El síndrome de la cigarra

Hoy me he levantado con una noticia que, con toda seguridad, se produjo ayer o quizá anteayer. El caso es que me ha espantado lo suficiente como para ponerme a escribir esta entrada; os la cuento: Por primera vez en su historia, Atresmedia va a cobrar a los espectadores por ver un contenido propio en su web. Podéis leer los detalles del asunto aquí. El producto en cuestión es el primer capítulo de “El tiempo entre costuras”, emitido anoche con gran éxito de audiencia.

Normalmente, todas las televisiones ponen a disposición del público sus series y programas en sus páginas corporativas, una vez han sido emitidas de forma tradicional. Esto les genera tráfico de visitas a la web, nuevos ingresos publicitarios y el innegable valor añadido de ofrecer a los seguidores la posibilidad de ver el contenido cuando y donde quieran. Decisiones del Siglo XXI para la televisión del Siglo XXI. Hasta aquí muy bien… pero lo que las cadenas quieren es que se vea la emisión de toda la vida, porque ahí es donde está la pasta. Para ellos el video on line no supone más que las migajas que caen en el mantel ¿Y que pasa con las migajas? que cuando uno acaba con hambre se las come, pero cuando está saciado las recoge con la manita y las tira.

El único salón en el que te cobrán por ver la tele...

El único salón en el que te cobran por ver la tele…

 

Esto mismo es lo que está haciendo Atresmedia; porque aunque parezca que la medida de instaurar este pay per view en redifusión (si lo piensas, el concepto es tan obsceno que tira por tierra cualquier beneficio que pueda tener el tradicional pago por visión) va destinada a generar más ingresos con el consumo web, en realidad se trata de todo lo contrario. El grupo mediático renuncia a los ingresos por publicidad en el video on line (quiero pensar que renuncia a ellos… meter publicidad en un capítulo por el que has pagado sería tan de sinvergüenzas  que habría hasta que aplaudirlo), que en este caso representarían a las citadas migajas,  a cambio no de dinero por el pago de cuota de visionado (que creo yo que no tendrá mucho éxito) sino del enorme dinero que puede suponer el incremento de la cuota de espectadores en las emisión tradicional.

Para entender esto bien, hay que explicar uno de los cambios importantes que las nuevas tecnologías han traído a las batallas por la audiencia de toda la vida: la contraprogramación ha quedado desvirtuada con la multipantalla, la second screen y la TV social. Es decir, si a un espectador le ponen la misma noche “Isabel”, “La voz” y “El tiempo entre costuras” ya no tiene que devanarse los sesos decidiendo cual de las tres ver; verá las tres, pero en distintos momentos y dispositivos… lo que antes era un dilema del tipo: “tengo que decidir qué producto me gusta más y renunciar a los otros” ahora se convierte en: “tengo que decidir que producto me aporta más en su emisión en directo y ver los otros bajo demanda en las webs“.

Entra en juego, por tanto, un factor subjetivo importante. Cada espectador primará unos criterios sobre otros… habrá quien elija “Isabel” porque al no tener publicidad, es una emisión que acaba antes y le permite dormir más horas; estará el que se decante por “La Voz” porque los realities y talents tienen mucho más recorrido en redes sociales y ello le aporta una experiencia más rica como usuario… y finalmente aparecerá el que elija “El tiempo entre costuras” porque los otros productos los puede ver gratis al día siguiente en la red y éste no.

- Buenos días espectador. Esto es un atraco -

– Buenos días espectador. Esto es un atraco –

 

Aquí es donde se produce la ruptura del pacto espectador-canal de TV. A mi entender, la cadena cambia las reglas del juego sin previo aviso y pasa de competir aportando valor al público a hacerlo restando parte de ese valor. Lo que supone esta decisión no es otra cosa que un chantaje en toda regla para el público. Una amenaza seria y sostenida para conseguir que el estreno de su serie sea un éxito. Ya no estamos en un discurso de: “te doy más para que me elijas“; esto es un: “elígeme o atente a las consecuencias” de los directivos de Atresmedia a los millones de espectadores que diariamente compran su producto. Tan desesperados están por arañar unos puntos de share al programa estrella del grupo rival y decantar a su favor la ajustadísima lucha por el liderazgo mensual de la audiencias, que se han olvidado de lo más importante de todo: una empresa tiene que aportar beneficios a sus consumidores, de lo contrario éstos se irán volando a la competencia.

