De pavos reales, franquicias, remakes y otras cuestiones

La siguiente entrada habla de la seducción y la importancia de ésta en la industria audiovisual. Para ilustrarla mejor he incluido algunos ejemplos del vil arte del ligoteo, apoyados todos en mis vivencias como espécimen masculino dotado de una grave torpeza para relacionarse con el género femenino. Por favor, sean clementes y traten de contener la risa.

El gran (por alto) Eduardo Prádanos me descubrió el razonamiento que hoy comparto con vosotros, vaya por delante mi agradecimiento. Fue hace cosa de un mes, mientras disfrutábamos de las dos únicas cervezas que logramos rescatar (hay que ver cómo priva la gente si es gratis…) durante el cóctel que siguió al III Congreso de #ActitudSocial. En un momento de la conversación, Eduardo dijo algo así como: “La batalla de hoy día no es por los anunciantes ni por la audiencia, es por la atención de la gente”. Cuanta razón, oiga.

Si nos paramos a pensar en la cantidad de ofertas de entretenimiento que nos llegan cada día, la cifra puede hasta marear:

Decenas de cadenas de TV con decenas de programas cada una.

Series y películas para pasar una vida entera  sentado en un sillón sin hacer otra cosa que consumirlas.

Cientos de miles de páginas web y blogs con contenido específico para satisfacer la más extraña de las aficiones.

Universos propios como Youtube o Twitter capaces de hacer que el internauta se pierda por una vórtice digital para no volver nunca (esto es en serio, cuantas veces has entrado en el portal de vídeos buscando unas polémicas declaraciones de tal político y has acabado viendo vídeos de teletiendas japonesas…).

El fondo musical y literario de toda la humanidad al alcance de un solo clic.

Miles de marcas comerciales ofreciéndonos contenidos brillantes relacionados de una u otra forma con su producto (con la sana intención de vender, claro está, pero entreteniéndonos por el camino).

Cientos de personas tratando de que veas su última webserie, leas su ingeniosa crítica de la nueva peli de Almodóvar o Haneke, admires las fotos de lo que se está comiendo, etc.

Y para colmo, si todo esto fuera poco, la tecnología nos permite hacer casi cualquiera de estas cosas por nosotros mismos y emplear todo nuestro tiempo en lograr terminarlo y en promocionarlo al mundo exterior.

Con este panorama tan saturado no es raro llegar a la conclusión anterior. Efectivamente, la gran pelea está en conseguir sacar la cabeza de entre toda la competencia y gritar a pleno pulmón: “¡Hola, estoy aquí… mira lo que tengo para ti!”. Como cuando un chico intenta ligar en una discoteca abarrotada de gente, lo realmente difícil es lograr que la chica (el consumidor, en nuestro caso) se fije en él y no en cualquier otro, quizá más guapo, más listo o más atrevido.

** Una aclaración, se aconseja no tratar de ligar en una discoteca diciéndole a una chica: “¡Hola, estoy aquí… mira lo que tengo para ti!”, porque lo más fácil es que te lleves una buena hostia.

Para llamar la atención hay que diferenciarse del resto de algún modo.

Para llamar la atención hay que diferenciarse del resto de algún modo.

La Naturaleza, en su infinita sabiduría, ha otorgado a los animales el don del cortejo como forma clara de llamar la atención del sexo contrario y poder ser el macho elegido para la procreación; hablamos de ese pavo real extendiendo su vistosa cola o del ave del paraíso con su gracioso bailoteo… Muchas veces se trata más de las formas que del contenido, y la industria audiovisual lo ha copiado a la perfección.

Una vez tenemos esto claro, comenzamos a entender la tendencia dominante en la industria del ocio de masas durante los últimos 15 años. Con la llegada del nuevo milenio vimos como las carteleras de cine, las parrillas televisivas y las estanterías de las librerías se llenaban de adaptaciones, remakes, trilogías alargadas en exceso, precuelas, secuelas, biopics y toda clase de material que se basa de alguna manera en una obra anterior.

Porque sigue sucediendo lo mismo que cuando el chaval consigue ligar en la discoteca. Para el común de los mortales no es algo que suceda cada sábado por la noche (tener un éxito habitual en eso, como en la TV y en el cine, está reservado a pocos) y cuando uno lo logra intenta aprovechar al máximo su éxito provocando una segunda, tercera o cuarta cita… hasta que o bien la chica se aburre o bien se enamora de ti. Exactamente las mismas dos cosas que ocurren en la industria del ocio: que el consumidor se harta de tu producto o se hace fan de él.

