Ani(Re)mando contra corriente

Hoy quiero hacer algo distinto a lo habitual. Por primera vez desde que existe en blog voy a dedicar un post a hablar de uno de mis trabajos. Y lo hago no sólo por la publicidad y el autobombo que puedo dar a mi producto (que también) sino porque creo que lo que voy a contaros encaja perfectamente en la filosofía de esta página, siempre dedicada a buscar puntos de vista originales con los que analizar la profesión.

Acabo de sacar mi más reciente producción audiovisual, una webserie de animación titulada “La Peña. Malaguitas F.C.” y creo que es interesante que profundicemos en un producto tan peculiar y extraño en el mercado de los dibujos animados.

 

Vista exterior de la peña malaguitas F.C.

Vista exterior de la peña malaguitas F.C.

Todo comenzó hace ya casi un par de años, cuando el por entonces jefe de ficción de Cuarzo, Ismael Morillo, me comentó que andaban dándole vueltas a alguna idea para serie de animación adulta y de tono gamberro. Al parecer su jefe, el tristemente desaparecido Pedro Rodríguez, había coincidido en un pasillo de Telecinco con un directivo de la cadena y le había transmitido que andaban interesados en ver productos de este tipo. Claramente sorprendido, Rodríguez le preguntó que qué pensaban hacer en Telecinco con un “Padre de Familia” y si aquello no sería muy fuerte para su programación… en un acto de congruencia máxima, el directivo le espetó que cada noche emitían “Escenas de matrimonio”, y no creía que una serie de dibujitos pudiera ser más fuerte que eso…

Total, que en Cuarzo comienzan a barruntar el tema de la animación y a buscar ideas. Como guionista satélite y amigo de Ismael, me pasa la información y me dice que si tengo cosas en esa línea se lo envíe. Rápidamente me pongo el disfraz de trilero y le suelto a Ismael que: “Algo tengo… déjame darle una vuelta y te lo mando”. Es momento de confesaros que si alguna vez en la vida un guionista os dice una frase parecida, es que no tiene nada de nada escrito y, tan pronto como cuelgue el teléfono u os pierda de vista, se va a poner a darle vueltas al coco en busca de material decente sobre el que trabajar… y, en este caso, yo no era una excepción.

Así que me encuentro por primera vez en mi vida teniendo que crear una serie de animación gamberra… ¡Encantado! Soy un enfermo de Los Simpson, Futurama, Padre de Familia, South Park y demás animaciones adultas, llevo media vida leyendo comics y aun me trago a ratos lo que emiten en el Cartoon Network, Boing o Clan… esto no puede resultar complicado. Pongo mi materia gris a trabajar, seguro de que pronto daré con un montón de buenas ideas.

Lo primero que debes saber al pensar en productos de animación es que es un submundo complicado. Para alguien ajeno a este medio, una serie o película de animación suena a priori como algo mucho más barato y rápido de hacer que su equivalente en imagen real… total, se pone a unos cuantos tíos a dibujar y ya está. Nada más lejos de la realidad, la animación resulta extremadamente larga y trabajosa de producir y, por ende, bastante costosa. Los grandes productos de Dysney-Pixar o DreamWorks se alargan durante años y años y en ellos trabajan cientos (casi miles) de personas en las numerosas y variadas partes del proceso.

Es por ello que cuando se crea una historia para animación, se busca siempre que sea lo más universal posible (esto ocurre con todas las historias, pero en este caso más aun) y que tenga posibilidades de coproducción y ventas a nivel internacional. Sólo aliándose con varios productores más y garantizando que la serie/película se verá en muchos países se pueden cuadrar las cuentas. En resumen, que si “Gran Hotel” sale rentable sólo con emitirla en España y las posibles ventas al extranjero son casi una guinda al pastel, eso mismo para “Jelly Jamm” es impensable.

