El tiempo les dio la razón

ministerio

 

El sueño va sobre el tiempo, flotando como un velero” escribía Lorca y gritaba Camarón. Anoche zarpó otra nave del tiempo, la penúltima, construida ésta por los hermanos Olivares, Anaïs Schaaf, José Ramón Fernández y Paco López Barrio. Capitaneada por el propio Javier Olivares al timón.

Hemos pasado una semana entera leyendo a toda la crítica nacional rendida ante la serie (se hizo un pase previo en Madrid hace días) y esto es raro, por la unanimidad y por lo favorable de los comentarios; en esta semana también hemos podido comprobar cómo TVE anunciaba a bombo y platillo el estreno, lo protegía cambiándolo de día de emisión para evitar a un rival fuerte y le daba al mejor telonero posible en la televisión de este país (un partido de Champions)… por todos lados daba la impresión de que algo estaba cambiando, de que este “Ministerio del tiempo” era algo diferente. Por desgracia, tan altas alabanzas generan también altas expectativas y anoche daba la impresión de jugarse mucho en el primer envite.

La audiencia, sin ser la mejor, fue buena. Hoy en día pocos productos congregan a casi 3 millones de espectadores para el pase de estreno (súmenle los visionados on line a partir de hoy…) y éste lo hizo. Quizás muchos, sus responsables entre ellos, esperasen un poco más (algo lógico a tenor de la calidad de lo visto ayer y de la ilusión con que se estaba recibiendo el producto en los círculos especializados) pero no olvidemos que tratamos con una serie de ciencia ficción, un género minoritario, y que rompe muchos de los esquemas narrativos a los que está acostumbrado el espectador medio patrio. La calidad suele restar público, eso pasa aquí y en todo el mundo; la audiencia de un mentalista multiplica en 5 a la de un breaking bad, por poner un ejemplo… El resultado, en definitiva, fue a mi entender fantástico para ser el producto que es.

Digerido ya el trago del share, podemos hablar de lo interesante: de la serie. Una ficción que muchos han etiquetado rápidamente como un Dr. Who a la española (etiqueta que no gusta a sus creadores) y que a mi me parece mucho más acertado comparar, si es que hay que elegir una ficción inglesa con viajes en el tiempo, con Terry Gilliam y sus enanos ladronzuelos. Pero lo cierto es que “El Ministerio del tiempo” tiene, como todas las grandes series, entidad propia. El concepto es tan innovador, tan simple y llanamente chulo que la sitúa por encima de la media desde su primera secuencia.

Hay mucho que analizar y poco tiempo (¡siempre el tiempo!) para ello. En rápidos titulares decir que el diseño de producción, arte y vestuario resultan muy acertados. Que las interpretaciones de los protagonistas son todas creíbles, cercanas y prometedoras. Fresneda brilla con un personaje muy agradecido y Garrido atrapa con la luz de su inquieta mirada, Sancho baja del trono de Fernando el Católico para construir un convincente hombre de a pie y los secundarios disfrutan de sus personajes-caramelo y hacen disfrutar al espectador con ellos.

De lo que mas me atañe: el guión, el ambiente, el tono y las tramas hablaré más pausadamente: ¡Como se agradece una serie cuyo creador ejerce de productor ejecutivo! Nadie mejor que Olivares sabe qué necesita la serie y eso se refleja en pantalla. Como hace ya tiempo que hicieron los grandes creadores estadounidenses, Olivares renuncia a los corsés de la multitrama para escribir un capítulo orgánico, con una sola historia central salpicada de algún pequeño desarrollo de personajes. El resultado se nota: nada distrae, nada sobra, cada escena es consecuencia de la anterior y causa de la siguiente… Esto, cuando nos dejan, no es tan complicado de hacer.

El espinoso reto de reflejar varias épocas históricas a la vez se supera con nota; no sólo los siglos tienen un aspecto particular y diferenciado unos de otros (el Siglo de Oro es oscuro y dominado por el marrón, el XIX mas luminoso aunque la gente vista de negro, el XVIII tiene la paleta cromática de un cuadro de Goya, etc.) si no que cada personaje es el reflejo del sentimiento de nación existente en ese momento dado de la Historia. Donde Fresneda representa el orgullo patrio y la seguridad en si mismo que da saberse el amo del mundo, Aura Garrido es, como su época, el deseo de dejar atrás lo antiguo y abrazar la modernidad. Rodolfo Sancho, como la España actual, se encuentra descreído de todo y sin ningún motivo de peso para tener fe en la vida o el futuro.

El principal escollo de semejante lío de épocas se intuye en la forma de hablar. Por ahora solo el caballero de Entrerrios tiene marcada una expresividad distinta; entre los demás, si la hay, no se aprecia tanto… A ver que pasa cuando desfilen por las tramas romanos, caballeros medievales y otras faunas mas complicadas de retratar.