De ahí se entiende que decidiesen convertir una obra redonda y perfectamente acabada como “Matrix” en una deslucida trilogía; que Hollywood se volcase con enfermiza devoción a adaptar cualquier comic de éxito, por freak y minoritario que fuese su público original; que opten por estirar el chicle y convertir la última entrega de sagas, ya de por si largas, como “Crepúsculo” o “Harry Potter” en dos películas distintas; o que se haya multiplicado el interés por adaptar al mercado internacional series y películas locales (Desde “Abre los ojos”, “Rec” o “Funny games” a “Forbrydelsen” y “Hatufim”). Porque está claro que en la carrera por captar el interés de la audiencia cualquier mínima ventaja es clave, y contar de partida con una base de fans incondicionales o una buena reputación es una prerrogativa importante. No es lo mismo vender de la nada a hacerlo sabiendo que arrancas con un público cautivo numeroso o que cuentas con el slogan de “el thriller que ha arrasado en media Europa”.

Hacer una película y que sea un éxito es disparar a una diana con una sola bala en la recámara, y que tu producto sea conocido de antemano hace que esa diana sea mucho más grande. Como productor, da menos vértigo gastarse cientos de millones de euros en una película si ésta se llama “X Men” y tiene a sus espaldas a millares de fans de los comics en todo el mundo. Una vez has acertado está claro el camino a seguir ¿Para qué apostar por una idea nueva sin garantías cuando puedes seguir sacándole jugo a la que ya ha conseguido llamar la atención de la gente?. Ahí es cuando llegan “X Men 2” y “X Men: the last stand” y se demuestra que es más fácil tener éxito con una franquicia conocida aunque la calidad, como en el caso de la última película, baje notablemente. Y si sucede esto, tampoco pasa nada… se vuelve a empezar de nuevo y todo arreglado, como el caso de “X Men: first class”. Porque lo importante una vez se ha atrapado al espectador es no soltarlo bajo ningún concepto.

Ciudado con esta última máxima, porque llevada al terreno de las relaciones amorosas suele acabar en denuncias por secuestro y acoso, os lo aseguro…

La franquicia sigue viva y con pelliculas por estrenar.

La franquicia sigue viva y con pelliculas por estrenar.

Cuantas veces no hemos despotricado todos sobre la falta de ideas y el conservadurismo de la industria audiovisual. Cuantos no hemos puesto el grito en el cielo al comprobar que Hollywood se decidía por hacer un remake de “Evil dead”, que sin duda adolecerá de toda la magia de la versión original, o que Mediaset apostaba por la versión española de “Entre fantasmas” después de haber comprobado, en primera persona o no, las hostias que se pegaron las adaptaciones de “Cheers”, “Las chicas de oro”. “Life on mars” o “Matrimonio con hijos”. Y la respuesta a este tipo de “locuras” no es que los productores y directivos son lerdos, no. Lo que son es prudentes, quizá en exceso, con los millones de euros que se juegan. Ellos apuestan por llamar nuestra atención y lo cierto es que muchas veces lo consiguen, porque somos bastantes los que vemos estos productos por fidelidad al original o por simple curiosidad. El problema viene a la hora de valorarlos y hablar de ellos (en el caso de las pelis) o de seguir consumiendo (en el de las series)… pero la batalla por la atención la ganan. Por eso a veces elijen un producto que saben que no es tan brillante pero que parte con algo ventaja, por su notoriedad.

Sucede lo mismo que cuando un amigo nos habla de su compañera de oficina la soltera, que no es gran cosa pero que le ha comentado las ganas que tiene de conocer gente nueva… sabemos que probablemente no es la mujer de nuestras vidas, pero le damos una oportunidad y quedamos con ella porque es más fácil partir de ahí, que peleando desde cero en un bareto y medio trompa.

A día de hoy se nos llena la boca hablando de narraciones transmedia como una forma superior de contar historias. Pero si lo analizas desde el punto de vista comercial, una de las gracias del transmedia es precisamente conseguir prolongar en el tiempo la historia. Una vez que tienes la atención de tu público la tratas de mantener introduciéndolo en tu universo, por eso se amplia el campo de juego del usuario, para que pase más tiempo con nuestro producto (o sea, que tenga más citas con nosotros). Por eso también se le invita a ser parte activa de la trama: porque si se trata de conseguir la atención de la audiencia, cuanto más involucrada esté, más interesada… y uno se involucra más participando de algo que siendo un mero espectador.

Y ahora que lo pienso en el ligoteo también hay mucho de transmedia, ya que se mantiene la narración usando distintos canales: una cita cara a cara, un tonteo por whatsapp, conocerse en un chat, compartir alguna foto en su muro de facebook, grabarle una recopilación de canciones (¿Alguien sigue haciendo eso?), etc. son formas de mantener viva la historia saltando de un medio a otro; y además el discurso se adapta a la naturaleza de cada soporte y la coparticipación es absoluta… ¡Mola!