Sabido esto, me pongo a parir ideas que se ajusten a esa premisa (Y más sabiendo las posibilidades del grupo Mediaset en Italia y otros países). De las tres que presenté finalmente a Ismael, una se titulaba “La Peña” y trataba sobre las disparadas vivencias de un grupo de seguidores de un equipo de fútbol inventado, miembros todos de una peña de aficionados, que pasan más tiempo peleando entre ellos que con los seguidores del equipo rival. Una especie de Sit com animada con personajes muy extremos y un tono cañero e incorrecto. A mi entender la idea es universal, puede interesar en muchos países y tiene un inmenso granero del que abastecerse.

A Ismael le gustó “La Peña” pero, como suele suceder tantas veces en este mundillo, Cuarzo abandonó la idea de una serie de animación al poco tiempo y mi material pasó al cajón de los proyectos por mover, esperando una oportunidad mejor. Esta ocasión llegó año y algo después, cuando el Málaga C.F. (equipo de mi ciudad) se clasificó por primera vez en su historia para la Champions League.

Para los de otras partes de España y del mundo, os diré que el Málaga siempre ha sido un equipo humilde, de los que está más pendiente de no bajar a 2ª División o peleando por subir a 1ª, y que en toda su historia ha dado pocas alegrías a sus fieles seguidores. Pero, cosas de la vida, en el año 2010 llegó un multimillonario Jeque qatarí llamado Al-Thani y compró el endeudado club para convertirlo en una referencia del fútbol nacional. Desde entonces jugadores y técnicos de renombre han llegado al equipo, que se está asentando entre los mejores de España e iniciando con éxito su primera aventura europea.

Con este panorama nuevo en mi ciudad, decidí que podía ser el momento de rescatar a “La Peña”… ¿Y si convertía a los seguidores del equipo inventado en aficionados del Málaga? ¿Y si pasaba del tono alocado e irreal a una parodia fiel del carácter y la forma de ser de los malagueños? ¿Y si dejaba de querer emitir por una TV nacional para hacerlo por Internet? La ciudad entera bullía de entusiasmo con el equipo y eso es algo que se debe poder aprovechar para producir una serie… sin darle más vueltas decidí intentarlo y producirla yo mismo.

El principal interrogante era si funcionaría una animación basada en algo tan absolutamente localista. Estaba contradiciendo todas las normas sagradas del mercado, remando a la contra… pero realmente había motivos para confiar: Por un lado el foco de atención de toda la población de la provincia estaba, y está, centrado en el equipo de fútbol que está haciendo Historia; por otro lado, había precedentes claros de éxito de productos cómicos en torno a la condición de malagueño (Cosas estilo “Vaya semanita” con los vascos, pero en pequeño). Yo ya había tenido una experiencia profesional agridulce tratando de hacer autocrítica de los andaluces, pero en esta ocasión estaba seguro de que podría cuajar.

Ante la tesitura de cómo rentabilizar la inversión y conseguir obtener beneficios, el factor local también se me descubría como una ventaja: con una serie tan concreta y tan enfocada a un target pequeño (Málaga provincia tiene un millón seiscientos mil habitantes, de los que hay que quedarse con los aficionados al fútbol que vean vídeos por Internet…) el lograr cierto éxito me convertiría en un producto muy atractivo para las marcas locales. Grandes empresas y establecimientos de la zona tendrían en la serie una forma segura y directa de llegar a gran parte de su público objetivo; y de camino asociarían su nombre al del Málaga C.F., sinónimo de éxito y pasión.

El pasado viernes, tras un largo esfuerzo de todo mi equipo, lanzamos el primer capítulo de “La Peña. Malaguitas F.C.” y en apenas dos días hemos superado ya los mil visionados en Youtube, los doscientos seguidores en Twitter y los sesenta “me gusta” en Facebook. Actualmente estoy negociando con un importante medio de comunicación provincial la emisión de los capítulos a través de su página web, mientras inicio las conversaciones con marcas locales en busca del patrocinio.

