La mala situación de las comedias de situación

Sitcoms

 

Que vivimos una época dorada en la ficción televisiva es de sobra conocido; todos andamos locos con las series y las cadenas españolas producen una oferta más rica y variada que nunca, a la vez que compran los grandes éxitos del panorama USA e, incluso, de otros mercados emergentes como el Británico o el escandinavo.

Con una extraña excepción: Las sitcoms. Prácticamente ninguna de las grandes comedias de renombre que han triunfado últimamente entre el público estadounidense (y por ende, de medio mundo) llega a nuestras pantallas; y las que si, lo hacen siempre en canales TDT minoritarios en lugar de en las cadenas principales.

Sorprende este hecho por el mencionado furor general por consumir series y porque el mercado español ha sido un tradicional consumidor de comedias de situación, productos que han dado muchas alegrías a las televisiones que las programaban.

Mi propia infancia y adolescencia (como la de muchos de los que estamos en los 30 y 40) no se entendería sin las comedias de situación americanas. Cierto es que en los 80-90 abundó el subgénero adolescente de las mismas, con títulos imprescindibles como “Salvados por la campana”, “Blossom” o “Yo y el mundo” del que fuimos público objetivo, y que hoy día parece relegada a la producción propia de Disney para su canal de TV (con su factoría de actores/cantantes que tan buenos frutos ha dado). Pero no podemos olvidar que además de éstas, había en la oferta televisiva española un buen numero de comedias familiares que se emitían con éxito , ocupando muchas veces horarios muy competitivos y de gran importancia para anunciantes.

Así, todos recordaremos que el acces del informativo de las 3 fue durante años ocupado por series como “El príncipe de Bel Air” o “Cosas de casa” que garantizaban a los Prats, Piqueras y compañía un buen número de espectadores antes de comenzar sus noticias. Y eso a pesar de que mucho tiempo ofrecieron solamente reposiciones y más reposiciones… y el público aguantaba ahí (fenómeno que se sigue repitiendo con “Los Simpson”, única sit com que se emite en una gran cadena actualmente). También otras franjas, como la tarde y el acces prime time ofrecían series como “Apartamento para tres” en Telecinco (la gran predecesora de los equívocos tontos de “Los Serrano”), “Matrimonio con hijos” o “Frasier” en la 2, “Friends” y “Seinfeld” en el antiguo Canal + en abierto (si, jovencitos, antes de Cuatro existía un Canal + que a ratos emitía codificado y a ratos en abierto…muy grande aquello), por citar sólo unas pocas. Y no sólo eso, sino que había momentos del día reservados exclusivamente para las comedias de 25 minutos. La sobremesa, por ejemplo, era el momento para disfrutar de “Primos lejanos”, “Padres forzosos” o “Búscate la vida”. Resulta curioso que hace un par de años, cuando Antena 3 no lograba dar con la tecla para sus sobremesas no recurriese a esta formula que tan buen resultado había dado una década atrás.

 

Ésta misma cara bobos se nos quedaba a todos viendo sitcoms en las TV generalistas.

Ésta misma cara bobos se nos quedaba a todos viendo sitcoms en las TV generalistas.

 

Pero es que hoy día las sit coms parecen el elemento maldito de nuestra programación. Mientras que se emite sin ningún tipo de requisitos previo cualquier procedural, por flojo que sea, y se apuesta sin dudar por melodramas británicos y high concepts yanquis, a nadie se le ocurre ofrecer una comedia de situación de éxito a sus espectadores. Durante los últimos años nos hemos chupado CSI´s, Mentalistas, Bones, Mentes criminales, Numbers, Castles, Navys, Sin Rastros, Losts, Juegos de Tronos, Donwton Abbeys, Sherlocks, Cúpulas, Arrows, etc. sin miramiento y casi con ansiedad, pero a la vez nos hemos quedado con las ganas de disfrutar de “30 Rock”, “Girls”, “Extras”, “The IT Crowd”, “Weeds”, “Arrested Development”, “Parks & Recreations”, “Veep”, “Episodes”, “Louie”, y otras muchas que o me dejo en el tintero o ni siquiera conozco porque no me han dado la oportunidad.

Las únicas que parecen salvarse de la quema son las dos sitcoms más premiadas de la actualidad: “Modern family” y “The Big Bang theory” aunque ni siquiera éstas, con todos sus Emmys bajo el brazo, logran abrirse camino hasta una cadena mayoritaria y deben conformarse con salir por Neox, el canal que se ha convertido en el ultimo refugio de la comedia de situación (ya que, además de éstas, emiten “2 hombres y medio”, “Como conocí a vuestra madre”, “2 chicas sin blanca” y alguna que otra más de animación adulta). Hace bien poco La Sexta era capaz de programas una comedia de menor categoría como “Me llamo Earl”, pero a día de hoy parece imposible… De hecho para encontrar el resto de las mencionadas arriba hay que recurrir a la oferta de televisión de pago (y están poquitas…); es eso o la ilegalidad.

Precisamente el tema de la piratería podría ser uno de los argumentos de nuestros operadores para no gastar dinero en sitcoms, pero queda totalmente invalidado al ver que si invierten en series dramáticas; máxime teniendo en cuenta que una comedia atemporal, sin continuidad ni profundidad en la evolución de personajes resiste mucho mejor la necesidad de ver el nuevo episodio nada más salir que un drama. Es más lógico esperar meses para ver lo nuevo de Sheldon y cia. que para saber qué pasará con Rick Grimes y el resto de supervivientes al holocausto zombie…

También podría argumentarse que las actuales sitcoms poco o nada tienen que ver con las de 15 años atrás; ahora son más arriesgadas, profundas y extremas, narrativamente hablando; huyen del público familiar para buscar nichos de seguidores fieles y quizá eso podría espantar a muchos telespectadores… pero una vez más chocamos con el argumento anterior: si la gente es capaz de empatizar con un tipejo como Fran Underwood no creo yo que le cueste hacerlo con la divertida vicepresidenta Selina Meyer; si logran seguir la enrevesada trama de parentescos de los reinos de Poniente no creo yo que vayan a agobiarse con las peripecias de los frikis del departamento de informática de una gran compañía inglesa.

