PlebisILIcito parte 2.

LA VIA JUDICIAL: NO DESEABLE, PERO INCUESTIONABLE.

Llegados al punto en que están los acontecimientos se producen actuaciones judiciales que no pueden, en ningún caso, confundirse o venderse a la opinión pública como represión ni utilización política de los cuerpos de seguridad. Retorcer el orden lógico de los hechos a tu favor es diabólico y cicatero. Sin delito no hay intervención judicial; y no podemos pedirle a un estado de derecho que no intervenga judicialmente ante la comisión publica y notoria de una serie de delitos.

Ojalá no se hubieran producido las intervenciones judiciales y policiales, claro que no. Ojalá no se hubieran producido los delitos que las desencadenaron, obviamente. Pero no responder a éstos sería dejar morir la democracia y sentar precedentes peligrosísimos en todos los territorios ¿O acaso el futuro govern de la república catalana permitiría comportarse como ellos lo están haciendo ahora a una comarca o región que quisiera volver a formar parte de España?

Para el independentismo saltarse la ley es pan para hoy y hambre para mañana, máxime teniendo infiltrados entre ellos a la CUP. Las actuaciones que ahora condenan como represivas las efectuarían ellos no mucho después de conseguirse la independencia cuando sus ahora socios comenzasen a saltarse toda norma que les diese la gana, tras sentarse un precedente de impunidad.

El Gobierno Central ha cometido muchísimos errores políticos y ha usado el independentismo a su favor, eso es obvio. Pero echarle en cara que haga lo que está obligado a hacer (pedir a los jueces que actúen contra quien comete un delito) es mear fuera del tiesto.

Lo que toca estos días es dejar a las autoridades hacer aquello que la Constitución y el Código Penal les obliga a hacer y dejar a aquellos que no les parece bien manifestarse pacíficamente como señal de protesta. Y, sobre todo, que ni unos ni otros caigan en la trampa de la violencia.

 

Hasta que nos leamos.

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Nos mudamos

mudanza

 

Ésta es, seguramente, la última entrada que publico en este blog.

Pero no os preocupéis, no cerramos ni desaparecemos. Simplemente nos mudamos a un apartado dentro de mi nueva web profesional. Durante un breve tiempo convivirán ambos espacios, el antiguo y el nuevo, pero mi intención es cerrar éste y que podáis seguir leyéndome en el nuevo blog.

Aquellos que seáis suscriptores dejaréis de recibir los post a menos que os volváis a suscribir en la nueva página. Vamos a trabajar para facilitaros todo el proceso al máximo. Aun así, podéis encontrar todas las entradas publicadas hasta la fecha y las nuevas en este enlace.

Espero seguir contando con vuestra fidelidad, que al fin y al cabo es el mayor motor a la hora de sentarme a escribir. Gracias por acompañarme estos años, a partir de ahora nos vemos en la nueva web.

 

Hasta que nos leamos. 

 

TENEMOS EL MORRO FINO

mar de plastico

Visto anoche el estreno de “Mar de Plástico” la nueva serie de Atresmedia, una de las que personalmente más buen feeling me daban, se pueden sacar algunas conclusiones tempranas. La principal es que tenemos el morro muy fino. Hemos visto tantas series y tan buenas que casi siempre casi todo nos parece que no está a la altura. Y eso no es justo, hay que juzgar a cada ficción en su contexto y con sus circunstancias.

Dicho esto, vamos con el desmenuzado:

La factura técnica está a un nivel bastante alto; una vez más; como tantas series españolas últimamente. Empieza a ser costumbre que nuestra ficción luzca bien, muy bien. Y es increíble lo que hacemos con lo poco (tiempo y dinero) que tenemos, que no lo olvide nadie. En este caso, echo en falta más riesgo y presencia del montaje y la música, pero a buen seguro irán creciendo con el paso de los episodios.

El guión cumple sin fascinar. Una trama definida, un mundo concreto y novedoso, unos diálogos algo justillos en ocasiones. El piloto hace su función y expone el tapiz del juego en que debe desarrollarse el thriller. Algunas soluciones han sido más efectistas que efectivas, concesiones en busca de espectacularidad o ritmo (tan necesario con nuestras duraciones). Da la sensación, por momentos, de que ha habido mucha reescritura forzada por ejecutivos y/o cadena: explicaciones manidas, obviedades, oportunas apariciones by the face… todo lo que a un guionista le produce urticaria; si están ahí no es por su voluntad, Creedme, somos torpes pero no tanto. Aunque no sirva de excusa, la gente tendría que conocer un poco más las vicisitudes reales del guionista antes de lanzarse a criticar.

