Sísifo Producciones estrena imagen

Hoy estamos de inauguración, ya que la marca comercial que uso profesionalmente, Sísifo Producciones, tiene nueva imagen.

 

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Hasta ahora he potenciado y usado siempre más mi  propio nombre, al ser un freelance y trabajar yo solo; pero desde hace un año y medio he ido entrando cada vez más en el mundo de la producción pura y dura. En aquellos días decidí crear esta marca para poder firmar con ella algunos de los trabajos que he ideado, creado o coproducido en los últimos tiempos. De hecho tanto la webserie “La Peña. Malaguitas F.C.” como el documental web “El Camino Mozárabe de Santiago: la última aventura del Siglo XX” son hijos de Sísifo, aunque quizá no estuvieran del todo bien identificados.

¿Y por qué Sísifo?

En primer lugar, y para los que no le conozcan, presentemos al personaje aquí.

Siempre me ha gustado el mito de Sísifo, el eterno retorno, y la filosofía de los existencialistas. Elegí este nombre porque el oficio de escribir tiene mucho de Sísifo: nos pasamos el día reescribiendo. Cada vez que pones el punto y final de un guión, relato, cuento o novela, automáticamente vuelves al comienzo y emprendes de nuevo el camino para corregir errores y mejorar la obra. El escritor siempre decide cargar otra vez con su piedra ladera arriba.

También pasa lo mismo con las producciones audiovisuales. Uno se mete de lleno en un proyecto que llega a convertirse con mucho trabajo y esfuerzo en un programa, serie, documental, etc. y durante ese tiempo hace rodar gustosamente dicha roca hasta llegar a la meta. Pero una vez que el trabajo acaba se encuentra de nuevo a los pies de la montaña, sólo y con todo el camino por recorrer otra vez, en busca de un nuevo proyecto al que dar forma.

 

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Poco a poco pretendo dar más presencia a Sísifo Producciones, sin abandonar mi marca javijaureguitv, así que espero poder contaros cómo van llegando nuevos trabajos, una web propia, un canal youtube, etc. Por ahora, hemos dado un nuevo e importante paso. Podéis ver todo lo que ofrecemos desde Sísifo en el apartado correspondiente de la parte de arriba del blog. A partir de ahora estará siempre fijo ahí, pero por estar de estreno también podéis pinchar directamente aquí.

Respecto al logo en sí, ha sido elaborado por la maravillosa diseñadora gráfica Sara Ortiz en su estudio de Barcelona. Sara es tan buena que ha aparcado los trabajos de su propia web para atenderme a mí, así que hasta que ésta esté lista os enlazo a su Linkedin para que podáis ver alguno de sus antiguos trabajos y de los proyectos más recientes en esta nueva etapa profesional que está comenzando.

Su trabajo, que a mí me ha encantado, resume perfectamente el background del mito y el personaje a la vez que establece algunos guiños al mundo audiovisual. Ahora queda saber qué os parece a todos vosotros 🙂

 

Hasta que nos leamos!

 

El motor interno

Diapositiva1Últimamente he visto dos series que me han hecho pensar mucho en la construcción de personajes; y lo han hecho por no quedarse en el paradigma habitual, por no conformarse con lo establecido y querer conseguir capas nuevas de profundidad en sus protagonistas. Las series en cuestión son “Masters of sex” y “Boss”.

Cuando los guionistas diseñamos personajes solemos hacerlo a base de conflictos, entendiendo por éstos los diferentes problemas con que se encontrará en la historia y que harán que sea interesante para el público. Entre los conflictos clásicos podemos diferenciar tres tipos:

Conflictos externos: del tipo “tengo que salvar el mundo/atracar un banco/perder la virginidad antes de graduarme”. Suelen utilizarse como el gran motor de la historia, lo que hace que la trama avance.

Conflictos internos: del tipo “le tengo miedo a volar/ no me gusta mi cuerpo/mi fe no me permite abortar y quiero hacerlo”. Normalmente se usan para profundizar en tu protagonista, otorgarle matices y dimensión y que el conjunto sea más rico.

Conflictos de relación: del tipo “amo a la novia de mi amigo/mi padre no acepta mi forma de vida/sufro acoso laboral”. Sirven para estructurar y crear las subtramas, o sea para las pequeñas historias adyacentes entre el protagonista y los secundarios.

Lo que me ha llamado la atención de las mencionadas series es que los guionistas usan el conflicto interno como motor de la historia. Tanto Bill Masters como Tom Kane se relacionan con el mundo exterior condicionados, en gran medida, por un trauma interior o problema personal. Esto, que ahora desarrollaré más detenidamente, es algo bastante poco habitual y que les ha funcionado increíblemente bien.