La vida da segundas oportunidades... y Ed O´Neil la merecía aunque lea el mismo diario 20 años después

La vida da segundas oportunidades… y Ed O´Neil la merecía aunque lea el mismo diario 20 años después

 

Otro de los motivos que se me ocurren para explicar esta carencia de comedias en nuestra TV es que el formato sea de poco atractivo para el público más joven y haya quedado obsoleto, pero sinceramente me parece inverosímil. Los niños y adolescentes están hartos de consumir series infantiles de duración muy parecida a la de las sitcoms; el formato, por tanto, les resulta cercano. Yéndonos al extremo de la generación Youtube, acostumbrada a consumir video on line de poca duración y diferentes características si podemos encontrar cierta lógica de rechazo… pero habría que manejar datos concretos para comprobar si éste se produce también con series dramáticas de mayor duración; a bote pronto resultaría raro que estos chicos, acostumbrados a videos muy cortos, consumieran los 50 minutos de aventuras de Walter White como traficante de Meta y no los 25 de Nancy Botwin como traficante de hierba.

Muchas dudas en el aire: ¿Son los programadores españoles lelos? ¿Acaso en tiempos de crisis la gente no tiene ganas de reír?, ¿El entorno digital y las redes sociales ya nos proporcionan todo el contenido audiovisual de humor que necesitamos?, ¿Son los programadores españoles lelos?, ¿Dejamos la ficción televisiva para historias más profundas y ambiciosas?, ¿Las cadenas huyen de productos cortos porque permiten una sola pausa publicitaria?, ¿Son los programadores españoles lelos?

Creo algunas de las claves del asunto están en este último párrafo, así que estaré encantado de que lo sigáis resolviendo conmigo en los comentarios… y si el tema da para mucho, pues habrá segunda parte.

 

Hasta que nos leamos.

Un año de series Non Stop

montaje series 2014

 

Llegamos a finales de junio y se cierra otro año televisivo más; digo año porque en este mundillo las temporadas y ciclos no van tanto con el calendario como con el curso escolar. Las cadenas arrancan programaciones en septiembre y van ofreciendo oleadas de series de estreno y nuevas temporadas de capítulos en sucesivas tandas (que serían algo así como los trimestres del cole) hasta llegar a junio. Luego, se entra en un teórico barbecho estival hasta que en septiembre todo vuelve a empezar.

Desde siempre se ha tendido a pensar que durante el verano desciende el consumo de TV y ello se aprovecha para dar vacaciones a los presentadores y artistas principales del canal, para testar nuevos formatos y talentos emergentes o para hacer pasar por chapa y pintura a espacios que no han acabado de funcionar del todo bien.

Sin embargo, y por ahí van los tiros de este post, yo creo que los espectadores queremos cada vez más contenidos de ficción anyytime, anywhere y anyhow y los éxitos ya no se producen en los ciclos marcadas a priori por los programadores sino que se dan según la calidad del producto, el trabajo de promoción y el veredicto social de la audiencia. Por eso las cadenas comienzan a cambiar sus estrategias de lanzamientos para ofrecer una red de ficción que abarque todo el año.

Llegados a este punto, hagamos un repaso a lo que ha sido el curso televisivo en cuanto a la ficción nacional e internacional ofrecida por nuestras cadenas:

La cosa comienza en septiembre de 2013, momento álgido en el que las cadenas suelen ofrecer un par de estrenos y el retorno de alguno de sus buques insignia para garantizar así unas cuantas noches de dominio del prime time. En este sentido La 1 fue la que más tiró de clásicos debido a su escasa inversión en nuevas producciones; el ente público saca a competir a dos de sus mejores productos: “Isabel” y “Águila Roja”, ambas garantías de cifras altas y que no defraudaron con su rendimiento. Antena 3, por su parte, comienza el mes estirando las series USA que tan buen resultado le estaban dando en verano y testándolas contra rivales de mayor entidad; tanto “La cúpula” como “Arrow” fueron aciertos vacacionales y ya en septiembre la primera aguanta el tipo mejor que la segunda. Como único estreno lanza la dramedia familiar “Vive cantando” que, sin hacer mucho ruido, se convierte en la sorpresa de este arranque de temporada con unos datos por encima de lo esperado.

En el caso de Telecinco, menos comprometida con la ficción, se ofrece al espectador el regreso de “Tierra de lobos” y de “Aida”, ambas con datos en la media. Llama la atención el caso de la veterana comedia, capaz de permanecer meses en emisión alternando reposiciones y nuevas temporadas y siempre con cuotas de audiencia sobrias. Por parte de La Sexta y Cuatro lanzan una serie nueva, “Revolution”, y un clásico, “Mentes criminales”, respectivamente; corrió mucho mejor suerte la segunda.

Para finales de octubre y de manera aislada, Antena 3 realiza un movimiento novedoso para cubrir el hueco de las series USA del verano: decide lanzar a contratiempo y frente a rivales con semanas de emisión consolidada “El tiempo entre costuras”. Este ambicioso proyecto lleva tiempo en la nevera de la cadena sin que nadie se explique muy bien el porqué. Quizá el poco frecuente hecho de ser una serie de una sola temporada y con final cerrado juega en su contra pero finalmente los directivos le dan un voto de confianza y, con una promoción bestial, deciden estrenarla… ¿El resultado? Primer bombazo de la temporada y exitazo de crítica, público, premios y ventas internacionales. Ya teníamos la primera serie del año.

El único otro movimiento que se produce en el otoño es la llegada de lo nuevo de “Castle” a Cuatro. Datos acordes a la media de la cadena para una serie muy fiable. Entonces Telecinco decide al fin plantar cara al fenómeno mediático de su rival a comienzos de diciembre: lanza la temporada de estreno de una de sus comedias fuertes, “La que se avecina”. En un principio aguanta el pulso y supera a “El tiempo entre costuras” pero pronto sus datos comienzan a bajar y la cadena cambia el día de emisión para protegerla. A partir de ahí audiencias altas para la veterana de Telecinco que mejor ha rendido este año.