Las cuestiones siempre engañosas de los saltos temporales (y sus terribles consecuencias) están bien construidas o, en su defecto, bien maquilladas. A primer visionado nada chirría ni se ve mentido con calzador, y cuando algo pudiera empezar a oler un poco mal saben tirar de humor para autojustificarse (genial el running gag de Terminator). Luego, ya en la tranquilidad de la cama, uno se da cuenta de que para que los personajes vuelvan a dormir cada noche a su tiempo debería existir una puerta para cada día de la Historia, o que es mucha casualidad que los malos descubran un portal que vaya a dar justamente a la posada en la que se aloja “El Empecinado”… Pero son McGuffins que todos usamos y que se perdonan tanto o más que a otras ficciones de viajeros temporales.

Lo mejor, en mi opinión, de la serie es la innegable sensación que deja de tratarse de un producto 100% español. La historia, los personajes, sus reacciones y forma de encarar este peculiar trabajo son nuestros, muy nuestros. Ya no solo los chistes sobre recortes de sueldo sino la actitud misma ante la vida de los personajes son las de un español y no colarían con un sueco, un canadiense ni un italiano. Los autores se permiten, incluso, el lujo de refrendarlo a viva voz en un par de ocasiones (impagable ese: “¿El plan? Somos españoles… improvisemos”). Al terminar el capítulo de anoche, me quedé con la misma sensación que debe tener un británico ante su “Sherlock” o “Dowton Abbey”, con el mismo cuerpo que un norteamericano que acaba de ver “The Sopranos”: que había presenciado un producto con denominación de origen, algo intrínsecamente mío. Eso, hablando de una serie de high concept con este nivel es para sentirse francamente orgullosos.

“El Ministerio del tiempo” es la consecuencia lógica de la trayectoria de Javier Olivares. Un historiador metido a guionista que acaba haciendo divulgación histórica a base de entretenidos productos de ficción. Las cosas, cuando salen del corazón, de las tripas o de ambas, suelen ser auténticas y “El Ministerio…” lo es.

Por desgracia, también es otra cosa: “El Ministerio del Tiempo” supone el testamento de Pablo Olivares. Un hombre talentoso que nos dejó demasiado pronto y, a juzgar por lo visto ayer, en la cumbre de su carrera. Como todo testamento, tiene un punto triste; pero en este caso lo que Pablo nos lega es todo un regalo: la muestra de que la ficción televisiva española puede brillar con la misma intensidad que la de cualquier otro país, que por fin ha alcanzado el punto de madurez suficiente como para tomarse en serio a sí misma y a su público y ofrecer series bien equilibradas entre el producto de entretenimiento y la obra de arte.

¡Y llega justo a tiempo!

 

Hasta que nos leamos.

 

Copiando las telemetrías

telemetrias

A muchos de vosotros quizá no os suene de nada esta expresión proveniente de la Fórmula 1. La telemetría es una tecnología que permite la medición de magnitudes físicas a distancia (podéis leer más sobre el tema aquí); la frase del título hace alusión a las ocasiones en que un piloto imita la táctica y manera de conducir de su compañero de escudería para mejorar o, al menos, igualar sus resultados.

Parece que este fenómeno no es exclusivo de la alta competición del motor, en el campo de batalla televisivo, las distintas cadenas hace tiempo que parecen instaladas en la comodidad de copiarse tácticas de programación las unas a las otras y se echa de menos la capacidad de investigación, de asumir riesgos e innovar que había en los primeros años de la televisión privada.

De todos es sabido que España mantiene un horario de prime time distinto al del resto de occidente. La franja estrella del consumo televisivo en nuestro país empieza más tarde y termina más tarde que en ningún sitio, avalada por la creencia de que los españolitos cenamos a las tantas… Eso, que ha sido una verdad invariable, hace tiempo que no lo es tanto y en las grandes ciudades (que es donde se juega principalmente esta batalla por el share) se tiende cada vez más al horario de nuestros socios comunitarios. El común de los trabajadores madruga y entra a trabajar a unas horas que no aconsejan estar viendo la TV hasta bien pasada la media noche.

Un ejemplo del clásico consumo por franjas en que la noche es el rey.

Un ejemplo del clásico consumo por franjas en que la noche es el rey.

Analicemos el recorrido ideal para un canal generalista, suponiendo que el espectador comienza a verlo a las 9 de la noche: a esa hora encontraría el informativo, presunto intocable de la parrilla, que viene a durar unos tres cuartos de hora y desemboca en el programa de Access prime time. Otro calvario de 45-50 minutos de entretenimiento y/o humor que hemos de superar para ver el teórico plato fuerte (y ya van hora y cuarenta minutos en el contador). Si el programa estrella es una serie nacional, hablamos de entre 60 a 75 minutos de contenido a los que hay que sumar 15 o 20 de bloques publicitarios. Como pronto, el final del capítulo se alcanza a las 00:15 de la madrugada. De tratarse de una serie extranjera, como doblan capítulo y estos duran 45 o 50 minutos, la situación es peor aún. Si tenemos la mala suerte de estar viendo un programa de entretenimiento de gran formato (talents, realities, etc.) hay que sumar otro cuartito de hora a la duración del formato y otro bloque de publi, con lo que estamos más cerca de la una de la madrugada que de otra cosa. Sólo TVE y su ausencia de anuncios rebajan estos horarios demenciales, aunque únicamente en lo que se refiere a la hora de terminar el primer time.