Yo no vi el piloto de “El tiempo entre costuras” y sería de necios decir que su éxito se debe a este chantaje vil… estoy casi seguro de que se trata de una excelente serie. El caso es que ayer arrasó, que es lo que querían, pero para mi gusto han emprendido un camino muy peligroso que puede generar un “efecto rechazo” inmenso entre la población. Una población que está pasando por penurias económicas a diario y que encuentra en el consumo televisivo uno de los pocos refugios de ocio gratuito… no olvidemos eso. Una población a la que se le priva de la libertad de elección sobre qué ver atacándole donde más duele. Una población a la que se le acorrala impunemente y se le provoca hasta conseguir que se lancen a la piratería ilegal de contenidos culturales.

Eso si, luego estos directivos vendrán llorando y tirándose de los pelos porque la industria está muerta por culpa de la piratería y clamarán contra esas páginas webs que ofrecen contenidos ajenos gratuitamente. Pues bien, señores directivos, tan mal está dar gratis algo que no es tuyo y has robado como cobrar dos veces por algo que si lo es… así que entérense de algo: si algún día de estos sus consumidores se levantan del sofá y les mandan a la mierda, lo tendrán bien merecido.

Por cierto, todo este asunto originado con una serie que lleva 2 años en la nevera esperando su momento. Productora, equipo artístico y técnico sin saber qué será de ellos, dinero invertido sin cobrar, inseguridad profesional… y el espectador a pagar 0´72€ por una redifusión. Eso si, esta mañana estarán los teléfonos de los despachos echando humo para ir quedando y hablar de una segunda temporada… esta es la industria que tenemos.

 

Hasta que nos leamos.

Tirarse a la piscina o que te tiren a ella

Llevo tiempo rumiando este post, quizá demasiado… perdón por la ausencia de este último mes.

Splash

Empezaremos por lo más conocido: Famosos saltando a una piscina desde un trampolín. Éste y no otro es el tablero en que se libra la más reciente batalla por la hegemonía de la TV en España. Telecinco (Mediaset) y Antena 3 (AtresMedia) se meten en el charco de producir dos formatos casi idénticos y especialmente caros sólo para tratar de hundir a la competencia: ya no se trata de ganar share sino de que sólo sobreviva uno de los dos programas. Sobre esta guerra con cada vez menos sentido habla largo, tendido y con mucho sentido Carlos Torres Montañés en este post de Centinela TV.

El resultado del primer programa de cada uno de ellos muestra el respaldo del público a los formatos: “Splash” logró el 26´4% de cuota reuniendo a 4.476.000 espectadores para Antena 3 mientras que “Mira quien salta” anotaba un 23´5% y atrapaba a 3.376.000 de seguidores (Curiosa coincidencia en los picos, Kantar Media…).

Está claro que las cadenas están muy a gusto con grandes formatos de puro espectáculo y con programas de corte más o menos chacinero. En los dos últimos años hemos visto consagrarse a “La Voz”, “Tu cara me suena”, “Acorralados”, “El número 1”, “Hay una cosa que te quiero decir”, “¿Quién quiere casarse con mi hijo?”, “Pesadilla en la cocina”, “Expedición imposible”, etc. Todos ellos son, además, espacios de referencia y éxito en las redes sociales que se posicionan como referentes en lo que llamamos TV social o nuevas formas de relacionarse con el espectador (Aunque esto va mucho más allá de que se hable de tu programa en Twitter y aun queda bastante por hacer).

Resumiendo: las cadenas generalistas tienen muy claro en qué se quieren gastar su dinero y qué productos les dan la rentabilidad que buscan (sea ésta puntos de Share, dinero por publicidad, reputación social o predominio empresarial).