En definitiva, que conseguir llamar atención del espectador para que consuma tu producto audiovisual es de lo más importante y complicado hoy día; hasta tal punto que condiciona muchas de las decisiones y elecciones tanto creativas como de marketing que se toman en esta industria. Ser más conscientes de ello nos ayudará a llevar a buen término nuestros proyectos.

Y si eso no funciona, emborrachadla y decidle cosas bonitas sobre sus ojos…

Hasta que nos leamos.

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Amar los nuevos tiempos revueltos

 

En este 2012 que, televisivamente hablando, parece pasar volando estoy aprendiendo muchísimo respecto a los nuevos consumos de ocio, la manera de producir contenidos de entretenimiento y el camino que está tomando el negocio audiovisual. Parece ya que fue hace una eternidad (Y no han pasado ni cuatro meses) cuando tuve mi primer acercamiento a conceptos como Transmedia, Televisión Social, Gamificación, Segundas pantallas, audiencia activa, engagement, experiencia participativa y tantos otros que comienzan a ser el ABC de todos los que nos dedicamos a esto de entretener a millones de espectadores a través de contenidos audiovisuales.

En las últimas semanas he tenido la posibilidad de vivir en mis propias carnes hasta que punto está implantada esta nueva realidad y cuan rápido se incorpora a nuestro sistema de vida. Os pongo en antecedentes: Mis suegros son de Barcelona y cada septiembre suelen venir a Málaga a pasar unos días con mi mujer y conmigo. Como los dos somos freelances y trabajamos desde casa, hemos estado comiendo los cuatro juntos diariamente y pasando un tranquilo rato de sobremesa antes de que a nosotros nos tocase volver al currelo. A esa hora en mi casa no se perdona “Amar en tiempos revueltos”, la veterana ficción diaria de TVE es de las series preferidas de mi mujer y su madre comparte con ella esa afición, con lo que se suele ver el capítulo cada tarde.

Ahora viene lo bueno, que es la evolución de mi suegra en la forma de consumir su serie favorita: al principio se producía un visionado tradicional, y por tanto pasivo, en el que se sentaba a ver el episodio y su única  actividad extra posible era comentarlo con la persona sentada a su lado en el salón. A los tres o cuatro días de estar en casa le enseñamos lo que se puede hacer con un I Pad y ya comenzó a ver la serie mientras repasaba fotos familiares y con ellas, recuerdos y anécdotas del pasado. No llevaba una semana con nosotros y ya estaba jugando desde la tableta mientras la emisión, actividad que se prolongaba durante otros muchos ratos muertos y que demuestra el poder de adicción de estos productos en todo tipo de públicos. Para cuando se han vuelto a Barcelona, el I Pad era ya una extensión natural de su brazo…

Hasta la mísmisima reina de Inglaterra se rinde a los encantos de la tecnología 😉

 

Y lo mejor de todo es que este nuevo mundo desconocido para ella no le restaba un ápice de intensidad a la experiencia tradicional de ver el capítulo de la serie. Es más, uno de los días flipé con su buen ojo clínico al olerse y avisarme de un tremendo punto de giro que se iba a producir minutos después… más bien al contrario, la segunda pantalla enriquecía su experiencia aportando novedad, intensidad y frescura a su tiempo de ocio.

El siguiente paso, que ya no nos dio tiempo a dar, sería que mi suegra descubriera que su consumo con la tableta puede estar relacionado con su consumo de televisión. Muchos creerán que en esta seríe, por el tipo de público al que va dirigido, no se cuidan los productos derivados más allá del formato tradicional  (La línea clásica de novelas, libros de receta, etc.). Sin embargo, darse un paseo por la web de RTVE es darse cuenta de la cantidad de herramientas y productos derivados que hay a disposición de los aficionados a la serie para ser consumidos a través de ordenadores, tablets y smartphones.

Mi suegra es una mujer muy preparada y con una gran trayectoria profesional en su haber, pero ya está jubilada y de tecnología e informática sabe lo justo para defenderse en el mundo de hoy. Si alguien de este perfil es capaz de darle la vuelta a su forma de ver TV en diez días es que esto de la nueva televisión es una realidad absoluta. No es que sea “la tele del futuro”, no es que “se acerque el invierno” (como diría cualquier Stark que se precie de serlo) es que el puñetero invierno ya está aquí y está cayendo una nevada de cojones.

Son nuevos tiempos, si. Debido a la crisis económica son muy revueltos, si. Pero desde luego suponen una experiencia mucho más rica para los espectadores, un tablero de juego mucho más grande y atractivo para los creadores y una oportunidad inigualable para que las nuevas ideas y los buenos productos de abran camino… y por todo ello, hay que amarlos.