Actores normalitos. Con alguna excepción que apunta alto (a mi me sorprendió Patrick Criado) ninguno está especialmente acertado; pero tampoco me encontré que alguno me sacase por completo de la historia, cosa que ha sucedido en otras grandes series. El protagonista, Rodolfo Sancho, no tiene entre manos un caramelo como sus recientes Julián y Fernando el Católico y se nota; aun así lo defiende bien y seguramente irá a más.

Almería, los invernaderos y su realidad social está pero no es; lo cual no debe entenderse como algo necesariamente malo. Ya se encarga de aclararlo el rotulo inicial. En mi caso, por andaluz y conocedor de la zona, el factor sorpresa no hace efecto, pero pienso que para muchos será un mundo nuevo y curioso que nunca se ha visto en una ficción de TV. A partir de ahí se exagera en demasía, para mi gusto, la velocidad con la que prende la mecha del racismo. Otra concesión al espectáculo y la necesidad de dar rápido y fuerte que tiene esta industria. Cocinado un poco más lento nos zamparíamos estos acontecimientos, pero de golpe y porrazo algún momento (como el intento de hoguera made in KKK) se me atragantan.

Dicho esto, que es poco y precipitado, veo en “Mar de plástico” un rollo “Punta Escarlata” (que a mi me gustó) que está en el “Bien”. Con el paso de los capítulos veremos si va hacia el “Notable” o al “Aprobado”. Yo, antes del estreno, esperaba un poco más; una vez estrenada espero equivocarme y que me sorprenda para bien.

Pero no puedo concluir este análisis sin referirme a uno de los problemas más exasperantes de la actual ficción nacional: los Haters. Cometí la temeridad (cada día lo es más) de seguir la emisión por Twitter y resultó francamente cansino. Cientos y cientos de personas sin más interés que despotricar de cualquier imbecilidad en torno a la serie y que generan debates y corrientes de opinión bobaliconas, dañinas y completamente innecesarias. Es uno de los problemas de nuestra sociedad actual, que le hemos dado un megáfono a cada hijo de vecino y, por tanto, hay que escuchar muchas sandeces.

Un 80% de los tweets de anoche se centraban en el “problema” de los acentos, que al parecer eran muy poco almerienses y muy sevillanos. Me duele reconocer que aquí asoma el terrible complejo de inferioridad que tenemos los andaluces, empeñados en creer que desde Madrid hay una directriz general de humillarnos en cuanto surge la ocasión. Nadie se para a pensar que la serie se hace para toda España y que un cordobés resulta para el 75% de la población lo suficientemente verosímil como para hacer de almeriense (al igual que uno de Tarragona puede interpretar a uno de Gerona y alguien de Pontevedra podría hacer un personaje de Lugo y a ningún Catalán o Gallego se le ocurriría quejarse a pesar de la diferencia de acentos que existe entre éstos). Es más, a ninguno de estos iluminados se le ocurre que Almería, una provincia de apenas 700 mil habitantes, quizá no dé una cantidad tal de buenos actores como para confeccionar el elenco de la serie y que es preferible coger a maravillosos profesionales de fuera antes que a mediocres locales. Y por supuesto saldrán los listos que digan que en EEUU e Inglaterra los actores se preparan los acentos hasta clavarlos sin tener ni idea de que esos afortunados cuentas con 5 o 10 veces más tiempo y medios para preparar el papel que nuestros interpretes.

Y así con todo: que si los tópicos, que si se quita y se pone las gafas todo el rato… cháchara pueril de espectadores mediocres. Eso no vale. Estos mismos, que eran los que criticaban los desayunos familiares patrocinados de “Los Serrano” y “Médico de Familia” no pueden ahora quejarse de una serie policiaca en el mundo de los invernaderos con el conflicto racial de fondo… porque entre una cosa y otra hay un abismo. Y no reconocerlo es de tontos.

Esta claro que basta con cerrar Twitter, pero el timeline del pajarito no deja de ser un reflejo de una parte de nuestra sociedad… y eso es un problema, porque es un público que no está dispuesto a aceptar la ficción nacional, jamás. Y eso significa menos audiencia, menos crecimiento y un techo más bajo para nuestra series. Un problema que cansa, la verdad.

Hasta que nos leamos.