Si que es verdad que hay muchas historias donde el conflicto externo es de una naturaleza tal que se puede confundir con un conflicto interno aunque no lo sea:

– En “Boys don´t cry”, por ejemplo, el personaje de Hilary Swank ni tiene ningún problema con su identidad sexual (posible conflicto interno), lo tiene con la sociedad que no acepta su transexualidad y con el rechazo que despierta (conflicto externo o de relación).

– En “Mar adentro” el protagonista, en contra de lo que pueda parecer, no tiene ningún problema consigo mismo. Ramón acepta la vida que le ha tocado vivir y la disfruta al máximo, simplemente se ha cansado de hacerlo y prefiere dejar este mundo cuando y como él decida. El conflicto viene del exterior, de las leyes jurídicas y morales que le impiden suicidarse y de algunos de sus allegados, que pueden no entender bien esta decisión.

Conflictazo interno: ¿Mato al pápa o me voy con él al lado oscuro?

Conflictazo interno: ¿Mato al pápa o me voy con él al lado oscuro?

 

En el caso de las series, en las que hay mucho más tiempo para desarrollar a los personajes y los conflictos internos ganan en importancia, suele suceder un poco lo mismo: éstos parecen ser el aspecto central de la trama, pero rara vez alcanzan ese grado de relevancia. Veamos un par de ejemplos:

– Durante las últimas temporadas de “Breaking Bad”, el personaje de Jesse Pinkman tiene un claro conflicto interno: su remordimiento por todos los crímenes cometidos. Esto condiciona visiblemente la trama y a él (recaída en drogas, hastío, desilusión por la vida y sobre todo distanciamiento de Walter) pero no llega a constituirse en el motivo principal de sus actos; éstos vienen determinados por un conflicto externo como es la necesidad de salvar la vida, para lo que debe seguir obedeciendo a Walter en todo o acabará tan muerto como los que se le opusieron anteriormente.

Algo parecido le sucede al protagonista de “The walking dead”; en las dos últimas temporadas Rick se encuentra sumido en la más profunda depresión, provocada por los demonios de todos sus actos inmorales y por los fantasmas de aquellos a los que no pudo salvar. Ello afecta a su rol como líder y su capacidad de mando, y por tanto a toda la trama… sin embargo no llega a ser el impulso substancial de ésta, ya que los continuos ataques zombi y las luchas entre grupos rivales le obligan a seguir actuando y avanzando.

Jesse y Rick son dos ejemplos de personajes cuyo conflicto interno habría parado la acción (querían rendirse) pero sus conflictos externos han actuado de motor, obligándoles a reemprender la marcha. Dramáticamente es algo muy rico y provechoso, pero ahora vamos a ver el ejemplo contrario, que es el que nos atañe.

– En “Masters of sex” el protagonista tiene un claro conflicto interno: no es capaz de aceptar sus fallos, su imperfecta humanidad. Los guionistas aprovechan esto para convertirlo en el impulso principal de muchas de sus decisiones, sobre todo en su forma de relacionarse con el resto de personajes. Así, Bill sabe desde el principio que él es el estéril dentro del matrimonio y no su mujer, pero como no puede asumirlo la hace pasar por un infierno de tratamientos médicos y por un calvario psicológico en su hogar que casi la destruyen. El ver qué trata así a alguien a quien ama le da al espectador una idea muy clara del personaje y lo define desde su propia esencia.

Algo parecido sucede en su relación con Virginia, a la que ama en secreto sin ser correspondido. En lugar de aceptar la derrota, Bill fuerza las cosas hasta el punto de comprometer su estudio e introducir una variable nueva con tal de obligarla a participar y así poder acostarse con ella (aunque sea de forma mecánica y científica).  Según avanza la temporada ella experimenta hacia él un acercamiento y después un rechazo. Bill, recompensa o castiga esto utilizando su posición de jefe (pasa de buenos modos y ascensos a malas formas y despido); de esta manera, la lectura que se hace el espectador sobre la forma de pensar del protagonista viene a ser: “como yo soy infalible y no me equivoco si haces lo que quiero, o sea lo correcto, tendrás éxito; de lo contrario no te quiero en mi vida”. Lamentablemente para él, la vida sin Virginia es mucho más gris y todo apunta (el final de la temporada lo confirma) que el arco de evolución del protagonista le va a llevar a afrontar de una vez su conflicto interno para que deje de dirigir su vida.

Un poco de carnaca, por si se os hace largo el post.

Un poco de carnaca, por si se os hace largo el post.

 

Un planteamiento similar vemos en su subtrama con el Dr. Hass, al que no le perdona haber tenido éxito tratando a su mujer cuando él fracasó. La no aceptación de su imperfección le llevan a condenar a su aprendiz al ostracismo (aunque aquí se mezcla también el rechazo a ser padre debido al trauma infantil que arrastra con el suyo).