No sé hasta donde llegará esta aventura, ni si podré conseguir beneficios de ella, pero hasta el momento puedo decir que iniciar el camino contrario al que se supone que debe seguir un producto de animación no me está yendo mal… quien sabe si en futuro existirán franquicias de “La Peña. Madridistas F.C.” o “La Peña. Blaugranas F.C.” o si alguien se planteara el paso de Internet a TV, por citar un par de ejemplos. Es lo que tienen los caminos poco transitados, que casi nadie sabe a donde llevan.

Hasta que nos leamos.

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La importancia de los nombres

Los nombres tienen poder, eso es algo que cualquier iniciado a la magia y todos los atentos lectores de Neil Gaiman saben bien (Es una de las muchas enseñanzas que el autor británico esconde cuidadosamente por las páginas de sus comics y novelas. Recomiendo encarecidamente su lectura a todos los que no lo conozcan).

La primera vez que me di cuenta del poder de los nombres fue hace poco más de cuatro años, justo cuando la selección española de fútbol ganaba la Eurocopa de Austria y Suiza. Hasta ese campeonato nuestro equipo no había tenido un nombre oficial con el que mencionarles, apoyarles, bendecirles o maldecirles según la ocasión, etc. Históricamente se le había calificado con apelativos  (como “La furia española” referenciando el saqueo de Amberes) poco acordes al fútbol practicado por nuestros chicos, o con el nombre de un grupo de jugadores concretos (tipo “la quinta del buitre”) generalmente de un mismo equipo.

La solución era bien fácil, tan obvia que parece increíble que tardásemos 88 años en darnos cuenta. Sólo había que echar un vistazo a nuestros rivales para caer en la cuenta: Francia eran “Les Bleus”, Italia “La azurra”, Argentina “La albiceleste”, Holanda “la naranja mecánica”, Brasil “La Canarinha”… ¡La clave para el éxito futbolístico consistía en denominar al equipo nacional por el color de su camiseta!

Y entonces llegó La Roja.

Los nombres tienen poder y nuestra selección, al ser bautizada por Luís Aragonés como “La roja”, alcanzó la excelencia futbolística y un logro nunca antes conseguido: empalmar las victorias de Eurocopa-Mudial-Eurocopa. Muchos esgrimirán argumentos banales como que debemos el éxito al talento de los Iniesta, Xavi, Casillas y compañía… no os dejéis engañar por ellos: nosotros sabemos la verdad.

El éxito personal también puede depender de un buen nombre frente a uno malo, lo hemos visto cientos de veces ¿Quién no recuerda al desgraciado perdedor Homer Simpson saborear las mieles del triunfo cuando se cambió su nombre por el de Max Power

¿Cuántos cantantes han tenido que buscarse un nombre falso para resultar más atractivo comercialmente? Desde el bueno de David Jones, que no vendía un disco ni a tiros hasta que cambió su apellido real por el mucho más glamouroso Bowie, a nuestro compatriota Alejandro Sanz, que en los inicios de su carrera trató de conquistar las listas de éxito bajo el imperial sobrenombre de Alejandro Magno

Como guionista debo tener mucho cuidado a la hora de escoger el nombre de mis personajes, quizá de ello dependa el devenir de sus vidas y, con él, de la historia que quiero contar. Creedme si os digo que sé de lo que hablo, tengo un estupendo guión sobre una trilogía de películas que narran una epopeya intergaláctica que ha sido rechazado mil veces sólo porque me dio por llamar a su protagonista Lucas Andacielos

La excepción: un mal nombre que llega lejos.

¿Y por qué os suelto todo este rollo? Muy sencillo, porque pensando acerca del poder de los nombres me he dado cuenta de que tenemos en nuestra mano la solución a la crisis de las narices: Dejemos de ser España.

