La Rosa Púrpura de Fuencarral

Los acontecimientos que voy a relatar a continuación pueden pareceros fantásticos y delirantes pero, por mucho horror que nos provoquen estos hechos, hemos de asumir que son completamente ciertos. ¿Qué de que va el asunto? ¿Qué porqué tanto misterio? Sólo voy a deciros que el otro día tuve una revelación…

Estaba entregado a la lectura de un interesante post de Teresa Diez Recio sobre los Biopics para televisión, en el que comentaba el uso que se hace en España de este tipo de películas, la predilección por el personaje del mundo del corazón/rosa como protagonista de las mismas y como en Telecinco conseguían hacer un tratamiento transversal del producto a lo largo de toda su parrilla… Y entonces llegó la visión clarividente: las imágenes comenzaron a formarse en mi cabeza con la misma nitidez con la que veía la pantalla del ordenador que tenía delante de las narices ¡Por fin lo comprendí todo!

Telecinco, esa cadena de televisión peor vista que Michael Moore deambulando por mitad de un congreso del Tea Party, ese tiburón mediático sumergido en el mar de la telebasura, esa caspa eternamente pegada a la hombrera de tu chaqueta ¡Resulta que es un ejemplo de nuevas narrativas audiovisuales! Efectivamente, al final resulta que Telecinco es puro transmedia.

Uno de los muchos ejemplos de conectividad entre programas.

Si uno se para a pensarlo, la cadena de Fuencarral ha creado con el paso de los años una amalgama de formatos, programas, personajes, estilo y filosofía de empresa: un universo narrativo tan grande que excede las posibilidades de un canal de TV. Este universo se ha ido expandiendo de forma más o menos natural, abriéndose camino desde un germen poderoso (posiblemente la emisión del primer GH en el año 2000) y que fue implantándose de programa en programa, pasando de reality shows (GH, OT, Supervivientes, etc.) a magacines (Día a Día, El programa de AR), lates shows (Crónicas Marcianas), programas de reportajes (Aquí hay tomate, El Buscador), tertulias (Moros y Cristianos, La noria, Sálvame), dating games (Mujeres, Hombres y viceversa) y demás formatos televisivos.

Esto que ya de por sí es todo un logro, no resulta sino el primer nivel del universo transmedia. Se había creado un gran mundo interconectado, ahora tocaba poblarlo con personajes. Y ahí es cuando comienzan a surgir todo tipo de tertulianos, ex concursantes de reality, famosos venidos a menos, familiares de famosos venidos a menos y un ejercito de “ex–algo de alguien” que lo mismo se convierten en opinadores, que traen exclusivas periodísticas, que co-presentan un programa, etc.

Con el tablero y las fichas dispuestas, comienza la invasión: la narración “telecinquera” salta de la pantalla de la televisión a otras plataformas y medios. Sus personajes ya no sólo pueblan las páginas de las revistas de cotilleo sino que ahora editan las suyas propias, los “rajadores profesionales” escriben blogs donde seguir inventando exclusivas que alimenten la historia (incluso, por terrible que parezca, algún que otro libro), ex concursantes y famosos de medio pelo pasan a formar parte del plantel de programas de radio, todos ellos saturan las redes sociales con su presencia y las utilizan para seguir manteniendo la narración una vez el programa deja de emitirse (en casos como Sálvame, incluso durante la publi… ¡Bravo!), se produce incluso un hecho inaudito hasta la fecha en nuestro país como es que programas de la competencia dediquen un tiempo extraordinario a hablar del “universo telecinco” (Con Sé lo que hicisteis a la cabeza).

Manual sobre cómo entrar a formar parte de “la familia”.

Una vez que la narración ha saltado a todo tipo de medios de comunicación, la maquinaria no puede detenerse. Llega entonces el momento del paso al mundo real para continuar con la trama: Con la excusa del periodismo rosa, la trama se va mezclando cada vez más con la vida privada de los participantes, llegando a confundirse en una mezcolanza en la que no sabemos si todo lo que nos cuentan es real o no. Es en este punto cuando se implica al espectador; a diario aparecen personajes por las discotecas y clubs de toda España, dejándose ver con fulanito, peleándose con menganita… y siempre procurando que haya una cámara o un “exclusivero” delante para contarlo todo al día siguiente en el programa. Como si de un ARG cualquiera se tratase, los personajes aparecen en la vida real y se mezclan con nosotros, pobres mortales, para dejarnos participar de su juego mediático.