Incluso podría vislumbrarse que el conflicto interno está detrás del mismo estudio sobre sexo que da sentido a la historia: dado que él no sabe hacer el amor más que de forma fría, mecánica e impersonal debe encontrar un culpable que le descargue de culpa o fallo; se vuelca entonces en demostrar que el sexo es algo mucho más complejo de lo que se cree y que la sociedad coarta a las personas impidiéndoles disfrutar plenamente de ello. Da igual que haya gente como Virginia, Austin o Betty que han sido capaces de experimentar y alcanzar un conocimiento sexual mucho más amplio… como él no lo ha hecho, es que no se puede o no te dejan, ya que él nunca se equivoca.

Al final, el espectador comprende que todos los actos importantes del personaje, todos los giros de la trama a lo largo de una temporada entera vienen de la mano de su conflicto interno.

– Si hablamos de “Boss” el ejemplo es mucho más claro aun. El protagonista de la (bajo mi criterio) erróneamente cancelada serie está completamente definido por un conflicto externo: se está muriendo de una enfermedad rara. Pero a medida que avanza la serie el espectador descubre que todas las respuestas a su forma de actuar y las decisiones que toma vienen de la mano del contrapunto interno de ese gran conflicto: Kane no es capaz de aceptar que se muere y que el juego ha terminado. Por cierto, no lo he mencionado antes pero el personaje que interpreta Kelsey Gramer en la ficción es el alcalde de Chicago… Cualquier otro con más cabeza se habría retirado a disfrutar de sus últimos meses en paz y armonía, los más apegados al cargo hubieran diseñado una forma de dejar su nombre escrito en la historia de la ciudad pero Tom Kane no, él se empeña en aferrarse al poder como vía de escape y comienza una cruzada por imponerse a todo el que le rodea, ya sea adversario, aliado, amigo o familiar.

Esta necesidad de victorias (personales y políticas) es su respuesta a la derrota vital que va a sufrir. Kane mantiene tan en secreto como puede la enfermedad, como si así fuese un poco menos cierta; se medica buscando que no se le vea enfermo en vez de tratar de paliar los efectos, otro derivado de su negación interna. Como le recuerda su mano derecha Ezra Stone al final de la primera temporada, para saciar su sed de triunfo llega a cometer los más terribles actos y traiciones sin más motivo que, , el demostrarse a sí mismo que sigue siendo (como titula la serie) el puto amo del cotarro.

Ambos, Bill Masters y Tom Kane, suponen un tipo peculiar de protagonista; un poco anti héroes y un poco villanos. Lo que no se puede negar es que los dos encandilan al espectador, que resultan terriblemente interesantes;  y esto se ha conseguido en gran parte gracias al inteligente y novedoso diseño del personaje por parte de los guionistas.

 

Hasta que nos leamos.

¿Alta costura o prêt-à-porter?

Anoche se estreno el primer capítulo de “Velvet”, la nueva serie de Bambú para Antena 3. La emisión fue todo un éxito de audiencia y acaparó el mayor número de comentarios en las redes sociales. Hoy toca el día de las críticas y aquí va la mía.

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Si algo han demostrado Ramón Campos y los suyos en estos años es que saben construir productos sólidos por los que moverse de forma de forma segura, y “Velvet” cumple este paradigma a la perfección. La ficción tiene todos los elementos que mejor se le dan a la productora y que sirven para aglutinar frente a las pantallas a millones de espectadores; a saber: melodrama lujoso, historia de amor potente, actores principales con carisma y una producción técnica sobresaliente. De hecho, el proyecto comenzó como una comedia romántica y poco a poco se fue encauzando hasta la línea narrativa habitual de sus guionistas.

Una vez más, Bambú ha hecho alarde de esa capacidad que tiene para aprovechar un referente previo y construir un territorio nuevo y particular a partir de él. Ciertamente, no se puede decir que “Gran Reserva”, “Hispania”, “Imperio”, “Gran hotel” o “Velvet” sean copias o versiones de “Falcon Crest”, “Roma”, “Dowton Abbey” o “The Paradise”, respectivamente, pero si comparten con éstas la dosis justa como para resultar familiares al público y suponerles un producto cercano y apetecible. Unos verán en esta tendencia falta de creatividad, para mi es saber producir televisión…

Y efectivamente, el problema de Velvet (y de las últimas series Bambú, en general) no es que se parezcan demasiado a otra ficción inglesa o americana, no; es que se parecen demasiado entre ellas. La cantidad de producciones se está haciendo tan grande que para garantizar la buena marcha de todas ellas se recurre a la repetición de patrones de éxito, lo cual si bien es entendible también supone un riesgo importante. Globomedia, por ejemplo, lleva años explotando esa fórmula con eficacia en las audiencias, pero por el camino ha perdido el favor de una parte del público y de casi toda la crítica (los hasta ahora grandes aliados de Bambú).