Mucha mano arriba, pero Antena 3 bajó los brazos con "Bienvenidos al Lolita"

Mucha mano arriba, pero Antena 3 bajó los brazos con “Bienvenidos al Lolita”

Tras la Navidad, ya en 2014, se produce el segundo aluvión de estrenos generalizado. Enero nos trae el arranque de otra apuesta de Antena 3, “Bienvenidos al Lolita”, un producto con el sello Globomedia y todos los ingredientes para prologar el éxito de “Vive cantando”. Sin embargo, aunque la serie arranca fuerte, termina convirtiéndose en uno de los fiascos del año; con final anticipado y no renovación. En Cuatro regresa “Elementary” otro procedural policiaco de los que les funcionan siempre. Por su parte TVE lanza primero la TV movie de 2 capítulos “Vicente Ferrer”, posiblemente lo mejorcito del año en la pública, y luego la temporada nueva de “Los misterios de Laura”. La comedia, que contaba con un buen número de seguidores fieles, acusa los casi dos años en la nevera y baja bastante su cuota; en el aire queda su renovación mientras, paradójicamente, en USA la Fox está a punto de lanzar su adaptación.

No contenta con los resultados, La 1 saca a finales de enero la última temporada de “Cuéntame” para ganar al menos una noche el prime time. La veterana ficción se muestra robusta y va de menos a más, terminando en pleno éxito la que afirman que ha sido una de sus mejores temporadas. En paralelo, Antena 3 aprovecha un impass de programación para programas la miniserie “El corazón del océano”, superproducción estrechita que no encandiló a nadie aunque tampoco terminó por naufragar, llegando a puerto con más pena que gloria.

Y a pesar de todos estos movimientos en enero es febrero el mes clave de la ficción en 2014, pues en él se estrenan las tres series que han venido a dar éxito y estabilidad a las grandes cadenas hasta hoy día. El comienzo del mes trae a Telecinco “El Príncipe”, una serie arriesgada por género y tema que se ha erguido, posiblemente, como la gran triunfadora de todo el curso televisivo con sus millonarias audiencias. La repercusión de esta serie ha permitido a su cadena recuperar la fe en la ficción nacional fuera de la comedia, ha reconciliado a muchos espectadores con Telecinco y ha generado un autentico fenómeno fan con el efecto Faruk como no se veía desde El Duque en “Sin tetas no hay paraíso” (y recordemos que las audiencias de este país están comandadas por el público femenino). Si “El tiempo entre costuras” fue el exitazo de la primera mitad del año, “El Príncipe” lo fue de la segunda; con la diferencia de que ésta no tenía el respaldo de un conocido bestseller detrás.

Un par de semanas después llegaban “Velvet” y “B&B”. La primera supone la producción más ambiciosa de Antena 3 para el nuevo año y una firme candidata a heredar el trono de entre costuras. Finalmente la serie ha tenido una trayectoria muy sólida, pero no se la puede considerar como un pelotazo (bien por su perfil excesivamente femenino, bien porque salía perdiendo semana a semana en su comparativa con “El príncipe”). En el caso de la ficción de Telecinco, también es una apuesta firme por una dramedia profesional con un elenco de lujo, muy en la línea de la clásica “Periodistas”. Al echarla a competir contra “Velvet” salió escaldada, pero los programadores han sabido reubicar “B&B” con acierto y la serie fue creciendo semana a semana hasta consolidarse como otros de los tan necesitados aciertos en ficción de Telecinco (sin duda el efecto Dani Rovira de “8 apellidos vascos” hizo despegar su trayectoria).

2 malagueños en alza. Dani Rovira se ha consagrado en 2014 como actor ¡Y de éxito!

2 malagueños en alza. Dani Rovira se ha consagrado en 2014 como actor ¡Y de éxito!

Ya en marzo Antena 3 hacía otro de sus movimientos “entre temporadas” y arrancaba la nueva tanda de capítulos de “Con el culo al aire”. La comedia no ha conseguido repetir su éxito y marca una trayectoria descendente, tal vez estigmatizada como demasiado gamberra para el cada vez más familiar público de la cadena.

Entramos en un teórico periodo de calma, a la espera de los estrenos de verano y con varios buques navegando a pleno ritmo, en el que sólo destacan los estrenos a finales de abril de lo nuevo de “El Mentalista” en la Sexta (una de las producciones internacionales más fiables cara a la audiencia) y la tímida aparición de la TV movie de Antena 3 “Rescatando a Sara”, que no logró el éxito deseado.

Ya en mayo y con el hueco de “El Príncipe”, “Velvet” y “Cuéntame” por ocupar, las cadenas movieron algunas fichas: en Cuatro se apropiaron de la franquicia CSI, habitual de Telecinco, y estrenaron temporada de ésta y de “Castle” para tratar de reforzar su línea policial; como sustitución, la cadena madre de Mediaset estreno con mucho acierto “Resurrection” y supuso la última sorpresa USA en nuestras pantallas. No podemos dejar de mencionar que “Aida” echó el telón en estas fechas siendo la comedia más longeva de la Hª de nuestra televisión. Por su parte Antena 3 se lo juega todo a una carta y nada más acabar “Velvet” empalma con el estreno de “Sin identidad”, una serie ambiciosa y con planteamientos novedosos que supuso el mejor estreno del año en cualquier cadena; luego ha perdido algo de fuelle, pero está consolidando una buena cuota de audiencia y amenazando con subir en el final de esta primera temporada, aun en emisión.

Y cuando todo el pescado parecía vendido, aun quedaba género en “Chiringuito de Pepe”. El estreno de la serie de Telecinco, ya en junio, arrasó y superó incluso al de “El príncipe” unos meses antes. En las pocas emisiones que lleva, ya se ha asegurado el título de “reina del verano” y parece difícil que otra ficción logre hacerle sombra.

Esto es lo que nos ha dejado esta temporada 2013/14 de ficción televisiva. Mas allá de las batallas por la audiencia y de los gustos personales de cada cual, me quedó con una serie de conclusiones que indican en parte el cambio de paradigma en los consumos de series y en parte el buen momento que viven, también, nuestras producciones:

Éste es el año de la internalización de nuestras series.