El supuesto nuevo Rey Midas del audiovisual.

El supuesto nuevo Rey Midas del audiovisual.

Ahora vamos con la parte más complicada: Creativos y productoras de TV tirándose a la piscina. Es lo que la crisis está provocando en el sector audiovisual español desde hace unos años. Las formas de conseguir trabajo/negocios/programas han cambiado y ahora todos andamos como locos tratando de dar con nuevas claves para financiar proyectos (¿Quién queda ya sin haber intentado hacer un crowdfunding?), pariendo ideas innovadoras sobre formatos bajo formula de patrocinio o propuestas de contenidos vinculados a la marca.

En esta tesitura es precisamente el Branded Content el faro que parece arrojar algo de luz al camino de la producción audiovisual. En tratar de recorrerlo nos afanamos cada día más profesionales del gremio, y las carpetas de nuestros ordenadores rebosan de propuestas y proyectos que ofrecer a marcas y cadenas de TV. El problema básico que se está produciendo aquí es de sintonía. Está claro que, para las marcas, un producto o campaña que se explote en Internet está muy bien, que un desarrollo transmedia que implique diseñar aplicaciones para móviles y tabletas queda de lo más moderno, que dotar a las piezas audiovisuales de un fuerte componente de viralidad que les permita triunfar en redes sociales es un claro valor añadido… si vale. Pero la realidad nos dice que lo que las marcas quieres de verdad es estar presentes en televisión, porque allí es donde están los millones de espectadores a los que les gustaría convertir en fans. Por eso no terminan de renunciar al spot como principal herramienta comunicativa, y por eso no terminan de ver con buenos ojos al branded content.

Por eso decía que hay un problema de sintonía, de poca sintonía; existe una nula afinidad entre los creativos que pretendemos hacer branded content y las cadenas generalistas que posibilitarían la ventana idónea para que el proyecto viera la luz. Repasemos por un momento la lista de programas que he citado unos párrafos arriba, los éxitos de las últimas temporadas: a los creativos nos dan arcadas, brotes de repentina urticaria invaden nuestros cuerpos, un desasosiego vital bergmaniano se apodera de nuestras almas con el mero hecho de imaginarnos como los responsables de esos productos televisivos. Actualmente vamos ofreciendo por ahí formatos más bien pequeños (No sea que la marca se espante de invertir mucho dinero… como si producir y programar anuncios fuese barato) con un enfoque que suele oscilar entre lo divulgativo y lo cultural (Como si las marcas quisieran ser cool, distinguirse por arriba de su competencia y acceder a las elites de consumidores… en lugar de llegar a cuantos más, mejor) y, por norma general, nos los comemos con papas.

Hace poco se me reveló esta problemática de forma clara a raíz de un interesante debate surgido en un grupo de Linkedin. Jaime López-Amor, un productor con una incansable capacidad para generar información y sinergias en torno al mundillo del branded content, fue el responsable de que unos cuantos nos pusiéramos a intercambiar opiniones en torno a porqué las grandes cadenas suelen ser poco receptivas a proyectos de contenido de marca, y más cuando éstos vienen de manos de productoras de tamaño medio o pequeño. La cosa llegó a tal punto de intensidad que derivó en un desayuno de trabajo (al que lamentablemente no pude acudir) en la sede de Atresmedia, auspiciado por Sacha Buendía y que seguramente fue de lo más enriquecedor. Afortunadamente Javier Regueira (Recomiendo a todos seguir su blog, pues es una de las personas que más claro lo tiene en todo el negocio, a mi entender) se molestó en hacer un resumen que podéis consultar aquí.

Los creativos piensan en las marcas, pero... ¿Y en las cadenas?

Los creativos piensan en las marcas, pero… ¿Y en las cadenas?