Recapitulando lo visto en el primer capítulo de Velvet  encontramos, a mi gusto, demasiados elementos repetidos de sus anteriores historias:

1) La gran relación romántica se parece demasiado a sus anteriores amores imposibles (bien por familias enfrentadas como en “Gran Reserva” y “El Origen”, bien por diferencia de clases como en “Gran Hotel”). Por lo que he podido leer, el desarrollo de esta trama va a ser diferente, así que daremos un voto de confianza…

2) Otro aspecto recurrente que aparece es la familia como motor de conflictos. Éste es uno de los temas Bambú por excelencia y es lógico que siempre esté presente porque forma parte de la voz del autor, pero se echa de menos que por primera vez nos muestren a una familia bien avenida en cuyo hogar no vuelen cuchillos constantemente.

3) El tercer clásico que llama la atención es la ambientación de clase alta; bien sea el terrateniente viticultor, el patricio romano acomodado, el noble de principios del Siglo XX o ahora los potentados de postguerra… el caso es que Bambú siempre nos presenta personajes de alto poder adquisitivo. Esto para mi es un mérito muy yanqui, el conseguir que tu público se identifique con unos personajes de un entorno muy ajeno y seducirles con la belleza y el glamour de éste. De hecho, los guionistas siempre lo contrarrestan con la presencia de otros personajes más humildes y, por ello, funciona bien. Simplemente es que, una vez más, añoramos un planteamiento distinto.

4) Un padre con secretos inconfesables, una lucha fratricida por hacerse con las riendas de la empresa familiar, los trabajadores que viven en el mismo establecimiento en el que trabajan, una jefa/gobernanta especialmente estricta y que parece ocultar una relación amorosa con el jefe… todos estos elementos de “Velvet” ya nos suenan de muchas de las series anteriores de la productora. Soy conscientes de que las historias están todas contadas y de que lo único nuevo que podemos aportar es el punto de vista, pero se agradecería una vuelta de tuerca más profunda entre una ficción y otra.

Ramón Campos, un autor con sello y estilo propios.

Ramón Campos, un autor con sello y estilo propios.

¿Quiere esto decir que los autores de Bambú están perdiendo frescura o que no son tan buenos como muchos suponíamos? Por lo poco que los conozco, mi respuesta es un rotundo no. He tenido la suerte de coincidir con Ramón Campos y Teresa Fernández Valdés un par de veces; en la primera les pitcheé un proyecto y en la segunda, Teresa nos recibió a mi socio y a mi para hablar sobre un documental nuestro en el que estaban interesados (por cierto, aprovecho la ocasión para meter una sucia cuña: Teresa, si estás leyendo esto… ¿Qué hay de lo mío?). En ambas ocasiones me quedó muy claro que ambos son dos talentos naturales y que entienden a la perfección los entresijos del negocio de la producción en este país. Por ello me inclino a pensar que si están haciendo un producto como “Velvet” es, simple y llanamente, porque es lo que la cadena quiere que hagan.

Uno de los trasfondos temáticos de “Velvet” es el cambio de la moda, la muerte de la alta costura debido a la irrupción del prêt-á-porter. Y creo que Bambú, como productora, está inmersa en ese mismo conflicto: están produciendo series a medida para la cadena, con un acabado de lujo y apariencia de alta costura, pero los diseños y materias primas (las historias, en este caso) son prêt-á-porter, y lo son porque es lo que dicta el mercado, lo que el cliente puede costear y lo que ya se sabe que funciona para millones de personas. Me recuerdan a los grandes diseñadores que de vez en cuando sacan una colección para H&M: lo hacen bien y bonito, les da de comer y no les lleva mucho tiempo, pero ni de lejos es un trabajo que les exija el 100% de su talento y capacidad.

Ramón Campos, Gema Neira, Cristóbal Garrido, Carlos de Pando, Ángela Armero, María José Rustarazo, Eligio R. Montero, Jaime Vaca y otros muchos (perdón por no citar a todos) son unos creadores excepcionales que nos han dado momentos, tramas y personajes sublimes; pero tengo la sensación de que están trabajando con el pie levantado del acelerador, sin abrir gas a tope y mostrar todo lo que tienen dentro porque es lo que toca (lo que casi siempre toca). Por suerte para todos, la productora se ha embarcado en un par de proyectos internacionales donde, quizá, si que se les permita o exija dar lo mejor de si mismos.