 

Hasta que nos leamos.

Crowdfunding de toda la vida

¡Que nos gusta un palabro nuevo! Es escuchar un término en inglés al gafapasta de turno y hacérsenos la boca agua a todos… la primera vez que lo oyes, pones cara de interesante mientras piensas para tus adentros: “¿De qué carajo me estará hablando éste?” y en cuanto nadie te mira, sacas el móvil y consultas en la wikipedia lo que significa. Eso si, ya se queda uno con la pistola cargada para soltarle el palabro al primer infeliz que se te cruce, haciéndote el sabiondo y forzando la situación hasta que el pobre desgraciado no tenga más remedio que confesar que no entiende lo que le estás diciendo…

Uno de esos palabros que más fuerza ha cogido en los últimos dos años es “Crowdfunding”, término inglés formado por los términos crowd (cuervo) y funding (fundiendo). O sea: fundiendo cuervos.

Estoooo… como iba diciendo, el término se compone de las palabras crowd (Multitud, grupo) y funding (financiación)… Lo siento, cosas del traductor simultaneo, que ha sido inmediatamente despedido.

O sea que el crowdfunding es la financiación en masa o colectiva. En cine, que es donde más se está explotando la técnica, esto significa que en lugar de buscarte un par de entes públicos o de inversores privados que asuman los costos de producción, divides éstos en una gran cantidad de pequeñas participaciones que ponen a disposición de todo aquel que quiera formar parte del proyecto. En resumidas cuentas, que miles de personas paguen unos pocos euros en lugar de que unos pocos paguen cientos de miles de euros.

No entraré ahora en los entresijos del crowdfunding, ni en porqué está tan de moda ni en cómo debe hacerse correctamente para obtener resultados positivos (en parte porque eso da para otro post y en parte porque no soy ningún experto en la materia. Si os interesa mucho el tema os aconsejo seguir a los chicos de el cosmonauta, proyecto español de referencia mundial en estos menesteres). Yo de lo que voy a hablaros hoy es de que esto que parece tan moderno, tan molón y tan original o novedoso, pues lleva haciéndose toda la vida.

Ejemplo 1: El músico semi profesional.

Paciencia, constancia y fe en uno mismo. Cualidades del músico principiante.

Este es un caso sintomático y de enciclopedia: hay un nivel de músico que se encuentra entre el profesional contrastado que vive de su arte y el perroflauta que va pidiendo por la calle para sacarse unos cuartos y pagar las litronas. Me refiero a todos aquellos que están “por descubrir” y tocando en bares, en el metro o en una plaza. Músicos humildes que apenas ganan dinero con su actuación y que suelen tener una maleta vieja con maquetas de dudosa calidad a un precio muy asequible, gente que a poco que recaude lo suficiente irá corriendo a grabar otra maqueta mejor o a comprar cuerdas para la guitarra…

Este tipo de artistas llevan décadas haciendo crowfunding sin saberlo, sin planearlo con antelación, de la forma más natural posible… Ellos ofrecen a colectivo numeroso (los clientes del bar, los usuarios del metro…) una propuesta artística (su música) y una propuesta comercial (financiar su música para seguir disfrutando de ella) proporcionando a cambio una pequeña recompensa (la maqueta en cuestión). Lo que viene siendo un crowdfunding de libro.

Ejemplo 2: La tómbola.

Ni la de Marisol ni la de Canal Nou ¡La tómbola del Lapicerdo!

Me viene a la cabeza mis años de estudiante en un colegio de los Jesuitas y como cada año se celebraba la fiesta del patrón: San Estanislao de Kostka, un noble polaco al que hicieron santo porque le mataron a golpes unos asaltadores de caminos cuando iba hacia Roma para hacerse cura (Se ve que ese año las candidaturas a santo estaban flojitas y no había mucho dónde rascar…).

En fin, que lo mejor de ese día de fiesta era la gigantesca tómbola benéfica que se montaba y en la que uno podía ganar una gran variedad de premios fantabulosos (en realidad eran una mierda, pero había una bicicleta y los chavales nos cegábamos con ella). Todos hemos estado en tómbolas y gastado dinero allí; si te paras a pensarlo, el planteamiento también es muy de crowdfunding: existe el componente de la pequeña participación (el ticket), el de la colectividad numerosa (el público asistente y especialmente los niños, un target muy fiel y muy consumidor) y el de la recompensa (el premio). Si bien existe una clara propuesta comercial, lo que falta aquí es el componente artístico (por mucho arte que tengan los feriantes del micro con sus frases hechas y su forma de venderte “el perrito piloto”).