Pues bien, en aquel debate la cadena en cuestión dejó muy claro que los proyectos de branded content que les interesan a ellos son los que comparten el ADN del canal, los que están en sintonía con sus valores, los que transmiten su identidad y ayudan a alcanzar sus objetivos empresariales. ¡Y es normal! Muchas veces nos creemos que las cadenas se sentirán locas de contentas por obtener un contenido si esté lo paga la marca, independientemente de qué tipo de contenido sea… eso es tan pueril como pensar que aceptarían emitir un concurso en el que los participantes que fallen pueden salir volando por los aires en pedacitos, sólo porque lo paga un fabricante de minas antipersona.

Como creativos, debemos entonar un mea culpa por desatender completamente los intereses de uno de los dos extremos del engranaje. A nadie se le ocurre desarrollar un branded content sin estudiar con detalle todos los valores y necesidades comunicativas de la marca comercial, pero ni nos planteamos hacer lo mismo con la cadena. A lo más que llegamos es a pensar en la ubicación según el target del proyecto; nos decimos: “Esto tiene un punto muy urbano, servirá para Cuatro” o “El programa es juvenil, lo llevaremos a Neox” o “Tiene humor, vamos a La Sexta” pero no nos hacemos la pregunta fundamental: “¿A cuanta gente le interesa esto y se sentaría a verlo por la tele?”.

No nos engañemos, el ADN de las cadenas es muy claro y lo fundamental para ellas no es ser un canal blanco, apostar por contenidos familiares o la línea editorial de los informativos; la esencia misma de toda cadena generalista es la de emitir programas capaces de congregar a cuatro o más millones de personas frente al televisor… y a ser posible cada noche. Eso, tan sencillo de entender y tan complicado de conseguir, es lo que ha movido desde siempre el negocio de la televisión y los proyectos de branded content no van a cambiarlo.

Así que quizá es hora de ponerse a parir formatos pensando a lo grande y en ser ambiciosos, porque todos saldrían ganado con ello. Un ejemplo: con la que está cayendo en la industria musical y la desesperación del sector por encontrar nuevas vías de negocio ¿Qué marca no iba a querer vincularse a un fenómeno como “La voz”?, ¿Quién se negaría a financiar un programa que te puede hacer ganar 6 millones de fans en tres meses? Estoy convencido de que las marcas entrarían a ese juego si se les propusiera, y la cadena estaría encantada de compartir los tremendos gastos de sus shows de mayor espectacularidad… pero me da la impresión de que hay muy pocas propuestas de este estilo encima de la mesa. Igual somos nosotros los que no les sabemos ver la oportunidad al uso de famosotes, a las situaciones de morbo y polémica, etc. y hacerlas funcionar a favor de marca. Porque si algo está claro es que funcionar, funcionan.

Los creativos siempre tenemos el anhelo del “fuck the average guy” de David Simon en la cabeza, pero me temo que para conseguir producir un proyecto de branded content en una cadena mayoritaria la cosa sigue siendo: “Idolize the average guy”. La diferencia entre un planteamiento u otro será la misma que entre tirarse a la piscina con gracia y elegancia o que te tiren y acabes empapado y magullado.

 

Hasta que nos leamos.

Amar los nuevos tiempos revueltos

 

En este 2012 que, televisivamente hablando, parece pasar volando estoy aprendiendo muchísimo respecto a los nuevos consumos de ocio, la manera de producir contenidos de entretenimiento y el camino que está tomando el negocio audiovisual. Parece ya que fue hace una eternidad (Y no han pasado ni cuatro meses) cuando tuve mi primer acercamiento a conceptos como Transmedia, Televisión Social, Gamificación, Segundas pantallas, audiencia activa, engagement, experiencia participativa y tantos otros que comienzan a ser el ABC de todos los que nos dedicamos a esto de entretener a millones de espectadores a través de contenidos audiovisuales.

En las últimas semanas he tenido la posibilidad de vivir en mis propias carnes hasta que punto está implantada esta nueva realidad y cuan rápido se incorpora a nuestro sistema de vida. Os pongo en antecedentes: Mis suegros son de Barcelona y cada septiembre suelen venir a Málaga a pasar unos días con mi mujer y conmigo. Como los dos somos freelances y trabajamos desde casa, hemos estado comiendo los cuatro juntos diariamente y pasando un tranquilo rato de sobremesa antes de que a nosotros nos tocase volver al currelo. A esa hora en mi casa no se perdona “Amar en tiempos revueltos”, la veterana ficción diaria de TVE es de las series preferidas de mi mujer y su madre comparte con ella esa afición, con lo que se suele ver el capítulo cada tarde.