La situación ha llegado a un absurdo tal, que cada vez tenemos que esperar más para ver el programa estrella (22:40 horas en casi todas las cadenas).  Tanto los informativos como los formatos de acces han visto engordada su duración hasta rondar la hora; en el caso de los primeros, en gran parte por culpa por la cobertura deportiva y del tiempo, que se han convertido en miniprogramas casi independientes del informativo principal. En el caso de los programas teloneros, las cadenas han comprobado que en esa franja horaria hay muchísima gente viendo la TV, más que a partir de las 23:30, así que tratan de aprovecharlo estirando los contenidos del formato de acces prime time… lo incomprensible del asunto es que con un telediario más corto (los 30 minutos de toda la vida eran más que suficientes) y un acces más breve tendrían a todo ese púbico que no quieren dejar escapar viendo su programa estrella desde hace un rato y dispuestos a aguantar la emisión hasta el final, ya que éste se produce a una hora razonable.

El miedo a qué programar a partir de las once y media de la noche agarrota a las cadenas y les impide sacar el máximo provecho a las dos horas anteriores, las realmente fuertes.  Y por el camino no se enteran de que el consumidor comienza a montarse la fiesta por su cuenta, harto de someterse al horario dictatorial de los canales. Cada día me llegan más testimonios de amigos y allegados que consumen su propio acces prime time mientras esperan al tardío comienzo del programa o serie que les gusta consumir en la tele.  Si, me gusta ver “Gran Hotel” y lo voy a hacer en su emisión original, pero ni por asomo te creas que para ello me voy a tragar “el hormiguero” porque sí; me pongo un capítulito de “Breaking Bad”  en Wuaki y me quedo tan ancho… y ahora corres el riesgo de que me enganche y decida ver algún otro más, dejando para mañana el visionado de “gran hotel” a la carta en tu web…

El negocio ha cambiado. O programas bien, o el usuario se autoprogramará las emisiones.

El negocio ha cambiado. O programas bien, o el usuario se autoprogramará las emisiones.

Ante este panorama de poca coherencia entre hábitos del público y oferta televisiva, lo lógico sería pensar que alguna cadena estuviera dispuesta a arriesgar programando de otra manera y variando la oferta de contenidos y horarios… pero nada más lejos de la realidad; nuestros grandes grupos audiovisuales se limitan a copiarse las telemetrías para minimizar sus pérdidas.

Se echa en falta los tiempos en que una cadena como Telecinco era capaz de programar a contracorriente y prescindir de los informativos, relegando éstos a una única emisión al filo de la medianoche (el mítico “Entre hoy y mañana” de Luís Mariñas). O las apuestas en ficción del antiguo Canal + en abierto (del que se suponía que Cuatro heredaba su espíritu y filosofía, aunque ya no quede rastro de ello) que nos regalaban una última hora de la tarde cuajada de excelentes sit coms americanas. Lo mismo ocurría cuando alguien se atrevía a innovar programando un formato made in late night en plena sobremesa dominical, como fue el mítico primer “Caiga Quien Caiga” (¿Alguien se imagina ahora a Wyoming en esa franja?). En aquella época teníamos posiblemente peores programas de televisión, pero había mucha más variedad y valentía que ahora.

Hoy, comprobamos a diario como La Sexta y Cuatro no dejan de copiarse los movimientos el uno al otro (desde los informativos deportivos a los magazines de actualidad en la tarde), vemos que entre Antena 3 y Telecinco se replican continuamente formatos de reality (el último y flagrante ejemplo, el mundo “piscina de famosos” vivido esta primavera o la actual fiebre por los formatos de cocina), asistimos atónitos a como en un país con casi 5 millones de parados las cadenas siguen pensando que por las mañanas sólo ven la tele las amas de casa, o al hecho de que la programación infantil haya desaparecido por completo de las parrillas generalistas, limitándose ésta a contenedores de series (en su mayoría extranjeras) en canales temáticos.

Habrá quien argumente que la llegada de la TDT sirvió para fragmentar audiencias y para dotar de contenidos a los canales especializados, pero eso no sirve para explicar el tema de las generalistas y el hecho de que todos los jugadores empleen la misma estrategia comercial. ¿Imagináis a los 5 restaurantes de una calle ofreciendo la misma carta de comida?, ¿Cómo puede uno ser mejor que otro si compite con exacto producto? Al final sucede lo que estamos viendo desde hace meses: diferencias de una o dos décimas entre cadenas rivales, derivadas de las pequeñas variaciones entre el gusto de unos espectadores al de otros.