EL MURO QUE QUEDABA POR DERRIBAR

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Mucho se está escribiendo sobre el cambio de la ficción nacional en este curso 2014-15. Los estrenos de “El Ministerio del tiempo”, “Bajo sospecha”, “Allí abajo” o “Vis a Vis” y la consolidación de “El Príncipe”, “Velvet” o “Sin identidad”, por citar algunos ejemplos, han dejado claro que hay una nueva tendencia en nuestra series, en la forma de escribirlas, rodarlas y producirlas; y lo que es más importante, en los gustos del público, que sigue todos estos productos de forma masiva.

Esta noche vamos a poder ver cómo se clava otra pica hasta hace poco impensable: el estreno de “Refugiados” supone la primera coproducción española con una cadena de referencia internacional como es la BBC. Que el todopoderoso mercado inglés que produce joyas como “Sherlock”, “Dowton Abbey”, “Dr. Who”, “Luther”, “IT Crowd” o “Broadchurch” se fije en la industria española y confíe en ella para ir de la mano en un proyecto habla muy claramente del potencial de nuestra ficción televisiva.

De entre todos los paradigmas sagrados que se han echado por tierra en los últimos años, todavía queda uno en pie. Un sólido pilar sobre el que descansan nuestra cadenas, que responde a las peculiaridades del mercado español y sus horarios imposibles en prime time, que se cimenta en la cantidad de cortes publicitarios por producto y el los trucos para optimizar las poco fiables cifras del share con malabarismos al filo de la medianoche. Los guionistas y productores han ido derrumbando las multitramas, los target familiares, las tensiones sexuales no resueltas, los abuelos y niños, el tono dramedia, la deslocalización geográfica y todos los demás topicazos que a muchos devoradores de ficción extranjera le provocaban urticaria y alergia a las series españolas. Pero los 70 minutos no. Los 70 minutos aguantaban; tan innegociables (a pesar de ser la demanda más habitual de los creadores) como la silicona y los esteroides en el plató de “Mujeres, Hombres y viceversa”.

Hasta esta noche.

Porque si algún mérito fundamental hay que atribuirle a “Refugiados” desde ya (seguro que serán muchos más, conste que no he visto aun los 2 primeros capítulos y la prensa especializada si) es el de conseguir al fin la duración estándar de casi cualquier ficción dramática en EEUU y Europa. A buen seguro los 50 minutos de los guiones de cada uno de sus 8 capítulos estarán pensados y medidos con una libertad de movimientos nunca vista en nuestra tele; sin necesidad de meter personajes y tramas de más, sin dialogar en exceso, poniendo pausa allá donde se requiere y narrando visualmente; sin miedo a que el número de página en que aparece la palabra “FIN” lo dictamine la hoja de Excel de algún programador y no la naturaleza de la historia.

Y no sólo eso, la misma producción respirará aliviada: el trabajo de actores, directores y técnicos debe crecer enormemente en una serie de 50 minutos. La nuestra es una industria televisiva acostumbrada a trabajar a ritmo frenético, casi desquiciante, sacando adelante capítulos que duran poco menos que una película corta en la cuarta parte de tiempo de rodaje y postproducción. Un plan de trabajo que elimina casi un tercio del metraje seguramente caiga como maná del cielo para todos estos grandes profesionales que hacen realidad la serie.

Si “Refugiados” funciona puede sentarse un precedente interesantísimo en cuanto a la duración de los capítulos. Y hoy en día, que funcione no se limita a el dato de audiencia de mañana. “El Ministerio del Tiempo” ya ha demostrado que hay otros parámetros tan o más importantes a tener en cuenta a la hora de hablar de éxito (visionados on demand, fenómeno fan, aporte de prestigio a la cadena, etc.) y que en el caso de la serie de Bambú para la Sexta se amplía con las perspectivas internacionales del producto. Puede que “Refugiados” aquí no lo pete, pero si se vende por medio mundo y consigue además sumar prestigio ¿Alguien duda de que en Atresmedia vayan a estar contentos con la apuesta realizada?

Que nuestras series se exportan es ya una realidad, pero que nuestras series se produzcan pensando en el mercado internacional no, y hoy vamos a asistir al primer intento.

En el apartado del “debe” queda que los directivos de Atresmedia se atrevan a no programas los capítulos de 2 en 2 (como sucederá hoy), a no quemar la serie demasiado rápido ni seguir obligando al público a aguantar una emisión demasiado extensa y que acaba a horas intempestivas para muchos pobres espectadores. Lo más difícil lo han hecho bien, esperemos que sepan ponerle la guinda.