Éste es el año de la internalización de nuestras series.

– Frente al tradicional estreno de series por oleadas o seasons, nuestras cadenas están comenzando a programar las novedades de forma continua a lo largo de todo el año; respondiendo con ello a las demandas de un público cada vez más acostumbrado a consumos on demand.

Telecinco sale del pozo. Tras unos años en los que ningún proyecto cuajaba, al fin consiguen que sus nuevas series conecten con la audiencia. Esto es no sólo importante para la cadena sino para todo el sector, que se verá dinamizado con más producciones, ingresos y empleos.

Mas riesgo y más genero. Sigue la evolución paulatina en la temática y la profundidad de contenidos de nuestras series. Si hace no mucho veíamos fracasar apuestas como “La fuga”, “Homicidios” o “Toledo”, hoy podemos presumir del éxito de policiacos como “El príncipe”, de thrillers como “Sin identidad” y de melodramas de calado como “El tiempo entre costuras” o “Velvet”. Eso si, las series familiares para todos los públicos siguen funcionando muy bien y ahí están “Vive cantando” y “B&B” para demostrarlo.

Prestigio internacional y ventas al extranjero. Un salto importantísimo en ambos aspectos, ya que este curso ha sido el de las adaptaciones en USA de “Los misterios de Laura” y “Pulseras Rojas”, el de las ventas a decenas de países de “Gran Hotel”, “Isabel” o “El tiempo entre costuras”, el de la puesta en marcha de coproducciones con la BBC y con la Fox. Un camino, el de la internacionalización, que nos puede llevar al siguiente nivel de producción en ficción.

– Productos con fecha caducidad. Otro hito importante, nuestras series ya no tienen que durar ad eternum. “El tiempo entre costuras” tiene una sola temporada, innegociable. “Isabel” no debe pasar de la tercera (por la muerte del personaje), los responsables de “Sin identidad” hablan de una lógica de dos temporadas. Esto era impensable para series con más de 4 millones de espectadores hace apenas año y medio.

Nada más. Esperemos que el año televisivo que viene sea aun mejor que éste.

 

Hasta que nos leamos!

Entrevista en Onda Cro

CMYK básico

Esta mañana me han entrevistado en el programa “Los productores” de Onda Cro. Ha sido media horita de lo más agradable charlando un poco sobre el mundo de las audiencias, a raíz de mi entrada en el blog Innovación Audiovisual de hace unos días, en la que trataba el tema.

Muchas gracias a Jaime López Amor, Pedro Palacios y al resto del equipo por brindarme la oportunidad de contar mis impresiones. Ahora que hemos abierto la veda, espero no tardar en repetir.

Podéis escuchar la entrevista completa aquí:

http://www.ondacro.com/index.php/entrevistasytertulias/1690-entrevista-a-javier-jauregui-guionista-y-creativo-20-de-febrero-de-2014

Por esta vez me despido diferente,

Hasta que nos oigamos!

¿Alta costura o prêt-à-porter?

Anoche se estreno el primer capítulo de “Velvet”, la nueva serie de Bambú para Antena 3. La emisión fue todo un éxito de audiencia y acaparó el mayor número de comentarios en las redes sociales. Hoy toca el día de las críticas y aquí va la mía.

velvet 1

Si algo han demostrado Ramón Campos y los suyos en estos años es que saben construir productos sólidos por los que moverse de forma de forma segura, y “Velvet” cumple este paradigma a la perfección. La ficción tiene todos los elementos que mejor se le dan a la productora y que sirven para aglutinar frente a las pantallas a millones de espectadores; a saber: melodrama lujoso, historia de amor potente, actores principales con carisma y una producción técnica sobresaliente. De hecho, el proyecto comenzó como una comedia romántica y poco a poco se fue encauzando hasta la línea narrativa habitual de sus guionistas.

Una vez más, Bambú ha hecho alarde de esa capacidad que tiene para aprovechar un referente previo y construir un territorio nuevo y particular a partir de él. Ciertamente, no se puede decir que “Gran Reserva”, “Hispania”, “Imperio”, “Gran hotel” o “Velvet” sean copias o versiones de “Falcon Crest”, “Roma”, “Dowton Abbey” o “The Paradise”, respectivamente, pero si comparten con éstas la dosis justa como para resultar familiares al público y suponerles un producto cercano y apetecible. Unos verán en esta tendencia falta de creatividad, para mi es saber producir televisión…

Y efectivamente, el problema de Velvet (y de las últimas series Bambú, en general) no es que se parezcan demasiado a otra ficción inglesa o americana, no; es que se parecen demasiado entre ellas. La cantidad de producciones se está haciendo tan grande que para garantizar la buena marcha de todas ellas se recurre a la repetición de patrones de éxito, lo cual si bien es entendible también supone un riesgo importante. Globomedia, por ejemplo, lleva años explotando esa fórmula con eficacia en las audiencias, pero por el camino ha perdido el favor de una parte del público y de casi toda la crítica (los hasta ahora grandes aliados de Bambú).

Recapitulando lo visto en el primer capítulo de Velvet  encontramos, a mi gusto, demasiados elementos repetidos de sus anteriores historias:

1) La gran relación romántica se parece demasiado a sus anteriores amores imposibles (bien por familias enfrentadas como en “Gran Reserva” y “El Origen”, bien por diferencia de clases como en “Gran Hotel”). Por lo que he podido leer, el desarrollo de esta trama va a ser diferente, así que daremos un voto de confianza…

2) Otro aspecto recurrente que aparece es la familia como motor de conflictos. Éste es uno de los temas Bambú por excelencia y es lógico que siempre esté presente porque forma parte de la voz del autor, pero se echa de menos que por primera vez nos muestren a una familia bien avenida en cuyo hogar no vuelen cuchillos constantemente.