Al final, entre 7 canales sólo marcan 9 décimas de diferencia...

Al final, entre 7 canales sólo marcan 9 décimas de diferencia…

Lo que yo me pregunto es: ¿No sería más lógico distanciarte de los competidores? ¿No es más eficaz comenzar a hacer cosas diferentes a ellos para ver si así se rascan puntos y no décimas de audiencia? El riesgo de fracaso está ahí, pero no es que con su táctica actual no exista (de hecho, y como siempre, la mayoría de programas y series que se estrenan fracasan); sin embargo, el margen de mejora es mucho, la posibilidades de que el público agradezca al fin una televisión distinta es clara… realmente ¿No merece la pena intentarlo?

En plena crisis, muchos nos pasamos el día hablando sobre las tablas de salvación del sector: que si el branded content, que si la narración transmedia, que si las social TV y la segunda pantalla… muchas buenas intenciones pero pocos, muy pocos, hechos por parte de los que a día de hoy siguen soportando la mayor parte del peso de la producción audiovisual en España. Una cadenas de televisión que se limitan a no correr riesgos, a copiar lo que funciona, a adaptar formatos extranjeros de éxito y a abaratar todo coste posible mientras siguen cerrando productoras y sigue desmantelándose el tejido industrial de nuestro audiovisual… ¿Y todo para qué? Para salvar unos datos de audiencia pírricos en comparación a los de antaño, en los que la separación entre éxito y fracaso parece estar ya simplemente en la barrera mental de los dos dígitos.

¿Para cuando alguien que dé un paso al frente y se atreva a hacer algo distinto?

Hasta que nos leamos.

Cuando se cierra una puerta, se abre una ventana

piruli

2013 no está siendo un buen año para RTVE. La única noticia positiva es el retorno de alguna de sus grandes series de ficción y sus altos porcentajes de Share, pero por lo demás… a perro flaco todo son pulgas: los sucesivos malos datos de audiencia (a punto de caer por debajo de la barrera psicológica del 10%) se unen a la pérdida del liderazgo histórico de sus informativos, las acusaciones de intervención política en éstos y, sobre todo, la puesta en duda de su modelo económico (con el fantasma de la vuelta de la publicidad planeando sobre Prado del Rey).

Desde hace ya más de dos años, y abriendo una puerta oportunamente colocada en la Ley de Financiación de RTVE, el ente público viene sustentando una buena parte de su programación bajo una fórmula de producción que se conoce como patrocinio cultural. Esto es, la cadena no paga por muchos de los contenidos y programas que emite, ya que el coste lo sufraga un patrocinador privado externo que desea apoyar un determinado producto más o menos relacionado con la cultura, el arte, la educación, la ecología o algún otro aspecto considerado de interés social.

De esta forma se han financiado una gran cantidad de programas en La 2 (cadena que se ajusta claramente a estos perfiles antes citados) y, más recientemente en La 1. Empresas como Bankia, Vodafone, Campofrío, Pullmantur, Banco Santander, Coca Cola, Telefónica y otros muchos se han convertido en los orgullosos patrocinadores de espacios como “La casa encendida”, “Conectando España”, “Eurovisión 2013”, “Redes”, “Saber y ganar”, “Españoles por el mundo”, etc.

Hasta hace poco esto a funcionado bien, muy bien. La corporación abarataba costes de manera sensible y los anunciantes se subían a un tren bastante exclusivo y de moda, como es el branded content. No sólo conseguían ser las únicas marcas que aparecían en TVE, sino que además lo hacían ofreciendo contenido del gusto de los espectadores… 2×1.

Un ejemplo de la citada fórmula de financiación.

Un ejemplo de la citada fórmula de financiación.

Pero claro, alguien tenía que salir perdiendo con esto, y ahí entran los grandes grupos de TV privada. Por ejemplo: a Telecinco le chincha que Movistar le pague el programa a Punset en lugar de gastarse ese dinerito en colocar anuncios en las franjas publicitarias de “Sálvame”; da igual que una marca que apuesta por la divulgación científica seria jamás invertiría ese dinero en alimentar a las bestias del cotilleo patrio… “me importan un pito los planes de marketing” piensan los Vasile Boys “si el otro no existiese, seguro que acudirían a mi”.

Y en Antena 3, más de lo mismo: “Total, si de Redes a los experimentos de El Hormiguero hay un pasito…” debían pensar éstos.

En fin, que Atresmedia y Mediaset consideran que RTVE está compitiendo deslealmente y aprovechándose de un resquicio legal para volver a insertar publicidad, y esta vez de manera subliminal… habemmus liazo.