Ahora viene lo bueno, que es la evolución de mi suegra en la forma de consumir su serie favorita: al principio se producía un visionado tradicional, y por tanto pasivo, en el que se sentaba a ver el episodio y su única  actividad extra posible era comentarlo con la persona sentada a su lado en el salón. A los tres o cuatro días de estar en casa le enseñamos lo que se puede hacer con un I Pad y ya comenzó a ver la serie mientras repasaba fotos familiares y con ellas, recuerdos y anécdotas del pasado. No llevaba una semana con nosotros y ya estaba jugando desde la tableta mientras la emisión, actividad que se prolongaba durante otros muchos ratos muertos y que demuestra el poder de adicción de estos productos en todo tipo de públicos. Para cuando se han vuelto a Barcelona, el I Pad era ya una extensión natural de su brazo…

Hasta la mísmisima reina de Inglaterra se rinde a los encantos de la tecnología 😉

 

Y lo mejor de todo es que este nuevo mundo desconocido para ella no le restaba un ápice de intensidad a la experiencia tradicional de ver el capítulo de la serie. Es más, uno de los días flipé con su buen ojo clínico al olerse y avisarme de un tremendo punto de giro que se iba a producir minutos después… más bien al contrario, la segunda pantalla enriquecía su experiencia aportando novedad, intensidad y frescura a su tiempo de ocio.

El siguiente paso, que ya no nos dio tiempo a dar, sería que mi suegra descubriera que su consumo con la tableta puede estar relacionado con su consumo de televisión. Muchos creerán que en esta seríe, por el tipo de público al que va dirigido, no se cuidan los productos derivados más allá del formato tradicional  (La línea clásica de novelas, libros de receta, etc.). Sin embargo, darse un paseo por la web de RTVE es darse cuenta de la cantidad de herramientas y productos derivados que hay a disposición de los aficionados a la serie para ser consumidos a través de ordenadores, tablets y smartphones.

Mi suegra es una mujer muy preparada y con una gran trayectoria profesional en su haber, pero ya está jubilada y de tecnología e informática sabe lo justo para defenderse en el mundo de hoy. Si alguien de este perfil es capaz de darle la vuelta a su forma de ver TV en diez días es que esto de la nueva televisión es una realidad absoluta. No es que sea “la tele del futuro”, no es que “se acerque el invierno” (como diría cualquier Stark que se precie de serlo) es que el puñetero invierno ya está aquí y está cayendo una nevada de cojones.

Son nuevos tiempos, si. Debido a la crisis económica son muy revueltos, si. Pero desde luego suponen una experiencia mucho más rica para los espectadores, un tablero de juego mucho más grande y atractivo para los creadores y una oportunidad inigualable para que las nuevas ideas y los buenos productos de abran camino… y por todo ello, hay que amarlos.

 

Hasta que nos leamos.

La Rosa Púrpura de Fuencarral

Los acontecimientos que voy a relatar a continuación pueden pareceros fantásticos y delirantes pero, por mucho horror que nos provoquen estos hechos, hemos de asumir que son completamente ciertos. ¿Qué de que va el asunto? ¿Qué porqué tanto misterio? Sólo voy a deciros que el otro día tuve una revelación…

Estaba entregado a la lectura de un interesante post de Teresa Diez Recio sobre los Biopics para televisión, en el que comentaba el uso que se hace en España de este tipo de películas, la predilección por el personaje del mundo del corazón/rosa como protagonista de las mismas y como en Telecinco conseguían hacer un tratamiento transversal del producto a lo largo de toda su parrilla… Y entonces llegó la visión clarividente: las imágenes comenzaron a formarse en mi cabeza con la misma nitidez con la que veía la pantalla del ordenador que tenía delante de las narices ¡Por fin lo comprendí todo!