Ejemplo 3: El fiestón.

Una fiesta como Dios manda: con su gordo del sombrero mejicano y la policía cortando el rollo.

Eres joven, se acerca tu cumpleaños, tienes ganas de liarla, tus padres no están en casa… pero no tienes un euro ¿Qué haces para salirte con la tuya? Crowdfunding. Se le cuenta a todos los amigos y conocidos el plan y se les vende como la mejor fiesta jamás organizada (éste sería el proyecto. En lugar de arte se ofrece una experiencia sensorial inolvidable y, lo que es más importante, la oportunidad de pillar cacho…). Pero para ser del selecto grupo elegido hay que colaborar en la financiación; a dónde uno sólo no llega, entre todos si es posible. Tenemos otra vez la pequeña participación (los chavales no suelen pasar de los 5 o 6 euros por barba), el colectivo (amigos y conocidos) y la recompensa (el ciego, ligar, etc.).

Este ejemplo adolescente y hormonado se puede trasladar a edades más adultas con un concepto tan clásico como es el “pagar a escote”. Si unas parejas estan cenando en un buen restaurante y a uno le apetece darse el capricho de beber un vino de calidad pero excesivamente caro, no pasa nada: se lanza la propuesta comercial y entre varios se consigue la financiación… en este caso la recompensa es meramente placentera (beberse el vino) y el colectivo más reducido, pero los planteamiento siguen siendo los mismo.

Como estos tres ejemplos hay muchos más, seguro que a vosotros mismos ahora se os ocurren varios distintos. El caso es que al final todo está inventado y que, como nos explican siempre a los guionistas “Las historias ya han sido contadas, la originalidad reside en el enfoque y  punto de vista con que la narres”.

Evidentemente, estos ejemplos no cumplen todos los parámetros de la financiación colectiva, pero si que son unos buenos antecedentes de ésta; una muestra de que para crear algo nuevo hay que analizar lo que existe previamente, tomar las cualidades o características más interesantes para tu negocio y mezclarlas con alguna nueva idea que le otorgue originalidad. En el caso del crowdfunding este hecho novedoso reside en saber hacer partícipe al pequeño financiero de las decisiones creativas y de negocio que surjen en el proyecto. El poder que no le otorga una gran compañía a sus accionistas minoritarios si se lo da el productor de la película a aquellos individuos que le ayudan a costearla. Las formas, como siempre, son muy variadas (Desde capacidad de opinión en diseños al aporte de ideas en cualquier fase de la producción).

Ésta y no otra es la gran novedad del crowdfunding y lo que la enmarca en la línea de movimientos de lo que se conoce como el nuevo audiovisual (Social TV, interactividad con el público, transmedia, gamificación, etc.)

Por mi parte, poco puedo añadir sobre el tema; tan sólo queda aplaudir la originalidad y el oportunismo de aquella mente privilegiada que inventó el “fundiendocuervos”.

Hasta que nos leamos.

La Rosa Púrpura de Fuencarral

Los acontecimientos que voy a relatar a continuación pueden pareceros fantásticos y delirantes pero, por mucho horror que nos provoquen estos hechos, hemos de asumir que son completamente ciertos. ¿Qué de que va el asunto? ¿Qué porqué tanto misterio? Sólo voy a deciros que el otro día tuve una revelación…

Estaba entregado a la lectura de un interesante post de Teresa Diez Recio sobre los Biopics para televisión, en el que comentaba el uso que se hace en España de este tipo de películas, la predilección por el personaje del mundo del corazón/rosa como protagonista de las mismas y como en Telecinco conseguían hacer un tratamiento transversal del producto a lo largo de toda su parrilla… Y entonces llegó la visión clarividente: las imágenes comenzaron a formarse en mi cabeza con la misma nitidez con la que veía la pantalla del ordenador que tenía delante de las narices ¡Por fin lo comprendí todo!

Telecinco, esa cadena de televisión peor vista que Michael Moore deambulando por mitad de un congreso del Tea Party, ese tiburón mediático sumergido en el mar de la telebasura, esa caspa eternamente pegada a la hombrera de tu chaqueta ¡Resulta que es un ejemplo de nuevas narrativas audiovisuales! Efectivamente, al final resulta que Telecinco es puro transmedia.

Uno de los muchos ejemplos de conectividad entre programas.