La única mención de marca que se supone que puede haber bajo la fórmula de patrocinio, consiste en una cartelería gráfica de 5 segundos al principio y al final del programa. Pero claro, TVE tiene que lidiar con las productoras, que están a su vez presionadas por las marcas y tratan de colar cada vez que pueden una mención de producto, un logo de empresa o un dato destacable de su cuenta de resultados. Así, se dan casos de programas escrupulosamente limpios de inserciones de marca de ningún tipo y casos que apestan más que mi boca a la mañana siguiente de una noche de juerga… ¿Quién no recuerda esos planos de portátiles con el pincho USB de Vodafone estratégicamente colocado en “Conectando España”? ¿O esa gala del humor y homenaje a Gila con el logo de Campofrío presente en el escenario durante casi tres horas? ¿Y que decir de los publirreportajes a empresas de “El exportador”?

El logo de la marca y parte del logo del programa que patrocina...

El logo de la marca y parte del logo del programa que patrocina…

Tal es así, que UTECA llegó a contabilizar hace un año más de 2.000 inserciones publicitarias en apenas 2 meses entre todas las cadenas del ente público. El asunto se pone serio y la cadena comienza a mirar con lupa algunos contenidos, pero la bola ya ha comenzado a rodar y no hay quien la pare. Entre los meses de febrero y abril de este año, la mismísima Hacienda se pone a investigar el tema y detecta un buen número de irregularidades en el cumplimiento de la Ley de Financiación, así como una interpretación más que dudosa del concepto del patrocinio cultural.

A partir de este momento en TVE se ponen duros con las productoras y marcas: el patrocinador nunca será del mismo sector económico o temático al del contenido del formato, no se permite más de una inserción escrita de cada empresa en todo el programa y ninguna verbal, no se comunica producto, no se verán logotipos más que en planos generales y cuando la realidad del lugar o las circunstancias sean insalvables (por ejemplo, empleados con polos de la compañía haciendo su trabajo… tampoco es plan de obligarles a quitarse la ropa para grabar tres planos). Ayer mismo veíamos en el estreno del espacio “El alma de las empresas” como se cumplía escrupulosamente con estas premisas a la hora de seguir el día a día de 3 empleados de la conservera Calvo. Pero cuidado, porque este nuevo espacio carece de patrocinio reconocido…

Lo cierto es que en Prado del Rey no andan nada tranquilos. Los directivos de Echenique  temen que la puerta del Patrocinio Cultural se la cierren en breve y de forma definitiva; así que van como locos por abrir aunque sea una ventana que evite la asfixia presupuestaria de la corporación. El propio Presidente se reunía hace apenas una semana con la Asociación de Directores de Comunicación para transmitirles la necesidad de potenciar los contenidos de empresa que tuvieran un interés general y hiciesen un servicio público. En el fondo lo que les está pidiendo a las marcas es que hagan verdadero Branded Content, que se olviden de insertar su producto o compañía y que se centren en crear un contenido de calidad que les de notoriedad y cree empatía en sus consumidores.

Entonces, volviendo al caso de “El alma de la empresa”: ¿Está TVE pagando por el contenido a la productora (Medina Media) o no? Porque yo apostaría a que no; luego ¿Se trata de un branded content de verdad y la marca a renunciado a vender producto? De ser así estaríamos ante un paso adelante: Calvo y las demás compañías que aparezcan en cada episodio pagarán felices el presupuesto para que, a cambio, el espectador asocie a su empresa con buenos trabajadores y valores como el compañerismo, la eficacia y el trabajo en equipo. Por su parte, la cadena obtiene un producto en la línea Marca España que quieren transmitir y pueden presumir de que en este país hay grandes profesionales. No es el summun del branded content pero hemos avanzado desde el planito del pincho USB de Vodafone (sin salirnos de la misma productora).

Si vamos a mamar de las marcas, hagámoslo bien.

Si vamos a mamar de las marcas, hagámoslo bien.

Aun así, ésta no es la única fórmula que están contemplando. En RTVE hablan de un concepto al que denominan “content placement” y que también pretende incluir contenidos vinculados a marca sin estar directamente patrocinados. Se trata de una fórmula que aun se encuentra en estudio por el gabinete jurídico, y que vendría a ser algo así como que productoras y marcas creasen programas marco en el que se pueda informar sobre su sector de negocio o insertar contenidos afines a esté.

Es decir, si el product placement de toda la vida consistía en hacer que 007 siempre condujese un Aston Martin, el content placement sería, por ejemplo, que la Asociación de Fabricantes de Automóviles cree un programa en el que informar sobre todas las investigaciones, estudios, mejoras e innovaciones de automoción que se están haciendo en España. Esto, que me acabo de inventar, es una elucubración tonta hecha a partir de los valores que tendría que tener todo content placement: Información veraz y contenido de interés para la cadena.

