actuación ni los guiones del personaje son lo brillantes que se le suponen… de hecho, los propios guionistas deben ser conscientes de ello y no dejan de incluir forzadas líneas de diálogo en las que los policías recalcan el tremendo magnetismo y la capacidad de influencia de Carroll (como si ha base de repetirlo pudiera acabar siendo verdad). En el mismo momento en que no te crees que ese grupo de desquiciados puedan llegar a matar por veneración hacia el medianía de Carroll, la serie deja de interesarte como espectador.

Pasando la página del diseño de personajes, “The following” tiene otra importante carencia que la hace, cuanto menos, complicada de visionar (que ya no ver, porque me lo tomo como un trabajo práctico): la increíble distancia entre malos y buenos; los primeros son siempre más listos y tienen a su alcance una infinidad de recursos desproporcionada, mientras que los segundos jamás dan pie con bola y se dedican a todo menos a realizar una investigación policial mínimamente decente. Esto, que no deja de ser un recurso de ilusionista, puede utilizarse de vez en cuando para asombrar a tu audiencia o para salir discretamente de un embrollo pero bajo ningún concepto puede volverse la tónica general de resolución de conflictos. Si el villano quiere que no le atrapen debe ser muy listo, porque la policía no es tonta.

Sólo con esta dejadez se entiende que cada dos por tres surja un nuevo acólito de Carroll infiltrado en el lugar más conveniente y en el momento indicado; que a ningún agente del FBI se le pase por la cabeza revisar todas las grabaciones de seguridad de la sala de visitas donde Carroll habló tranquilamente con sus seguidores durante años, para ver quienes son y detenerlos antes de que actúen; que Hardy no recurra a grabar a Carroll puteando a uno de sus ayudantes que se ha dejado atrapar para luego ponérselo a éste y tratar de que reniegue de su líder y les cuente el plan; que en una situación completamente controlada por la policía, los followers huyan con el hijo de Carroll delante de las narices de medio FBI; que ninguno piense en hablar con la abogada de Carroll para descubrir que la tiene amenazada, proporcionarle protección y obligarla a ayudarles a parar al asesino; etc. Tampoco pido polis como los de “The Wire”, pero si algo más competentes que en “Loca academia de policía”. 

Una de la imágenes más promocionadas terminó siendo un mero reclamo para el piloto

Una de la imágenes más promocionadas terminó siendo un mero reclamo para el piloto

 

El verdadero problema con usar este tipo de argucias es que se traspasa la frontera de la lógica tanto y tan menudo, que el espectador comienza a pensar (con cierta razón) que le toman por tonto. Lejana queda ya la máxima de Lubitsch: “deja que el espectador sume 2 y 2… te querrán siempre”. En este caso lo que se intenta es distraerlo para que no sume en absoluto, porque las cuentas no salen. 

En fin, no todo es malo en la serie. A pesar de lo anterior es un producto que se deja ver sin más pretensiones, que siempre incluye un par de giros efectistas que llaman la atención (si uno no profundiza mucho en ellos) y que sabe tirar de clifhanger para enganchar a su audiencia. Realmente está más cerca de una procedimental policiaca que se ve más pendiente del twitter que de la tele, y no hay nada malo en este tipo de productos… siempre que nos lo vendan como lo que es. Porque si algo esta claro en esta nueva edad de oro de la ficción televisiva, es que los espectadores tenemos el morro muy fino y no nos tragamos gato por liebre.

A pesar de todo, reconozco que analizar una serie de este tipo es un ejercicio muy útil y necesario para cualquier guionista. Descubrir los trucos y fallos de trama agudiza el ingenio y te hace ser más exigente con tu propio trabajo. Ahora sólo queda la parte difícil, la de siempre: ser capaz de aplicar lo aprendido en el trabajo propio. Ojalá en el futuro tengáis vosotros la opinión de juzgarlo.

 

Hasta que nos leamos!

Fusión en caliente

Los telespectadores llevamos unos días viendo las nuevas promos de Antena 3 y la Sexta, unos breves anuncios en los que algunos presentadores de ambas cadenas bailan agarrados cual cotillón de Nochevieja…

Anoche mismo pudimos ver cómo se producía una emisión simultánea en las dos cadenas, con la originalidad de cada una de ellas ofrecía la escena desde un ángulo distinto y un texto invitaba al público a cambiar a la otra cadena para descubrir a la misteriosa pareja de baile. El anuncio íntegro se estrenará el viernes 21.

Esta original idea supone otro pasito adelante en la nueva TV social, que invita al espectador a participar de una u otra manera en el proceso de creación y/o emisión de los contenidos. La campaña ha sido ideada por la agencia de Risto Mejide, especializada últimamente en branded content.

Este alarde de unidad y buen rollo se debe a la reciente fusión entre las dos empresas y sus respectivos canales. Ya desde un primer momento el nuevo Grupo mediático mostró su predilección por la integración, coordinando conjuntamente la gestión de sus pausas publicitarias o anunciando indistintamente la programación de los horarios estelares (Como hace Wyoming cada noche al cerrar su programa).

Frente al modelo más transmediático que explota Telecinco-Cuatro, y del que ya hablé aquí hace un tiempo (El siguiente ejemplo que veremos será la participación de presentadores como Jesús Calleja y Frank de la jungla en el reality de aventuras  con famosos “Expedición Imposible”), Antena 3 y La Sexta se nos quieren presentar como una gran familia donde todo es armonía, paz y amor. Una fusión en caliente o cálida frente a la fusión en frío de Mediaset España, limitada a “atelencincar” al resto de cadenas. Este punto de partida de la fusión en caliente me ha llevado a elucubrar hasta donde se podría llegar en cuanto a cocreación si ambas cadenas se lo propusieran… estos son algunos ejemplos de los contenidos que podrían generarse de cara al futuro:

– Arguiñano es tu pesadilla.