3) El tercer clásico que llama la atención es la ambientación de clase alta; bien sea el terrateniente viticultor, el patricio romano acomodado, el noble de principios del Siglo XX o ahora los potentados de postguerra… el caso es que Bambú siempre nos presenta personajes de alto poder adquisitivo. Esto para mi es un mérito muy yanqui, el conseguir que tu público se identifique con unos personajes de un entorno muy ajeno y seducirles con la belleza y el glamour de éste. De hecho, los guionistas siempre lo contrarrestan con la presencia de otros personajes más humildes y, por ello, funciona bien. Simplemente es que, una vez más, añoramos un planteamiento distinto.

4) Un padre con secretos inconfesables, una lucha fratricida por hacerse con las riendas de la empresa familiar, los trabajadores que viven en el mismo establecimiento en el que trabajan, una jefa/gobernanta especialmente estricta y que parece ocultar una relación amorosa con el jefe… todos estos elementos de “Velvet” ya nos suenan de muchas de las series anteriores de la productora. Soy conscientes de que las historias están todas contadas y de que lo único nuevo que podemos aportar es el punto de vista, pero se agradecería una vuelta de tuerca más profunda entre una ficción y otra.

Ramón Campos, un autor con sello y estilo propios.

Ramón Campos, un autor con sello y estilo propios.

¿Quiere esto decir que los autores de Bambú están perdiendo frescura o que no son tan buenos como muchos suponíamos? Por lo poco que los conozco, mi respuesta es un rotundo no. He tenido la suerte de coincidir con Ramón Campos y Teresa Fernández Valdés un par de veces; en la primera les pitcheé un proyecto y en la segunda, Teresa nos recibió a mi socio y a mi para hablar sobre un documental nuestro en el que estaban interesados (por cierto, aprovecho la ocasión para meter una sucia cuña: Teresa, si estás leyendo esto… ¿Qué hay de lo mío?). En ambas ocasiones me quedó muy claro que ambos son dos talentos naturales y que entienden a la perfección los entresijos del negocio de la producción en este país. Por ello me inclino a pensar que si están haciendo un producto como “Velvet” es, simple y llanamente, porque es lo que la cadena quiere que hagan.

Uno de los trasfondos temáticos de “Velvet” es el cambio de la moda, la muerte de la alta costura debido a la irrupción del prêt-á-porter. Y creo que Bambú, como productora, está inmersa en ese mismo conflicto: están produciendo series a medida para la cadena, con un acabado de lujo y apariencia de alta costura, pero los diseños y materias primas (las historias, en este caso) son prêt-á-porter, y lo son porque es lo que dicta el mercado, lo que el cliente puede costear y lo que ya se sabe que funciona para millones de personas. Me recuerdan a los grandes diseñadores que de vez en cuando sacan una colección para H&M: lo hacen bien y bonito, les da de comer y no les lleva mucho tiempo, pero ni de lejos es un trabajo que les exija el 100% de su talento y capacidad.

Ramón Campos, Gema Neira, Cristóbal Garrido, Carlos de Pando, Ángela Armero, María José Rustarazo, Eligio R. Montero, Jaime Vaca y otros muchos (perdón por no citar a todos) son unos creadores excepcionales que nos han dado momentos, tramas y personajes sublimes; pero tengo la sensación de que están trabajando con el pie levantado del acelerador, sin abrir gas a tope y mostrar todo lo que tienen dentro porque es lo que toca (lo que casi siempre toca). Por suerte para todos, la productora se ha embarcado en un par de proyectos internacionales donde, quizá, si que se les permita o exija dar lo mejor de si mismos.

Mientras tanto seguiremos disfrutando de la oportunidad que nos brinda “Velvet”: ir bien vestidos y elegantes aunque sea con las mismas prendas de siempre.

Hasta que nos leamos.

Algo si que pintaremos.

guionista

 

Los guionistas, seres de poca autoestima y derrotistas por naturaleza, nos pasamos el día quejándonos de que somos los últimos monos dentro de una industria que debería tenernos en un pedestal. Cierto es que el propio negocio del audiovisual español se encarga con demasiada frecuencia de enviarnos a ese rincón oscuro al que nos tiene relegados en los estrenos, las grandes reuniones y las tomas de decisiones… pero también es verdad, que en lugar de luchar de manera coordinada por lograr nuestras reivindicaciones (¡Como he envidiado siempre a esos eléctricos capaces de parar un rodaje con su convenio colectivo bajo el brazo!), los guionistas somos más dados a regocijarnos en nuestra desgracia cual Neimar haciendo la croqueta por medio campo tras recibir una falta… (colar un chiste de actualidad futbolera tendenciosa: +1).

Afortunadamente, parece que últimamente se están haciendo esfuerzos por corregir ese individualismo galopante y ese síndrome de mártir que afecta al guionista medio patrio. Me refiero a iniciativas como el encuentro entre medios y guionistas organizado recientemente por ALMA o al inminente III encuentro de guionistas en Bilbao (¡¡Al que no podré asistir por culpa de una maldita fecha de entrega!!). Esperemos que este tipo de actos sirvan para tomar un poco más de conciencia de clase (muy afrancesada, esta expresión) y, sobre todo, para que el público se vaya dando cuenta de que el guión es una parte vital del proceso de creación de sus pelis y series favoritas.

Y precisamente en esta nueva temporada televisiva, los espectadores pueden comprobar de primera mano como los guionistas contamos en una serie, y mucho… (nunca mejor dicho). Lo digo porque tras unos cuantos episodios de la segunda temporada de “Isabel”, ha quedado patente el cambio de manos tecleando y cuanto puede afectar ello al producto final.

 

imagen que reproduce el cuadro "La rendición de Granada".

imagen que reproduce el cuadro “La rendición de Granada”.

 

Aunque en EEUU es mucho más normal ver caer equipos enteros de guionistas (uno de los casos más conocidos  aquí), en España esto suena raro aun; el día en que Javier Olivares, creador de la serie y cabeza del equipo de guión, y los suyos decidieron abandonar el proyecto por disparidad de criterios con los productores, se creo un revuelo mediático en todo el mundillo audiovisual. Afortunadamente fue una separación más o menos amistosa y la serie siguió su andadura sin el hombre que la había pergeñado.