Telecinco, esa cadena de televisión peor vista que Michael Moore deambulando por mitad de un congreso del Tea Party, ese tiburón mediático sumergido en el mar de la telebasura, esa caspa eternamente pegada a la hombrera de tu chaqueta ¡Resulta que es un ejemplo de nuevas narrativas audiovisuales! Efectivamente, al final resulta que Telecinco es puro transmedia.

Uno de los muchos ejemplos de conectividad entre programas.

Si uno se para a pensarlo, la cadena de Fuencarral ha creado con el paso de los años una amalgama de formatos, programas, personajes, estilo y filosofía de empresa: un universo narrativo tan grande que excede las posibilidades de un canal de TV. Este universo se ha ido expandiendo de forma más o menos natural, abriéndose camino desde un germen poderoso (posiblemente la emisión del primer GH en el año 2000) y que fue implantándose de programa en programa, pasando de reality shows (GH, OT, Supervivientes, etc.) a magacines (Día a Día, El programa de AR), lates shows (Crónicas Marcianas), programas de reportajes (Aquí hay tomate, El Buscador), tertulias (Moros y Cristianos, La noria, Sálvame), dating games (Mujeres, Hombres y viceversa) y demás formatos televisivos.

Esto que ya de por sí es todo un logro, no resulta sino el primer nivel del universo transmedia. Se había creado un gran mundo interconectado, ahora tocaba poblarlo con personajes. Y ahí es cuando comienzan a surgir todo tipo de tertulianos, ex concursantes de reality, famosos venidos a menos, familiares de famosos venidos a menos y un ejercito de “ex–algo de alguien” que lo mismo se convierten en opinadores, que traen exclusivas periodísticas, que co-presentan un programa, etc.

Con el tablero y las fichas dispuestas, comienza la invasión: la narración “telecinquera” salta de la pantalla de la televisión a otras plataformas y medios. Sus personajes ya no sólo pueblan las páginas de las revistas de cotilleo sino que ahora editan las suyas propias, los “rajadores profesionales” escriben blogs donde seguir inventando exclusivas que alimenten la historia (incluso, por terrible que parezca, algún que otro libro), ex concursantes y famosos de medio pelo pasan a formar parte del plantel de programas de radio, todos ellos saturan las redes sociales con su presencia y las utilizan para seguir manteniendo la narración una vez el programa deja de emitirse (en casos como Sálvame, incluso durante la publi… ¡Bravo!), se produce incluso un hecho inaudito hasta la fecha en nuestro país como es que programas de la competencia dediquen un tiempo extraordinario a hablar del “universo telecinco” (Con Sé lo que hicisteis a la cabeza).

Manual sobre cómo entrar a formar parte de “la familia”.

Una vez que la narración ha saltado a todo tipo de medios de comunicación, la maquinaria no puede detenerse. Llega entonces el momento del paso al mundo real para continuar con la trama: Con la excusa del periodismo rosa, la trama se va mezclando cada vez más con la vida privada de los participantes, llegando a confundirse en una mezcolanza en la que no sabemos si todo lo que nos cuentan es real o no. Es en este punto cuando se implica al espectador; a diario aparecen personajes por las discotecas y clubs de toda España, dejándose ver con fulanito, peleándose con menganita… y siempre procurando que haya una cámara o un “exclusivero” delante para contarlo todo al día siguiente en el programa. Como si de un ARG cualquiera se tratase, los personajes aparecen en la vida real y se mezclan con nosotros, pobres mortales, para dejarnos participar de su juego mediático.

Y es que esa es la guinda del pastel; como no podía ser de otra forma hablando de transmedia, la interacción con el público y la oportunidad de éste de convertirse en parte activa de la narración terminan siendo claves en el éxito del relato. Lo que comenzó con votaciones para salvar a un concursante, con llamadas en directo a las tertulias, con freír a tweets a tu admirado famoso de turno o con llevarle un pastel de manzana al presentador y que se lo coma en tu cara mientras da paso a un vídeo…  ha terminado derivando en algo mucho más grande y poderoso a la hora de ganarse el afecto y la fidelidad de tu público: La promesa de que sean cuales sean tus capacidades, puedes llegar a formar parte del “universo telecinco”.