Evidentemente, si dicha asociación patrocina un programa así se les echan encima al minuto, y con razón, por publicidad encubierta. Pero si el programa no tiene patrocinio reconocido y a la cadena le sale a coste cero ya es otra cosa… la jugada de RTVE, creo yo, es proponer a las marcas que la mera posibilidad de comunicar lo que les interesa es compensación suficiente para sufragar un espacio donde hacerlo. Sería como decirle al departamento de comunicación que, en lugar de enviar notas de prensa a El País o El mundo, directamente creasen un periódico más pequeño y temático donde incluir esa información. Pero ojo, debe tratarse de información.

Esta opción, que, insisto, aun está en fase de estudio, plantea no pocos interrogantes en cuanto a deontología se refiere. Seguramente habrá quienes consideren que iniciar este tipo de caminos puede suponer la muerte del periodismo y quienes defiendan que, hecha con integridad, la comunicación empresarial puede convivir con la información veraz y éticamente intachable sin problemas.

No es este el único debate; por encima, incluso, flota la cuestión de hasta dónde debe llegar RTVE con tal de financiar este modelo de televisión pública en lugar de renunciar a la batalla de las audiencias; o si debe ponerse encima de la mesa otra forma de financiación alternativa (como el canon por aparato de otros países).

En cualquier caso, nos quedan meses muy interesantes en los que observar qué rumbo toma nuestro ente público, qué tipos de programas logran aparecer en antena, qué productoras y agencias son las que consiguen formar parte del negocio y qué profesionales están más avispados y son capaces de generar contenidos atractivos para la audiencia y que se ajusten a las necesidades y limitaciones de todos los agentes que intervienen en el proceso de producción. Y sobre todo, comprobaremos desde la primera fila si a RTVE le siguen cerrando puertas, si consiguen abrir más ventanas o si definitivamente le tapian la casa entera.

Hasta que nos leamos.

La perseverancia de una Reina

Decia Woody Allen en una de sus geniales frases lapidarias, en este caso la  que cerraba la colosal “Misterioso Asesinato en Manhattan”: “Nunca más volveré a decir que la vida no imita al arte”.

En las últimas semanas estamos asistiendo a un curioso ejemplo de cómo el bueno de Woody siempre termina dando en el clavo: me refiero al tremendo paralelismo entre el recorrido dramático de la serie “Isabel y sus andanzas en la más cruenta de las batallas catódicas, la de las audiencias.

La historia basada en la Historia (valga la redundancia) de Isabel la Católica nos cuenta en cada episodio los pactos, luchas, traiciones, alianzas, sobornos e intrigas que suceden en el reino de la Castilla del Siglo XV para ostentar el poder y alcanzar o mantenerse en el trono. Mientras, en estos dos meses parece como si los guionistas de la serie se hubieran aventurado a escribir el devenir de ésta en cuanto a la repercusión entre el público y sus resultados semanales.

La ficción producida por Diagonal TV se estrenó el pasado 11 de septiembre con notable éxito de audiencia. Desde ese primer día la serie se instaló en la comodidad del 20% de SHARE, un auténtico lujo en la televisión de estos días para cualquier tipo de formato; y no se bajó de ahí en sus tres primeras emisiones. La historia de la reina católica era ya la primera gran triunfadora del curso televisivo 2012-1013… hasta que estalló la guerra.

Los grupos de TV privada no estaban dispuestos a cederle a una cada vez más debilitada TVE el reinado de los lunes sin presentar batalla. De todos es sabido que empezar bien la semana, en términos de medición de audiencias, da mucha tranquilidad en los despachos de los altos directivos y por ello el prime time del lunes era una plaza muy codiciada. El grupo Mediaset atacó con una de las poquísimas ficciones nacionales que funcionan dentro de su parrilla: “La que se avecina”; Antena 3 prefirió optar por un espectáculo de entretenimiento familiar que había sido un bombazo sorpresa en el curso anterior: “Tu cara me suena”. Unos pretendían plantar batalla cara a cara y a campo abierto y otros saquear la desguarnecida ciudad mientras ambos ejércitos estaban fuera.

Isabel quería darse un buen banquete de audiencia… y se la terminaron merendando a ella.

 

El resultado de ese primer choque dejó un claro vencedor: “La que se avecina” se disparó hasta el 27´1 de cuota de pantalla y casi 5´5 millones de espectadores. Por detrás y a buena distancia, “Tu cara me suena” lograba el 20´3 de media reuniendo a 3 millones cien mil espectadores (Lastrada esta cifra por su larga duración). La clara derrotada de la noche resultó ser “Isabel que bajaba sus datos hasta el 16´1% de Share aunque retenía a 3´3 millones de seguidores. La reina había sido derrocada, ahora le tocaba a los directivos de la cadena tomar la difícil decisión: Abandonar el reino en búsqueda de otro menos conflictivo  (Entiéndase cambiar el día de emisión) o lamerse las heridas y plantar cara al adversario para tratar de recuperar lo que era suyo, el trono de los lunes.