Mientras tanto seguiremos disfrutando de la oportunidad que nos brinda “Velvet”: ir bien vestidos y elegantes aunque sea con las mismas prendas de siempre.

Hasta que nos leamos.

El Camino Mozárabe de Santiago

Permitidme que hoy dedique esta entrada a presentar la que ha sido mi más reciente producción audiovisual, el trabajo que me ha tenido ocupado desde el pasado septiembre hasta finales del año 2013. Se trata de un documental producido junto a los amigos de Digital Master para el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente y coordinado por el Ceder La SerenaLa obra se titula: “El Camino Mozárabe de Santiago: La última aventura del Siglo XXI”.

El pasado miércoles 22 de enero tuvo lugar la presentación oficial del mismo en FITUR, así que ya podéis disfrutar todos con nuestra obra, que puede verse en Youtube y a través de ésta y ésta webs especializadas (Y por supuesto, aquí en este blog). Para los desconocedores del tema, El Camino Mozárabe es la vía de peregrinación hasta Santiago de Compostela que parte desde Andalucía. Se trata de uno de los recorridos más antiguos, ya que existe desde hace más de ¡¡once siglos!! aunque desgraciadamente hace cientos de años que cayó en desuso. Nuestro documental forma parte de un plan de actuación integral cuyo objetivo es recuperar esta vía y promocionarla entre los peregrinos, senderistas y amantes de los caminos. Afortunadamente, hoy en día se cuenta con rutas perfectamente señalizadas y una red de albergues y puntos de información o acogida a disposición del viajero.

Para que os hagáis una idea de lo que el Camino Mozárabe ofrece al visitante, ahí va un pequeño spot a modo de aperitivo.

La situación a la hora de encarar el proyecto era ésta: teníamos entre manos un producto muy potente y con un potencial tremendo, pero era poco conocido y partía en desventaja clara respecto al tradicional camino francés y otras rutas de peregrinación de la zona norte. Nos planteamos, por tanto, que la mejor forma de dar a conocer el Camino Mozárabe era desde su valor diferencial, a partir de aquellos atractivos que lo hacían único y distinto a todos los demás.

Por eso decidimos dividir la obra en varios fragmentos temáticos: juntos formarían un todo con sentido y unicidad, pero cada pieza podría también ser consumida individualmente. Esto último nos parecía especialmente importante para lograr una buena difusión en el entorno web, ya que varios vídeos de entre 2 y 3 minutos se moverían por internet y las redes sociales con total naturalidad, cosa más difícil de lograr en el caso del montaje total de 25 minutos.

Finalmente, produciríamos un mini docuweb a modo de resumen compactado de en torno a 7 minutos de duración, con idea de ser explotado como avanzadilla: quien quiera conocer el Camino Mozárabe se lleva una impresión bastante clara de lo que va a encontrar en estos 7 minutos; pero si se quedan con ganas de más, ahí están los 25 minutos para profundizar en cada uno de los aspectos apuntados en el vídeo corto.

Por su parte, el montaje alternativo, separado por temas, permitiría diseñar una distribución independiente para cada pieza y da la oportunidad al usuario de acercarse al Camino Mozárabe sólo desde el punto de vista que más le apetezca: un amante del arte puede conocer el patrimonio de esta ruta sin necesidad de ver también la parte de Naturaleza, alguien interesado en gastronomía puede esquivar las explicaciones históricas, un peregrino que busca información sobre los albergues puede hacerlo sin necesidad de descubrir los beneficios territoriales del Camino.

La producción la realizamos de forma conjunta entre Digital Master y un servidor, siendo responsabilidades mías el guión, la dirección de producción y la coproducción ejecutiva. Tengo que decir que me siento especialmente satisfecho de cómo ha salido todo ya que es el trabajo más importante que he realizado hasta la fecha asumiendo la máxima responsabilidad en la producción de campo… y no sólo conseguimos dormir bajo un techo cada noche, sino que también pudimos pegarnos alguna que otra comilona. Ya en serio, hemos sido un equipo pequeño y con una carga de trabajo importante, pero creo que hemos logrado sacar adelante un producto bonito, interesante y competitivo.

Ahora comienza la difícil tarea de la difusión. Lamentablemente esa parte ya no es responsabilidad nuestra (¡nos hemos enganchado al mozárabe y queremos más!) pero esperamos que este trabajo alcance el nivel de exhibición que merece y ayude a traer peregrinos al Camino Mozárabe de Santiago, que es de lo que finalmente se trata. Ojalá en breve podamos contar que el documental de 25 minutos va a emitirse en alguna televisión pública (se cerró en esa duración para ello) o que las versiones subtituladas al inglés y al alemán (que también las hay) están triunfando fuera de nuestras fronteras… de momento vamos a centrarnos en darlo a conocer, que os guste y que lo compartáis un poquito en vuestros muros de Facebook, time lines de Twitter, etc. etc.