Y es que esa es la guinda del pastel; como no podía ser de otra forma hablando de transmedia, la interacción con el público y la oportunidad de éste de convertirse en parte activa de la narración terminan siendo claves en el éxito del relato. Lo que comenzó con votaciones para salvar a un concursante, con llamadas en directo a las tertulias, con freír a tweets a tu admirado famoso de turno o con llevarle un pastel de manzana al presentador y que se lo coma en tu cara mientras da paso a un vídeo…  ha terminado derivando en algo mucho más grande y poderoso a la hora de ganarse el afecto y la fidelidad de tu público: La promesa de que sean cuales sean tus capacidades, puedes llegar a formar parte del “universo telecinco”.

Cualquiera lo suficientemente decidido a mentir como un bellaco sobre un famoso, a operarse las tetas hasta límites insospechados, a humillar a tu familia y amigos en público, a renunciar a su orgullo y dignidad e interpretar un papel exagerado en el programa de turno, a liarse con quien haga falta para captar la atención de una cámara, etc. tiene posibilidades reales de pasar a ser un personaje más del storytelling de Telecinco… ¡Imaginaos lo que significa eso para sus seguidores! ¿Quién no ha soñado con salvar a la humanidad de las máquinas junto a Neo en Matrix, con ayudar a Frodo a destruir el anillo en TLOTR o con  pasar las tardes en el Asturiano con los personajes de Amar los tiempos revueltos? (Por poner ejemplos de amplio espectro). Pues los aficionados al universo Telecinco tienen la posibilidad de conseguirlo, como si de la Rosa Púrpura de Fuencarral se tratase…

Mujeres, hombre y viceversa. La cantera de famosos de la cadena.

Es por eso que el público ve masivamente esta cadena, porque se ha convertido en la muestra viviente de que otra vida es posible. Juegan entonces sueños y anhelos mucho más poderosos que la simple filia o fobia que se suele desarrollar ante un mero programa de TV. Aquí hablamos de ascender al Olimpo y convertirse en uno de los dioses. Y al que le parezca que exagero, tan sólo quiero recordarles que una veinteañera del barrio madrileño de San Blas se ligó hace unos años a un torero y mirad dónde está ahora…

Hace un par de años me comentaba un miembro del departamento de ficción de T5 (Dirigido por aquel entonces por David Martínez) que no comprendían el fracaso de la mayoría de las series de la cadena. Salvo casos puntuales (Aída, Tierra de Lobos y La que se avecina) todo lo estrenado por la cadena desde entonces hasta ahora ha sido o un rotundo fracaso (Vida loca, Cheers, Parejología 3×2, Piratas, Homicidios) o un aprobado raspado pasándole un poco la mano (La fuga, Ángel o Demonio, Punta Escarlata). Ellos se extrañan… yo no.

El público de Telecinco no está interesado en las historias que cuentan las series de la cadena, está interesadísimo en la historia que cuenta la propia cadena a través de sus programas de “no ficción”. Vasile y cía. (Que gran nombre para una serie sobre los entresijos de este mundillo, oigan) han conseguido algo mucho más difícil que fabricar el nuevo Águila Roja, han logrado seriar las propias vidas de las caras reconocibles de la cadena (con sus buenos y sus malos, con sus protagonistas y sus secundarios, sus fichajes de nueva temporada y sus abandonos…) y además lo han hecho en un perfecto ejemplo de transmedia storytelling que abarca multiplataforma, segundas pantallas, TV social, gamificación y cualquier otro concepto “de vanguardia” que se nos ocurra. Una narración que ha creado a “la princesa del pueblo” de la nada, que colapsa twitter con fenómenos como el #GraciasSara, que no duda en venderte la enfermedad de su presentadora Terelu Campos o en hacer volver a Ana Rosa de vacaciones para hincarle el diente al caso Bretón y ganar la batalla de la audiencia a, la por unos días no tan blanca, Antena 3. Efectivamente señores, en Telecinco nos están contando la mayor historia de terror de la televisión española, que ríete tú de Chicho Ibáñez Serrador…

Esta evolución si que da miedo.

Si, como en la película de Woody Allen, algún día estoy viendo la tele tranquilamente en casa y un personaje del universo Telecinco sale de la pantalla para invitarme a entrar en su mundo… si eso llegase a pasarme, sólo le pido a la vida que, por lo que más quiera, me toque Pilar Rubio.

Hasta que nos leamos.

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