Finalmente la serie no se movió de su ubicación en parrilla y a la semana siguiente, cuando el humo de la batalla se había disipado las posiciones se mantenían iguales. Eso si, mientras sus enemigos perdían fuerza (bajando al 24% la serie de Telecinco y al 19% el show de Antena 3), “Isabel” lograba mejorar unas décimas su cuota. Casi inapreciable si, pero todo un síntoma.

El tercer embate confirmaba la remontada: La ficción de época medieval escalaba hasta el 18´3% de media, congregando a 3´8 millones de espectadores. Medio millón más que dos semanas antes y casi los mismos que en aquellas lejanas y tranquilas primeras semanas de emisión.

Ayer mismo se conocían los datos de la escaramuza del pasado lunes, en los que “Isabelvuelve a subir hasta el 18´9% de Share y suma 150 mil nuevos fans, que hacen que su ejército de seguidores ya sea de 4 millones. La guerra está más viva que nunca, la gobernante derrocada y vencida ha sido capaz de ponerse en pie y regresar al fragor de la batalla con nuevos bríos ¿Quién sabe si antes de que termine la temporada no vuelve a ser ella quien ocupe el trono?

Este recorrido en paralelo, no sólo se queda en lo relativo a la audiencia,  ya desde que fuese concebida a golpe de tecla, la serie ha estado envuelta en este halo de coincidencias. Si la trama nos presenta a una Isabel de Trastámara encerrada en un Castillo y sometida a la voluntad del consejo de nobles castellanos, quienes tienen que decidir sobre su matrimonio futuro como estrategia política, en la vida real la producción estuvo “encerrada” en la nevera de TVE casi un año por problemas de presupuesto, sometida a la voluntad del consejo de administración del ente y sus riñas políticas… Si la trama nos contaba la muerte del Infante Alfonso, representación del futuro de Castilla, la vida real nos sorprendía con la posible “muerte” de la serie, al no tener forma la productora de acometer una segunda temporada si no se les aclaraba el futuro de la primera…

En poco más de un año de vida, la serie “Isabel” ha estado recluida, ha sido liberada, ha reinado en tiempos de paz, ha visto estallar la guerra, ha sido derrocada, se ha levantado para volver a plantar batalla y está tratando de recuperar su trono… y todo ello gracias a la perseverancia de una reina que nunca se ha dado por vencida.

Como buen guionista, me obsesionan los principios y finales, lo circular de las historias. Por ello, si con una frase de Woody Allen empezábamos, con otra terminaremos. Decía en el film “Maridos y mujeres, unos años antes de la anterior cita, y haciendo gala de todo su cinismo, que: “La vida no imita al arte, imita a la mala televisión”… esta vez me temo, querido Woody, que debo llevarte la contraria, En el caso de “Isabel” la vida imita, si, pero a la buena televisión.

 

Hasta que nos leamos.

La Vuelta a España y las segundas pantallas

La serpiente multicolor

Hace ya algún tiempo que desde RTVE se vienen haciendo bien las cosas en lo que a la implantación de la TV social se refiere. Casos como los de las series “Águila Roja” y “Cuéntame” o el impresionante abanico de posibilidades de la web corporativa son clara muestra de ello.

El último peldaño en la escalera de la televisión del futuro más inmediato lo acaban de subir este verano, añadiendo sus retransmisiones deportivas a esta nueva forma de ofrecer contenidos y relacionarse con los espectadores (que dejan ya de estar expectantes, valga la redundancia, para volverse participativos). La retransmisión de los JJOO de Londres 2012 ha supuesto una revolución para nuestra cadena pública, y deja un gran titular que constata el afianzamiento de los nuevos usos y consumos de televisión: Por primera vez las retransmisiones han sido mayoritariamente seguidas por Internet.

Bien a través de ordenadores, de móviles o de tablets, el consumo de la cita deportiva del año en la página de RTVE ha superado a la emisión tradicional. Esto ha sido posible, principalmente, debido a que en su site ofrecían todas las señales disponibles en cada momento, hasta alcanzar un total máximo de 19. ¿Qué supone esto? Pues algo tan novedoso como que cada espectador puede elegir qué deporte ver en cada momento en lugar de tragarse lo que emitan por la cadena de turno. Una vez más, el emisor (RTVE) entrega el poder al receptor (Espectadores) para que sean ellos los que participen del proceso, convirtiéndose en programadores activos… Chapeau.