Antes de acabar, me gustaría dar las gracias a todos los miembros del equipo por su enorme profesionalidad, el buen rollo del que han hecho gala y su entrega a este proyecto: Manu, Carlos, Virginia, Ángel, Juan Carlos, Roger, Peti y Elena han dado todo lo que tenían dentro por nosotros, y eso es un lujo… lo mejor que me llevo de esta experiencia.

Mención aparte se merece Nico, el director de documental, sin el que nada de esto hubiera sido posible (uno lee esta frase como un cumplido, una formalidad vacía, hasta que tiene la suerte de cruzarse con alguien que la dota plenamente de sentido); la capacidad de trabajo y sacrificio exhibidas en unas circunstancias que, lamentablemente, no han sido las más idóneas nos han servido a todos como una impagable lección de coraje y amor por este trabajo. Gracias amigo.

Os dejo aquí los enlaces a todos y cada uno de los vídeos que componen este trabajo, espero que os gusten.

Docuweb de 7 minutos.

Documental completo de 25 minutos.

El camino desconocido (pieza histórica)

El camino tranquilo (pieza sobre espiritualidad e infraestructuras)

Un legado diferente (pieza sobre patrimonio artístico)

Paisajes por descubrir (pieza sobre naturaleza)

El camino de los sabores (pieza sobre gastronomía)

El camino y los territorios (pieza sobre desarrollo rural)

El camino acogedor (pieza sobre relación con la gente del lugar).

Hasta que nos leamos!

La excepción que confirma la regla

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Anoche se concedieron los Globos de Oro 2014 y, al fin, se hizo justicia con Breaking Bad premiándola como mejor serie dramática del año (además de conceder el galardón de mejor actor a Bryan Cranston).

Hace un año escribía en este blog una teoría acerca de la duración de las series, teoría ejemplificada con la relación de series ganadoras del Globo de Oro en este siglo. Anoche, los críticos que votan estos premios hicieron lo contrario de lo que yo denunciaba en el post, premiaron a una serie al final de su andadura y no al comienzo; y lo hicieron porque Breaking Bad sólo puede paladearse con todo su exquisito sabor al cierre de la historia. Y es que a diferencia de la mayoría de producciones, que se alargan hasta el infinito buscando la rentabilidad, las aventuras de Walter White han durado lo que tienen que durar, ni un minuto más (a pesar de la enorme tentación de seguir explotando la trama).

Han sido 5 temporadas (4 y media en realidad, ya que la primera fue más corta) de duración, un poco más de lo que yo creía recomendable en mi teoría; por eso es la excepción que confirma la regla… porque al igual que le sucedía a The Wire (mi otra excepción) Breaking Bad es una obra maestra en su género que marcará una época y una manera de hacer las cosas. Y si algo nos ha dejado claro la Historia del Arte es que a las obras maestras no se las pueden juzgar con el mismo rasero que a las demás.

En cualquier caso, me alegro mucho de este triunfo. No sólo por ser un incondicional de la serie y porque se haya impuesto la calidad frente a la popularidad de masas, también porque ha quedado claro que tener la historia completa en la cabeza todo el tiempo y no ceder a la tentación de estirar el chicle más de lo necesario da siempre los mejores resultados.

 

Hasta que nos leamos.

El sacrificio

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Los que me conocéis bien sabéis que soy un fanático de la fantasía heroica y, muy especialmente, de Tolkien. Estas navidades he podido visionar “El Hobbit: La desolación de Smaug” y, por primera vez desde que Peter Jackson comenzase sus adaptaciones cinematográficas, me ha sucedido algo: no he sido capaz de desconectar el chip de guionista. Hasta ahora, cada vez que veía una de las películas de la trilogía de “El señor de los anillos” o la primera parte de las aventuras de Bilbo Bolsón disfrutaba como un enano (como uno de las Colinas de Hierro, para más INRI); la pasión por la historia, los personajes, las recreaciones, etc. y el verlos plasmados en la pantalla con semejante derroche de medios era placer suficiente como para aparcar por un momentos los análisis sobre la trama o los arcos de evolución y la lupa con la que examino cada giro y cada línea de diálogo en la mayoría de películas (cargante deformación profesional, lo admito).