La segmentación de públicos ha llegado para quedarse, los productos destinados a targets nicho demuestran una rentabilidad tan o más alta que los generalistas. La puerta de La Sexta se ha abierto y la de Cuatro no tardará en hacerlo… esta noche los refugiados del futuro llegarán al mundo ficticio creado por Ramón Campos, Gema R. Neira, Cristóbal Garrido y Adolfo Valor; pero no son los primeros, desde hace ya unos meses miles de refugiados llegan a nuestra televisión procedentes de HBO, de AMC, de Netflix y de ITV… son los televidentes perdidos, que vuelven a casa convencidos por la calidad de nuestras series.

Bienvenidos seáis todos.

Hasta que nos leamos.

El tiempo les dio la razón

ministerio

 

El sueño va sobre el tiempo, flotando como un velero” escribía Lorca y gritaba Camarón. Anoche zarpó otra nave del tiempo, la penúltima, construida ésta por los hermanos Olivares, Anaïs Schaaf, José Ramón Fernández y Paco López Barrio. Capitaneada por el propio Javier Olivares al timón.

Hemos pasado una semana entera leyendo a toda la crítica nacional rendida ante la serie (se hizo un pase previo en Madrid hace días) y esto es raro, por la unanimidad y por lo favorable de los comentarios; en esta semana también hemos podido comprobar cómo TVE anunciaba a bombo y platillo el estreno, lo protegía cambiándolo de día de emisión para evitar a un rival fuerte y le daba al mejor telonero posible en la televisión de este país (un partido de Champions)… por todos lados daba la impresión de que algo estaba cambiando, de que este “Ministerio del tiempo” era algo diferente. Por desgracia, tan altas alabanzas generan también altas expectativas y anoche daba la impresión de jugarse mucho en el primer envite.

La audiencia, sin ser la mejor, fue buena. Hoy en día pocos productos congregan a casi 3 millones de espectadores para el pase de estreno (súmenle los visionados on line a partir de hoy…) y éste lo hizo. Quizás muchos, sus responsables entre ellos, esperasen un poco más (algo lógico a tenor de la calidad de lo visto ayer y de la ilusión con que se estaba recibiendo el producto en los círculos especializados) pero no olvidemos que tratamos con una serie de ciencia ficción, un género minoritario, y que rompe muchos de los esquemas narrativos a los que está acostumbrado el espectador medio patrio. La calidad suele restar público, eso pasa aquí y en todo el mundo; la audiencia de un mentalista multiplica en 5 a la de un breaking bad, por poner un ejemplo… El resultado, en definitiva, fue a mi entender fantástico para ser el producto que es.

Digerido ya el trago del share, podemos hablar de lo interesante: de la serie. Una ficción que muchos han etiquetado rápidamente como un Dr. Who a la española (etiqueta que no gusta a sus creadores) y que a mi me parece mucho más acertado comparar, si es que hay que elegir una ficción inglesa con viajes en el tiempo, con Terry Gilliam y sus enanos ladronzuelos. Pero lo cierto es que “El Ministerio del tiempo” tiene, como todas las grandes series, entidad propia. El concepto es tan innovador, tan simple y llanamente chulo que la sitúa por encima de la media desde su primera secuencia.

Hay mucho que analizar y poco tiempo (¡siempre el tiempo!) para ello. En rápidos titulares decir que el diseño de producción, arte y vestuario resultan muy acertados. Que las interpretaciones de los protagonistas son todas creíbles, cercanas y prometedoras. Fresneda brilla con un personaje muy agradecido y Garrido atrapa con la luz de su inquieta mirada, Sancho baja del trono de Fernando el Católico para construir un convincente hombre de a pie y los secundarios disfrutan de sus personajes-caramelo y hacen disfrutar al espectador con ellos.

De lo que mas me atañe: el guión, el ambiente, el tono y las tramas hablaré más pausadamente: ¡Como se agradece una serie cuyo creador ejerce de productor ejecutivo! Nadie mejor que Olivares sabe qué necesita la serie y eso se refleja en pantalla. Como hace ya tiempo que hicieron los grandes creadores estadounidenses, Olivares renuncia a los corsés de la multitrama para escribir un capítulo orgánico, con una sola historia central salpicada de algún pequeño desarrollo de personajes. El resultado se nota: nada distrae, nada sobra, cada escena es consecuencia de la anterior y causa de la siguiente… Esto, cuando nos dejan, no es tan complicado de hacer.

El espinoso reto de reflejar varias épocas históricas a la vez se supera con nota; no sólo los siglos tienen un aspecto particular y diferenciado unos de otros (el Siglo de Oro es oscuro y dominado por el marrón, el XIX mas luminoso aunque la gente vista de negro, el XVIII tiene la paleta cromática de un cuadro de Goya, etc.) si no que cada personaje es el reflejo del sentimiento de nación existente en ese momento dado de la Historia. Donde Fresneda representa el orgullo patrio y la seguridad en si mismo que da saberse el amo del mundo, Aura Garrido es, como su época, el deseo de dejar atrás lo antiguo y abrazar la modernidad. Rodolfo Sancho, como la España actual, se encuentra descreído de todo y sin ningún motivo de peso para tener fe en la vida o el futuro.