Parece que esta declaración de intenciones no hace si no confirmarse ahora que disfrutamos del siguiente gran evento deportivo que ha caído en las manos del ente público: La Vuelta a España 2012. Como ya hiciesen en el pasado Tour de Francia, los narradores de la prueba (Carlos de Andrés y Pedro Delgado) están siempre atentos a Twitter para compartir impresiones con los espectadores, contestar a sus dudas y preguntas e, incluso, ser corregidos por el público si en alguna ocasión meten la pata… esto que quizá no parezca muy novedoso supone, en mi opinión, un tremendo acierto en la estrategia del uso de segundas pantallas durante el consumo de TV, y por varios motivos:

1)   El ciclismo es un deporte con picos de actividad definidos; esto quiere decir que durante las etapas pueden pasar kilómetros y kilómetros “poco interesantes” para el espectador (sobre todo en las llanas y en los principios de etapa). Los que seguimos el ciclismo desde siempre ya estamos más que acostumbrados a realizar una segunda actividad paralela mientras vemos la etapa: desde la mítica siesta de la primera semana de carrera (confieso haber agudizado mis sentidos para abrir el ojo a 500 metros de meta, justo cuando el lanzador deja al sprinter para hacer el último esfuerzo), a leer, jugar a la consola portátil, etc. Sabiendo esto como lo saben en RTVE, han tenido el talento de promover que esa segunda actividad sea realizada en una segunda pantalla y que esporádicamente o de forma constante esté relacionada con su retransmisión. Siendo más claros: ya que sabemos que el público va a hacer otra cosa mientras ve el ciclismo, ofrezcámosle algo que hacer relacionado con nosotros. Un vistazo a Twitter y la posibilidad de comentar con los demás lo que está pasando es un primer paso, y si, además, puedo charlar con los comentaristas y que Perico responda a mi tweet seguramente esté más atento a la tele y me sentiré más identificado con la retransmisión y con la cadena.

2)   El ciclismo es un deporte de retransmisiones especialmente largas. De media nos ofrecen unas dos horas de etapa pero en las grandes citas (la montaña) se puede alargar a tres, cuatro y hasta cinco horas. El comentarista debe armarse de un arsenal de temas para aguantar tanto tiempo sin parar de hablar de cosas medianamente interesantes, y es ahí cuando el poder mantener contacto directo con la audiencia cobra importancia y sentido: dotas de contenido interesante la retransmisión y cubres tiempo de la misma.

3)   Como decíamos, los picos de actividad del ciclismo permiten que se hagan debates de opinión. En una retransmisión de baloncesto, con ritmo casi frenético, no tiene mucho sentido comentar los tweets o responder preguntas, pero en el ciclismo si, y mucho. Chismorreos sobre fichajes, dudas en la forma de entrenar, recuerdo de ediciones pasadas… todo ello es parte habitual de una retransmisión ciclista y el aficionado lo espera y demanda, con lo que ahora estará encantado de poder participar en ellos.

No obstante la novedad más destacable de la retransmisión de la Vuelta 2012 reside en una colaboración a tres bandas que ha llamado mucho mi atención: Organización – cadena de TV – público forman un triunvirato que elige en cada etapa al ganador del premio a la combatividad.

Os pongo en antecedentes: Uno de los premios menores o secundarios que se reparten en cada etapa es el de la combatividad y se entrega a aquel corredor que más ha peleado durante la misma. Si un pobre diablo se pasa 200 Km escapado y el pelotón le coge a 1 de meta se premia su esfuerzo con este galardón (es un ejemplo entre muchos). Este reconocimiento tiene una traducción en metálico importante para muchos corredores y equipos humildes, así como cierta repercusión publicitaria.

Pues bien, en esta edición la organización de la vuelta (A cargo de la empresa Unipublic), cuando quedan unos 30 Km a meta, propone tres nombres o candidatos a la combatividad, éstos son anunciados por TVE y puestos a disposición del público en su web para una votación abierta; finalmente los espectadores son los que deciden con sus votos quien es el merecedor final del reconocimiento.

¿Qué tenemos aquí? Una estrategia crosmedia que aprovecha perfectamente el uso de la segunda pantalla para crear interactividad y participación. El espectador tiene poder, no ya sobre la mera retransmisión, sino sobre el acontecimiento deportivo en si mismo. El valor y la decisión de los organizadores de La Vuelta y los dirigentes de RTVE se traduce en una exitosa iniciativa que engancha al público y le lleva a visitar la web, registrarse y participar. Consecuencias: fidelización de audiencia, incremento de visitas a la web, obtención de datos del usuario, más anunciantes interesados en tu página, sube el caché del patrocinio del premio de la combatividad… o sea, monetización de la inversión y el esfuerzo. Como diría Eduardo Prádanos: ¡Show me the Money!

Creo que este tipo de iniciativas son las que marcarán el futuro de las emisiones de deporte en directo y con las que se conseguirá que este tipo de eventos continúen siendo líderes de audiencia y de seguimiento mayoritario, como hasta ahora. Para mi es toda una alegría comprobar como el tránsito hacia una TV social se hace de manera tan natural y efectiva ya que creo que es el deber y la obligación de las cadenas públicas el liderar esta transición y educar al público en los nuevos consumos de ocio integrado. Mi Enhorabuena a todos los responsables de Unipublic y de RTVE.

Hasta que nos leamos.