Pero esta vez no; con “La desolación de Smaug” ha sido diferente. A pesar de vibrar como el que más durante la proyección, no dejé ni un momento de ser muy consciente de sus luces y sus sombras y me pasé media peli pensando “¿Porqué han tirado por aquí?” o “¿Para que han decidido incluir esto en lugar de lo otro?“. Porque según mis conclusiones, esta adaptación pincha en algo fundamental, algo que hasta ahora Jackson siempre había sabido captar bien: el tema de fondo. A diferencia de “El Señor de los anillos” que a medida que progresa se va tornando en una epopeya, “El Hobbit” es eminentemente una aventura pura y dura. En el libro, los personajes están constantemente saltando de un peligro a otro a un ritmo vertiginoso y el director neozelandés ha querido ponderar ese aspecto en la pieza central de su nueva trilogía; el resultado es espectacular: hay un buen puñado de escenas de acción trepidante y las posibilidades tecnológicas lucen en todo su esplendor; sin embargo conseguir tal efecto requiere de algunos sacrificios, cosas que hay que dejar en el camino en aras de la espectacularidad. Algunas son perdonables, entendibles y hasta recomendables… pero otras no. Y el gran sacrificado de “El Hobbit”, el motivo por el cual la película no funciona bien, no es otro que su protagonista.

Efectivamente, Bilbo queda diluido en mitad de la vorágine de acontecimientos y pasa a un poco acertado segundo plano. ¿Os imagináis una historia de Indiana Jones en la que él no sea el centro de todo? pues eso es lo que le pasa a esta película. Es comprensible que con 13 enanos muy similares se pretenda dar más profundidad a alguno de ellos (en este caso le toca a Kili), o que se pretenda aprovechar el tirón de Legolas para sumar y mejorar la historia, o que la aparición de nuevos personajes como Bardo acaparen minutos… si; pero todo ello no debe redundar en la desaparición del protagonista, y no me refiero a su presencia en pantalla (porque Bilbo estar durante muchos minutos, está) si no a su papel como motor de la acción y conductor de la narración.

Un ejemplo entre muchos: ¿Dónde coño está Bilbo?

Un ejemplo entre muchos: ¿Dónde coño está Bilbo?

 

Por eso aludíamos antes al fallo en la elección del tema de la cinta, porque es, precisamente, en esta parte del libro en la que Bilbo sufre su gran transformación como personaje; aquí pasa a ser un verdadero héroe, un líder para la compañía, el que les saca las castañas del fuego en ausencia de Gandalf… ¿Y donde está todo eso en la película? sucede, si, pero tan rápido y tan de puntillas que no cala en el espectador en absoluto. Quizá los guionistas pecaron de impaciencia adelantando este tema en la primera parte, “Un viaje inesperado”, y no han querido seguir remarcándolo durante tres horas más, pero era éste y no otro el momento de narrar la transformación de un joven y acomodado Hobbit en un héroe de acción todo terreno.

Para los que no conocen la obra literaria quizá el fallo no sea tan explícito, pero todo lector de Tolkien habrá notado sin duda la disminución de la responsabilidad de Bilbo en la travesía por el Bosque Negro, la liberación de las arañas, la huida de la ciudad de los elfos del bosque y, sobre todo, el enfrentamiento con Smaug (que aunque bien plasmado, se queda corto a la hora de reflejar el extraordinario coraje y pericia mostrados por el pequeño Hobbit). En líneas generales, el espectador sale del cine con la impresión de que “La desolación de Smaug” es más una película coral en la que el protagonismo recae a ratos y partes iguales en Thorin, Bardo, Kili, Bilbo y Gandalf (herencia esto de “El señor de los anillos) que una película con un protagonista principal y bien definido.

De este modo, la película funciona bien como tal pero pincha como adaptación, ya que no ha conseguido ser fiel al espíritu de la parte del libro que traslada a la pantalla. Queda la duda de ver cómo resuelven la papeleta de la tercera parte, de por si complicada ante la falta de material original del que tirar (el libro encara su breve recta final en el punto en que acaba “La desolación de Smaug”). Si a esto sumamos que no se ha sembrado lo suficiente los cambios en el interior de Bilbo que provocarán sus mayores conflictos futuros con el resto de personajes, se antoja complicado pensar que el desenlace de “El Hobbit” nos deje para el recuerdo a ese personaje inolvidable que Bilbo podría y merecía haber sido.

 

Hasta que nos leamos.

Algo si que pintaremos.

guionista

 

Los guionistas, seres de poca autoestima y derrotistas por naturaleza, nos pasamos el día quejándonos de que somos los últimos monos dentro de una industria que debería tenernos en un pedestal. Cierto es que el propio negocio del audiovisual español se encarga con demasiada frecuencia de enviarnos a ese rincón oscuro al que nos tiene relegados en los estrenos, las grandes reuniones y las tomas de decisiones… pero también es verdad, que en lugar de luchar de manera coordinada por lograr nuestras reivindicaciones (¡Como he envidiado siempre a esos eléctricos capaces de parar un rodaje con su convenio colectivo bajo el brazo!), los guionistas somos más dados a regocijarnos en nuestra desgracia cual Neimar haciendo la croqueta por medio campo tras recibir una falta… (colar un chiste de actualidad futbolera tendenciosa: +1).