El nuevo equipo comandado por José Luís Martín está queriendo dejar su impronta en la serie. No seré yo quien diga cuales son mejores, pero si es indudable que  el público nota claramente el cambio de estilo y las decisiones que conllevan la manera de escribir de cada autor. Una de las formas más evidentes en que se manifiesta la nueva escritura es en la manera de hablar de los personajes. Ahora se está haciendo un esfuerzo por acercar los diálogos al léxico del Siglo XV y es frecuente la inclusión de expresiones y palabras de aquella época (como los insultos, por ejemplo). Es éste un tema espinoso en toda serie histórica, dado que un verdadero reflejo del habla medieval haría que la trama fuese imposible de seguir por el gran público; y al último informe de la OCDE me remito. A partir de ahí, cada autor tiene un margen de maniobras amplio que va desde el estilo de “Águila roja” el de “El nombre de la rosa”. Lo que está claro es que Olivares y Martín tienen una forma distinta de ver el tema.

Y no sólo en formalidades se aprecia la mano del guionista. Los personajes en si también han cambiado. Frente a una primera temporada en que tenían un tono más gris, un comportamiento más sutil que propiciaba frecuentes cambios de bando y giros  inesperados, en la segunda temporada encontramos las facciones más delimitadas: los buenos son buenos y los malos, malos. Esto también es fruto de los acontecimientos históricos concretos, pero da la impresión de que unos autores sabían sacar más partido a las incongruencias de alma humana.

Michel Jener ¿Imitando a Chiquito de la Calzada?

Michel Jener ¿Imitando a Chiquito de la Calzada?

 

Por último, las propias tramas y estructuras cambian. En el último capítulo emitido asistimos al secuestro de una noble castellana por los soldados musulmanes del Emir de Granada (en lo que parece ser el germen de una subtrama de amor). Este acontecimiento me recordó al de la primera temporada, en el que violan a una pobre campesina y cómo ello sirve para resolver la muerte de uno de los principales antagonistas del momento, Pedro Girón. En un caso se narran los acontecimientos de forma más lineal y lógica y en el otro se busca el suspense y la sorpresa. Una no tiene porqué ser mejor que otra, pero ambas reflejan qué tipo de guionista hay detrás.

Hasta el momento el público no ha terminado de decantarse por un estilo u otro; a tenor de los resultados de audiencia de las dos temporadas, muy similares, quizá hablamos de diferencias sutiles para el gran público, o de una importancia menor… lo que no se puede negar es que estas diferencias existen y que si algún espectador las está notando, para bien o para mal, tiene que tener claro que son obra y gracia de los guionistas que escriben la serie y que, aunque sea algo, si que pintan.

 

Hasta que nos leamos.

La única salida posible

final breaking bad 4

Pues si, esto es otro post sobre el final de Breaking Bad… lo siento, no he podido resistirme. Conste, en mi defensa, que yo al menos llevo tiempo hablando de la serie; por ejemplo aquí. Digo esto porque tengo, desde el domingo, la sensación de que esta avalancha final de devotos de la serie ha sido un poco forzada, que una legión de periodistas, en particular, y culturetas, en general, se han debido pegar 2 semanas sin pestañear para tragarse las 5 temporadas antes del cierre y poder estar así à la mode.

Yo pensaba dejar pasar el tema regocijándome en el dolor de saber que nunca más disfrutaré de las aventuras de Walter White y cia. Como las rupturas sentimentales, los finales de tus series favoritas son momentos de recogimiento y llanto callado. Ya llegará la fase de levantar la cabeza y salir a emborracharte con los amigos comentando hasta los más sucios detalles de la historia… pero los primeros días son sólo para ti y tus sentimientos hacia ella (la serie y la ex, en ambos casos vale).

Quizá mi luto haya pasado más rápido de lo que creía. El caso es que esta mañana, leyendo el estupendo análisis de Carlos López sobre uno de los últimos capítulos de la temporada, he comprendido que si que debía escribir algo. Quizá sea una mera gota en el océano de tinta que ha corrido esta semana sobre la maravillosa criatura de Vince Gilligan; pero es la mía… espero que a alguien le resulte inspiradora.

Coincido plenamente con Carlos en que el episodio clave de la series finale es el antepenúltimo: “Ozimandias”. De hecho, en mi opinión, éste es el verdadero clímax la trama. Aquí se resuelven definitivamente todos los conflictos del protagonista y su relación con el resto de los personajes. Los dos últimos capítulos suponen un bello epílogo con el que los guionistas se regocijan en su habitual preciosismo conceptual y narrativo, pero en ellos no hay margen alguno para la sorpresa, el giro o lo inesperado. Sencillamente sucede lo que tiene que suceder, lo único que después de estos años tendría sentido para los seguidores de la serie.

A partir de aquí entramos en detalle y viene los spoilers.

La clave del desenlace de la serie.

La clave del desenlace de la serie.

Con la muerte de Hank a manos de los mercenarios nazis queda eliminada toda posibilidad de que Heisenberg pague por sus crímenes, al menos en el sentido legal del asunto. Sin embargo, Hank va a lograr en la muerte lo que no consiguió en vida: su asesinato será el hecho definitivo que separará a Walter de todos sus seres queridos. Skyler al fin reacciona y planta cara a su marido, Flint (ya al corriente de todo) toma partido por su madre…  la muerte de su cuñado supone para el señor White su gran fracaso personal. No sólo se topa con unos tipos que desoyen sus órdenes (él quiere que Hank viva) y le roban, sino que esto provoca que su familia se aparte de él para siempre. El supuesto motivo por el que se convirtió en Heisenberg e hizo las cosas que hizo deja de tener sustancia… ya no hay excusas que valgan. Las primeras reacciones de Walter son desde la bilis, y se ceba una vez más con el pobre Jesse (¡durísimo el momento de su despedida en el desierto!) pero en cuanto se para a pensar, comprende que todo el pescado está vendido.