El principal escollo de semejante lío de épocas se intuye en la forma de hablar. Por ahora solo el caballero de Entrerrios tiene marcada una expresividad distinta; entre los demás, si la hay, no se aprecia tanto… A ver que pasa cuando desfilen por las tramas romanos, caballeros medievales y otras faunas mas complicadas de retratar.

Las cuestiones siempre engañosas de los saltos temporales (y sus terribles consecuencias) están bien construidas o, en su defecto, bien maquilladas. A primer visionado nada chirría ni se ve mentido con calzador, y cuando algo pudiera empezar a oler un poco mal saben tirar de humor para autojustificarse (genial el running gag de Terminator). Luego, ya en la tranquilidad de la cama, uno se da cuenta de que para que los personajes vuelvan a dormir cada noche a su tiempo debería existir una puerta para cada día de la Historia, o que es mucha casualidad que los malos descubran un portal que vaya a dar justamente a la posada en la que se aloja “El Empecinado”… Pero son McGuffins que todos usamos y que se perdonan tanto o más que a otras ficciones de viajeros temporales.

Lo mejor, en mi opinión, de la serie es la innegable sensación que deja de tratarse de un producto 100% español. La historia, los personajes, sus reacciones y forma de encarar este peculiar trabajo son nuestros, muy nuestros. Ya no solo los chistes sobre recortes de sueldo sino la actitud misma ante la vida de los personajes son las de un español y no colarían con un sueco, un canadiense ni un italiano. Los autores se permiten, incluso, el lujo de refrendarlo a viva voz en un par de ocasiones (impagable ese: “¿El plan? Somos españoles… improvisemos”). Al terminar el capítulo de anoche, me quedé con la misma sensación que debe tener un británico ante su “Sherlock” o “Dowton Abbey”, con el mismo cuerpo que un norteamericano que acaba de ver “The Sopranos”: que había presenciado un producto con denominación de origen, algo intrínsecamente mío. Eso, hablando de una serie de high concept con este nivel es para sentirse francamente orgullosos.

“El Ministerio del tiempo” es la consecuencia lógica de la trayectoria de Javier Olivares. Un historiador metido a guionista que acaba haciendo divulgación histórica a base de entretenidos productos de ficción. Las cosas, cuando salen del corazón, de las tripas o de ambas, suelen ser auténticas y “El Ministerio…” lo es.

Por desgracia, también es otra cosa: “El Ministerio del Tiempo” supone el testamento de Pablo Olivares. Un hombre talentoso que nos dejó demasiado pronto y, a juzgar por lo visto ayer, en la cumbre de su carrera. Como todo testamento, tiene un punto triste; pero en este caso lo que Pablo nos lega es todo un regalo: la muestra de que la ficción televisiva española puede brillar con la misma intensidad que la de cualquier otro país, que por fin ha alcanzado el punto de madurez suficiente como para tomarse en serio a sí misma y a su público y ofrecer series bien equilibradas entre el producto de entretenimiento y la obra de arte.

¡Y llega justo a tiempo!

 

Hasta que nos leamos.

 

Otra marca de cerveza que se lanza al Branded Content: el caso de Alhambra

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Desde hace algún tiempo las marcas de bebidas alcohólicas parecen ser uno de los sectores más abiertos a probar cosas distintas en el campo de la publicidad; bien sea por sus limitaciones legales para anunciarse, bien porque realmente han entendido los nuevos derroteros de la comunicación corporativa y los gustos e intereses de sus usuarios. El caso es que dentro de este mercado se suele apostar por campañas de branded content, y además con bastante acierto casi siempre. El mundo de la cerveza es la punta de lanza del sector, con casos de éxito que ahora repasamos brevemente.

Quizá la acción más reconocible sea la iniciativa “Ciudadanos de un lugar llamado mundo” de San Miguel. Un transmedia storytelling que se desarrolla como varios contenidos propios en torno a la música (a saber: un programa de radio, otro de TV, una revista y una gira exclusiva). Dentro de la misma marca, la línea sin alcohol acaba de presentar ciudadano 0,0: un blog con artículos y videos sobre hábitos de vida sana y mundo eco. Y sin salirnos de este gigante empresarial, la marca Mixta, la shandy de Mahou, hace tiempo que refuerza su carácter irreverente y transgresor con la webserie de animación “La peñita guapa” a cargo de Joaquín Reyes.