Afortunadamente, parece que últimamente se están haciendo esfuerzos por corregir ese individualismo galopante y ese síndrome de mártir que afecta al guionista medio patrio. Me refiero a iniciativas como el encuentro entre medios y guionistas organizado recientemente por ALMA o al inminente III encuentro de guionistas en Bilbao (¡¡Al que no podré asistir por culpa de una maldita fecha de entrega!!). Esperemos que este tipo de actos sirvan para tomar un poco más de conciencia de clase (muy afrancesada, esta expresión) y, sobre todo, para que el público se vaya dando cuenta de que el guión es una parte vital del proceso de creación de sus pelis y series favoritas.

Y precisamente en esta nueva temporada televisiva, los espectadores pueden comprobar de primera mano como los guionistas contamos en una serie, y mucho… (nunca mejor dicho). Lo digo porque tras unos cuantos episodios de la segunda temporada de “Isabel”, ha quedado patente el cambio de manos tecleando y cuanto puede afectar ello al producto final.

 

imagen que reproduce el cuadro "La rendición de Granada".

imagen que reproduce el cuadro “La rendición de Granada”.

 

Aunque en EEUU es mucho más normal ver caer equipos enteros de guionistas (uno de los casos más conocidos  aquí), en España esto suena raro aun; el día en que Javier Olivares, creador de la serie y cabeza del equipo de guión, y los suyos decidieron abandonar el proyecto por disparidad de criterios con los productores, se creo un revuelo mediático en todo el mundillo audiovisual. Afortunadamente fue una separación más o menos amistosa y la serie siguió su andadura sin el hombre que la había pergeñado.

El nuevo equipo comandado por José Luís Martín está queriendo dejar su impronta en la serie. No seré yo quien diga cuales son mejores, pero si es indudable que  el público nota claramente el cambio de estilo y las decisiones que conllevan la manera de escribir de cada autor. Una de las formas más evidentes en que se manifiesta la nueva escritura es en la manera de hablar de los personajes. Ahora se está haciendo un esfuerzo por acercar los diálogos al léxico del Siglo XV y es frecuente la inclusión de expresiones y palabras de aquella época (como los insultos, por ejemplo). Es éste un tema espinoso en toda serie histórica, dado que un verdadero reflejo del habla medieval haría que la trama fuese imposible de seguir por el gran público; y al último informe de la OCDE me remito. A partir de ahí, cada autor tiene un margen de maniobras amplio que va desde el estilo de “Águila roja” el de “El nombre de la rosa”. Lo que está claro es que Olivares y Martín tienen una forma distinta de ver el tema.

Y no sólo en formalidades se aprecia la mano del guionista. Los personajes en si también han cambiado. Frente a una primera temporada en que tenían un tono más gris, un comportamiento más sutil que propiciaba frecuentes cambios de bando y giros  inesperados, en la segunda temporada encontramos las facciones más delimitadas: los buenos son buenos y los malos, malos. Esto también es fruto de los acontecimientos históricos concretos, pero da la impresión de que unos autores sabían sacar más partido a las incongruencias de alma humana.

Michel Jener ¿Imitando a Chiquito de la Calzada?

Michel Jener ¿Imitando a Chiquito de la Calzada?

 

Por último, las propias tramas y estructuras cambian. En el último capítulo emitido asistimos al secuestro de una noble castellana por los soldados musulmanes del Emir de Granada (en lo que parece ser el germen de una subtrama de amor). Este acontecimiento me recordó al de la primera temporada, en el que violan a una pobre campesina y cómo ello sirve para resolver la muerte de uno de los principales antagonistas del momento, Pedro Girón. En un caso se narran los acontecimientos de forma más lineal y lógica y en el otro se busca el suspense y la sorpresa. Una no tiene porqué ser mejor que otra, pero ambas reflejan qué tipo de guionista hay detrás.

Hasta el momento el público no ha terminado de decantarse por un estilo u otro; a tenor de los resultados de audiencia de las dos temporadas, muy similares, quizá hablamos de diferencias sutiles para el gran público, o de una importancia menor… lo que no se puede negar es que estas diferencias existen y que si algún espectador las está notando, para bien o para mal, tiene que tener claro que son obra y gracia de los guionistas que escriben la serie y que, aunque sea algo, si que pintan.

 

Hasta que nos leamos.