Si uno se para a pensarlo, la cadena de Fuencarral ha creado con el paso de los años una amalgama de formatos, programas, personajes, estilo y filosofía de empresa: un universo narrativo tan grande que excede las posibilidades de un canal de TV. Este universo se ha ido expandiendo de forma más o menos natural, abriéndose camino desde un germen poderoso (posiblemente la emisión del primer GH en el año 2000) y que fue implantándose de programa en programa, pasando de reality shows (GH, OT, Supervivientes, etc.) a magacines (Día a Día, El programa de AR), lates shows (Crónicas Marcianas), programas de reportajes (Aquí hay tomate, El Buscador), tertulias (Moros y Cristianos, La noria, Sálvame), dating games (Mujeres, Hombres y viceversa) y demás formatos televisivos.

Esto que ya de por sí es todo un logro, no resulta sino el primer nivel del universo transmedia. Se había creado un gran mundo interconectado, ahora tocaba poblarlo con personajes. Y ahí es cuando comienzan a surgir todo tipo de tertulianos, ex concursantes de reality, famosos venidos a menos, familiares de famosos venidos a menos y un ejercito de “ex–algo de alguien” que lo mismo se convierten en opinadores, que traen exclusivas periodísticas, que co-presentan un programa, etc.

Con el tablero y las fichas dispuestas, comienza la invasión: la narración “telecinquera” salta de la pantalla de la televisión a otras plataformas y medios. Sus personajes ya no sólo pueblan las páginas de las revistas de cotilleo sino que ahora editan las suyas propias, los “rajadores profesionales” escriben blogs donde seguir inventando exclusivas que alimenten la historia (incluso, por terrible que parezca, algún que otro libro), ex concursantes y famosos de medio pelo pasan a formar parte del plantel de programas de radio, todos ellos saturan las redes sociales con su presencia y las utilizan para seguir manteniendo la narración una vez el programa deja de emitirse (en casos como Sálvame, incluso durante la publi… ¡Bravo!), se produce incluso un hecho inaudito hasta la fecha en nuestro país como es que programas de la competencia dediquen un tiempo extraordinario a hablar del “universo telecinco” (Con Sé lo que hicisteis a la cabeza).

Manual sobre cómo entrar a formar parte de “la familia”.

Una vez que la narración ha saltado a todo tipo de medios de comunicación, la maquinaria no puede detenerse. Llega entonces el momento del paso al mundo real para continuar con la trama: Con la excusa del periodismo rosa, la trama se va mezclando cada vez más con la vida privada de los participantes, llegando a confundirse en una mezcolanza en la que no sabemos si todo lo que nos cuentan es real o no. Es en este punto cuando se implica al espectador; a diario aparecen personajes por las discotecas y clubs de toda España, dejándose ver con fulanito, peleándose con menganita… y siempre procurando que haya una cámara o un “exclusivero” delante para contarlo todo al día siguiente en el programa. Como si de un ARG cualquiera se tratase, los personajes aparecen en la vida real y se mezclan con nosotros, pobres mortales, para dejarnos participar de su juego mediático.

Y es que esa es la guinda del pastel; como no podía ser de otra forma hablando de transmedia, la interacción con el público y la oportunidad de éste de convertirse en parte activa de la narración terminan siendo claves en el éxito del relato. Lo que comenzó con votaciones para salvar a un concursante, con llamadas en directo a las tertulias, con freír a tweets a tu admirado famoso de turno o con llevarle un pastel de manzana al presentador y que se lo coma en tu cara mientras da paso a un vídeo…  ha terminado derivando en algo mucho más grande y poderoso a la hora de ganarse el afecto y la fidelidad de tu público: La promesa de que sean cuales sean tus capacidades, puedes llegar a formar parte del “universo telecinco”.

Cualquiera lo suficientemente decidido a mentir como un bellaco sobre un famoso, a operarse las tetas hasta límites insospechados, a humillar a tu familia y amigos en público, a renunciar a su orgullo y dignidad e interpretar un papel exagerado en el programa de turno, a liarse con quien haga falta para captar la atención de una cámara, etc. tiene posibilidades reales de pasar a ser un personaje más del storytelling de Telecinco… ¡Imaginaos lo que significa eso para sus seguidores! ¿Quién no ha soñado con salvar a la humanidad de las máquinas junto a Neo en Matrix, con ayudar a Frodo a destruir el anillo en TLOTR o con  pasar las tardes en el Asturiano con los personajes de Amar los tiempos revueltos? (Por poner ejemplos de amplio espectro). Pues los aficionados al universo Telecinco tienen la posibilidad de conseguirlo, como si de la Rosa Púrpura de Fuencarral se tratase…

Mujeres, hombre y viceversa. La cantera de famosos de la cadena.