Otras compañías cerveceras que han apostado o apuestan por el branded content son Buckler (en su línea 0,0 con el aclamado corto de Paco León “La vuelta a la tortilla”) o la marca artesanal Brabante (con otro corto, “Carlota”, éste a cargo de Nacho Vigalondo). En ambos casos temáticas y directores muy acertados para sus targets y territorios de marca.

Pero el caso que nos atañe hoy es el de cerveza Alhambra, en concreto el de su producto estrella Alhambra reserva 1925. Esta cerveza Premium fue una de las pioneras, si no la primera, de este tipo en España; un producto muy reconocido y consumido en Andalucía desde hace años (Alhambra es una empresa original de Granada) y cada vez más en el resto de España. Sirva para ilustrar el éxito de esta cerveza el hecho de que muchas de sus marcas competidoras han terminado sacando productos similares (más cuerpo, más tueste y más graduación) y casi todos incluyen en su nombre los términos “reserva” o “1900 algo”.

Ahora, en su deseo de seguir siendo pioneros, Alhambra 1925 está apostando por contenidos propios y exclusivos para relacionarse con sus usuarios y entablar relación con ellos. En concreto han decidido trabajar un par de líneas diferenciadas: la música y el arte tradicional.

Cartel de la programación del Club en la sala Clamores.

Cartel de la programación del Club en la sala Clamores.

El contenido musical es el que, a mi juicio, más se ciñe a los que debe ser un storytelling de marca. Han puesto en marcha el “Club Reserva 1925”, consistente en una gira de conciertos propios por salas de toda Andalucía, mezclando artistas consagrados y emergentes pero siempre dentro de una misma línea de estilo. Además, el club cuenta con una sede fija para conciertos en Madrid, la mítica sala Clamores. La elección de la música como forma de comunicación no es aleatoria en el caso de Alhambra, muy al contrario está grabada en su ADN y en el de su ciudad de origen. Granada es desde hace más de 30 años una ciudad rockera y musical, cuna de grandes grupos (091, Lagartija Nick, Los Planetas, Lori Meyers, etc.) y baluarte y bastión del Pop rock en Andalucía. Una ciudad estudiantil que ha vivido a golpe de conciertos y con una Alhambra en la mano de cada uno de los asistentes a éstos. Un camino lógico y natural, por tanto, desde el que crear una conversación fan-marca, desde el que ofrecerles contenido memorable que les lleve a fortalecer su relación.

La vía del arte tradicional camina, a mi parecer, a medio camino entre los contenidos y la mera acción promocional; bajo el epígrafe de “Arte por descubrir” engloba varias acciones distintas:

La primera es “Arte clandestino” una serie de fiestas sorpresa anunciadas con muy poca antelación y a las que es necesario apuntarse para poder entrar. Estos eventos se celebran por toda la geografía nacional con un elemento común: dar la oportunidad a los asistentes de descubrir enclaves arquitectónicos/artísticos que de normal no pueden visitarse; Palacios, conventos, rascacielos, etc. abren sus puertas por una noche para recibir a los pocos afortunados. La música vuelve a estar presente con actuaciones en directo. En definitiva, experiencias exclusivas que dejan muy buen sabor de boca.

Uno de los avisos sobre las fiestas clandestinas del Club.

Uno de los avisos sobre las fiestas clandestinas del Club.

La segunda acción son los embajadores Alhambra. Dos maestros artesanos: una luthier de sexta generación y un soplador de vidrios que ha realizado una serie exclusiva de botellas para la marca. En ambos casos se llevaron a cabo encuentros con la prensa y con blogueros para difundir el trabajo tradicional de estos profesionales. Es de esperar que poco a poco nos vayan descubriendo a mas embajadores como ellos.

Como he dicho, la una si me parece un contenido relevante y la otra más una acción promocional.

Sobre estos pilares se asienta la nueva comunicación de Alhambra. Si os habéis fijado hay algo más que llamativo en estas acciones teniendo en cuenta los tiempos en los que estamos: la marca ha primado los eventos en el mundo real (conciertos y fiestas) a los contenidos online o en medios de comunicación tradicional. Un recordatorio de que no siempre tenemos que obsesionarnos en crear contenidos de marca en el entorno web, social media, TV, etc.

Eventos presenciales muy cuidados en forma y fondo.

Eventos presenciales muy cuidados en forma y fondo.