Imagino a los guionistas discutiendo las posibilidades en torno a la última traca, al arreón final  de Walter, un personaje movido esencialmente por el orgullo. Los veo tratando de sacarse un golpe de efecto por parte de Skyler, Jesse o Flint hacia el protagonista… pero creo que rápidamente descartarían casi todas las opciones más originales y bizarras porque carecían de sentido interno en la historia. Para unos creadores obsesionados con la sutileza y tan defensores del subtexto temático en su historia, no sería posible traicionar a los personajes con un final by the face con tal de lograr un gran “chim pum” de despedida.

El final de este episodio ya muestra a Walter haciendo lo que tiene que hacer: devuelve a Holly a su hogar, exculpa a Skyler ante la policía y anuncia que tiene algo pendiente. Para el protagonista no es concebible dar su brazo a torcer ante sus enemigos, así que comienza a preparar su lenta venganza (porque aunque sean 2 episodios, en la serie pasan meses). Por la parte personal, el hecho de que su familia no quiera saber de él no le impide proporcionarles un futuro estable… en ello lleva desde el primer capítulo, sin necesidad alguna de aprobación. La solución de Grey Matter y como nos la construyen es simplemente maravillosa (otro círculo recorrido, otro cabo atado por el camino. Una vez no quiso su ayuda y ahora les obliga a ayudarle).

Marido y mujer cara a cara por última vez.

Marido y mujer cara a cara por última vez.

Quizá la mayor concesión a la sorpresa sea el hecho de que Walter se confiese ante Skyler. “Todo lo hice por mi”, reconoce al fin. Esto, que va en contra de un personaje que ha negado la evidencia cientos de veces a su esposa y es incapaz de aceptarse a si mismo ante ella, no es sino la muestra definitiva de que Jekill y Hyde han llegado a un acuerdo, a un punto de entendimiento… al fin y al cabo, la pobre Skyler se merecía ese momento y Walter adquiere una nueva dimensión como persona verbalizando su demonio (sólo una temporada antes, esa conversación le costó la vida a Mike).

Más allá de las peripecias de la venganza, ejecutada con la elegancia habitual a la que nos tiene acostumbrados (y siguen cerrando círculo: la ricina, asegurar que no haya más meta azul, etc.), el otro punto pendiente era el encuentro final con Jesse. Y de nuevo sucede lo único concebible: Walter salva a Jesse, como lo ha salvado cientos de veces antes. Jesse es un personaje perdido, cada vez que ha estado sólo ha caído a los infiernos y, por mucho que le odie, es Walter quien aparece siempre para sacarle del hoyo. No es casual que tras todo lo pasado entre ellos, le siga llamando Señor White… Naturalmente esto no quita que Walter sea un auténtico cerdo inmisericorde con Jesse. Precisamente por eso, a continuación hace la única otra cosa que podía hacer: tratar de manipularle por enésima vez (en este caso para que le mate). Jesse obtiene su pequeño triunfo negándose… pero es que otra cosa hubiera resultado inconcebible, ya que hace temporada y media que dejó de hacerle caso a pies juntillas y tampoco ha tenido nunca lo que hay que tener para acabar con él por si mismo.

all the bad things must come to and end.

all the bad things must come to an end.

Y así llegamos al final. Un final que, más allá de los detalles concretos de la trama, estaba escrito desde hace mucho tiempo; y ello gracias al buen hacer de los guionistas, que cuando crearon los personajes y diseñaron sus conflictos y los temas sobre los que trataría la serie, lo hicieron tan bien que la lógica dictaba que ésta, era la única salida posible.

Hasta que nos leamos.

Copiando las telemetrías

telemetrias

A muchos de vosotros quizá no os suene de nada esta expresión proveniente de la Fórmula 1. La telemetría es una tecnología que permite la medición de magnitudes físicas a distancia (podéis leer más sobre el tema aquí); la frase del título hace alusión a las ocasiones en que un piloto imita la táctica y manera de conducir de su compañero de escudería para mejorar o, al menos, igualar sus resultados.

Parece que este fenómeno no es exclusivo de la alta competición del motor, en el campo de batalla televisivo, las distintas cadenas hace tiempo que parecen instaladas en la comodidad de copiarse tácticas de programación las unas a las otras y se echa de menos la capacidad de investigación, de asumir riesgos e innovar que había en los primeros años de la televisión privada.

De todos es sabido que España mantiene un horario de prime time distinto al del resto de occidente. La franja estrella del consumo televisivo en nuestro país empieza más tarde y termina más tarde que en ningún sitio, avalada por la creencia de que los españolitos cenamos a las tantas… Eso, que ha sido una verdad invariable, hace tiempo que no lo es tanto y en las grandes ciudades (que es donde se juega principalmente esta batalla por el share) se tiende cada vez más al horario de nuestros socios comunitarios. El común de los trabajadores madruga y entra a trabajar a unas horas que no aconsejan estar viendo la TV hasta bien pasada la media noche.

Un ejemplo del clásico consumo por franjas en que la noche es el rey.

Un ejemplo del clásico consumo por franjas en que la noche es el rey.

Analicemos el recorrido ideal para un canal generalista, suponiendo que el espectador comienza a verlo a las 9 de la noche: a esa hora encontraría el informativo, presunto intocable de la parrilla, que viene a durar unos tres cuartos de hora y desemboca en el programa de Access prime time. Otro calvario de 45-50 minutos de entretenimiento y/o humor que hemos de superar para ver el teórico plato fuerte (y ya van hora y cuarenta minutos en el contador). Si el programa estrella es una serie nacional, hablamos de entre 60 a 75 minutos de contenido a los que hay que sumar 15 o 20 de bloques publicitarios. Como pronto, el final del capítulo se alcanza a las 00:15 de la madrugada. De tratarse de una serie extranjera, como doblan capítulo y estos duran 45 o 50 minutos, la situación es peor aún. Si tenemos la mala suerte de estar viendo un programa de entretenimiento de gran formato (talents, realities, etc.) hay que sumar otro cuartito de hora a la duración del formato y otro bloque de publi, con lo que estamos más cerca de la una de la madrugada que de otra cosa. Sólo TVE y su ausencia de anuncios rebajan estos horarios demenciales, aunque únicamente en lo que se refiere a la hora de terminar el primer time.