Cada una de las cadenas cuenta con su chef estrella: Karlos Arguiñano y Alberto Chicote, respectivamente. ¿Por qué no juntarlos en un único y demoledor programa?. Yo propongo dos modelos distintos: en el primer formato, mientras Arguiñano hace sus tradicionales recetas divulgativas para enseñar a los televidentes, Chicote se pasa el programa puteándole vivo y echando por tierra todo lo que  el vasco cocina… humor tan negro como un coulant de chocolate y ánimos calentitos como una lasaña recién salida del horno.

El segundo programa copiaría el modelo de “Pesadilla en la cocina” pero protagonizado por Arguiñano. En esta ocasión no se trata de ayudar a los restaurantes a mejorar, no habría tono de coaching agresivo… más bien lo contrario: el bueno de Karlos se pasaría una jornada laboral entera contándole chistes malos a los trabajadores de un local mientras cocinan y atienden a los clientes… Si consiguen llegar al final del día sin meterle la minipimer por el recto al Chef, ganan un fin de semana en Canarias.

– “¿Quién se aloja ahí?”:

Planteamos la mezcla perfecta entre la serie “Gran Hotel” y el docushow “¿Quién vive ahí?”. El primero es un trhiller con misterios y asesinatos por resolver en el que los personajes se pasan el día espiándose los unos a los otros y el segundo es un programa de cámara en mano en el que conocemos las casas más peculiares de mano de sus inquilinos… ¿Resultado de la mezcla? Pues un formato en el que los reporteros entran al asalto en habitaciones de hotel de España a ver qué se encuentran: Relaciones extramatrimoniales, despilfarros a cargo de la empresa, robo de toallas… todas las miserias humanas al descubierto en un programa que tendría a sus espaldas más separaciones que Belén Esteban.

Vaya filón de programones que se está perdiendo esta gente...

Vaya filón de programones que se está perdiendo esta gente…

– Un millón al rojo vivo:

Este innovador programa contaría con lo mejor del concurso “Atrapa un millón” y del debate “Al rojo vivo”. Como en este país ya estamos más que acostumbrado a que los políticos nos roben, que menos que hacer algo de entretenimiento familiar con ello… En “Un millón al rojo vivo” los alcaldes, concejales, ministros y presidentes electos concursarán para llevarse calentito el dinero de nuestras pensiones, seguridad social, educación o justicia… Más o menos lo que viene pasando ya, pero con la novedad de que para hacerlo deben responder a preguntas serias en lugar de a las de los periodistas… Como apoyo, los indefensos políticos podrán tener a un asesor de confianza a su lado para que les ayude a distinguir entre sal y azúcar… Como la cosa va de conocimientos básicos de cultura general, es más que probable que muchos de estos concursantes se vayan a casa con las manos vacías…

– El zombieguero:

Se trata de un único programa especial pero estamos más que seguros de que será un enorme éxito de audiencia y crítica que marcará un antes y un después en la historia de la TV española. La idea es muy simple: Un grupo de zombies al más puro estilo “The Walking dead” descuartizan en directo a Pablo Motos… simple, efectivo, gracioso, entretenido… un espacio que lo tiene todo, incluso función social… Según el éxito se plantearán futuras ediciones con otros “queridos” rostros de la cadena y el nombre de Eva Hache suena con fuerza…

– El club de las pulseras rojas:

Un formato inspirado en el programa de monólogos “El club de la comedia” pero protagonizado por enfermos terminales que nos cuentan con humor y cachondeo como es su día a día en el hospital, luchando por su vida… un formato muy exportable que seguro que causa sensación en el próximo MipTV.

– Luna, el misterio de Salvados:

Aquí presentamos un espacio de reportajes incisivos sobre la actualidad conducido por Jordi Évole… hasta aquí poca novedad ¿Cierto? Puede parecerlo, pero lo que no saben los entrevistados es que el follonero con sus comprometidas preguntas no sólo va a “echarles a los lobos” en sentido figurado… al final del programa, soltaremos a una manada de estas bestias para que den caza y devoren a los sinvergüenzas responsables del despropósito del que se esté hablando ese día… Si, sabemos que el programa es un poco duro y puede recibir muchas denuncias, pero ya estamos en conversaciones con las protectoras de animales para que no se quejen de que les damos de comer porquería a los pobres lobos…

– Tus huesos me suenan:

¿Quién dijo que los miembros de un equipo de forenses como el de “Bones” tienen que ser serios y aburridos? En este nuevo show para toda la familia nos descubren su lado más simpático cantando y bailando cada semana en imitaciones de grandes figuras musicales. Clásicos como “La mataré”, “The End”, “Who wants to live forever?” o “Suicide blonde” harán las delicias del público…

– Wyoming presenta: Ahora caigo:

Una vuelta de tuerca al informativo de humor satírico conducido por el Gran Wyoming. Cada vez que el presentador o una de sus colaboradoras y colaboradores diga un chiste malo, se abre una trampilla y el responsable cae a un foso donde tenemos guardados a los lobos del programa del follonero… Una manera rápida y eficaz de mejorar los guiones del programa y las actuaciones de los cómicos… toda vez que el formato se convertirá en una estupenda plataforma para descubrir nuevos talentos del humor, pues cada semana, casi son toda seguridad, habrá que renovar la plantilla…

Hasta aquí mi tormenta de ideas sobre las posibilidades de la fusión entre Antena 3 y La Sexta. Espero que los directivos de las cadenas lean esto y tomen buena nota de lo que deben hacer: ¡No contratarme jamás!

Hasta que nos leamos.