No he tenido la oportunidad aun de acudir a ninguno de estos eventos, no sé que tal resultan, pero si quiero ponerle una pega a la forma de comunicar de Alhambra. En su web dedican varios apartados a informar y dar a conocer todas estas acciones, con muchos videos de resumen de los eventos, opiniones de los asistentes, etc. y en casi todos se peca de narcisismo: la presencia de botellines y gente consumiendo es demasiado forzada, impostada en ocasiones; lo mismo ocurre con las personas que dan su opinión, parece que estén leyendo un guión o siguiendo indicaciones del reportero (y no me extrañaría nada que así fuera) para adular y adular a Alhambra… esto me parece un error, porque habiendo logrado ya lo más difícil (apostar por el branded content y ejecutarlo bien) es un paso atrás promocionarlo con videos excesivamente corporativos que pueden provocar rechazo en el que se acerca por vez primera a su web.

En cualquier caso, enhorabuena a la marca por iniciarse en este camino y por hacerlo de forma coherente con sus valores y territorios de comunicación. Esperamos que dure y que, poco a poco, sigan cundiendo los ejemplos.

 

Hasta que nos leamos!

La mala situación de las comedias de situación

Sitcoms

 

Que vivimos una época dorada en la ficción televisiva es de sobra conocido; todos andamos locos con las series y las cadenas españolas producen una oferta más rica y variada que nunca, a la vez que compran los grandes éxitos del panorama USA e, incluso, de otros mercados emergentes como el Británico o el escandinavo.

Con una extraña excepción: Las sitcoms. Prácticamente ninguna de las grandes comedias de renombre que han triunfado últimamente entre el público estadounidense (y por ende, de medio mundo) llega a nuestras pantallas; y las que si, lo hacen siempre en canales TDT minoritarios en lugar de en las cadenas principales.

Sorprende este hecho por el mencionado furor general por consumir series y porque el mercado español ha sido un tradicional consumidor de comedias de situación, productos que han dado muchas alegrías a las televisiones que las programaban.

Mi propia infancia y adolescencia (como la de muchos de los que estamos en los 30 y 40) no se entendería sin las comedias de situación americanas. Cierto es que en los 80-90 abundó el subgénero adolescente de las mismas, con títulos imprescindibles como “Salvados por la campana”, “Blossom” o “Yo y el mundo” del que fuimos público objetivo, y que hoy día parece relegada a la producción propia de Disney para su canal de TV (con su factoría de actores/cantantes que tan buenos frutos ha dado). Pero no podemos olvidar que además de éstas, había en la oferta televisiva española un buen numero de comedias familiares que se emitían con éxito , ocupando muchas veces horarios muy competitivos y de gran importancia para anunciantes.

Así, todos recordaremos que el acces del informativo de las 3 fue durante años ocupado por series como “El príncipe de Bel Air” o “Cosas de casa” que garantizaban a los Prats, Piqueras y compañía un buen número de espectadores antes de comenzar sus noticias. Y eso a pesar de que mucho tiempo ofrecieron solamente reposiciones y más reposiciones… y el público aguantaba ahí (fenómeno que se sigue repitiendo con “Los Simpson”, única sit com que se emite en una gran cadena actualmente). También otras franjas, como la tarde y el acces prime time ofrecían series como “Apartamento para tres” en Telecinco (la gran predecesora de los equívocos tontos de “Los Serrano”), “Matrimonio con hijos” o “Frasier” en la 2, “Friends” y “Seinfeld” en el antiguo Canal + en abierto (si, jovencitos, antes de Cuatro existía un Canal + que a ratos emitía codificado y a ratos en abierto…muy grande aquello), por citar sólo unas pocas. Y no sólo eso, sino que había momentos del día reservados exclusivamente para las comedias de 25 minutos. La sobremesa, por ejemplo, era el momento para disfrutar de “Primos lejanos”, “Padres forzosos” o “Búscate la vida”. Resulta curioso que hace un par de años, cuando Antena 3 no lograba dar con la tecla para sus sobremesas no recurriese a esta formula que tan buen resultado había dado una década atrás.

 

Ésta misma cara bobos se nos quedaba a todos viendo sitcoms en las TV generalistas.

Ésta misma cara bobos se nos quedaba a todos viendo sitcoms en las TV generalistas.