La situación ha llegado a un absurdo tal, que cada vez tenemos que esperar más para ver el programa estrella (22:40 horas en casi todas las cadenas).  Tanto los informativos como los formatos de acces han visto engordada su duración hasta rondar la hora; en el caso de los primeros, en gran parte por culpa por la cobertura deportiva y del tiempo, que se han convertido en miniprogramas casi independientes del informativo principal. En el caso de los programas teloneros, las cadenas han comprobado que en esa franja horaria hay muchísima gente viendo la TV, más que a partir de las 23:30, así que tratan de aprovecharlo estirando los contenidos del formato de acces prime time… lo incomprensible del asunto es que con un telediario más corto (los 30 minutos de toda la vida eran más que suficientes) y un acces más breve tendrían a todo ese púbico que no quieren dejar escapar viendo su programa estrella desde hace un rato y dispuestos a aguantar la emisión hasta el final, ya que éste se produce a una hora razonable.

El miedo a qué programar a partir de las once y media de la noche agarrota a las cadenas y les impide sacar el máximo provecho a las dos horas anteriores, las realmente fuertes.  Y por el camino no se enteran de que el consumidor comienza a montarse la fiesta por su cuenta, harto de someterse al horario dictatorial de los canales. Cada día me llegan más testimonios de amigos y allegados que consumen su propio acces prime time mientras esperan al tardío comienzo del programa o serie que les gusta consumir en la tele.  Si, me gusta ver “Gran Hotel” y lo voy a hacer en su emisión original, pero ni por asomo te creas que para ello me voy a tragar “el hormiguero” porque sí; me pongo un capítulito de “Breaking Bad”  en Wuaki y me quedo tan ancho… y ahora corres el riesgo de que me enganche y decida ver algún otro más, dejando para mañana el visionado de “gran hotel” a la carta en tu web…

El negocio ha cambiado. O programas bien, o el usuario se autoprogramará las emisiones.

El negocio ha cambiado. O programas bien, o el usuario se autoprogramará las emisiones.

Ante este panorama de poca coherencia entre hábitos del público y oferta televisiva, lo lógico sería pensar que alguna cadena estuviera dispuesta a arriesgar programando de otra manera y variando la oferta de contenidos y horarios… pero nada más lejos de la realidad; nuestros grandes grupos audiovisuales se limitan a copiarse las telemetrías para minimizar sus pérdidas.

Se echa en falta los tiempos en que una cadena como Telecinco era capaz de programar a contracorriente y prescindir de los informativos, relegando éstos a una única emisión al filo de la medianoche (el mítico “Entre hoy y mañana” de Luís Mariñas). O las apuestas en ficción del antiguo Canal + en abierto (del que se suponía que Cuatro heredaba su espíritu y filosofía, aunque ya no quede rastro de ello) que nos regalaban una última hora de la tarde cuajada de excelentes sit coms americanas. Lo mismo ocurría cuando alguien se atrevía a innovar programando un formato made in late night en plena sobremesa dominical, como fue el mítico primer “Caiga Quien Caiga” (¿Alguien se imagina ahora a Wyoming en esa franja?). En aquella época teníamos posiblemente peores programas de televisión, pero había mucha más variedad y valentía que ahora.

Hoy, comprobamos a diario como La Sexta y Cuatro no dejan de copiarse los movimientos el uno al otro (desde los informativos deportivos a los magazines de actualidad en la tarde), vemos que entre Antena 3 y Telecinco se replican continuamente formatos de reality (el último y flagrante ejemplo, el mundo “piscina de famosos” vivido esta primavera o la actual fiebre por los formatos de cocina), asistimos atónitos a como en un país con casi 5 millones de parados las cadenas siguen pensando que por las mañanas sólo ven la tele las amas de casa, o al hecho de que la programación infantil haya desaparecido por completo de las parrillas generalistas, limitándose ésta a contenedores de series (en su mayoría extranjeras) en canales temáticos.

Habrá quien argumente que la llegada de la TDT sirvió para fragmentar audiencias y para dotar de contenidos a los canales especializados, pero eso no sirve para explicar el tema de las generalistas y el hecho de que todos los jugadores empleen la misma estrategia comercial. ¿Imagináis a los 5 restaurantes de una calle ofreciendo la misma carta de comida?, ¿Cómo puede uno ser mejor que otro si compite con exacto producto? Al final sucede lo que estamos viendo desde hace meses: diferencias de una o dos décimas entre cadenas rivales, derivadas de las pequeñas variaciones entre el gusto de unos espectadores al de otros.

Al final, entre 7 canales sólo marcan 9 décimas de diferencia...

Al final, entre 7 canales sólo marcan 9 décimas de diferencia…

Lo que yo me pregunto es: ¿No sería más lógico distanciarte de los competidores? ¿No es más eficaz comenzar a hacer cosas diferentes a ellos para ver si así se rascan puntos y no décimas de audiencia? El riesgo de fracaso está ahí, pero no es que con su táctica actual no exista (de hecho, y como siempre, la mayoría de programas y series que se estrenan fracasan); sin embargo, el margen de mejora es mucho, la posibilidades de que el público agradezca al fin una televisión distinta es clara… realmente ¿No merece la pena intentarlo?

En plena crisis, muchos nos pasamos el día hablando sobre las tablas de salvación del sector: que si el branded content, que si la narración transmedia, que si las social TV y la segunda pantalla… muchas buenas intenciones pero pocos, muy pocos, hechos por parte de los que a día de hoy siguen soportando la mayor parte del peso de la producción audiovisual en España. Una cadenas de televisión que se limitan a no correr riesgos, a copiar lo que funciona, a adaptar formatos extranjeros de éxito y a abaratar todo coste posible mientras siguen cerrando productoras y sigue desmantelándose el tejido industrial de nuestro audiovisual… ¿Y todo para qué? Para salvar unos datos de audiencia pírricos en comparación a los de antaño, en los que la separación entre éxito y fracaso parece estar ya simplemente en la barrera mental de los dos dígitos.

¿Para cuando alguien que dé un paso al frente y se atreva a hacer algo distinto?

Hasta que nos leamos.