Es por eso que el público ve masivamente esta cadena, porque se ha convertido en la muestra viviente de que otra vida es posible. Juegan entonces sueños y anhelos mucho más poderosos que la simple filia o fobia que se suele desarrollar ante un mero programa de TV. Aquí hablamos de ascender al Olimpo y convertirse en uno de los dioses. Y al que le parezca que exagero, tan sólo quiero recordarles que una veinteañera del barrio madrileño de San Blas se ligó hace unos años a un torero y mirad dónde está ahora…

Hace un par de años me comentaba un miembro del departamento de ficción de T5 (Dirigido por aquel entonces por David Martínez) que no comprendían el fracaso de la mayoría de las series de la cadena. Salvo casos puntuales (Aída, Tierra de Lobos y La que se avecina) todo lo estrenado por la cadena desde entonces hasta ahora ha sido o un rotundo fracaso (Vida loca, Cheers, Parejología 3×2, Piratas, Homicidios) o un aprobado raspado pasándole un poco la mano (La fuga, Ángel o Demonio, Punta Escarlata). Ellos se extrañan… yo no.

El público de Telecinco no está interesado en las historias que cuentan las series de la cadena, está interesadísimo en la historia que cuenta la propia cadena a través de sus programas de “no ficción”. Vasile y cía. (Que gran nombre para una serie sobre los entresijos de este mundillo, oigan) han conseguido algo mucho más difícil que fabricar el nuevo Águila Roja, han logrado seriar las propias vidas de las caras reconocibles de la cadena (con sus buenos y sus malos, con sus protagonistas y sus secundarios, sus fichajes de nueva temporada y sus abandonos…) y además lo han hecho en un perfecto ejemplo de transmedia storytelling que abarca multiplataforma, segundas pantallas, TV social, gamificación y cualquier otro concepto “de vanguardia” que se nos ocurra. Una narración que ha creado a “la princesa del pueblo” de la nada, que colapsa twitter con fenómenos como el #GraciasSara, que no duda en venderte la enfermedad de su presentadora Terelu Campos o en hacer volver a Ana Rosa de vacaciones para hincarle el diente al caso Bretón y ganar la batalla de la audiencia a, la por unos días no tan blanca, Antena 3. Efectivamente señores, en Telecinco nos están contando la mayor historia de terror de la televisión española, que ríete tú de Chicho Ibáñez Serrador…

Esta evolución si que da miedo.

Si, como en la película de Woody Allen, algún día estoy viendo la tele tranquilamente en casa y un personaje del universo Telecinco sale de la pantalla para invitarme a entrar en su mundo… si eso llegase a pasarme, sólo le pido a la vida que, por lo que más quiera, me toque Pilar Rubio.

Hasta que nos leamos.

La Vuelta a España y las segundas pantallas

La serpiente multicolor

Hace ya algún tiempo que desde RTVE se vienen haciendo bien las cosas en lo que a la implantación de la TV social se refiere. Casos como los de las series “Águila Roja” y “Cuéntame” o el impresionante abanico de posibilidades de la web corporativa son clara muestra de ello.

El último peldaño en la escalera de la televisión del futuro más inmediato lo acaban de subir este verano, añadiendo sus retransmisiones deportivas a esta nueva forma de ofrecer contenidos y relacionarse con los espectadores (que dejan ya de estar expectantes, valga la redundancia, para volverse participativos). La retransmisión de los JJOO de Londres 2012 ha supuesto una revolución para nuestra cadena pública, y deja un gran titular que constata el afianzamiento de los nuevos usos y consumos de televisión: Por primera vez las retransmisiones han sido mayoritariamente seguidas por Internet.

Bien a través de ordenadores, de móviles o de tablets, el consumo de la cita deportiva del año en la página de RTVE ha superado a la emisión tradicional. Esto ha sido posible, principalmente, debido a que en su site ofrecían todas las señales disponibles en cada momento, hasta alcanzar un total máximo de 19. ¿Qué supone esto? Pues algo tan novedoso como que cada espectador puede elegir qué deporte ver en cada momento en lugar de tragarse lo que emitan por la cadena de turno. Una vez más, el emisor (RTVE) entrega el poder al receptor (Espectadores) para que sean ellos los que participen del proceso, convirtiéndose en programadores activos… Chapeau.