Así de simple, así de contundente, así de sencillo… España es un país de segunda fila, acuciado por las deudas, con una pésima reputación internacional, sus políticos y banqueros son un atajo de ineptos y/o ladrones, sus sindicatos viven en el siglo XIX en lugar de en el XXI, sus empresarios no son capaces de mirar más allá de la cuenta de resultados del mes en que están, sus ciudadanos son dóciles ovejas adormecidas por unos medios de comunicación que olvidan su función social a medida que se embriagan con el elixir del poder… dejemos de ser España, pues. Cambiemos nuestro nombre con la esperanza de encontrar uno lo suficientemente bueno como para inspirarnos a sacar lo mejor que tenemos dentro ¿Quién sabe si con otro nombre a la Merkel le pareceríamos más dignos de confianza? ¿Y si las agencias de calificación de riesgo nos concedieran la AAA fascinados por el magnetismo de nuestra nueva denominación? ¿Y si en Londres, París o Berlín un joven que busca trabajo fuese bien considerado al decir con orgullo su nueva nacionalidad?

Si os gusta mi propuesta, difundidla a todo el que conozcáis, porque ahora queda lo más difícil: dar con el nombre adecuado… Os invito a escribirme con vuestras ideas para que entre todos elijamos un nombre a la altura de nuestro país. Da igual de donde os lo saquéis mientras sean un buen nombre ¿Qué digo bueno? Un nombre cojonudo… la madre de todos los nombres de países ¡Busquemos un nombre que sea la envidia de todas las demás naciones, un nombre tan bueno que Norteamericanos, Indios y Congoleños piensen por igual “¿Por qué coño no se me habrá ocurrido a mi?”.

Mi primer impulso fue proponer “Iberia”, por las claras connotaciones históricas y geográficas. Pero no me puedo resistir al encanto de un nombre de país digno de ser gobernado por el Dr. Muerte… para mi, nuestro país debería pasar a llamarse CROANIA.

Espero vuestras propuestas de nombres.

Hasta que nos leamos.

El blues de la hora punta

Málaga, un lunes cualquiera camino del trabajo. Ocho de la mañana… A la altura del túnel de Carlos Haya llega el parón: tres carriles repletos de coches inmóviles forman un arcoiris de penitentes metálicos en procesión a ninguna parte. “El cautivo” me viene a la cabeza y sonrío… nunca un nombre fue tan apropiado. Ocho y cuarto

La información del luminoso llega como pájaro de mal agüero: accidente a 5 Kilómetros. Ocho y media… la universitaria de al lado está harta de que le lance miradas cargadas de deseo y vergüenza ¿Seguirá el coche aquí esta noche si aparco y echo a andar?

La gente pierde la paciencia que nunca llegó a tener: cambian de carril como de calcetines; las mujeres tocan el pito, los hombres los cojones. Parachoques que se encuentran con la timidez del primer beso… las nueve.

Llamo al trabajo para decirles que quizá llegue el miércoles.

 

Os dejo con una estupenda canción de The Kinks que da nombre a esta entrada.

Hasta que nos leamos.

LA BESTIA

Este microrelato apareció publicado el pasado domingo 12 de agosto en el Diario SUR de Málaga. Vaya por delante mi agradecimiento a todos los responsables del periódico por elegirlo.

Jonathan estaba paralizado por el desgarrador poderío de la bestia. El tigre que tenía delante suya era la criatura más extraordinaria que jamás hubiera visto. Sin embargo no sentía miedo alguno, sólo atracción.

Quedó impresionado por sus ojos. Ojos que decían claramente: “Aquí mando yo”; esos iris amarillos se le clavaban tan profundamente como lo harían las mortíferas zarpas en cuanto tuvieran ocasión.

Su descomunal tamaño fue lo siguiente que le llamó la atención: una mole de pelo rayado, erguido y noble. El cuerpo transmitía serenidad y quietud pero la boca… ah, su boca. Toda la fuerza del tigre se concentraba entre sus fauces. Los afilados colmillos, la lengua enorme y áspera, la flema que escupía mientras lanzaba al mundo su rugido…

Jonathan también abrió la boca. En su caso, sólo para exclamar – ¡No veh, culega. Zi ha quedao guapízimo! –

El dueño del taller de tunning sonrío satisfecho y extendió la mano – Son tres mil –

Hasta que nos leamos.