Cualquiera lo suficientemente decidido a mentir como un bellaco sobre un famoso, a operarse las tetas hasta límites insospechados, a humillar a tu familia y amigos en público, a renunciar a su orgullo y dignidad e interpretar un papel exagerado en el programa de turno, a liarse con quien haga falta para captar la atención de una cámara, etc. tiene posibilidades reales de pasar a ser un personaje más del storytelling de Telecinco… ¡Imaginaos lo que significa eso para sus seguidores! ¿Quién no ha soñado con salvar a la humanidad de las máquinas junto a Neo en Matrix, con ayudar a Frodo a destruir el anillo en TLOTR o con  pasar las tardes en el Asturiano con los personajes de Amar los tiempos revueltos? (Por poner ejemplos de amplio espectro). Pues los aficionados al universo Telecinco tienen la posibilidad de conseguirlo, como si de la Rosa Púrpura de Fuencarral se tratase…

Mujeres, hombre y viceversa. La cantera de famosos de la cadena.

Es por eso que el público ve masivamente esta cadena, porque se ha convertido en la muestra viviente de que otra vida es posible. Juegan entonces sueños y anhelos mucho más poderosos que la simple filia o fobia que se suele desarrollar ante un mero programa de TV. Aquí hablamos de ascender al Olimpo y convertirse en uno de los dioses. Y al que le parezca que exagero, tan sólo quiero recordarles que una veinteañera del barrio madrileño de San Blas se ligó hace unos años a un torero y mirad dónde está ahora…

Hace un par de años me comentaba un miembro del departamento de ficción de T5 (Dirigido por aquel entonces por David Martínez) que no comprendían el fracaso de la mayoría de las series de la cadena. Salvo casos puntuales (Aída, Tierra de Lobos y La que se avecina) todo lo estrenado por la cadena desde entonces hasta ahora ha sido o un rotundo fracaso (Vida loca, Cheers, Parejología 3×2, Piratas, Homicidios) o un aprobado raspado pasándole un poco la mano (La fuga, Ángel o Demonio, Punta Escarlata). Ellos se extrañan… yo no.

El público de Telecinco no está interesado en las historias que cuentan las series de la cadena, está interesadísimo en la historia que cuenta la propia cadena a través de sus programas de “no ficción”. Vasile y cía. (Que gran nombre para una serie sobre los entresijos de este mundillo, oigan) han conseguido algo mucho más difícil que fabricar el nuevo Águila Roja, han logrado seriar las propias vidas de las caras reconocibles de la cadena (con sus buenos y sus malos, con sus protagonistas y sus secundarios, sus fichajes de nueva temporada y sus abandonos…) y además lo han hecho en un perfecto ejemplo de transmedia storytelling que abarca multiplataforma, segundas pantallas, TV social, gamificación y cualquier otro concepto “de vanguardia” que se nos ocurra. Una narración que ha creado a “la princesa del pueblo” de la nada, que colapsa twitter con fenómenos como el #GraciasSara, que no duda en venderte la enfermedad de su presentadora Terelu Campos o en hacer volver a Ana Rosa de vacaciones para hincarle el diente al caso Bretón y ganar la batalla de la audiencia a, la por unos días no tan blanca, Antena 3. Efectivamente señores, en Telecinco nos están contando la mayor historia de terror de la televisión española, que ríete tú de Chicho Ibáñez Serrador…

Esta evolución si que da miedo.

Si, como en la película de Woody Allen, algún día estoy viendo la tele tranquilamente en casa y un personaje del universo Telecinco sale de la pantalla para invitarme a entrar en su mundo… si eso llegase a pasarme, sólo le pido a la vida que, por lo que más quiera, me toque Pilar Rubio.

Hasta que nos leamos.