 

Pero es que hoy día las sit coms parecen el elemento maldito de nuestra programación. Mientras que se emite sin ningún tipo de requisitos previo cualquier procedural, por flojo que sea, y se apuesta sin dudar por melodramas británicos y high concepts yanquis, a nadie se le ocurre ofrecer una comedia de situación de éxito a sus espectadores. Durante los últimos años nos hemos chupado CSI´s, Mentalistas, Bones, Mentes criminales, Numbers, Castles, Navys, Sin Rastros, Losts, Juegos de Tronos, Donwton Abbeys, Sherlocks, Cúpulas, Arrows, etc. sin miramiento y casi con ansiedad, pero a la vez nos hemos quedado con las ganas de disfrutar de “30 Rock”, “Girls”, “Extras”, “The IT Crowd”, “Weeds”, “Arrested Development”, “Parks & Recreations”, “Veep”, “Episodes”, “Louie”, y otras muchas que o me dejo en el tintero o ni siquiera conozco porque no me han dado la oportunidad.

Las únicas que parecen salvarse de la quema son las dos sitcoms más premiadas de la actualidad: “Modern family” y “The Big Bang theory” aunque ni siquiera éstas, con todos sus Emmys bajo el brazo, logran abrirse camino hasta una cadena mayoritaria y deben conformarse con salir por Neox, el canal que se ha convertido en el ultimo refugio de la comedia de situación (ya que, además de éstas, emiten “2 hombres y medio”, “Como conocí a vuestra madre”, “2 chicas sin blanca” y alguna que otra más de animación adulta). Hace bien poco La Sexta era capaz de programas una comedia de menor categoría como “Me llamo Earl”, pero a día de hoy parece imposible… De hecho para encontrar el resto de las mencionadas arriba hay que recurrir a la oferta de televisión de pago (y están poquitas…); es eso o la ilegalidad.

Precisamente el tema de la piratería podría ser uno de los argumentos de nuestros operadores para no gastar dinero en sitcoms, pero queda totalmente invalidado al ver que si invierten en series dramáticas; máxime teniendo en cuenta que una comedia atemporal, sin continuidad ni profundidad en la evolución de personajes resiste mucho mejor la necesidad de ver el nuevo episodio nada más salir que un drama. Es más lógico esperar meses para ver lo nuevo de Sheldon y cia. que para saber qué pasará con Rick Grimes y el resto de supervivientes al holocausto zombie…

También podría argumentarse que las actuales sitcoms poco o nada tienen que ver con las de 15 años atrás; ahora son más arriesgadas, profundas y extremas, narrativamente hablando; huyen del público familiar para buscar nichos de seguidores fieles y quizá eso podría espantar a muchos telespectadores… pero una vez más chocamos con el argumento anterior: si la gente es capaz de empatizar con un tipejo como Fran Underwood no creo yo que le cueste hacerlo con la divertida vicepresidenta Selina Meyer; si logran seguir la enrevesada trama de parentescos de los reinos de Poniente no creo yo que vayan a agobiarse con las peripecias de los frikis del departamento de informática de una gran compañía inglesa.

La vida da segundas oportunidades... y Ed O´Neil la merecía aunque lea el mismo diario 20 años después

La vida da segundas oportunidades… y Ed O´Neil la merecía aunque lea el mismo diario 20 años después

 

Otro de los motivos que se me ocurren para explicar esta carencia de comedias en nuestra TV es que el formato sea de poco atractivo para el público más joven y haya quedado obsoleto, pero sinceramente me parece inverosímil. Los niños y adolescentes están hartos de consumir series infantiles de duración muy parecida a la de las sitcoms; el formato, por tanto, les resulta cercano. Yéndonos al extremo de la generación Youtube, acostumbrada a consumir video on line de poca duración y diferentes características si podemos encontrar cierta lógica de rechazo… pero habría que manejar datos concretos para comprobar si éste se produce también con series dramáticas de mayor duración; a bote pronto resultaría raro que estos chicos, acostumbrados a videos muy cortos, consumieran los 50 minutos de aventuras de Walter White como traficante de Meta y no los 25 de Nancy Botwin como traficante de hierba.

Muchas dudas en el aire: ¿Son los programadores españoles lelos? ¿Acaso en tiempos de crisis la gente no tiene ganas de reír?, ¿El entorno digital y las redes sociales ya nos proporcionan todo el contenido audiovisual de humor que necesitamos?, ¿Son los programadores españoles lelos?, ¿Dejamos la ficción televisiva para historias más profundas y ambiciosas?, ¿Las cadenas huyen de productos cortos porque permiten una sola pausa publicitaria?, ¿Son los programadores españoles lelos?

Creo algunas de las claves del asunto están en este último párrafo, así que estaré encantado de que lo sigáis resolviendo conmigo en los comentarios… y si el tema da para mucho, pues habrá segunda parte.

 

Hasta que nos leamos.