Parece que esta declaración de intenciones no hace si no confirmarse ahora que disfrutamos del siguiente gran evento deportivo que ha caído en las manos del ente público: La Vuelta a España 2012. Como ya hiciesen en el pasado Tour de Francia, los narradores de la prueba (Carlos de Andrés y Pedro Delgado) están siempre atentos a Twitter para compartir impresiones con los espectadores, contestar a sus dudas y preguntas e, incluso, ser corregidos por el público si en alguna ocasión meten la pata… esto que quizá no parezca muy novedoso supone, en mi opinión, un tremendo acierto en la estrategia del uso de segundas pantallas durante el consumo de TV, y por varios motivos:

1)   El ciclismo es un deporte con picos de actividad definidos; esto quiere decir que durante las etapas pueden pasar kilómetros y kilómetros “poco interesantes” para el espectador (sobre todo en las llanas y en los principios de etapa). Los que seguimos el ciclismo desde siempre ya estamos más que acostumbrados a realizar una segunda actividad paralela mientras vemos la etapa: desde la mítica siesta de la primera semana de carrera (confieso haber agudizado mis sentidos para abrir el ojo a 500 metros de meta, justo cuando el lanzador deja al sprinter para hacer el último esfuerzo), a leer, jugar a la consola portátil, etc. Sabiendo esto como lo saben en RTVE, han tenido el talento de promover que esa segunda actividad sea realizada en una segunda pantalla y que esporádicamente o de forma constante esté relacionada con su retransmisión. Siendo más claros: ya que sabemos que el público va a hacer otra cosa mientras ve el ciclismo, ofrezcámosle algo que hacer relacionado con nosotros. Un vistazo a Twitter y la posibilidad de comentar con los demás lo que está pasando es un primer paso, y si, además, puedo charlar con los comentaristas y que Perico responda a mi tweet seguramente esté más atento a la tele y me sentiré más identificado con la retransmisión y con la cadena.

2)   El ciclismo es un deporte de retransmisiones especialmente largas. De media nos ofrecen unas dos horas de etapa pero en las grandes citas (la montaña) se puede alargar a tres, cuatro y hasta cinco horas. El comentarista debe armarse de un arsenal de temas para aguantar tanto tiempo sin parar de hablar de cosas medianamente interesantes, y es ahí cuando el poder mantener contacto directo con la audiencia cobra importancia y sentido: dotas de contenido interesante la retransmisión y cubres tiempo de la misma.

3)   Como decíamos, los picos de actividad del ciclismo permiten que se hagan debates de opinión. En una retransmisión de baloncesto, con ritmo casi frenético, no tiene mucho sentido comentar los tweets o responder preguntas, pero en el ciclismo si, y mucho. Chismorreos sobre fichajes, dudas en la forma de entrenar, recuerdo de ediciones pasadas… todo ello es parte habitual de una retransmisión ciclista y el aficionado lo espera y demanda, con lo que ahora estará encantado de poder participar en ellos.

No obstante la novedad más destacable de la retransmisión de la Vuelta 2012 reside en una colaboración a tres bandas que ha llamado mucho mi atención: Organización – cadena de TV – público forman un triunvirato que elige en cada etapa al ganador del premio a la combatividad.

Os pongo en antecedentes: Uno de los premios menores o secundarios que se reparten en cada etapa es el de la combatividad y se entrega a aquel corredor que más ha peleado durante la misma. Si un pobre diablo se pasa 200 Km escapado y el pelotón le coge a 1 de meta se premia su esfuerzo con este galardón (es un ejemplo entre muchos). Este reconocimiento tiene una traducción en metálico importante para muchos corredores y equipos humildes, así como cierta repercusión publicitaria.

Pues bien, en esta edición la organización de la vuelta (A cargo de la empresa Unipublic), cuando quedan unos 30 Km a meta, propone tres nombres o candidatos a la combatividad, éstos son anunciados por TVE y puestos a disposición del público en su web para una votación abierta; finalmente los espectadores son los que deciden con sus votos quien es el merecedor final del reconocimiento.

¿Qué tenemos aquí? Una estrategia crosmedia que aprovecha perfectamente el uso de la segunda pantalla para crear interactividad y participación. El espectador tiene poder, no ya sobre la mera retransmisión, sino sobre el acontecimiento deportivo en si mismo. El valor y la decisión de los organizadores de La Vuelta y los dirigentes de RTVE se traduce en una exitosa iniciativa que engancha al público y le lleva a visitar la web, registrarse y participar. Consecuencias: fidelización de audiencia, incremento de visitas a la web, obtención de datos del usuario, más anunciantes interesados en tu página, sube el caché del patrocinio del premio de la combatividad… o sea, monetización de la inversión y el esfuerzo. Como diría Eduardo Prádanos: ¡Show me the Money!

Creo que este tipo de iniciativas son las que marcarán el futuro de las emisiones de deporte en directo y con las que se conseguirá que este tipo de eventos continúen siendo líderes de audiencia y de seguimiento mayoritario, como hasta ahora. Para mi es toda una alegría comprobar como el tránsito hacia una TV social se hace de manera tan natural y efectiva ya que creo que es el deber y la obligación de las cadenas públicas el liderar esta transición y educar al público en los nuevos consumos de ocio integrado. Mi Enhorabuena a todos los responsables de Unipublic y de RTVE.

Hasta que nos leamos.